Datos biográficos
Esta biografía ha sido escrita por su nieto, Joel Ferrández Hurtado, en el proyecto "Nuestras abuelas, la memoria de la ciudad. Les nostres àvies, la memòria de la ciutat" del IES Cayetano Sempere de Elche.
Teresa de Jesús y Libertad Quiles Martínez
Mi abuela fue bautizada como Teresa de Jesús y Libertad Quiles Martínez. Nació en Almoradí en noviembre de 1935, la primera hija de una familia humilde formada por su padre Jesús que ejercía de veterinario aunque todo el mundo le conocía como “el del Herradero” y su madre Teresa se dedicaba a "sus labores". El oficio de su padre les permitía tener una vida decente en aquella época, pues a pesar de que fueran tiempos difíciles, sus clientes le pagaban con alimentos u otros objetos tan necesarios, mientras él curaba, ayudaba a parir o preparaba a los animales para trabajar en el campo. Mi abuela cuenta que eran momentos difíciles, en los que se respiraba miedo e incertidumbre, que tenían que levantarse muy temprano por las mañanas, con el fin de ir a un horno a hacer pan sin que nadie les viese, para que no se lo quitaran. Después de ella llegaron otros tres hermanos, Jesús, Aurora y Javier, y una niña que fue un aborto, y en el que ella estuvo presente. Fue a un colegio de monjas carmelitas, dónde las normas eran muy estrictas y tenían que cumplirse bajo amenaza de ser expulsados del centro. Una de esas reglas era la prohibición de beber agua durante las clases. Ella llevaba una botella en su bolsa de almuerzo, pero no la sacaba hasta que volvía de camino a casa, hubo una ocasión en la que su prima, más pequeña que ella, le insistió en que le dejara beber y ella cedió. Cuando vio a la monja acercarse, mi abuela cogió la botella, la guardó y se fue de la escuela porque no quería que la echaran ni que le riñeran. Nunca volvió al colegio, sus padres tampoco le animaron ni insistieron, podría quedarse en casa a cuidar de sus hermanos. Años más tarde la dejaron ir a clase para aprender a leer y a escribir, también le enseñaban a coser,cosas propias de mujer. Y le gustó tanto leer que cuenta que se escondía para que su padre no se enfadara.
En su juventud conoció a mi abuelo que se llamaba Tomás, su hermana era amiga de mi abuela, y desde el principio sintieron que había algo especial entre ellos, sin embargo, hasta que mi abuelo no fue a la mili, no empezó a cortejar a mi abuela. Un día, mi bisabuela y su madre fueron a advertirle que el padre de mi abuelo tenía mala fama con respecto a las mujeres, pero ella les dijo que mi abuelo no tenía nada que ver con su padre, y que “ya no podía vivir sin él”. Cuando se fueron a casar, mi abuelo tuvo que ir con su moto por toda la Vega Baja, buscando unos zapatos de novia sin tacón, ya que mi abuela era casi igual de alta que él, y si se hubiera puesto los tacones hubiera estado por encima. Cuando salió de su casa a la Iglesia se encontró a todo el pueblo en la calle, todos querían verlos y acompañarlos, eran una pareja muy querida y admirada.
Vivieron en Almoradí trabajando en el campo con el padre de mi abuelo, más las condiciones y las expectativas de futuro no eran las que querían para su familia. Cogieron a Maite, su primera hija y en 1964 se mudaron a Elche. Su primera casa ubicada cerca de Santa María fue testigo de cómo crecía la familia, primero Geli y después Tomás. Mi abuelo empezó trabajando en el banco, y mi abuela se dedicaba a sus labores. Pronto se enfrentaron a su primer problema, en la escuela no enseñaban a Maite a leer y utilizaban todavía el castigo físico, lo que no les gustó nada. Ellos valoraban mucho la educación y decidieron hacer un esfuerzo económico para llevarla a un colegio que se preocupara por ella. Mi abuela habló con la hermana Superiora, y, aunque era muy difícil entrar, sus palabras y su preocupación le abrieron las puertas.
Sin nadie más en la ciudad que ellos dos, con los tres hijos y muy preocupados por su educación tuvieron que buscar formas de sacar adelante a la familia, mi abuelo trabajando y ella ayudando a minimizar los gastos. Hacia todas las tareas de la casa, y también les cosía la ropa, lavaba continuamente para no necesitar muchos uniformes,…algún día se llegó a quedar toda la noche cosiendo con tal de hacer ropa para alguna ocasión especial. Las dificultades siempre aumentaban cuando el trabajo de mi abuelo se tambaleaba, tuvo que dejar el banco y, después de varios trabajos más, empezar a trabajar en una asesoría sin saber nada del tema. Y sin planificarlo, la familia creció un poco más. Mi abuela estaba embarazada de mi madre cuando se tuvieron que mudar a otra casa más grande, ya no cabían en la primera. Recuerda como subía por las escaleras hasta el séptimo piso con la enorme barriga, quizás fue el motivo para que María Jesús, su cuarta hija se adelantara un mes.
Todavía les quedaba superar grandes obstáculos, mi abuelo descubrió que en la asesoría se estaba cometiendo un fraude y tuvo que dejar el trabajo pero cargado de deudas. Sin embargo, mi abuela confiaba plenamente en él y estaba dispuesta a ayudarle en lo que hiciera falta, así que se embarcaron en la aventura de construir su propia asesoría. Compraron una casa que convirtieron en oficina y empezaron el negocio desde cero. Mi abuela trabajaba como su secretaria al tiempo que seguía como ama de casa con sus 4 hijos, las dos primeras ya adolescentes. Poco después Maite se casó, les hizo abuelos y Geli empezó con quince años a ayudar en la oficina combinándolo con sus estudios. Fue una época dura que consiguieron superar con el esfuerzo de cada uno de ellos y el amor de mis abuelos.
Se quisieron mucho y llenaron su vida de experiencias enriquecedoras. Cuando sus hijos ya fueron mayores, realizaron una gran cantidad de viajes: EEUU, donde visitaron las cataratas del Niagara, Perú, con el Machupichu, Egipto, donde vieron las pirámides y montaron en camello, Estambul, donde pasaron un momento de pánico, ya que empezaron a escuchar disparos, y no sabían lo que estaba pasando, pero al final resultó que estaban grabando una película. También visitaron Rusia, la gran muralla China, la India, Jordania, Italia, Francia, Alemania… Querían ir juntos a ver todas las maravillas del mundo, pero les faltó la estatua del Cristo Redentor en Rio de Janeiro. Mi abuelo falleció y mi abuela Teresa le sigue echando mucho de menos, va a los talleres de AFAE por la mañana para no dejar que su mente olvide todos sus recuerdos y, por las tardes, se divierte pintando y dibujando mandalas.
Ya tiene 7 nietos y tres bisnietos. Una gran familia que se mantiene unida gracias a los lazos que ellos crearon con su amor.
Joel Ferrández Hurtado.
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