Una interesante investigación histórica documental y archivística realizada por el ilicitano José Antonio Román Parres sobre el origen de su apellido materno Parres
El linaje Parres de Elche y de la antigua Gobernación y Diócesis de Orihuela
Fuentes: Investigación realizada por José Antonio Román Parres con la colaboración en valenciano de Josep Raimon Sastre i Parres.
Traducción al castellano, adaptación, mejora y ampliación: Josep Rico Sogorb
El linaje Parres de Elche y de la antigua Gobernación y Diócesis de Orihuela
Los Parres de Elche y Santa Pola descienden de la vecina ciudad de Orihuela. La presencia documentada en los registros de los matrimonios celebrados en las tres parroquias históricas ilicitanas Santa María, Salvador y San Juan, que van desde el último tercio del siglo XV hasta el primer tercio del siglo XVIII, hay Parres a mediados del siglo XVI. Existe un libro de protocolos notariales que lleva la firma de Andrés Parres (1648) y a comienzos del siglo XVIII hubo otro Parres miembro del consejo de la fábrica de Santa María.
Del archivo de la Basílica de Santa María, el ilicitano José Antonio Román Parres (ex presidente de la Sociedad Venida de la Virgen, maestro nacional ya jubilado y ex concejal de Coalición Popular) tuvo la oportunidad de leer y poder fotocopiar un documento de esta misma centuria en el que se habla del origen del primer Parres legendario o protohistórico que se estableció en la antigua Gobernación de Oriola (Orihuela) perteneciente al Reino de Valencia.
Este documento hace referencia al cuaderno de memorias de Mossen Francesc Parres, escrito por él mismo entre 1582 y 1611. Se dice que el primer Parres de Oriola “de Castilla era” y que huyó a Oriola con una dama de la corte de la reina. Toda una historia digna de figurar en los cuentos de Boccaccio o en una novela de Alejandro Dumas.
Hasta ahora, convencido estaba José Antonio Román Parres de que este su apellido por parte materna debió ser de origen catalán al creer que fue de algún repoblador de Cataluña y que por ello hacía alusión al plural de “parra”, “parres”, equivalente en castellano la forma plural “parras” en referencia a la planta o cepa de la uva o vid. No prestó atención al documento de Francesc Parres aunque le intrigó aquello de “de Castilla era” y que no cuadraba con un supuesto origen catalán del apellido materno “Parres”.
En la Biblioteca Municipal Central de Elche, ubicada en el complejo de la Iglesia y Ex Convento de San José, pudo Román Parres consultar los “Anales” de Bellot, cronista de Oriola de finales del siglo XVI y contemporáneo de Mossen Francesc Parres. Descubrió con mucha emoción a un tal Domènec (Domingo) Parres, Esteve (Esteban) Parres, y Martí (Martín) Parres; los tres primeros Parres históricos que aparecían en este documento con circunstancias tan heroicas como trágicas.
Se les menciona como tres ballesteros “de monte y muy diestros”, según el cronista Bellot, miembros de la milicia urbana de Oriola que defendía allá por mayo de 1360 la ciudad de los ataques de las tropas castellanas de Pedro I de Castilla “El Cruel” en la histórica guerra de “los dos Pedros” (Pedro de Aragón y Pedro de Castilla) entre las dos principales Coronas peninsulares, Castilla y Aragón. Ambas coronas estaban entonces en contienda por la posesión de las tierras situadas al sur de la línea fronteriza imaginaria de Biar-Busot y que formaban parte de la Procuración de Oriola (futura Gobernación y Diócesis) incorporada al Reino de Valencia (y por tanto a la Corona de Aragón) en 1305 merced a los famosos tratados de Elche y Torrellas.
Esta guerra enfrentó muy duramente a Pedro I de Castilla “El Cruel”, rey de Castilla y de León con Pedro IV “El Ceremonioso” (para los valencianos el del “punyalet” porque rasgó con esta arma suya el documento de los privilegios de la “Unión” de nobles aragoneses que deseaban poseer las tierras en litigio para ellos), rey de Aragón, de Valencia, de Mallorca y conde de Barcelona.
Después de esta salvaje guerra que arrasó las tierras del sur del Reino de Valencia, la Corona de Castilla tuvo que reconocer definitivamente y “de iure”, una vez más, como en 1305, que Oriola y su procuración eran territorio del Reino de Valencia y por tanto de la Corona de Aragón.
Román Parres consultó con fecha anterior a 1360 y 1305 los registros de los primeros pobladores o repobladores cristianos de Oriola pero no aparecía ningún Parres. Pero a partir de aquel 1360, la mención de los Parres en Oriola y en el territorio bajo su jurisdicción es constante. Esto le hizo suponer que todos los Parres de esta zona, de por aquí, son descendientes de aquellos Esteve, Domènec y Martí Parres de Oriola. Y se pregunta Román Parres a si mismo si estos caballeros eran hermanos o primos. Lo que sí es cierto es que eran de la misma familia, en esto, el cuaderno de memorias de Mossen Parres era determinante. Pero quedaba aún el intrigante “de Castilla era…”
Un buen día, por casualidad, mirando un mapa de España descubrió Román Parres que existe un concejo (“conceyu”) municipal asturiano que se llama “Parres-Arriondas” pero cuya denominación suele aparecer publicada solo como “Arriondas. Nervios, entusiasmo, llamadas telefónicas por su parte allá para saber si se pronuncia “Párres” ó “Parrés”, si es nombre y si también es apellido. Le confirmaron que la pronunciación correcta era y es “Párres” y que existen personas que llevan este como apellido en la ciudad asturiana de Llanes, a 30 kilómetros de Parres-Arriondas donde también hay una pedanía o partida rural llamada “Parres”. El intrigante “de Castilla era” comenzaba a tener explicación o sentido: Asturias y León fueron incorporados definitivamente a la Corona de Castilla en 1230 por el rey Fernando III “El Santo”. Para nosotros, los valencianos, eran por tanto castellanos todos los súbditos de este rey originarios de los territorios que formaban la Corona de Castilla ¡y con más razón durante la “Guerra de los Pedros”! Aquellos Esteve, Domènec y Martí eran hijos o nietos de este Parres legendario y de la mujer cortesana con la que huyó a Oriola afincándose aquí después de 1305 y echando raíces.
El apellido Parres proviene de un topónimo: San Juan de Parres (San Xuan de Parres, en bable o asturianu) que es la parroquia más antigua de este “conceyu” al que da nombre. Parres no tiene nada que ver, como algunos han creído erróneamente, con el plural del sustantivo Parra, es decir, Parres. Parece provenir de una lengua prerrománica o incluso del tronco lingüístico del astur-leonés del que deriva el bable o asturianu y significa “montaña”, “terreno elevado” y no “planta o cepa de la uva” como algunos defienden equivocadamente.
Unos Parres participaron en la última expedición que en 1488 los Reyes Católicos dirigieron contra el reino nazarí de Granada. Se puede suponer que estos Parres volvieron a las tierras de Oriola y de aquí a las de Elche a partir de enero de 1492 tras concluir la guerra de Granada. Los Parres que se establecieron en Oriola se emparentaron con la pequeña nobleza local. Algunos están enterrados dentro de la Iglesia de las Santas Justa y Rufina de la capital de la Vega Baja.
Y por conocimiento de cómo era la vida en Elche (Elig, nombre oficial en valenciano que se usaba entonces) a través de los siglos citados (XIII-XVI) Román Parres apunta que cabe tener en cuenta que en 1573 la villa ilicitana tenía en total unos 4.400 habitantes, de los cuales un poco más de 3000 eran “cristians vells” (“cristianos viejos” que mayormente residían en unas 500 casas del barrio de la Pobla de Sant Jordi entre la céntrica vila murada y el arrabal de San Juan) y unos 1200 eran moriscos que al convertirse eran reconocidos como “cristians nous” y que mayormente vivían en el barrio del Arrabal de la Morería o de Sant Joan (“Raval”).
Estos Parres, como el resto de los “cristians vells”, eran “ciutadans” no en el sentido actual del término (que viene de las revoluciones francesa y estadounidense) sino en cuanto a hombres libres descendientes de repobladores cristianos instalados en el Reino de Valencia a partir del siglo XIII, concretamente de 1265 en la Procuradoría de Oriola posterior Gobernación.
El estatus personal de los “ciutadans”, que no difería mucho del estatus de la pequeña nobleza valenciana formada por “cavallers”, se situaba en una posición social algo inferior. Es decir, que los “ciutadans” mantenían un rango menor o posición inferior respecto a los nobles “cavallers”. En este sentido, en el Reino de Castilla había mayor diferencia entre un “hidalgo” (“hijodalgo”) y aquel que no lo era. En el Reino de Valencia, según los Fueros, no existía tan marcada diferenciación o discriminación. Bien orgulloso, los “ciutadans” del foral Reino de Valencia afirmaban que “el rei no me fa, soc ciutadà”, ya que el monarca podía “hacer” un “cavaller” ennoblecido de un “ciutadà” pero no podía “hacer” un “ciutadà”. Estas dos clases sociales podían contraer matrimonio entre ellas sin que los enlaces nupciales fueran considerados “morganáticos” ya que, en definitiva, todo dependía de la dote que aportaba la mujer casadera, de sus padres para ser más exactos.
Los Parres de los siglos XVI y XVII pertenecían a familias acomodadas, como ahora, propietarios e incluso escribanos o notarios. Hay constancia de varios blasones de distintas ramas de Parres, teniendo pues, los Parres de Oriola su propio escudo de armas diferenciado de los demás blasones de las otras ramas: en argenta (plata) una cadena de sable (negro) puesta en orla alrededor del escudo.
Tras la expulsión de los moriscos por el rey Felipe III en octubre de 1609, Elche tenía unos 4.200 habitantes, ya todos ellos “cristians vells”, y en 1646 residían en la villa ilicitana unos 4.500 habitantes. Pero en 1648 una terrible epidemia de peste, tan terrible como mortífera, asoló el término municipal muriendo 940 personas, casi la cuarta parte de su población, que al reducirse volvió a un censo anterior al de 1573, unos 3560 habitantes, aproximadamente.
El gran crecimiento demográfico de Elche no comenzó realmente antes de 1670. En 1739 (la “igualtat” entre “cavallers” y “ciutadans” ya no existía oficialmente desde 1707 al suprimirse los Fueros del Reino de Valencia haciendo mucho más difíciles los matrimonios “morgánaticos”) la villa de Elche ya tenía 13.000 habitantes, y en 1802 algo más de 20.000 habitantes.
Se presentó entonces un crecimiento demográfico espectacular que acompañó a un desarrollo económico notable de la villa ilicitana con la creación de dos nuevos barrios: “Illeta” o “Illetes” y “Pla de Sant Josep” junto al “Pont Vell” o de “Santa Teresa” (único puente que había en Elche en el sigo XVIII) que los unía al resto del centro histórico de aquella época formado por los otros barrios del Salvador, Raval de Sant Joan y la Vila. En este siglo no hubo epidemias de peste ni otras enfermedades contagiosas, tan frecuentes en los siglos anteriores.
Pero una nueva “hecatombe” demográfica provocada por una mortal epidemia tuvo lugar a partir de agosto de 1811. En pocos meses, la fiebre amarilla mató despiadadamente a más del 40 por ciento de la población ilicitana. De los más de 20.000 habitantes que Elche tenía antes de la epidemia, solo sobrevivieron unos 12.000, menos que en 1739. En 1822, Elche, no tenía aún más de 15.000 habitantes. En 1857, poco antes de que naciera el bisabuelo materno de Román Parres, Elche no llegaba a los 20.000 habitantes.
De los siglos XIX y XX, cabe destacar, como reconoce Román Parres, que los miembros de este apellido en Elche de los que desciende el propio Román, eran agricultores asentados en la partida rural de Algoda. El abuelo materno se llamaba Antonio Parres Vicente, nació el 9 de noviembre de 1886, casó en 1914 con Josefa Gonzálvez Soler (hija de agricultores de Torrellano, nacida el 3 de julio de 1893 y fallecida el 18 de noviembre de 1984) y murió el 12 de febrero de 1951. De este matrimonio nació ya en la ciudad el 17 de enero de 1918, la madre de José Antonio Román Parres, Antonia Parres Gonzálvez, que murió el 24 de mayo de 2002. Tenía Antonia tres años cuando sus padres compraron la casa de la calle Retor nº 32 en el Raval (posteriormente números 36 y 42). Casó Antonia Parres en 1943 con Santiago Román Bernad (hijo de José Román y Manuela Bernad) quien la abandonó sin justificación alguna poco antes de nacer el hijo de ambos, José Antonio Román Parres, inscribiéndole en el Registro Civil de Elche con el nombre de José, a secas, nada más. Semanas después José Antonio Román Parres fue bautizado en la Parroquia de San Juan del Raval, ubicada entonces en un local bajo de la calle Rey Amadeo I de Saboya (hoy Fossar) porque la iglesia estaba en obras a consecuencia de los destrozos causados por el incendio del 20 de febrero de 1936. Fue bautizado poniéndole el nombre compuesto de José Antonio, añadiendo Antonio en recuerdo a su madre y su abuelo, siendo por tanto el último de los Parres de su familia.
Fuentes: Investigación realizada por José Antonio Román Parres con la colaboración en valenciano de Josep Raimon Sastre i Parres.
Traducción al castellano, adaptación, mejora y ampliación: Josep Rico Sogorb