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Martínez Maciá, Antonio "Pin"

Enviado por José Vte. Castaño el
Datos biográficos
Fecha de nacimiento
12 de diciembre de 1909
Lugar de nacimiento
Elche
Fecha de muerte
6 de febrero de 1996
Lugar de muerte
Elche
Profesión
barbero, fabricante de calzado, agente de seguros
Observaciones

Parte de su colección de fotografías forma parte del archivo de la Cátedra Pedro Ibarra. 

Nació en la calle Nueva de San Antonio, hijo de un barbero al que ayudó desde niño. También ejerció de peluquero y barbero en el servicio militar y a su finalización, en el establecimiento situado en la calle Porta Oriola. También fue empresario del calzado, llegando a montar (y cerrar) varias "fabriquetas". Desde el año 1974 hasta su jubilación trabajó en la Mutua Unión Patronal como agente de seguros. 

En 1937 se casó con Fina Martínez con la que tuvo dos hijos (José y Francisca). 

Conocido como "Tonico Pin", fue durante 19 años vicepresidente de la Asamblea Local de Cruz Roja, también directivo del Elche C.F, fundador del Club  Lambretta de Elche, directivo de la Asociación Local de Lucha contra el Cáncer, del grupo coral "Dama de Elche", de la Sociedad Venida de la Virgen o de la Orden de los Caballeros de la Dama: pero donde más destacó fue con la Peña Madridista Ilicitana, donde también fue presidente (y fundador)  durante varias décadas, siendo el responsable de la adquisición del edificio de esta sociedad.

En esta última institución organizó decenas de actos culturales en la ciudad y fuera de ella, especialmente entre los años 60 y 80 del siglo XX.

Trajo a Elche a muchos personajes conocidos (José María Pemán, Alfonso Escámez,  Dámaso Alonso, Gregorio Marañón, Álvaro de la Iglesia, el astronauta Irwring, Ian Fleming, Luis Puche, Álvaro Dómecq, Santiago Bernabeu),  y llevó el nombre de la ciudad, y especialmente la figura de la Dama de Elche a todos los rincones del mundo. Aseguraba que había repartido casi  50.000 bustos de la dama. 

Entre sus distinciones fue presidente de honor de la Coral Crevillentina, socio de honor del Club de Leones de Elche, Dátil d'Or de la Asociación de Informadores de Elche, Fester Major de las fiestas de Elche, emblema de oro de las Hogueras de San Juan de Alicante, emblema de oro del Ayuntamiento de Crevillente, de la peña de amigos del Tango de Alicante, del Club Taurino de Alicante. Le fue entregada también la insignia de oro y brillantes del Real Madrid. 

También fue caballero de la orden de San Antón de Orihuela, doctor del Museo Perico Chicote de Madrid, miembro permanente y laureado del Instituto de Cultura Hispánica de Madrid, caballero del Santo Cáliz de la Catedral de Valencia, caballero del Corpus Christi de Toledo y medalla al mérito civil en oro y brillantes. Gran coleccionista de relojes de bolsillo. Una plaza de la ciudad lleva su nombre. Fue nombrado hijo predilecto de la ciudad en 1996.

Entrevista de Miguel Ors Montenegro, (13 de febrero de 1989).

         Me llamo Antonio Martínez Maciá. Vivo en Elche, en la calle San Vicente nº16. Nací en Elche el 12 de diciembre de 1909. Me casé el 29 de febrero de 1937.  Nací en el número 14 de la calle Nueva San Antonio. En aquella casa viví dos o tres años. Como mi padre era barbero, nos fuimos a vivir a Torrellano porque los señores Segarra que eran muy famosos allí se lo llevaron para que fuera el barbero y practicante. Ganaba una peseta al día (en 1912 aproximadamente). Vivimos allí un año nada más porque mi madre era planchadora de aquellos tiempos en los que los campesinos llevaban camisas de esas almidonadas y cogió un reuma en el corazón –lo que dicen ahora infarto- y en el año 1924 murió. Volvimos al año a Elche y en la Puerta de Orihuela había una barbería y mi padre la compró en 350 pesetas. Esto fue de 1911 a 1912 porque en la primera quincena de enero de 1912 pusieron a hacerse el puente que nosotros llamamos Puente Nuevo y que es el de Canalejas. El 18 de abril de 1913 se inauguraba el puente.

         Mi padre fue antes alpargatero y la barbería que tenía el padre del alcalde Ramón Pastor Castell en el Raval buscó un barbero y cogieron a mi padre porque entonces había pocos barberos. A mi padre le llamaban Pin, por eso yo tengo también el apodo. Mi padre era un hombre decidido, un hombre luchador y por eso se fue a Torrellano de barbero, de practicante y hacía curas, sacaba muelas. Vieron que aprovechaba y se lo llevaron, pero tuvo la mala suerte… porque le apreciaban mucho. Durante muchos años mi padre llevaba a mi madre al médico a Alicante, porque en Elche no había entonces médicos de esa demarcación y nos quedábamos allí en casa de aquellos señores Segarra hasta que pasaba el último tren. Me acuerdo como si fuera hoy. El tren valía 65 céntimos, ir y venir a Alicante.

         Al morir mi madre con 43 ó 44 años, mi padre estuvo tres años guardando el matrimonio y se casó con una señora que se llamaba Emilia Botella que tenía una fábrica de mosaicos, con lo que mi padre se fue a ejercer de gerente de aquella fábrica y a mí me dejó la barbería. Me la dejó en el año 1924 o 1925. Yo tenía unos 15 años y me hice cargo de ella. Tenía tres sillones de mimbre y en el año 1943 cuando la dejé para montar una fábrica, la dejé con tres sillones americanos, dos oficiales diarios y un aprendiz. Tenía un carácter que hacía que la gente viniera a la barbería. Yo fui barbero pero ya no hice de practicante.

         Cuando volvimos a Elche tras estar en Torrellano vivimos al lado de la barbería, en Puerta de Orihuela nº 7. Cuando se casó mi padre se fue a vivir a la casa de mi madrastra y yo me quedé viviendo allí. Cuando me casé me fui a vivir al Paseo de Germanías. Yo siempre pensaba que tenía una madrastra y la madrastra… Vi que tenía una sobrina que la mimaba mucho y hacía mucho juego con ella. Me llamaba la atención aunque no quiero decir nada de ella… Yo toda la vida he sido muy ahorrativo y saqué una libreta del Banco Central y ponía dos duros, un duro, seis duros, cuatro duros…En el año 1936, en la calle Blas Valero nº 65 compré una casa. Reuní 8.000 pesetas que aún guardo la libreta. La libreta era la 338 que todavía la tengo. Compré una casa en 5.500 pesetas, lo que vale hoy un zapato. Era una planta baja. Vino la guerra y ocuparon la casa así que me mudé al Paseo de Germanías y luego vendí la casa cuando monté en 1943 la fábrica de suelas de alpargatas, porque entonces no había suelas y me dejé la barbería. Por la casa me dieron 25.000 pesetas y con ese capital monté parte de la fábrica. Viví entonces en la casa donde está la farmacia de Lesta, la primera casa moderna que se hizo en Elche. Por allí no había muchas casas porque estaba el Cuartel Viejo. Allí gané un poco de dinero, estuve un año haciendo suelas en una habitación y me trasladé a un local de la carretera de Crevillente. Hace diez o doce años que me trasladé a la casa en la que vivo ahora. Siempre he tenido ambición de tener cosas de arte y tengo nueve vitrinas en mi casa. El Pasapoga era uno de los locales más bonitos de la región, hecho por Mariano García.

         Tuve un hermano que es el padre de José Martinez Adsuar, Pinet. Mi hermano en guerra estuvo de delegado regional de abastecimientos, con lo que en aquellos tiempos el tenía el poder más grande: tener alimentos. Las cosas de la vida, no es que fuera vicioso ni nada, pero un día jugando al fútbol en el campo de don Jeremías se conoce que sudó y se fue a bañar al bajo del Canal, en el desvío y cogió una pleura. Como entonces no había ni medicina ni nada. Cuando murió mi hermano mi sobrino tenía diez meses. Mi padre murió con 58 años el 5 de noviembre de 1941 y mi hermano murió el 18 ó 19 de marzo de 1942. Era seis años más pequeño que yo y no tuve más hermanos.

         En guerra yo salí al quinto cuerpo militar de servicios auxiliares mandado por El Campesino, con aquellas batallas tan famosas de Teruel. Estando allí me dijeron de broma: “¡Che!, ¿pero que haces aquí?” Me enrolé en artillería. Estando en Valencia nos llevaron a un iglesia que se llamaba Santa Molina, a esperar el destino. Estando allí, me subí al púlpito y daba en broma los parte de guerra: “La escuadra republicana ha tomado Teruel después de un bombardeo y tal”. Así que un soldado le dijo a un teniente que fuera por la iglesia a pasarse un rato bueno a oír a uno que hacía el parte de guerra todos los días. El teniente se escondió detrás de una columna y oyó el parte de guerra. Cuando terminé me preguntó de dónde había sacado yo el parte. Entonces salió a concurso la plaza de barbero de jefes y oficiales, así que me presenté y salí. Me coloqué de barbero y puse a un amigo en la mesa de altas y bajas. Cuando los nacionales se acercaron a Castellón nos trasladamos a Murcia, detrás del cine Romea donde había un convento y allí terminé yo la guerra. No tuve ningún problema. Porque he intentado comportarme bien, cumplir lo mejor posible ha sido siempre mi lema. Ahora soy presidente de la lucha contra el cáncer y no hay semana que no venga una mujer para que se le revise gratuitamente en Alicante. Incluso operarlas. Me satisface esa labor. Me gusta hacer favores.

          Mi abuelo por parte de mi madre era albañil. Entró a un pozo a limpiarlo y del olor que había allí se asfixió y lo sacaron muerto. Mi abuela murió también al mes o a los dos meses (se ve que se lo dirían por la noche y entre el susto y que estaba criando a una tía mía…) y a mi madre y a sus dos hermanos entre unos tíos se los repartieron. Mi madre fue a parar a casa de una señora que cosía al público y le dieron el oficio.

         Los abuelos paternos eran parientes de los señores de la Viuda de Maciá. Éramos nosotros mucho más parientes que ellos.

         Fui a la escuela que estaba enfrente de la iglesia de San Juan en el Raval. Pero no iba todos los días, no podía. Aparte iba a un maestro de esos que iban por las casas. Fui a clase de don Luis Chorro, el padre del que luego sería alcalde, que tenía la escuela en Abad Pons. A mí siempre me gustó escribir y si hubiera tenido un poco de escuela, escribía cuentos… Aún tengo 40 ó 50 dibujos que también me hubiera gustado. En mi casa hambre no se ha padecido pero… Mi padre se compró una finca esa que tengo yo en la calle Mayor y aparte compró una finca cerca de Elche que le costó 450 pesetas (4.000 metros y la casita). En la herencia le tocó a mi sobrina y hace 12 ó 14 años vendió la mitad por cuatro millones.

         La primera casa que recuerdo fue la de la calle Nueva San Antonio, donde está el almacén de calzado, a mano izquierda, la penúltima casa. En la entrada había un zapatero remendón. Había una escalera de madera y por ella subíamos al piso. Era un piso bien, pequeño. Había una habitación y dentro otra que era la alcoba, separada por cortinas. Mis padres dormían fuera. Luego en Torrellano, todavía está la barbería aunque ahora es una tienda. La casa mira hacia Alicante. Mi padre no tenía dinero pero unos señores de Elche que eran gallineros e iban al mercado a vender al mercado. Fueron padrinos de mi hermano y le dejaron el dinero y se pudo instalar. Cuando murió mi madre teníamos una mujer que nos limpiaba. Vivía al lado y nos hacía el puchero para comer. Por la noche nos arreglábamos con lo que fuera.  Yo quisiera tener potencialidad como el hombre ese del antifaz y poder traer a mis padres para que vieran cómo está su hijo. Miren Vds. la casa, el edificio…

         La barbería se llamaba Primero de Mayo y los clientes dejaban a lo largo del año x dinero. Cuando llegaba el primero de mayo, la víspera no nos acostábamos. A beber y a comer… De madrugada adornábamos la puerta y pasaba la manifestación por delante. En casa cocinaba mi madre y recuerdo que la primera cocina era de sarmientos. Después vinieron unos hornillos que se llenaban de serrín. Más tarde fueron de petróleo, de carbón. Junto a la barbería había un callejón sin salida, en la esquina, bajando por la puerta de Orihuela. Todas las noches mi padre sacaba una luz fuera y allí nos sentábamos mis padres y la mujer de un amigo de mi padre. Nosotros cenábamos mucho antes porque la barbería tardaba en cerrar. Hacían unas morcillas de cebolla con tomate. Muchas veces, un señor que era cazador venía del Hondo y nos traía un pato para dos días. Comían todos juntos, pero lo que más se utilizaba era el huevo frito. Huevos fritos y a mojar en el mismo plato todos. Con la catalana o el porrón de vino. Arreglado a aquellos tiempos, también se pasaba bien. Se ha sufrido…pero es que ahora vivimos desorbitados. Es como en el juego del siete y medio: “tape fora”. Si nos descartáramos todos… problemas, líos… Así que “tape fora” y seguir para adelante,

         Las comidas que más se hacían era el arroz en potaje con hierbas y el arroz caldoso. Las pelotas de Navidad a Navidad y la costra de mona a mona, de pascua a pascua. Los días de mona y los primeros días de carnaval. Y decías: “Che, he menjat costra!” o “tinc ganes que vinga Nadal per les pilotes!”. Otra cosa por la que se picaban mucho era la papada del pavo: “Che, demà matí almorsar papà de pavo a ma casa!”. Donde está el Banco de Vizcaya, en la Plaza Mayor, por la calle Troneta, había un horno y al dueño lo afeitaba mi padre. Mi madre amasaba el pan y se lo llevaba para ahorrarse dos o cinco céntimos. Con las monas lo mismo. Las monas las tenías 24 horas tapadas y una vez mi padre se las encontró todas chafadas. Se hacía también dulce de tomate y en el mes de octubre se compraba boquerón. En unas onzas con sal gorda y tapadas con sal fina y los boquerones a tiras. Luego se hacía salmorra. Un caldo con sal se tiraba dentro y después de tres o cuatro meses teníamos esas anchoas grandísimas. Se compraban olivas y macharlas o llevar las olivas negras chafadas con aceite de almazara y un poco de orégano. Se hacían comidas caseras muy buenas. La carne se comía muy poca. El pescado que más se comía eran salmonetes fritos, galenas con tomate. Esto se comía en septiembre u octubre, en la época del “peix del bou”, cuando más se lanzaban los pescadores. Los domingos se comía cocido, pero muy distinto al que se hace ahora. Con su tocino, su “botifarra de ceva”, carne de pollo o de gallina… Los domingos se tomaba también la paloma, el nugolet y se comía el embutido blanco que se pone en la costra. Mi padre era aficionado a hacer medicinas. Con alcohol alcanforado, le ponía unas hierbas que tenía para masajes. Con aguardiente y matalafuero para cuando te dolía la muela. Yo tenía un tío que vendía lotería, vendía periódicos y siempre tenía ilusión de montar una barraca en Santa Pola. Nos invitaba y nos dejaba una habitación. Teníamos una bicicleta que se llamaba automoto. Mi padre iba el último porque se quedaba en la barbería. Íbamos a Santa Pola en el autocar, en fin, el camión con sillas. Estoy hablando de los tiempos de la dictadura de Primo de Rivera que empezó un 13 de septiembre. Mi madre era muy dicharachera. Tenía afición a curandera porque al lado había una tienda de unas viejas en la que todos los lunes venía una curandera de Crevillente. La llamaban paquete de cicà. Mi madre le ayudaba y la curandera le decía: “tu aprofites, chiqueta!”, pero para que la ayudara. Mi padre siempre estaba pendiente de mi madre por estar enferma. En fin, todos los padres son buenos. A mi siempre me ha gustado ir bien vestido y siempre he buscado amistades seleccionadas, me llamaban el senyoret. Entonces las familias estaban más unidas porque el pueblo era más pequeño. Ahora un hijo se casa y se va a vivir a Carrús o al campo de fútbol. Ahora el teléfono sirve para que los padres digamos a los hijos que sabemos que nos quieren. Era costumbre que a los padres les habláramos de usted. El castigo de mis padres era no dejarme salir de casa. Iba a la escuela de San Juan y nos bajábamos a la Rambla a jugar, nos mojábamos la ropa, nos llenábamos de barro… Se celebraban más los santos que los cumpleaños. Cuando llegaba el santo se hacía un corazón de mazapán que se colgaba, así que iba uno por la calle con el mazapán.

           Llegué a tocar el laúd. Fui al maestro Rico a que me diera lecciones. Este señor hacía canciones de mona y la vendía en papeletas con las canciones. Tendría yo 15 ó 16 años. Había mucho movimiento musical en Elche porque estaba el Orfeón Ilicitano, Coro Clavé, Blanco y Negro, Popular Coro Clavé, la Artística Socialista. Tan pequeño que era el pueblo y había que ver las masas corales.

          En Pascua yo me he divertido mucho con un juego que se llamaba el pum. Un hombre y una mujer, un hombre y una mujer… y uno dentro, con lo que sobraba uno. “Que roe la mola”. Había que cambiarse con la mujer de delante. El que se quedaba sin pareja pagaba pinyola. Había otro juego que se llamaba don Ignacio de Loyola: estaba uno en el centro y decía Ignacio de Loyola y había que levantar la pierna, con lo que las mujeres que no querían y pagaban pinyola. Otro juego era el Tieso. Se juntaban todos y dejaban un hueco en el centro. Ponía uno el pie y se dejaba caer tieso. Alguno que se muriera de risa de ver caer a uno encima, pagaba pinyola.

          Mi padre era un gran amante de Blasco Ibáñez. Creo que aún tengo algún libro. Hablaba muy bien, en vez de barbero debería haber sido político. En la barbería conocimos cosas muy raras. Amistades que luego se denunciaron unos a otros. Prefiero no contarlo. Recuerdo la biblioteca del Coro Clavé que dejaba libros para que la gente se los llevara a casa. Recuerdo periódicos como El Sol, La Libertad, el Informaciones que ya existía. De Elche recuerdo El Obrero, Trabajo, el Amanecer… A veces llegaba un cliente quejándose de que la barbería estaba llena y cuando cogía el periódico le dejaba el turno a otro. Había una revista que se llamaba Algo, muy maja, de inventos, personalidades, como el Hola.

          Recuerdo el funeral de mi madre. Estuvo toda la familia y mi padre compró un nicho en el que yo tengo ahora a mi padre, a mi madre y a mi hermano. Para mí fue un golpe grande porque vi que nos quedábamos solos en casas. Porque si hubiera sido otro oficio, pero barbero, que había que estar a las siete de la mañana con la barbería abierta. No cerrábamos a mediodía y estábamos comiendo y venía un cliente. Cerrábamos a las ocho y media o nueve de la noche. Los sábados hasta las doce de la noche y los domingos hasta las tres o las cuatro de la tarde. En el año 1931, con lo joven que yo era, me hicieron a mí delegado de los maestros barberos. Conseguí que los lunes cerraran las barberías y todos los maestros viejos se te tiraban encima porque cerrábamos los lunes. Aquello parecía que tenía uno que irse de Elche.

          En el año 1924 vino el Real Madrid a Elche, porque Elche tenía un jugador, Paco González, muy bueno pero que tenía una enfermedad que el médico le recomendó que se fuera a la parte de Levante. Don Alberto Asencio se lo trajo al Elche. Vino el Real Madrid a jugar un partido en beneficio de Paco González. Porque no cobraban entonces. Fue un éxito y el Madrid al día siguiente jugó a beneficio del Elche. El fútbol que yo había visto era en la Estación, donde está hoy el Parque Infantil de Tráfico, en la parte derecha allí estaba el campo del Clot. A mí a la fuerza me hicieron que fuera del Madrid porque me cascaban en la barbería con el Bilbao, el Barcelona. En el año 1931, los lunes cuando perdía el Madrid, la barbería aparecía llena de esquelas mortuorias. “Ha fallecido de tres pepinazos…”. Aún conservo una esquela. Cuando monté la fábrica después la guerra, adquirí el teléfono 138. No miento. Que perdía el Madrid 3 a 1, me llamaban y me decían: “¿Oiga, es el tres uno ahí?”. Así que me decidí para que tuvieran Madrid hasta las narices. Le dije a Marín, que era delegado del Elche que cuando fuera a Madrid me trajera unos estatutos de allí. En el año 1954 me los trajo y fue cuando hice la Peña Madridista. La inauguramos el 5 de octubre de 1955. Fue al lado de la Calahorra, en el Rincón de Chinchilla. Fuimos 14 socios a duro. Lo que más hacíamos era si el Elche jugaba en Dolores, un autocar a Dolores.

         Sixto me dice muchas veces que se va a perder la colección de fotografías que tengo, que los hijos se las repartirán. Tiene razón Sixto. Quiero llevármelas a Santa Pola y por las tardes dedicarme a clasificarlas. Tengo fotografías de las ocho restauraciones de la Plaza Mayor.

 

 

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