Andreu Sánchez, Jesús
Diario de una epidemia (1811).
Andreu Sánchez, Jesús
Diario de una epidemia.
Diario de una epidemia.
Parte médico bastante deteriorado en el que el médico Antonio Navarro informa que, José Javaloyes de Maciá fue visitado por primera vez el 24 de agosto, falleciendo tres días después con anómalos síntomas, convulsiones (…) definida de una ictericia. Se confesó y recibió la extremaunción sobre las dos de la mañana, con las circunstancias del parte general. Habitaba al lado de la beata Antón, en la calle Solares. El medico dice se observe si reinaba algunos enfermos en la calle Mollá, cuyos costales terminan entre la calle solares y dicha mencionada calle.
Tras negar en repetidas ocasiones, desde principios del mes de agosto, la existencia de la enfermedad en la villa, la junta de sanidad disponía el 29 de agosto lo siguiente:
A todos los vecinos y estantes, habitantes de la villa, sus arrabales y término:
Que ninguno sea osado a admitir en sus casas y habitaciones a ningún enfermo que se traiga o venda de otra parte bajo la pena, a quien lo haga, de ser tratados como contraventores a las leyes de sanidad, pagando con si vida el delito, confiscando sus bienes para gastos de sanidad.
Los que tengan enfermos en su casa, tanto en el día como los que caigan en adelante, sean de familia o extraños, acudan a hacerlo presente a la junta de sanidad sin ocultarlos en manera alguna, bajo la misma pena de la vida y confiscación de todos sus bienes.
Ningún molinero, tendero, panadero, tabernero, cortante, hornero ni otra persona de las empleadas en la venta de comestibles, cierren sus casas ni suspendan la venta y despacho ni se ausente de la población, a alguna parte, sin expresa licencia de la junta de sanidad bajo la pena de confiscación de todos sus bienes y de proceder criminalmente contra el que lo ejecute.
Ninguno extraiga de sus corrales estiércol ni lo remueva ni menee de día ni de noche hasta que se conceda licencia para ello, que a su tiempo se hará saber por bando público, bajo la multa de diez libras aplicadas a gastos de sanidad y quince días de cárcel y de ser responsable de todos los daños y perjuicios que se causen por son contravención.
Ninguno arroje suciedades a la calle ni tire aguas inmundas ni otra cosa que sea contra la limpieza bajo la multa de treinta reales moneda corriente aplica a gastos de sanidad.
Todos los habitantes de la villa rocíen las calles en las fronteras de sus casas, todos los días, después de la puesta del sol, bajo la multa de diez reales de dicha monede aplicada también a gastos de sanidad.
Ninguna persona saque de sus corrales, sus caballería o bestias, para tenerlas paradas en las calles o atadas a la parte de fuera de las puertas como lo suelen hacer, impidiendo con ello el tránsito de las gentes y causando otras resultas contra la salud pública, bajo la multa de cuarenta reales corrientes al que contravenga, aplicados a los fondos de sanidad.
El 31 de agosto de 1811, Vicente Rotí, comandante del cordón sanitario establecido en el lazareto, comunicaba a los señores de la junta de sanidad, un episodio ocurrido en el enclave, que bien podía suponer los delirios producidos por la enfermedad en la persona del médico Diego Navarro y de los asistentes que con él estaban en el lazareto. A la una y media de la mañana habían traído al lugar a un número considerable de enfermos y a un marinero destinado a la atención de los mismos. El médico Diego Navarro no quiso recibirlos, con lo que tuvo el comandante que trasladarlos al extremo de un olivar, esperando instrucciones. Mientras tanto, el marinero intentó persuadir al médico para que lo admitiera, resistiéndose en todo momento el facultativo. Un tiempo después, Diego Navarro requirió a un centinela del Cordón llamado Vicente López para realizarle una petición. El centinela no quiso atenderlo ordenándole que se hiciera para atrás. Sobre la cuatro y media de la madrugada, aprovechando el cambio de guardia, el médico volvió a requerir al centinela, siendo en esta ocasión José Ibáñez, quién tampoco le haría caso, con lo que el médico se abalanzó sobre el mismo, agarrándoles por las manos y diciéndole que ya lo tenía. Se produjo un considerable alboroto que hizo intervenir al comandante que, llegando al lugar, ordenó a José Ibáñez que se aislara y separa del resto, indicándole un punto de aislamiento junto con el médico y demás personas que estaban con él. Seguidamente, el comandante reprendió a uno de los enfermos que se había salido de las barracas que conformaban el lazareto, como si quisiera huir, como así sucedió. Era el barbero del enclave, Manuel Villalba, quién le quitó la canana a José Ibáñez. El comandante finalizaba su parte y requerimiento de justicia, manifestando no por explicar el fin que tenía la trama vivida.
Lazareto, 31 de agosto de 1811. Fray Antonio Bastero a las autoridades. Después de dos días en que nos hallamos en este lazareto hemos observado que varios enfermos, y, aún los más graves, se hallan sin aquella asistencia corporal que exige la caridad, como es no tener ni una paja para reclinarse, falta se sirvientes, algunos colaboradores, chocolate (…). Penetrados de sentimiento por sus clamores y que vemos que esto mismo les agrava la enfermedad, le suplicamos, entrañablemente, se dignen poner en ejecución todas estas cosas tan necesarias para el alivio y consuelo de los pobres enfermos.
Elche 2 de septiembre de 1811. Certificado del escribano real y público de esta villa, Simón Oliver. Según los diferentes partes de los médicos de esta villa y notas de apuntación tomadas con relación a los mismos, desde el día 17 de agosto hasta el de hoy, inclusive, han fallecido en esta población, su término y lazareto de enfermos establecidos fuer de la villa, 39 personas de diferentes enfermedades: unas de apoplejía, otras de (…) y otras malignas; y la existencia actual de enfermos en dicho lazareto es de 34 personas.
Carta de fecha 5 de septiembre de 1811, por la que el vecino de la villa, Carlos Antón, solicita poder construir una barraca en su bancal donde poder tener a su socio, Vicente Aliaga, el cual se encuentra en el lazareto, en observación, después de que muriera su esposa.
Carta de fecha 5 de septiembre de 1811, Gertrudis Vicente, consorte de José “Leguey”, el cual se encuentra en sus últimos momentos de vida, solicita poder trasladarse a su casa para cuidar el campo y recolectar la cosecha. Comprometiéndose a cumplir con exactitud las órdenes que le den las autoridades y pagando a su costa, si fuera preciso, el centinela que se le imponga.
Lazareto, 7 de septiembre de 1811. José Álamo, los padres Mariano Ximénez y Antonio Bustero certifican y juran que, Manuel Braceli, Cristóbal Navarro y Rafael Torres han asistido a los enfermos con mucho esmero y cuidad, por lo que son dignos de su salario.
Partido de la Torre del Llano, 8 de septiembre del 1811, Antonio Brú al presidente y vocales de la junta de sanidad. El lunes 29 de agosto de 1811, por la mañana, su madre, María Teresa Sempere, de 81 años de edad, postrada más de 20 años, llena de achaques y tribulaciones por causa de la enajenación, se marchó en galera, sin toldo, a su casa de campo en la partida del Derramador. Ello fue la causa de que llegara con el quebranto y trastorno propio de las circunstancias de su persona y del viaje. En cumplimiento de la junta de sanidad se dio parte a ustedes, lo que motivó que el sábado por la mañana, 31 de agosto, la visitara el médico Tomás Sánchez. El diagnóstico del facultativo, instruido de todo y de acuerdo con su pericia fue que María Teresa Sempere no había tenido calentura; no se le observaban síntoma alguno, ni aún remoto de contagio; y que su quebranto era resultado del sol e incomodidad de dos horas de camino. Nada se propuso porque no se encontró causa alguna y tan solo se recomendó buen alimento, puesto que, se hallaba débil. El lunes 2 de agosto, Antonio Brú visitó a su madre y la encontró sin novedad que llamara la atención, eso sí, muchas ganas de beber agua y muy quebrantado su cuerpo. Su debilidad fue a más y el miércoles 4 de septiembre le acometió causas naturales falleciendo de jueves 5 de agosto. Se dio parte a los integrantes de la junta de sanidad y el sábado 7 de septiembre, por la tarde, un carro trasladó el cuerpo de la madre fallecida y lo arrojó a una zanja, presenciando el acto un vicepresidente del alguacil mayor con orden de la justicia de sacar de la casa a todos los que hubiesen asistido y estado en compañía de Teresa y cerrar la puerta, llevándose la llave y dejando en ella los muebles de la difunta y los frutos y parte de los enseres del arrendador que, por ser la vivienda pequeña, se había marchado con su familia a otra que lleva en arriendo a tres tiros de fusil de la mortuoria. Las disposiciones tomadas han dejado sin amparo e incomunicada, sin poder recibir caritativos auxilios a Isabel Agulló, prima hermana de la difunta, que atendió a ésta hasta el último suspiro, y al presumir las autoridades que ha fallecido de epidemia, todos huye a Isabel y no le dan amparo. Por otro lado, los efectos y frutos que se encuentran dentro de la casa han quedado a discreción de cualquier forajido que quiera escalar y acceder a su interior, dado que, la han dejado sin guardia. Todo lo expuesto originan graves perjuicios, ya porque pueden ser robados (si ya no lo han hecho) y también porque el arrendador no puede continuar sus labores rurales, ni sembrar en caso de lluvia o ramblada. Mi madre, me parece pobre asegurar sin temor a ser reconvenido, no ha muerto de peste, ni de otro mal contagioso, al no haberse mostrado síntomas tales en los dos últimos días de vida, como se me ha informado y como he presenciado en otros. Ignoro que por tan solo sospechas se haya reconocido el cadáver por facultativos para declararlo y en virtud de ello prohibirle el entierro público y demás operaciones hechas después de su fallecimiento, pero, sea lo que fuese, para evitar los daños y perjuicios arriba insinuados y el más leve recelo de que su enfermedad haya sido o no contagiosa, suplica a la junta de sanidad que, de acuerdo con lo expuesto se sirva mandar, que a mi expensa que realizaré en el acto, se decrete una comisión de facultativos que, constituidos en la casa de campo mortuoria, fumiguen a su satisfacción la habitación en donde falleció mi madre o toda la casa, con los muebles y efectos que en ella se encuentren y hecho se me entreguen en el acto los que era de su pertenencia y al arrendador los suyos con libre uso de la casa con lo que podrían evitarse les indicados perjuicios y cualquier otra sospecha contra la salud pública.
Lazareto, 9 de septiembre de 1811, José Álamo, frai Antonio Basteros y frai Mariano Ximénez informan al alcalde mayor que la situación se les está yendo de las manos. Los enterradores se encuentran continuamente borrachos, y, por más que pelean para que entierren bien los cadáveres, no lo pueden conseguir. No pueden con tanto canalla. Además, en el lazareto se encuentra una mozuela que fue asistenta de Pepa Soler, que es bastante desenvuelta y les da que recelar con unos de los asistentes. Le solicitan a la máxima autoridad mande a los enterradores que cumplan con su obligación y ordene salir del lazareto a la moza, pues no es regular que, cuando estamos viendo en este paraje el azote del Señor; se empleen estas formas disolutas.
Bacarot, 11 de septiembre de 1811, Francisco Fulgorio, comandante del cordón sanitario a los integrantes de la junta de sanidad. Se me acaba de asegurar que, en la casa de Pascual Sánchez, en el partido de Torrellano, ha muerto siete personas de la familia, quedando en la misma un solo niño enfermo. Además, me informa que en la casa hay aperos de labranza y ganado. Se lo traslado a ustedes para que averigüen la verdad que pueda tener este asunto, y, en el caso de ser cierto, recojan, tanto a la criatura como al ganado que se criaba en la casa, ya que, en el caso de quedar abandonado, perecerá y la putrefacción encerrada causará enormes daños. Es necesario que se queme la ropa que hayan usado los cadáveres y cuantos trastos hubiere dentro de los dormitorios; se averigüe las causas de la muerte; y se fumigue la casa repetidas veces. Estas operaciones pueden ser hechas por aquellos que hayan pasado la enfermedad, sean de la población o de sus caseríos. Es necesario que se tomen interés en este particular, activando estas diligencias, tanto para dar socorro a esta pobre criatura y liberar el ganado, como para evitar que por codicia intenten entrar algunos vecinos a apropiarse de los enseres que se hallan abandonados, con el resultado de contagiarse y propagar la enfermedad en todas las casas del partido. He creído que mi deber es hacerles presente lo expresado, movido por el bien de la humanidad (…)
Lazareto, 12 de septiembre de 1811. José Álamo comunicaba a D. Victoriano Aznar y Rubio que, en vista que el número de muertos se incrementaba, era preciso aumentar el número de enterradores. Proponía el médico que vinieran presos de la cárcel a cubrir tal destino, ya que se necesitaban más zanjas y con las que habían no cubrían la necesidad del día. Trasladaba que, los enterradores le pedían sus salarios y él los lleva con razones diciéndoles que no tiene dinero ni orden de la junta para pagarles; uno de ellos se llama El Marinero (que es el más racional) ya que da vergüenza porque no ha tomado ninguna ropa de los difuntos, ni va al pueblo en donde tiene algunas utilidades. Finalizaba la carta suplicando que le dijera que debía hacer e informando que, se encuentran viviendo en una baraca que presenta una hermosa vista por fuera, pero si llueve el agua cae encima de sus costillas, por lo que pedía que se les remediara para poder vivir, con esteras o alguna lona.
Lazareto. 12 de septiembre de 1811. José Álamo, fray Mariano Ximénez y frai Antonio Navarro informaban a D. Victoriano Aznar y Rubio que, durante la mañana han inspeccionado las zanjas y han comprobado como todas estaban llenas y sólo quedaba una para todo el día, no creyendo que fuera suficiente para todos los cadáveres. En la tarde de ayer se presentó un hombre que dijo venir en nombre de usted para que le dijéramos cuántos hombres necesitaban para trabajar durante la noche en las zanjas. Se le dijo que, al menos doce, pero no se presentó ninguno. Es por lo que le suplicaban que sin falta vinieran a trabaja la noche de este día, pues de lo contrario, los cadáveres se quedarán en medio del campo sin poderles dar sepultura. En el día de ayer se le solicitó dos enterradores más, y, pese a que ha venido uno sólo es insuficiente pues de los antiguos ha caído un enfermo. Solicitaban dos o tres hachas de viento para que los enterradores trabajaran en la oscuridad de la noche e incluso durante el día, pues la mayor parte de los enterradores no pueden ver lo que hacen. De ahí deriva que el fétido olor de los cadáveres se llega a percibir a distancia.
Elche 13 de septiembre de 1811. Rafael Asencio informa, entre otras cosas, que el médico Tomás Sánchez, en la visita de esta mañana tiene que hacer varias prevenciones que deben practicarse en el instante, en beneficio de los enfermos. Dos hombres y dos mujeres deben separarse en una sala por tener enfermedad de cirugía. Una niña se debe dar a criar. Conforme vayan entrando lo enfermos deber ser apuntados para confesar y sacramentar. Los de la mañana por la tarde y los de la tarde en la mañana del siguiente día. Los enfermos que mando separar al instante deben de ser conducidos al lazareto por ser su enfermedad muy contagiosa y mortal, evitando con ello que los demás enfermos de la sala se contagien. En cada sala debe haber un cabo y cuatro asistentes. En este instante doy el alta al médico Tomás Sánchez, habiéndose ratificado en asistir de mañana y tarde a los enfermos de mi cargo.
Elche 13 de septiembre de 1811. Rafael Asencio dice que, el contador de este cuartel hospital da parte que, el médico Tomás Sánchez se ha presentado y según su aspecto no está en disposición de visitar a los enfermos. Su lengua presenta el mismo aspecto que la de los demás enfermos y ha mandado separarlo. En el caso que el aislamiento no baste lo mandará trasladar a la prevención con un carro.
Lazareto, 13 de septiembre de 1811. El médico José Álamo y los padres fray Mariano Ximénez, fray Antonio Bortero informan al alcalde mayor, Vitoriano Aznar y Rubio que, uno de los enterradores les había dicho que en la noche anterior había excavado una nueva zanja para enterrar a los muertos. Por más que han recorrido todo el bancal no la han visto porque se encuentra hacia la mitad de la rambla, en una zona bastante incurvada, donde no es normal que se excavara habiendo otros sitios más idóneos.
El Molar, 15 de septiembre de 1811. José Maestre, diputado de dicho partido, a los integrantes de la junta de sanidad. Francisco Golfodrá vino de Cartagena y estaba en casa de Fortunato y en este momento en este partido, concretamente, en la casa del mayorazgo de Boix. Se dice que Francisco Golfodrá estaba enfermo, pese a estar paseando por la referida casa y falleció ayer tarde de repente. La casa, con toda su familia y la del arrendador la tengo con centinelas para no dejar salir a nadie. Les pido me den instrucciones por si he de mantener los centinelas o aquello que sea de su agrado.
El Altet, 15 de septiembre de 1811. Bautista Pomares, diputado de El Altet, a los integrantes del Ayuntamiento de la Villa. Señor: mi siempre amado y venerado señor, el Espíritu Santo, ilumine a usted con su santa gracia. Le dirijo ésta a usted para pedirle, por el amor a Dios, se digne en favorecerme en aquello que usía pueda no siéndole en perjuicio de su persona sobre esta mi petición. Señor gobernador, visto yo y reconocido, casa por casa, como diputado de este caserío de El Altet y su distrito, no he hallado en todo el vecindario, gracias al Omnipresente y Criador de todo el universo, enfermo alguno; he visto sí, mucha miseria por la escasez de comida pues no tiene muchas de las casas nada de comer. Hasta me he visto precisado, movido por mi corazón a vista de la miseria, a socorrerles en lo que alcanzan mis fuerzas. Pero ya no puedo señor, y mi corazón se parte de dolor al ver que, por la miseria, han de enfermar algunas personas porque no quieren ir a Elche por no rozarse; y que pudiendo adquirir algún remedio, según mi parecer, suplico a usía y tomo su parecer que, si puedo, estando todos mis vecinos conformes, el guardar todas las casas que pertenecen a mi distrito, para que de este modo sea yo, si todos los de este vecindario pueden pasar a la ciudad de Alicante a fin de surtirse de los comestibles que les falten, hasta que Dios Nuestro Señor aplaque su ira contra nosotros. Como también, para evitar algunas malas consecuencias que pueden resultar de estos mismos necesitados, pues ya ve usía que el hambre es muy negra y al menesteroso, aunque sea de honro y vergüenza, la necesidad le obliga a que incurra en algún feo horror al ver perecer a sus familias por falta de alimentos. Al mismo tiempo, le suplico y pido parecer que, en atención de gozar salud cumplida todo este vecindario, gracias al Todo Poderoso, y al mismo tiempo tener aquí sacerdote para que nos celebre el santo sacrificio de la misa, desde antes de todas estas cosas, si podré impedir a todos los que concurren para oír misa que no son de este partido, ni lo han sido nunca ni contribuyen a la mantención del sacerdote, ni a la limosna que se administra al convento de San José de la villa, y sobre todo, que van salpicando ya algunos enfermos en el contorno de mi distrito. Los contribuyentes claman y yo también, señor mío, al ver que, si viene los ya referidos a oír misa, no siendo del partido, por el roce de las gentes en la ermita, se han de contraer enfermedades estando libres. Ponga el señor las manos en su pecho y reflexione sobre el particular y sea que parte elegirá. Cierto es que todos hemos de morir, pero como mortales, confesemos con impunidad que, todos tememos a la muerte, es verdad también que, quien de Dios huye, pierde el trabajo porque Dios le halla en todas partes. Pero también, si atendemos al Espíritu Santo veremos que nos dice que. el que busca y ama el peligro, en el perece. En fin, señor mío, no me gusta obrar sin el parecer de mis mayores. Esta es mi petición, mi recto fin Dios lo sabe, espero protección y favor de usía. Confío el quedar airoso en esta mi petición. Mientras tanto que, rogando a Dios le prospere salud y acierto en el gobierno de usía.
Bacarot, punto del cordón sanitario, 17 de septiembre de 1811. Francisco Fulgorio, comandante de dicho cordón a la junta de sanidad de la villa de Elche. Se me acaba de asegurar por un vecino del término de esa jurisdicción, llamado la cañada de la casa de Llacer, que arrendaba anteriormente Manuel Piñol, que se ha muerto su religioso y me apresuró a noticiárselo a ustedes, como igualmente, ha muerto en tres días en la casa de Pascual Sánchez una vieja y tres hijos. Con cuyo antecedente he creído indispensable hacerlo presente a ustedes. Se hace necesario nombre sujeto que pase inmediatamente a quemas las ropas que usaron los difuntos durante su enfermedad; cama en que murieron; las tazas, vasijas y platos donde tomaron el caldo y medicamentos y todos los trastos que se hallen en sus dormitorios; fumigando sus casas con repetidas fumigaciones, y, aún si se puede, ser lavado los ladrillos, vigas, puertas, ventanas y hierro, con el agua “Cirolada”, cuya operación puede practicarse para evitar mayor daño por facultativo acompañado de sujetos que hayan pasado la enfermedad, quienes deben fumigar toda la ropa extendida que haya en las casas, aunque no la hayan usado los difuntos enfermos durante su mal. Cuyas circunstancias hago indispensable hacer presente a ustedes por el particular interés que me merece la humanidad. Al propio tiempo por el conocimiento que tengo adquirido en este asunto y que hallo (…) forzosos para atajar un mal, tan trascendente que, al no precaverse es esta suerte, se podrán infectar con la mayor facilidad las casas y personas que están contiguas. Por esta misma razón, no he considerado conducente que en las proximidades del cordón esparcidas unas porciones de familias de religiosos y religiosas que andan de casa en casa peregrinando como se me ha hecho saber, porque su salida de esta villa ha sido después de haberse propagado el contagio y no a los principios que era cuando debieron de haber salido al campo. Pues, de permitirse ahora la salida de esta villa, después de haber tomado conformidad un incremento conocido, va a resultar que se van a infestar los caseríos. La prueba de esta verdad la hallan ustedes en la casa de Pascual Sánchez. Su mujer salió contagiada de esta villa y murió en su casa de campo. Y es una prueba evidente de que el campo no liberta de la enfermedad al que sale contagiado de la población. Lo mismo ha sucedido con el religioso expresado. Por esta misma razón es preciso que ustedes miren este asunto con la mayor delicadeza porque a más de interesar al bien de la humanidad, con respecto a los vecinos de toda la población y campo de esta villa, interesa igualmente a las tropas del cordón y por consiguiente a los pueblos que por la misericordia de Dios se hallan sanos.
Alicante, 18 de septiembre de 1811, Antonio Calpena a la junta de sanidad de la villa. Antonio Calpena, maestro sangrador y practicante de cirugía, vecino de la ciudad de Alicante, hace presente que, con motivo de haber asistido a los enfermos en el contagio de dicha ciudad, que se padeció en el año 1804, y tener conocimiento de lo que es la enfermedad y sus efectos, y también, de los remedios aplicables por lo observado en aquella época, en la que tanto en su línea como en la de médico, se le habilitó, concurrió en el desempeño de la visita que estaba a cargo de Tomás Lamusa, médico, durante el tiempo en que permaneció enfermo y necesitó para su restablecimiento. Desea pasar a dicha villa y promete asistir a los enfermos, pero, por los pobres, se le deba señalar algún tanto decente para su mantenimiento y el de su crecida familia, y, los pudientes la acudan con sus honorarios.
19 de septiembre de 1811. María Josefa de Llanos de Carbonell, retirada en el convento de San Cristóbal de la ciudad de Valencia, enterada de las enfermedades que afligen al pueblo y deseando contribuir en la parte que le sea posible en alivio de los pobres enfermos, pone a disposición de la junta de sanidad de la villa 1.500 reales de vellón.
Lazareto, 19 de septiembre de 1811. Fray Mariano Ximénez se dirige al alcalde mayor solicitándole una mesa con cajón, una silla y sobre todo cama, pues las dos noches anteriores ha dormido encima de una estera y un pellejo que le han dejado por un favor.
Lazareto, 21 de septiembre de 1811. Fray Mariano Ximénez al alcalde mayor. Señor D. Victoriano, me veo precisado a decir a usted como mi habitación la tengo llena de la inmundicia de los chinches, de modo que, por todas las partes abundan bastantes y, aunque tengo la cama en medio de la sala, sin embargo, me incomodan bastante por la noche. En esta suposición suplico a usted que blanqueen con cal al uso de Valencia, cuando menos, el cuarto donde habito para así vivir con alguna decencia. Aún estamos esperando con impaciencia los carros para que saque las ropas sucias de los difuntos. Por tanto, obligue usted a que vengan sin falta cuanto antes.
Punto del cordón sanitario. Portichuelo 21 de septiembre de 1811. Antonio Garulo a los señores de la junta de sanidad de la villa de Elche. Acaban de llegar al cordón que circunda la villa, Antonio Garulo, Vicente Capa, José Palacián, médicos, y Pedro Ibáñez que tiene concluida su carrera, elegidos por la junta superior de sanidad del Reino para dar alivio a este pueblo afligido de la epidemia. La mayor satisfacción de estos facultativos será la de contribuir en cuanto esté de su parte al logro de tan alto objeto; pero también parece muy justo que, la interesante clase de servicio que van a ejecutar, el abandono al que han dejado expuestas a sus familias, casas e intereses, sea recompensado proporcionalmente. Desean pues estos facultativos, a quienes el excelentísimo señor marqués del Palacio aseguró serían pagados por la villa de Elche, que ustedes se sirvan comisionar a uno de sus individuos con amplias facultades para que, conferenciado con ellos en este cordón, se acuerde el cuánto y el cómo se su haber diario, a proporción de sus clases y demás asuntos que se ofreciesen al mayor desempeño de su comisión.
Lazareto, 22 de septiembre de 1811. José Álamo, fray Francisco Navarro y fray Antonio Bastero, al frente del referido lazareto, informan a Victoriano Aznar y Rubio, alcalde mayor de la villa, la muerte de Agustín Román y su esposa Manuela Oliver. En puertas de la muerte dispusieron su testamento en un papel, en presencia de los ya nombrados y del padre fray Mariano Ximénez, del siguiente tenor:
Entregaban a los padres en el mismo acto, 20 dineros y 6 reales de vellón, más una porción de llaves. El destino que daban al dinero era para que dijeren misas por parte de los padres con intención de su alma y la de su mujer. También dejaban 100 arradas, en su testamento, especificando los sitios y parajes donde confesaban tener en su casa escondido el dinero, así como también, los sujetos que les son acreedores.
Lazareto, 22 de septiembre de 1811. José Álamo escribe al alcalde mayor. Mi señor D. Victoriano: estando en este lazareto una pobre mujer, con dos criaturícas y la una de pecho, se me ha ocurrido el hacer a usted presente el que los autores que tratan de la epidemia aconsejan que, a las criaturicas que maman y ha muerto su madre, se les socorra destinándolas a una casa en donde haya cabras para que mamen y mujeres que cuiden de estas criaturicas que van a quedarse sin madre. Me duele molestar la atención de usted. Bartolomé Pomares de Alemañ, de la partida de Valverde, se me ha presentado esta mañana para darme 21 duros por venir a traer a enterrar a este lazareto el cadáver de Andrés Soler. Me manifestó si dos días antes habían venido otro de la misma partida con el mismo fin, porque el tal, habría cobrado de la familia del difunto en el campo 12 dineros. Y así, no sólo no habría cobrado los que él me decía del fulano ni que tampoco quería cobrar los 12 dineros que él me daba por el cadáver de Andrés Soler, hasta orden expresa de usted. Quedamos en que dentro de dos días volvería, después de saber el nombre y apellido del consabido que dijo en su partida le había costado 12 duros el entierro del cadáver que trajo a este lazareto, para delatarlo delante de usted, o saber en caso de ser verdad a quién de este lazareto los ha entregado. Esta mañana he tomado la providencia de coger un carro, que días hace se halla en este lazareto, sin bestia, y haciendo de animales los padres fray Antonio Basteros y fray Francisco Navarro, Manuel Esteve, Manuel Braceli, los asistentes de los enfermos y yo, hemos tenido que arrastrar los cadáveres que dos días hace habían fallecido, teniendo que ir a palos con los enterradores que se hallan aquí, algún tanto indispuestos, para que, al menos, nos los cargasen y descargase. Suplico a usted que, al menos, el último viaje del carro de los muertos se haga aquí para de este modo llevarse al paso los fallezcan.
Elche 24 de septiembre de 1811. Antonio Garulo a la junta de sanidad de la villa. La sola presencia de los médicos que han venido a socorrer a esta población no basta por sí para libertarla del mal que la oprime. Es indispensable que ustedes traten de proporcionar los auxilios necesarios y dar las providencias más enérgicas para remediar los innumerables desórdenes que se observan. De otro modo, los médicos sólo serán unos meros espectadores de la tragedia más lamentable. Los enfermos son innumerables. Los contagios en día de ayer muchísimos. Quedan pocas casas libres y en las más, cinco, seis o siete individuos, desde el viejo decrépito hasta el infante más tierno se hallan invadidos de la verdadera fiebre amarilla. Falta absolutamente los remedios farmacéuticos, pues la única oficina que se hall abierta de José Soriano, debe cerrarse a causa de hallarse confiada a un hombre sin instrucción y que puede causar por su ignorancia más males que la misma fiebre. No se halla arroz, artículo más esencia para los caldos y escasea muchísimo el pan, único supliente, y como también el buen vino. La mayor parte de las casas donde han muerto varios individuos se hallan sin fumigar, porque la pobreza les priva de este beneficio. Hay casa en que existe un cadáver tres días hace habiendo dado parte desde el principio. Debe prohibirse vender atún, bacalao, sardina y demás géneros de saladura. La miseria que padecen muchas familias debe llamar la piadosa atención de ustedes, para su socorro pues ella es la causa más predisponente de su enfermedad. Deben comisionarse tres o cuatro sujetos de probidad y conducta en cada parroquia para que, informados de los verdaderos pobres, traten de socorrerlos y hacer se conduzcan al hospital cuando enfermasen. En este asilo se hallan todavía sin quemar las ropas de los que han muerto. Los mismos jergones inundados de vómito de que expira, sirven sin preparación alguna para recibir al que a pocos momentos le sucede en aquel miserable lecho. El que barran las calles diariamente es muy necesario. No lo es menos que, de noche, en las plazas, extremos de calles principales y alrededor de la villa se hagan hogueras de romero y salvia. Últimamente, nuestro deber, honor y conciencia, no permiten ocultar a ustedes el deplorable estado de la población. Bien cierto de su innato deseo de hacer bien, basto sólo para que no se retarde un momento el providenciar lo más conveniente a cortar tamaños males.
Elche 24 de septiembre de 1811. Rafael Asencio a la junta de sanidad de la villa. Habiendo dado parte a ustedes no haber en este cuartel hospital, arroz ni azúcar, que es lo que ha medicinado Antonio Garulo, médico destinado a este hospital, y, siendo preciso se provea en el momento de vino y otro como también de la tintura de quina y agua acerrolada y cántaros para su conservación y conducción a dicho hospital, como también de cazuelas para trasladar la sustancia de arroz, de lo que todo carece dicho hospital, pues esto sólo puede remediarlo la autoridad de ustedes y sacarlo de las casas cerradas. En este instante me acaba de dar parte un asistente de que no se le ha entregado el gasto de enfermos y asistentes y salario de los empleados del día de ayer y hoy, lo que será preciso de ustedes nuevas providencias para que no falte uno y otro en este hospital.
Lazareto, 24 de septiembre de 1811. José Álamo al alcalde mayor. Señor D. Victoriano, en vista de la orden que verbalmente recibí de usted, sobre el número de enfermos existente en este lazareto, debo decir que son veinte. De estos, poco será los que dejarán de ser víctimas de la epidemia. Convalecientes se hallan dos o tres, en tal estado de debilidad, que no juzgo aún oportuno el darles el alta. Es cuanto debo manifestar.
Aspe, 23 de septiembre de 1811. Tomás Gumiel, presidente de la junta de sanidad de Aspe a la junta de sanidad de la villa de Elche. Deseando esta junta contribuir, en cuanto esté de su parte, al alivio de ese afligido vecindario, ha resuelto, en vista del oficio de usted de fecha de ayer, que Jaime Cerdá pase al cordón y punto de Carrús, en donde esa junta podrá enviar sujeto de su satisfacción, para que ambos se pongan de acuerdo en cuanto al modo de surtir a esa villa de pan, vino y demás utensilios que necesite y los medios que debe valerse para ello.
Elche, 26 de septiembre de 1811. José Romero, maestro sangrador, solicita se le señale la renta necesaria al no cobrar nada y estar solo en el santo hospital, ejerciendo de médico y cirujano sin serlo.
El Patrón, 2 de octubre de 1811. Señor D. Victoriano, mi estimado amigo, acabo de enterarme, por el diputado de la Hoya, de la orden de la junta de sanidad, comunicada el 30 de septiembre, para la apertura de las casas cerradas de esa población. Como mirada por el exterior puede acaso estar comprendida la mía, me es preciso hacer a usted (aunque amistosamente) las reflexiones siguientes como su presidente. Aunque la orden habla en general, parece ser notable la diferencia de las casas en que haya habido enfermos o muertos, a las que se han mantenido cerradas desde el principio, sin haberla habitado ni aun pisada persona alguna, ni sana ni enferma (en mi caso está la mía) Pues en aquellas se encerraron los vapores pestilenciales y necesitan ventilarse en el tiempo y frío ventajoso, que no disfrutamos ahora, para renovar el aire y disipar el nocivo que encierran en éstas, que se hallan libres de este riesgo, por si acaso sembrase las miasmas pestilenciosas, por medio de los que las visitasen, diariamente, para su ventilación, y, causarles un perjuicio que no tienen. Siendo constante la observación de que esta clase de epidemia sólo contagio por el roce de personas o cosas epidémicas, y, aunque los que la han pasado están libres de ella, pero sus ropas con las que van vestidos, la mayor parte de ellas, se hallan impregnadas de dichos miasmas volátiles y fáciles de unirse a las de las casas libres. La ventilación y fumigación debe hacerse después de extinguida enteramente la epidemia. Lo que no se conoce por los pocos o muchos enfermos o muertos, pues uno sólo de esta clase basta para renovarla, si hubiese nuevo pábulo susceptible de ella (como se experimentó en un principio) Y si por haber enfermos de otras enfermedades distintas que conserven inalterablemente su carácter peculiar, sin complicarse con el de la epidemia, ni adquirir los síntomas de ésta hasta su terminación, favorable o contraria. Según dice la misma orden, en el día 29 de septiembre, murieron seis y no extrañaré continúen en los sucesivos hasta concluirse esta luna que es la tercera, desde que se principió, y es el tiempo que han durado las epidemias en todas partes. Por ello sería sensible que se aumentasen los muertos con esta llamada a los del campo y en vez de adelantar en nuestra libertad, lo atrasaremos y con nuevos sentimientos. He dicho estaría comprendida mi casa en la orden, mirada ésta desde el exterior, porque tiene cerrada su puerta y ventanas de la habitación principal; pero es de advertir que en el piso de abajo tiene abiertas en el interior y aun a la calle, al lado de la puerta y ventanas con reja a distintos vientos: en el piso principal, cuatro rejas y la comunicación de las salas con su escalera que también tiene abiertas tres: a levante, poniente y a mediodía; y el tercer piso tiene abiertas 7 ventanas a los cuatro vientos que, me parece no necesita más ventilación. Sin embargo, siempre sometido a las órdenes de la junta espero me diga usted sobre ello lo que guste. Con este motivo no puedo menos de manifestar a usted la gran satisfacción que tuve con la agradable noticia del feliz restablecimiento de uste, cuya salud deseo continúe completa, como la disfrutamos toda mi familia, que le saluda afectuosamente; con deseos de emplearse en su obsequio, su amigo, Francisco Pascual Andrés.
Partido del Molar, 25 de octubre de 1811. José Maestre, diputado de dicho a partido al alcalde mayor. Muy señor mío, después de saludarle, como también a su señora, sirva esta para darle la enhorabuena y que Dios le acabe de restablecer como lo hemos de menester. Señor D. Victoriano, por ésta se le hace presente cómo, Guardamar está contagiada, y por la garganta del río pasan a este término. Vea usted si conviene impedir el roce, pues, por la gracia de Dios este partido está libre. También pongo en noticia de usted, cómo muchos se me han quejado de algunas temeridades que ha cometido el alcalde Aldeguer, y por menudo tengo escritos para su inteligencia. Inmediatamente que usted esté en disposición me avisará para poner en sus manos el escrito para con su aviso hacerles justicia a estas partes agraviadas, pero sin presentarse estas partes en esa.
Casa de Oliver, 27 de octubre de 1811. Francisco de Paula Perpiñán a los señores de la junta de sanidad. Habiendo fallecido Concepción Miralles, mi hermana, en una barraca de la huerta de Orihuela, el 12 de octubre, recogió Juan López de Pérez a sus dos hijos y mis sobrinos, según me informa la carta del mismo que acompaña. En el día de hoy se me han presentado en este partido de la Baya, y, aunque atestigua la sanidad de los mismos la referida carta y me aseguraron aquellos que, por disposición de la junta de sanidad de Orihuela, estuvieron trece días en cuarentena de observación, ya parecen del todo sanos. A precaución les he hecho fumigar, mandar de ropa, purificar y poner al ventileo la que traían y les he colocado en cuarentena de observación a la disposición de ustedes, en la casa de mi hermano y puesto en ella dos guardias de vista.
Casa de Oliver, 28 de octubre de 1811. Francisco de Paula Perpiñán a la junta de sanidad de la villa. El diputado del partido de Asprillas me ha informado haber muerto en la hacienda y casa Carbonell, Miguel Bordonado, su labrador, según de pronto se le dijo por Vicente Mira, presbítero, que en ella reside a resultas de unos cursos, y, que posteriormente ha sospechado por haber sabido que le separaron de la casa, dejándole morir sin dar aviso alguno, ni suministrarle sacramentos, enterrándole a espaldas de la casa, que la tal enfermedad podría ser de las contagiosas y que me lo consultaba para practicar lo consecuente. En cuya vista le he prevenido ponga guardias para evitar salgan los habitantes de dicha casa ni entre en ella persona alguna hasta dar cuenta a ustedes.
Santa Pola 29 de octubre de 1811. He tenido noticia por el gobernador de la Isla de Tabarca que en ella se halla un prisionero, al parecer físico, por haber tenido el atrevimiento de decir que, dándole su manutención y ropa, ser capaz de cortar los síntomas de estas enfermedades. Si a usted le parece, lo mandará llamar por conducto regular, estado estos al cargo del señor gobernador de Alicante. Si es posible, puede pasar uno de los cinco médicos a ésta para precavernos, salvo su parecer, de lo necesario para estos enfermos, pues no podemos deliberar nada al no tener inteligencia en las enfermedades. Esto es respecto a las medicinas.
Benicasim, 30 de octubre de 1811. José Luís de las Casas al alcalde mayor. Mi venerado y seño alcalde mayor, muy señor y de mi mayor aprecio, habiendo llegado a mi noticia la orden de usted, para que se abran todas las casas para los días de la fumigación, debo hacerles presente que, siendo una de las cerradas la mía, la que fumigué antes de mi salida sólo por precaución, dejando todas las llaves de ella en uno de los armarios donde se hallan documentos de la administración de mi cargo, me es personalmente imposible facilitarles la misa a nadir por los graves perjuicios que es inevitable se me sigan sin omitir otros varios intereses de la real hacienda que existen en dicha casa de administración, en la que no habitó muerto ni enfermo alguno del contagio presente, y que sin embargo, quedo en la obligación de repetir la fumigación en cuanto pueda entrar en ella, por cuya poderosas razones, caso que contra ella se obrase, no puede dejar de proponer a usted todo lo que llevo dicho. Ofrézcome a la obediencia de usted, deseoso de complacerle y servirle.
Asprillas, Casas Carbonell, 30 de octubre de 1811. El capellán Vicente Mira al alcalde mayor. Señor Don Victoriano Azna: muy señor mío: por ciertos motivos he tenido precisión de venirme a esta hacienda, el 21 de octubre del corriente, en cuyo día, el arrendador de ella llamado Miguel Bordonado, queriéndome servir con prontitud y eficacia, hizo más fuerza de la que podía sufrir su edad y contextura, subiendo a la sala un cofre que ciertamente pesaba. Desde aquel día se sintió enfermo, sin ningunas ganas de comer, una diarrea continua y siempre haciendo aguas menores, sin poder contener la orina. Así ha durado seis días, pero sin calentura, ni aun la más mínima alteración del pulso, ni en toda su enfermedad le ha dolido la cabeza. No obstante que sabía de qué prevenía su enfermedad, no sólo por la relación del paciente, sino que también, por los efectos que experimentaba, hice lo pasaran a la cochera que está al lado de la casa para que la familia no tuviese ningún recelo si acaso faltaba. A los seis días de la enfermedad murió. Según lo que advertí en el discurso de le enfermedad, en mi concepto, se reventó alguna parte principal de su cuerpo con la fuerza que hizo y al mismo tiempo por la suma debilidad de la diarrea continua, pero natural y no poder contener la orina. Expiró con suma quietud tirando algunas gotas de sangre por las narices, sin haberle advertido que hubiera vomitado en toda la enfermedad, más que nos veces, parte del caldo que tomaba y que aún no le había llegado al estómago. Esta es, señor alcalde mayor, la enfermedad del difunto, tan exacta que creo no discrepará un ápice de lo sucedido pues yo le he asistido en todo el curso para poder después dar una verdadera relación de ella, y aún después de difunto lo registré y vi que el color era tan natural como cuando vivía. Si esta verdadera relación tiene alguna semejanza con las enfermedades que se han padecido en este pueblo, usted lo sabrá mejor que yo por haberla padecido y haberla visto. A mi parecer, por lo que he oído y leído que en dada le parece. Creo me hará usted el favor de creer esta sencilla relación y no la de otro alguno que, por sus fines particulares, habrá informado a usted. Al caso pues señor, si yo hubiera tenido el más mínimo recelo de que le enfermedad podía tener algo de epidemia, qué interés podía yo tener en permanecer en esta casa. Pues ni tengo ningún parentesco ni menos amistad porque ésta es la primera vez que he visitado la casa y gentes, ya que he venido a esta hacienda por Juan Brufal, como apoderado de ella. Y si usted supiera hasta dónde llega mi aprensión (…) no era menester que hablara palabra para que usted no creyera cuanto le digan e informen. Mas en el tiempo de la enfermedad me ofrecieron algunos amigos su casa de campo, si es que tenía alguna aprensión, pero no quise aceptar porque estaba seguro que no era epidemia, y si lo que tengo relacionado en fin espero que usted, con su penetración, hará aquellas reflexiones que yo omito por no incomodarle más. Al día siguiente, que fue el domingo pasado, se presentó un diputado del partido, le hice relación de todo lo ocurrido, pero debido a que la época es fatal y estas gentes de la partida no tuvieran ningún recelo y que la mayor parte no lo creerían, le dije al diputado que en 15 o 20 días no saldría ninguno de la familia fuera del distrito de la hacienda, ni menos se rozarían con nadie. Me hizo el diputado el favor de creerme bajo la palabra de honor que le di. Pero Francisco Perpiñán, que espera ocasiones para favorecerme, después de seis días de enfermedad y cuatro de difunto y toda la familia sin la menor novedad en su salud, llamó al diputado y le mandó que inmediatamente pusiera alrededor de la casa donde yo habitaba cuatro guardias con orden de no dejar entrar ni salir a nadie; que no permitieran que hablara con ninguno mandándole también que se llevara la llave de la ermita por si iba a celebrar, con otras mil amenazas, contra mi persona y familia, y aún contra aquellos que yo había tratado antes de suceder la muerte y enfermedad. De modo que el diputado, aunque rústico, conoció por sus expresiones la enemiga que me tiene y me dijo con reserva Sr. D. Vicente, se conoce que Perpiñán no es amigo de usted. Le respondí al diputado que Perpiñán nada tenía que ver conmigo y sí debía obedecer las órdenes de usted, como juez único y presidente nato de la junta de sanidad de esa villa y su partido. No sé si habrá dado cuenta usted de lo sucedido (Aunque le dijo al diputado que lo haría en nombre de éste) si lo ha hecho, creo no habrá dicho la verdad, pues ha tenido el Perpiñán la osadía de mover por la partida que yo había dicho que el difunto había muerto de vómito negro, por lo mismo no extrañaré haya pretendido hacerlo creer a usted cogiéndole desprevenido. En la partida todos han extrañado estas gestiones del Perpiñán pues ha visto que, aunque hayan caído enfermos de la epidemia y aún muerto, nunca han puesto guardias, y si los vecinos se han guardado unos de otros y es lo más conforme a razón, pues no sé yo que las partidas haya puesto guardias de Elche sabiendo que había epidemia, y si alguna lo ha intentado se ha procurado castigar semejante atentado. Lo mismo sucede en este caso. Yo señor, no me quejo de que hayan puesto guardias, pero sí, de que sin averiguar de qué enfermedad ha muerto, el Perpiñán se haya metido a dar disposiciones sin importarle pues la comisión que tiene de usted es únicamente para el cordón de Santa Pola y no para el término, sin hacerse este hombre cargo del tiempo que llevamos y que Dios, manifiestamente, nos está castigando y que no es tiempo de venganzas y sí de pedirle al señor misericordia. Al mismo tiempo señor, espero se hará cargo que mi hermano y yo estamos sin poder celebrar teniendo proporción para ello, que es la única limosna para poder subsistir y mantener a mi madre y hermana. Por todo lo dicho y mucho más que diría si no temiese molesta a usted, con fin mandará al diputado no obedecer las órdenes de Perpiñán y sí las de usted en este asunto, pues me persuado que de este modo las providencias saldrán según la justicia y no según venganza. Celebraré se restablezca usted de un todo y que vea si puede serle útil en algo más de cuanto quiera a éste su más atento capellán.
Santa Pola, 31 de octubre de 1811. Vicente López, alcalde del caserío a Victoriano Aznar. Respecto a la orden de usted, con el oficio para la relación semanal que me pide de los enfermos que hay en este caserío, me anticipo a lo mandado, por carecer de pluma y no haber a todas horas proporción de quién escriba. No puedo decir enteramente si es contagio, por carecer de físico de todas clases, y no haber quién pueda tener algún conocimiento sobre el particular. Lo cierto es que en el día 29, a pesar de haber muy poca gente dentro del pueblo, son como unos 16 los enfermos, incluidos 4 que han muerto en este mismo día, y los que quedan, sin duda, van a fallecer por no haber lo necesarios de físico, alimentos ni medicinas, que a tales enfermedades se les pueden aplicar. Si usted pudiera remitir alguna limosna del fondo de esa villa para socorrer estos infelices sería muy útil, pues de otro modo, el que no perezca en el contagio si es, perecerá al rigor de la indigencia, pues mis fuerzas ya no son capaces a resistir tanta miseria, y no descuide usted en hacer, cuanto sea posible, pues los ha de mirar como súbditos que son de esa villa. He tenido orden del comandante del cordón sanitario, Francisco de Paula Perpiñán, que todos los enfermos que se hallan fuera del punto del Tamarit, regresen a sus casas, lo que hallo por conveniente pues de este modo nunca se verá el pueblo sano. Espero me diga usted lo que debe de hacer sobre el particular. El alguacil se me ha muerto y no tengo de quien valerme en aquellas funciones propias respectivas a su empleo. Lo participo a usted para su inteligencia y vea de proveer la plaza pues se halla vacante y haciéndome falta.
Casa de Oliver, 31 de octubre de 1811. Francisco de Paula Perpiñán a la junta de sanidad de la villa. El alcalde pedáneo del Lugar de San Francisco de Asís y Carlos Antón, jefe de la guerrilla del mismo, me dieron cuenta en el mismo día de ayer de hallarse contagiados los pueblos de Guardamar y de la Majada y que para que no se propague al Lugar de San Francisco de Asís y partidos de sus espaldas habían puesto cordón sanitario a su territorio y que necesitará extenderlo, desde el paso llamado del Lobo hasta La Marina, lo que no podía verificar por falta de autoridad y gente necesaria al efecto. Y para que por ello no ocurriesen los males que en tales ocasiones desean evitase prontamente les previene que, en el momento y hasta otra disposición de ustedes, formasen la indicada línea de cordón en toda la expresada extensión y que para ello se valiesen de todos los habitantes del partido del Molar, de los pueblos de San Francisco de Asís y de la partida de guerrilla del mismo (…)
Casa de Oliver, 1 de noviembre de 1811. Francisco de Paula Perpiñán a la junta de sanidad de la villa. El domingo anterior se hizo público en la ermita de San Pedro de Asprillas que, Miguel Bordonado, había fallecido en la noche anterior en la hacienda llamada de Carbonell, de la que era arrendador. Que había sido de enfermedad epidémica, como se lo observó el vómito negro, y que se la había enterrado ocultamente en la citada hacienda. Con todo ello se presentó en dicha ermita a oír misa una sirvienta de dicho caserío, lo que dio margen a que se conmoviesen los del partido que allí se hallaban y a que el diputado del mismo se informase sobre ello resultándole cierto lo referido, se confirió conmigo para resolver lo que fuese correspondiente, y me pareció serlo el poner en observación, con guardias de vista, a todos los que habitan la expresada casa. Y así se ejecutó poniendo tres guardias del propio partido relevándoles de efectuar el cordón contra Santa Pola. Aunque D. Vicente Mira, presbítero, se ofreció a no salir de la casa, no los que se hallaban en ella, no me pareció ser bastante garantía para apartar los guardias por constarme que, para extraer del caserío de Santa Pola a Pascuala Carbonell y hermanas, pasó el cordón, se introdujo en dicho caserío y dispuso el modo de ejecutarlo, como en efecto lo realizó. A dicho presbítero y demás de la citada casa se le han franqueado cuantos víveres ha pedido y demás ensanches que son compatibles con las órdenes de sanidad, hallándose únicamente privado del roce con los sanos y de extraer afectos algunos de dicha casa, siendo esto lo que le parece justo hasta que, pasando los días de observación y no teniendo novedad, se haga purificación y ventileo de las ropas y efectos de la misma y es cuanto puedo informar a ustedes sobre este asunto, en virtud de su prevención al margen del oficio del día 30 del anterior.
Santa Pola, 1 de noviembre de 1811. Teresa La Iglesia a Francisco de Paula Perpiñán. La muerte de mis hermanos Pedro y Juan Bautista La Iglesia me ha puesto en la precisa necesidad de pasar a mi casa a cuidar de la subsistencia del Doctor D. Pascual La Iglesia, presbítero, también mi hermano, cuya incapacidad de sentidos es notoria, y por tanto, se halla continuamente encerrado, privado de toda comunicación y sin acción para practicar gestión alguna por sí para proporcionarse el alimento y vestido, del que cuidaban dichos mis difuntos hermanos. En esta atención y con tan justas causas me acojo a la protección de usted para que, usando de la humanidad propia de su corazón, se digne mandar al comandante del punto que cerca el caserío acordonado permita mi salida, con mi sirvienta y dos hijos de mi difunto hermano Juan Bautista que están en mi compañía, y el equipaje. Pronta como estoy a sufrir la observación y demás reglas que sean del agrado de usted o de la junta que haya creada para resolver estos particulares, caso de no recibir en usted todas las facultades necesarias para ello. Y en este contingente espero tendría la bondad de dirigirme esta mi solicitud con su informe a dicha junta para que se digne acordar la providencia que estime oportuna, para el consuelo del miserable desvalido capellán. Pues así lo suplico lo confío del caritativo corazón de usted y que me avisará las resultas.
Santa Pola, 1 de noviembre de 1811. Ignacio Llebres a Francisco de Paula Perpiñán. Debiendo desempeñan el fielato del diezmo de aceite con otras administraciones que tengo a mi cargo, del que me veo privado sin ejercer las gestiones propias de mi obligación si permanezco en este caserío acordonado. Y mediante a que José Almela de Irles me facilita la entrada de una casa de campo propia suya en el partido de Valverde, desde donde podré con más facilidad practicar algunas diligencias correspondientes a mis encargos, en esta atención espero de la rectitud de usted que, usando de la humanidad propia de su corazón, se servirá mandar al comandante al punto de la salida de este caserío, me permita pasar con mi familia y equipaje para la indicada casa de campo, pronto como estoy a guardar la cuarentena y demás reglas de sanidad que me imponga. Teniendo presente para ello mi corto haber y falta de medios para subsistir en tiempo de tanta calamidad y que, en caso de no contemplarse, usted, con facultades absolutas para resolver sobre el particular, tendrá la bondad de dirigir esta mi súplica con su informe a la junta para que se digne acordar la providencia que estime oportuna, pues así lo suplico lo confío del piadoso corazón de usted.
Casa de José Sempere, 3 de noviembre de 1811. Andrés Galiana de Soler, natural y vecino del caserío de Santa Pola, término de la villa de Elche, a Francisco de Paula Perpiñán. Señor comandante del cordón de Santa Pola. Atentamente digo que, en el día 8 de octubre próximo pasado llegué de viaje con mi barca a la playa de Santa Pola, en donde encontré algún rumor sobre si se advertía uno u otro enfermo. Con esta novedad, al día siguiente me pasé con mi consorte y la barca a la playa del Tamarit, en donde he estado hasta el 27 del mismo mes sin volver a Santa Pola, guardándome de cualquier persona sospechosa de contagio. El mismo 27 me vine junto con mi esposa a la casa de campo de José Sempere, que se halla muy cerca y a la vista del cordón, para solicitar la licencia de usted y pasar a la hacienda de mi tío Antonio Botella de Juan, en el partido de Valverde, a causa de las muchas incomodidades que hemos experimentado en el barco, a la orilla de la mar, y, la escasez de comestible que apenas pude lograr los precisos para nuestro sustento. Son veinticinco días los transcurridos desde que mi esposa y salimos de Santa Pola, más ocho que estamos en observación a la vista del cordón, como todo le consta a usted. Es por lo que suplico rendidamente se sirva conceder el pase a la referida hacienda, para mí y para mi esposa Francisca María, como así lo espero del recto proceder y caritativo corazón de usted.
Carta de la que desconocemos el remitente al cortarse a mitad del texto. Partido de Santa Bárbara 3 de noviembre de 1811. Señor D. Victoriano Aznar. Amigo y dueño, con motivo de haber sabido por relación de algunos amigos y no por intimidación del diputado que esta junta de sanidad ha resuelto que, los que tengan cerradas sus casas en esta población las abran dentro del segundo día por medio de alguna persona de confianza, y, que en su defecto procederá a ejecutarlo dicha junta, respecto a que se halla ya casi extinguida la epidemia, pues el día que más suele morir son seis personas, me precisa manifestarle a usted, amigablemente, los graves inconveniente e irresarcibles perjuicios que puede y aún debe ocasionar esta providencia, no tanto al interés privado de cada individuo, sino también, y lo que es más, a la salud pública por cuyo beneficio es dicha determinación. En primer lugar, la mayor parte de las familias, como la de mi suegra y la mía, e igualmente, los labradores que tenemos las casas cerradas e intereses en ellas, quien más quien menos, no tenemos sujeto de confianza para darles las llaves, ya porque uno ha muerto, otros están fuera y de muchos no se sabe el paradero. Luego hemos de fiar las llaves a sujeto de quien no se tiene la mayor confianza. Reflexione usted si se hallara en igual situación. Fuera de esto, ¿no es cierto que el aire atmosférico de ese pueblo aún está corrompido, impregnado de las miasmas mortíferas del contagio? Creo que así lo acredita la experiencia, porque la misma junta manifiesta que aún suele morir al menos seis personas al día. Pero aún es aún muy palpable esta experiencia con lo que sucede a los del campo. En el campo ha habido, y lo hay, enfermos y muertos sólo por haberse arriesgado a entrar en ese pueblo a diligencias propias, luego debemos decir que el aire de las calles está muy infecto, que el ambiente de las casas cerradas en las que no ha muerto nadie y es consiguiente que abriendo estas casas se introduzca en ellas aire más corrompido que infecte más nuestros muebles y efectos. En fin, me consta que muchas personas del campo están decididas a ir personalmente a abrir sus casas, no habiéndose arrimado aún a ellas en todo el tiempo del contagio, ya porque no tiene sujeto de confianza, ya también por el temor de que a la fuerzan se las abran. ¿Y que ha de resultar de estas entradas en el pueblo? Parece que estoy ya mirando contagiadas la mayor parte de las familias del campo … Por la contestación que realiza la junta de sanidad, muy posiblemente el remitente sea Antonio Botella, abogado.
Casa de Oliver, 5 de noviembre de 1811. Francisco de Paula Perpiñán a la junta de sanidad de la villa de Elche. En la madrugada del día de ayer se me dio aviso que, en la casa de Garpar María Soler, partido de Valverde, se había introducido algunas gentes que procedía de Alicante. En su vista mandé al diputado de dicho partido pasar a la referida casa, y, a distancia que le pudieran oír, llamase a sus habitantes y bajo juramento les tomase declaración de inquirir la verdad. Y por ella ha resultado ser cierto y el apoderado de dicho Soler me ha remitido la carta de su amo que incluyo de fecha 28, desde cuyo día permaneció la criada en Alicante hasta el día e del corriente, en que (…) del contagio de aquella ciudad se vino por el camino de Agua Amarga. La misma carta manifiesta la sospecha del contagio, con prevenir que no se le detenga en ella. En este mismo correo recibo la carta de mi hermano Ramón Miralles, su fecha en Sax, a 27 de octubre, en que me dice haber llegado a aquella villa la orden de cortar la comunicación con Alicante por hallarse padeciendo la epidemia de la fiebre amarilla, por cuyos motivos suspenderé el retirar el cordón de Alicante hasta otra resolución de ustedes. La casa de Gaspar María Soler se halla observada por dos centinelas, cuyos jornales, aunque los mandé pagar a los causantes de ella, se han negado a cumplirlo. Espero que ustedes providenciarán lo es estime más justo.
Elche 6 de noviembre de 1811. Ángela María Sánchez al alcalde mayor. Señor gobernador: Ángela María Sánchez, vecina de esta villa, de estado viuda a usted, con el más humilde respeto expongo y digo como habiendo fallecido José Meléndez y Águeda Sánchez, mi hermana, quedando un niño de la edad de nueve meses, sin más amparo que el de Dios, y no teniendo la suplicante medios posibles para criarlo ni poder darlo a criar, a usted rendidamente suplico que, por medio de su notoria piedad y compasivo corazón se digne a concederle el pago de una “dieta” o mandar se conduzca al cuartel para que lo críen, favor que espera merecer la suplicante del magnánimo corazón de usted, quien ruega al Todopoderoso le conserve la vida dilatados años. Lo expuesto es cierto, firmado el cura.
Monforte, 6 de noviembre de 1811, Francisco Fulgorio al corregidor de Elche. El capitán Elías Agullón, entre otras, me dice con fecha 5 lo que copio: también me acaba de dar parte el oficial del pantano que ayer murió el paisano Pepe Fulgar del Campo, en el caserío llamado Santa Andrea. Dicho caserío está a un tiro de cañón de la primera avanzada en la izquierda del pantano y la gente de él es de Elche y del caserío de Aspe. Según informes que se ha tomado, hace siete días había venido del mencionado Elche. Le han enterrado a un lado opuesto de la casa y la gente ha huido de ella.
Elche 7 de noviembre de 1811. De orden del señor presidente y vocales de la junta de sanidad de esta villa se manda que todo vecino tenga la puerta de su casa y frontera barrida y limpia diariamente de cualquier inmundicia. Que no arrojen a las calles agua sucia ni corrompida ni animal, quedando responsable la casa y dueño donde se halle bajo la pena de 30 reales para gastos de sanidad, y en su defecto, ocho días de cárcel. Quedan los alcaldes de barrio autorizados para la ejecución de esta providencia y a quienes manifestarán las ropas de los difuntos contagiados, pues a los que en encuentre con ropas de esta clase, se le proceda a la cárcel y se les procesará criminalmente. Se publicó en la Plaza Mayor, en la Universidad de San Juan y demás sitios acostumbrados.
Casa de Oliver, 8 de noviembre de 1811. Francisco de Paula Perpiñán a la junta de sanidad de la villa de Elche. El diputado de Asprillas me dio cuenta en el día de ayer que en la casa de campo de la viuda de Manuel Vicente había fallecido un hijo de los mismos, del propio nombre, de que tenía avisado que se hallaba enfermo de la epidemia y al que se le ha enterrado en un bancal de dicha hacienda. En su vista previne al indicado diputado pusiese en cuarentena de observación a la expresada viuda y familia, con dos guardias de vista. Lo que se realizó en el mismo día de ayer, lo que le comunico a ustedes para su conocimiento y providencias de su agrado. Al médico que pasó en el día de ayer al punto del cordón de Santa Pola, para el reconocimiento acordado por ustedes, manifesté que la viuda de Salmes, conocido por Topi, había extraído de esa población los muebles que tenía en la casa de su habitación, los había pasado a este partido de las Bayas y los había colocado a la inmediación de unas casas contiguas a las que ella habita, disponiendo se trasladase a un bancal como se ha efectuado. Un caso igual, ocurrido en la ciudad de Orihuela, ha dado margen a que se haya contagiado una gran parte de su huerta, y es de recelar suceda lo mismo en la dilatación del término de esa villa si ustedes no acuerdan una seria providencia que corte de raíz tales excesos, que me consta son repetidos al abrigo de la disposición de abrirse las casas para su ventilación, siendo este un punto tan interesante a la salud pública o mucho más que el de exterminar el contagio de ese pueblo y ponerle en estado de absoluta sanidad. Esperando me comuniquen ustedes las resoluciones que se adapten en cuanto a ello para las que deba yo ejecutar. Como el servicio de sanidad no admite excepción de clase ni estado por ser el beneficio de todos en general y no poder sufrir al mismo tiempo el de los cordones el sólo labrador y jornalero, habitantes de los campos, di orden a los diputados para que alternase en dicho servicio con igualdad con aquellos todos los emigrados de esta población y otras que existen en este campo, y, aunque hay entre ellos muchos eclesiásticos, militares de graduación y del estado noble, sean aprontados hasta ahora todos al servicio que se les ha destinado por medio de sustitutos de (…) D. Máximo Miralles que se ha negado a ello fundando en que no reconoce más superior que al caballero gobernador de Alicante, cuando la residencia continua la tiene en este pueblo y su término, con lo que sacrifica que no hará servicio de sanidad en parte alguna. Lo que comunico a ustedes para la determinación que estime sobe ello y la que espero me traslade para mí.
Casa de Oliver, 9 de noviembre de 1811. Francisco de Paula Perpiñán a la junta de sanidad de la villa. Gaspar María Soler, caballerizo de campo de su majestad Fernando VII, se me queja por la observación en que se tiene su caserío de campo, del partido de Valverde, por haberse introducido en ella una criada del mismo, en concepto de procedente de Alicante y de sospechosa de contagio en dicha ciudad, manifestándome que en ella no hay enfermo alguno ni el menor recelo de contagio, lo que me consta se así por el diario de la mimas de 7 de noviembre, aprobado por su gobernador. En este concepto me parece podría retirarse el cordón contra Alicante y relevar de la observación a la criada y casa de dicho Gaspar María Soler, sobre lo que espero resolución.
Santa Pola, 12 de noviembre de 1811. Vicente López, alcalde del caserío, al alcalde mayor de la villa. Según la orden que me mandó para dar relación semanal de las novedades que ocurriesen en esta población, no puedo ni pude, como ya le dije por carecer de pluma y no hacerlo hasta que hubiera quien me haga el favor, como hoy que n advirtiendo novedad alguna en él he tenido que buscar uno para dar parte a usted, y también para que si no puede venir ningún médico para ver si el pueblo está en disposición de hacer alguna operación en él o no valernos por otros conductos, a fin de que a la mayor brevedad se nos ponga en cuarentena, en observación, como muchos de estos vecinos lo piden y ver yo ser una cosa muy justa, pues no se hallan más que dos o tres enfermos y estos convalecientes.
Monforte, 13 de noviembre de 1811. Francisco Fulgorio a la junta de sanidad de la villa. He recibido los partes que me ha dirigido esa junta con sus dos oficios de 8 a 12 del corriente. Por los últimos veo las consecuencias de los fríos entrados de repente que han apurado los que se hallaban contagiados hasta apurarlos, pues es desproporcionado el número de muertos al de enfermos y es consiguiente a los síntomas que se ha observado a los finales de todos los contagios, así como los que en adelante caigan enfermos se curarán con más facilidad, y otros que no hayan salido de ese suelo se libertarán sin tener la enfermedad. Interesa más que nunca que ustedes se aíslen ahora más que nunca si quieren dentro de la población el contagio, porque, de lo contrario, si se da entrada a los forasteros, no sólo se prolongará al infinito, sino que, los miserables que entren serán víctimas. Por consiguiente, comprendo que la desinfección de los edificios en donde han muerto de la enfermedad y los demás en donde hubiere habido enfermos, se hace indispensable se fumiguen por repetidas veces. Se quemen las ropas y camas de los difuntos y que las de los enfermos se cuelen y se laven obligándoles a la fuerza para que laven la lana de los colchones en los que hayan dormido. Los suelos se laven con vinagre, particularmente de aquellas piezas en las que estaban los enfermos y las maderas que puedan lavarse con el agua acirolada, siendo utilísimo y conveniente el que a las alcobas o dormitorios se les dieren una mano de cal, como se practicó en Alicante. Parece nimia esta escrupulosidad, pero, los efectos los he visto con satisfacción mía en el contagio de Alicante que puedo asegurar que, la desinfección se debió la mayor parte a mi celo apoyado por el señor gobernador y de aquella junta. Sobre las casas no habitadas que no han tenido enfermos y se hallan cerradas, comprendo no debe hacerse innovación por ahora, sino dejarlas en su estado hasta el tiempo de abrir la comunicación que es el sistema mejor, tanto porque se evita que el con las ropas de los dueños de las casas se rocen los fumigadores. Todo lo demás supongo que habrán ustedes elegido o serán de los que han pasado el contagio por una regla de humanidad, como porque escrupulicen los dueños de ellas de que han entrado en sus casas y han dado con las ropas los mismos sujetos que lo han verificado en las casas de los enfermos, y así, el medio verdadero que conduciría en esta ocasión sería suspender esta operación hasta el final que entonces se puede comunicar un bando por ustedes, para que, los encargados de las llaves se presenten a la junta, a los diputados de los cuarteles, para de este modo obligarles a que fumiguen sus casas antes de que las habiten. En el campo de ese término hay enfermos y no será posible jamás abrir la comunicación a esa villa si su campo no está sano. Exige pues la necesidad de que ustedes manden una diputación que reconozca, término por término, todas las casas de campo. Que esta diputación vaya con amplias facultades de ustedes para tomar las medidas necesarias, tanto por la pronta curación de los enfermos que encuentren, como para que se desinfecten los edificios en donde hubiere habido enfermos o muertos, quemando la ropa que estos usaron en su enfermedad y procurando ver los parajes donde se hayan enterrado los cadáveres por razón de los perros, lobos u otra especie de estos animales que se hallan en los campos, pues conocen ustedes que la gentes del campo, generalmente, miran estos asuntos con mucho abandono.
Casa de Oliver, 14 de noviembre de 1811. Francisco de Paula Perpiñán a la junta de sanidad de la villa de Elche. En la mañana del día de ayer se me dio cuenta, por el diputado de Valverde, Pedro Agulló, que había fallecido en la noche anterior Ignacio Llebres en la casería de campo de José Almela, donde se hallaba en observación y en donde se había doblado las guardias desde el momento que se le notó su enfermedad. He dispuesto enterrar su cadáver en las tierras de la propia hacienda, en donde se ha abierto una zanja de 20 palmos de profundidad, usando de todas las precauciones correspondientes. Su viuda y familia se ha colocado, por ahora, en una barraca de la referida hacienda, teniendo cuatro guardias de vista para evitar toda comunicación y roce. Y lo mismo de la casa mortuoria y desea trasladarse a otra barraca fuera de aquel partido, lo que no he permitido hasta la resolución de ustedes, en cuyo caso espero me comuniquen lo que deba practicarse en punto a purificaciones de la expresada viuda y familia, sus ropas y muebles y las de la casa donde ha fallecido Llebres. El nominado difunto tenía un perro de agua que no se separaba de aquel, y siendo su pelo susceptible de contagio, para que no se comunique a los demás de la partida y de estos a las personas que la habitan, he mando matarlo, a lo que me ha estimulado también el haberme comunicado D. José Meléndez que, en la hacienda donde habita, partido del Piver, ha muerto un perro con vómito negro y todas las señales de contagio, presumiéndose ser originado de acostumbrarse a pasar a las zanjas de ese pueblo. Sabiendo también de positivo que, en Santa Pola, han muerto muchos perros y gatos en igual manera, a poco de haber fallecido sus dueños, reventándose algunos de ellos y con otras señales evidentes de serlo del contagio. Lo que comunico a ustedes para su providencia en este punto. El diputado de Asprillas, José Antón, me ha manifestado un oficio que le ha pasado Vicente Mira, presbítero, solicitando se levante la cuarentena de observación por haber cumplido los veinte días de ella, y, aunque no lo están hasta mañana, lo participo a ustede a fin que se sirva dar las disposiciones del caso para el reconocimiento de Vicente Mira y demás que se hallan en observación en la casa donde falleció Miguel Bordonado. Purificando de los mismos de aquella y de las ropas y efectos que existan en la misma para poder levantar la cuarentena en inteligencia de que, ni el Mira ni la viuda de Bordonado, quieren aprontarse al pago de los gastos que se ocasionaron en lo referido, ni los causados de jornales a los guardias que ha habido y existen en dicha casa por desprecio todo de lo acordado por ustedes, de lo que no puede alegar ignorancia por habérseles pasado copia literal de su disposición sobre ello.
Casa grande de Asprillas, 18 de noviembre de 1811. Pascual Soler a la junta de sanidad. Queda con mi intervención purificada la casa y efectos donde falleció Miguel Bordonado ejecutado por el purificador Tomás de Cárdenas, nombrado al efecto por la junta de sanidad, cuya operación ha presenciado el diputado del partido de Asprilla José Antón, y, pasados en comunicación los que se hallaban en dicha casa en cuarentena de observación.
Elche 20 de noviembre de 1811. Cumpliendo la orden de fumigación que ustedes tiene expedida, pongo en noticia como ayer, 19 de noviembre, se fumigó esta iglesia y el convento de San José. Según las reglas que previene la ordenanza y ustedes mandan, para satisfacción de haberlo hecho conforme hago presente, mandé llamar dos testigos calificados y extraños que lo presenciasen. Se fumigaron todas las ropas de la sacristía que sirven para el culto del altar. Se fumigó la iglesia y tercera orden. Se lavaron con vinagre y agua de adelfa todos los confesionarios y demás que pudo contraer contagio. Se mudaron todos los manteles y toallas de los altares. Se fumigaron todas las celdas de la enfermería y convento, oficinas y ropas de los individuos que existen. Se quemaron todas las camas con sus tablados y muebles de cuantos han muerto. Se han levantado todos los pavimentos de las celdas de los difuntos y enfermería echando sus ruinas en la rambla. Se han blanqueado con alabastros todas las dichas y se han pavimentado de nuevo. Todo esto se ha hecho sobre las precauciones antecedentes de no estar difunto alguno sin enterrar, sino cinco o seis minutos, de no haber salido por dormitorio, ni escalera, sino por una ventana fronteriza a la misma enfermería, por donde se arrojaba el difunto y era enterrado inmediatamente en un campo de la huerta. De fumigarse al instante con aceite de vitriolo y manganesa, tanto la celda donde moría como la celda en que había vivido, y en fin, de no haber cesado nunca la fumigación por el convento. Espero que enterada esa ilustre junta de la escrupulosa ejecución de todas estas diligencias tendrá a bien dar licencia para que se abra esta iglesia.
Casa de Oliver y partido de las Bayas, 21 de noviembre de 1811. Pascual Soler y Francisco de Paula Peripñán a los vocales de la junta de sanidad de la villa de Elche. Para desempeñar la confianza que hemos debido a ustedes, en el nombramiento de sus comisarios para los efectos expresados en el acta del día 15 de noviembre, hemos meditado con la detención que requiere el asunto, lo que era conveniente acordar para el logro de tan interesante objeto, y lo hemos efectuado en los términos y circunstancias que comprende la providencia de que acompañamos copia. Ayer se hizo notoria a todos los habitantes de los dos partidos de Valverde y hoy a los de Asprillas y la Baya y tenemos la satisfacción de haberles parecido bien a todos y quedando en cumplir sus artículos, esperando se verifique lo mismo en los habitantes de los demás partidos, a quienes igualmente se continuará la intimación de la tal providencia, si lo es de la aprobación de ustedes, o, se reformará en lo que tengan por conveniente. Cumpliéndose exactamente aquellos capítulos experimentará esa población el no tener en ella enfermos, ni difuntos del campo y podrá lograrse a la mayor brevedad el que se le ponga en cuarentena y los existentes en el campo se aseguran de no contagiarse. Cuyos dos objetos son a los que principalmente deben atenderse, pero para su logro, contemplamos necesario que la distribución diaria del agua, en que casi sólo son interesantes los habitantes en la actualidad en el campo, se practique y ejecute fuera de esa población para que, aunque concurran a ella los que lo necesite de los indicados, no incurran en las penas del primer capítulo comprendiendo que, para ello, puede señalarse el sitio de los Medianos existente al frene de la puerta del huerto llamado de D. Claudio, en donde se acostumbra formar una era, anualmente, satisfaciendo a su dueño o arrendatario del caudal de la acequia, lo que se contempla a juico de los peritos y dándose la debida disposición para que los que asistan del campo se coloquen a distancia proporcionada, que no puedan perjudicarles los aires que ventilen de los del pueblo, y sin roce alguno, con estos efectuándose igual diligencia en cuanto a la venta del agua de Marchena y su distribución diaria, para los que han de regarla, en la plazuela llamada de Aladia. Pero al propio fin, contemplamos necesario se señalen los molinos llamado de la Torre de Resemblanc, el de Rector y el de la villa, para moler sus granos los habitantes del campo, con absoluta prohibición de poder acudir a ellos los de ese pueblo, y que la venta de comestibles, esté en una secuela de ella, se coloque en los mismos sitios para que allí puedan proveerse los del campo y eviten todo motivo de entrar en el pueblo o resolverán ustedes lo que estimen procedente, comunicándonos su resolución para hacerlos a los habitantes del campo por medio de sus respectivos diputados. De las indicadas diligencias practicadas hasta ahora nos resulta deberse purificar algunas casas, ropas y muebles, y a los sujetos que en ella se hallan, y, seguramente tendrá reparo el que lo practique el perfumador de este pueblo, ya por salir de él al efecto, como porque las ropas de que viste son susceptibles de contagio y poder llevar consigo las miasmas o átomos venenosos en que consiste la peste, aquí tenemos el tratado del gobierno político de ella de D. Luís Antonio Muratori, en el que se halla el modo de hacer los perfumes y sólo necesitamos para ello, azufre, incienso, resina de pino, antimonio crudo, oropimente o cualquier otro de los purificantes que así se tenga a mano. Lo que avisamos a ustedes para que dispongan remitirnos alguna porción de ellos.
Casa de Oliver, 21 de noviembre de 1811. Francisco de Paula Perpiñán a la junta de sanidad de la villa. Para evacuar el informo que me han pedidos ustedes, sobre la solicitud que devuelvo del alcalde pedáneo de Santa Pola, me conferí en el día de ayer en el punto de su mercado, y, oído sobre ello al vicario de dicho caserío me resulta que, no se halla en estado de ponerse en cuarentena, como que se hallaba agonizando en aquella hora su hijo único del alcalde y había otros gravemente enfermos. Habiendo quedado en vicario que, luego reconozca sanos a los habitantes del expresado caserío, me dará aviso de ello y yo le elevaré a ustedes.
Monforte, 21 de noviembre de 1811. Francisco Fulgorio a la junta de sanidad de la villa de Elche. Quedo enterado de los partes que ustedes me han mandado del estado de salud de la villa y al mismo tiempo me ha parecido bien el proceder de ustedes a la fumigación y ventileo de las casas y efectos de los contagios, con la escrupulosidad y circunstancias que merece un asunto de esa naturaleza. Conviene sobre manera que, antes que empiecen las aguas, den ustedes disposición de poner una vara o dos de tierra, y aunque en cierta manera se apisone y si puede ser en los principios, se eche cal sin abrir de ninguna manera las sepulturas en donde se han enterrado los cadáveres contagiados, cercando el terreno, por ser indispensable tomar esta determinación por la junta que, en los principios, o era posible se atendiese porque era ramo encargado meramente a los enterradores, en razón de que todos los individuos de la junta han muerto y las confusiones de un contagio sólo lo sabe el que se ha hallado en ellos. Tengo noticias que en el campo hay muchos enfermos y que mueren infinidad de personas. Mi parecer sería que enteramente se cerrase el pueblo por gentes sanas que ya hubieren pasado el contagio. Que de él se abasteciese a los del campo de los frutos que hubiese dentro y que el pueblo se abasteciese de los de los campos que no ha dentro de él. En una palabra, mi idea está descifrada a no permitir la entrada a ninguno del campo en el pueblo y que los del pueblo tampoco se introduzcan en los campos. Por qué no deben entrar los del campo dentro del pueblo lo baso en la experiencia que tengo de que toda persona que entra dentro de un pueblo al final de un contagio es (…) Conozco que es un poco de mortificación, pero el asunto es poner pronto sano el pueblo y que ustedes tomen medidas activísimas para que en el campo se curen todos los enfermos, pues nada adelantamos con que la villa esté sana si el campo no lo está y estará padeciendo el vecindario sin abrirse la comunicación.
Casa de Oliver, 23 de noviembre de 1811. Pascual Soler y Francisco de Paula Perpiñán a la junta de sanidad de la villa. Por las diligencias que vamos practicando, de intimación a los habitantes del campo, por providencia que acordamos en el 18 del corriente, de la que tenemos remitida copiar a ustedes con oficio de 21, nos resulta deberse poner en cuarentena de observación algunas familias, por haber fallecido, recientemente en sus casas, algunos del contagio con los que han tenido roce y con sus ropas y muebles. El practicarse dicha cuarentena en las mismas casas tiene los inconvenientes, ya de no ser todos pudientes para satisfacer el diario de los guardas, ya el poder se estos venales y el faltarnos conocimiento de sujetos de toda integridad al expresado fin, y, aun hallándolos, pueden carecer de la inteligencia que se necesita para desempeñar tan grave encargo y ya porque siendo regular el que hubiese muchas casas en observación en la dilación del término, no cabe el que podamos estar a la vista de todas para evitar el menor desorden. Por estas circunstancias comprendemos sería muy útil el que se destinasen por ustedes a la inmediación de este pueblo dos lazaretos de observación, el uno para los enfermos del campo que no estuviesen infectados de padecer la epidemia y sí serlo de otras enfermedades estacionales y habituales y ordinarias, y, cuando pareciesen ser epidémica, se trasladasen al lazareto de los de esta clase; y otro para los sospechosos por haber tenido roce con los contagiados, aun antes de manifestarse la enfermedad o después de ella, pero, sin tener señales por entonces de padecerla, los cuales, entrados en el lazareto, purificados ellos y sus ropas, y no habiendo parecido señales de peste a los quince o veinte días, se les pueda considerar libres de ella y ponerlos en comunicación, por cuyo medio habrá enfermo alguno en este término ni quien tenga sospecha de contagio y se conseguirá con mayor brevedad la perfecta salud de todos sus habitantes y el que la tengan los de ese pueblo sin recelos que contengan el que se declare libre de contagio. Para el lazareto de enfermos sospechosos parece tienen ustedes destinado el ermitorio de San Antón y para el de sanos también sospechosos nos parece podría señalarse la torre llamada del conde, en donde además de las habitaciones que tiene y su ermita, su jardín y patio, pueden aprovechar para la formación de barracones apoyados de sus paredes en donde colocar muchas familias, y tiene la ventaja que, si resultase algún enfermo de contagio, sin entrar en la población se le puede trasladar por la rambla al hospital del cuartel, si de otra enfermedad, al ermitorio de San Antón, siendo un punto medio entre ambos en dicha torre y en donde a la inmediación hay agua corriente para cuantos usos se necesite y un excelente pozo de dulce para beber y guisar. El objeto más principal que parece debe tenerse en la actualidad, deber ser el que, ni en este pueblo ni en su campo, exista enfermo alguno y el modo de conseguirlo no puede dudarse lo es el que llevamos mencionado y lo elevamos a la consideración de ustedes, para que, con su aprobación, lo llevemos a efecto por nuestra parte, remitiendo a los indicados lazaretos todos los sujetos que deban ser destinado a ellos, acordando ustedes las disposiciones oportunas para su admisión y demás que corresponda.
Casa de Oliver, 23 de noviembre de 1881. Pascual Soler y Francisco de Paula Perpiñán a la junta de sanidad de la villa. José Pomares, en el día 21 del corriente, condujo a la zanja de esta población el cadáver de su consorte, la que había fallecido ignorándose su enfermedad y el paraje donde murió. Y en la mañana de ayer con dos hijos, el mayor como de tres años, se pasó a esta población habitando, según noticias, en la plazuela del arrabal o en sus inmediaciones. Y debiendo hacer cuarentena de observación en clase de sospechoso, con los indicados hijos, lo trasladamos a noticia de ustedes a fin de que se apure su paradero del nominado Pomares e hijos. Y resuelva lo que estime oportuno a la cuarentena y purificación de sus ropas y muebles.
Elche 25 de noviembre de 1811. Baltasara Martín Cortés, vecina de la villa de Elche, expone a los señores de la junta con el debido respeto que, hallándose en la hacienda de Juan Brotons, partido de Altabix, de donde es alcalde Gaspar Soler, desde el día 29 del mes de agosto del presente año y hasta el día 18 del presente mes, que me trasladé a la hacienda de la viuda de Pedro Sánchez, boticario que fue del partido de San Antón, donde he permanecido hasta el día en el que ustedes han mandado no puedan entrar ni salir los que están en el campo, obedecí en el instante, pero me es preciso hacer presente a la real junta como tengo todos mis haberes abandonados y a la disposición del primero que quiera usurparlos, y, asimismo, me hallo sin ropa para cubrir mis carnes en un tiempo tan crudo como el que hace. Por lo cual suplico a los señores tengan a bien acordar se me permita la entrada y salida del pueblo, en los días que necesita, para lo que llevo dicho, pensando el no pasar noche en dicho pueblo.
Huerta de Orihuela, 25 de noviembre de 1811. Señor D. Juan Martínez Torres, muy señor mío: Tomás Quinto, vecino de Almoradí, me ha entregado la de usted de 23 del que corre, y, a su contesto le digo: que Dª Concepción y D. Agustín Mira de Mira de Miralles no han estado con otro desde mediados del mes de septiembre. Que por caridad y llevado de mi buen corazón los recogí justamente con mi señora, su madre, Dª Concepción Miralles, que en paz descanse, la que murió en mi casa y asistí yo mismo hasta su última hora, no omitiendo diligencia ni gasto alguno por ver si podría lograr su salud, pues sin embargo que lograr un físico era como imposible lo hiciera si era uno de un lazareto y todos los días viniese a verla, y crea usted, esto lo hice de caridad y por ser dicha seña acreedora por sus circunstancias a ello, pues ni soy fondista ni tengo pupilos para llevar nada de la manutención de ellos, y si como han estado más de dos meses hubiera sido más de dos años, sería lo mismo. Lo que ha necesitado se le ha suministrado y crea que por dineros hacer que me hubiesen dado todo lo que tienen los Perpiñanes y Miralles, no lo hubiera hecho. Ni D. Antonio fulano, a quien no conozco ni otra persona, me ha hablado ni encargado los niños más que su mamá abuela y sus tías Dª Josefa Perpiñán y Dª Clara Miralles, habiéndoles avisado de la catástrofe de la hermana, me creí vieron por ahora que los tuviese hasta que viesen disposición de llevárselos. Creo que las señoras estarán enteradas de esta disposición como de esta determinación pues me avisó Dª Josefa en el inmediato correo que su hermano D. Francisco practicaba diligencias para llevárselos y es la causa por la que los entrego, pues, de otro modo, no lo haría, pues quedar por si llama a mis encargados y que no los desamparase hasta que por su abuela se me avisase. Es cuanto en el particular puede a usted. Manifestar como el que el mismo quinto conduce los niños y sentiría se colocasen en sitio donde haya habido contagio y perecieran. Reconózcame usted por su servidor. Juan López de S.
Elche, 29 de noviembre de 1811. Vicente Capa y José Puyol, a la junta de sanidad de la villa de Elche. Vicente Capa y José Puyol, médicos de número del ejército de Aragón destinados en comisión del Excelentísimo señor capitán general, presidente de la junta superior de sanidad d este reino, para la asistencia de los enfermos de contagio de esta villa. Con la más atenta veneración y respeto a ustedes exponen: que en atención a la orden de su excelencia se vieron precisados sin pérdida de tiempo de dejar sus partidos, como también a sus familias, no quedándoles a éstas amparo para poder subsistir que el que los exponentes les suministren. Y no hallándose en el día medios posibles para remitirles dinero semanal o mensualmente, por no haber proporción y así de una vez poder verificarse, por tanto: a ustedes suplican se les entreguen lo devengado de su salario para poder socorrer a sus familias que están pereciendo por falta de auxilios, y en adelante esperan de esta muy ilustre junta mande como es muy justo se les pague sus haberes semanalmente. Gracia que espera merecer de recto proceder de ustedes.
Cordón sanitario, 30 de noviembre de 1811. Francisco Fulgorio a la junta de sanidad de la villa. Mi estimado amigo, estoy deseando que ustedes me arreglen esos caseríos pues en ellos hay enfermos y este particular es menester que lo miren ustedes con mucha delicadez, porque todo el mundo lo sabe aquí como del pueblo que está bueno y entra la desconfianza con el perjuicio que es natural. Por lo mismo encargo a usted que se mire muy bien el asunto y que no dejen ustedes de atender, no sólo a este ramo sino también al de la desinfección que debe hacerse en los mismos términos que tengo dicho con los de la población, bajo la inteligencia que, de no hacerse así, a los primeros calores la tienen ustedes en casa y si se reproduce por desgracia será con muchos mayores grados de malignidad y a la verda que será bien doloroso.
Casa de Oliver, 30 de noviembre de 1811. Licenciado Pascual Soler y Francisco de Paula Perpiñán a la junta de sanidad de la villa. Habiendo enfermado Bartolomé Segarra del contagio, en la hacienda del partido de Valverde que llevaba en arrendamiento, fue trasladado al lazareto de esta villa en donde falleció, manteniéndose su familia en una barraca de la hacienda. Y para entrar a la casa solicitan su purifique, pero, como no tenemos ingredientes se hace necesario dispongan ustedes se nos presente el purificador de ese pueblo a la más posible brevedad, así, para purificar dicha casa, como también, otras de este campo en las que debe practicarse igual diligencia.
Monforte, 30 de noviembre de 1811. Francisco Fulgorio a la junta de sanidad de la villa. Por el oficio que he recibido de ustedes de 26 de este mes y los partes que le acompaña veo que en esa población no resultan más enfermos contagiados, mas, como en el campo y sus caseríos de todo el término no se ha extinguido la enfermedad, se hace indispensable que me digan ustedes qué resultados ha tenido la comisión que en mis oficios anteriores les encargué, para la remisión de las casas en donde se hallan los enfermos, pues sin desterrarse en todo el término la enfermedad y purificarse los edificios en los término prevenidos, no es posible se encuentre aún en cuarentena esa villa, por la misma razón los facultativos no necesarios para la desinfección de ese pueblo, supuesto que ya no hay enfermos, puede repartirse en los términos de las diputaciones del campo, en donde haya y de una vez atajar los males que tanto perjuicio han causado a la población. Se hace necesario me informen ustedes del estado de salud en que se encuentran los vecinos del caserío de Santa Pola y qué progresos hace el contagio en aquellos habitantes, pues la inmediación de esa villa y ser propia de su término podrá facilitar a ustedes conocimiento mejores y más circunstanciados para poder contestarme a este particular.
Casa Oliver, 2 de diciembre de 1811. Francisco de Paula Perpiñán y Licenciado Pascual Soler a los señores de la junta de sanidad de la villa. Por el testimonio que acompaña el oficio de ustedes de 28 de noviembre anterior, quedamos inteligenciados de lo acordado por ustedes en el acta del propio día en vista de nuestro oficio del anterior. Ya que no se ha servido admitirnos la renuncia de nuestra comisión, esperamos que no se repita los excesos experimentados en los partidos de Santa Bárbara, Jubalcoy y Perleta, al tiempo de la intimación de nuestra providencia de 18 del propio mes y de los capítulos comprendido en ella, tendrán a bien ustedes comunicarlos, directamente, a los diputados de los partidos que resta para que lo hagan notorio a los habitantes y estantes en ellos, dando aviso a ustedes de hallarse cumplido y trasladándolo a noticia nuestra para vigilar la observación. Siendo cierto que la ropa origina y dilata la peste y observando que por el campo se venden paños y mercaderías, ignorando la procedencia y sin legítima purificación, nos parece conveniente prohibir absolutamente, por ahora, la venta de muebles, paños y toda especie de ropas, especialmente la usada, a menos que se nos acredite legítimamente su procedencia, y, siendo declarada sospechosa, se ponga en cuarentena bajo la pena de ser quemada la que no se justifique su procedencia y confiscada la que sea de paraje sospechoso o se introduzca sin boleta de sanidad o guía legítima de la aduana de donde se haya extraído, sin perjuicio de incrementar la pena hasta la de la vida según la malicia que en ello se acredite. Lo elevamos a la consideración de ustedes para, si fuese de su aprobación, acordar sobre ello la providencia correspondiente. El diputado del partido de la Peña de las Águilas ha fallecido y conviene que ustedes se sirvan nombrar a otro interinamente a quien se pueda dirigir las órdenes que se ofrezcan para dicho partido. Estamos entendidos de que, además de los molinos de Resemblanc y de la Villa que se señalaron para moler granos los habitantes y estantes en el campo, se ha elegido para el propio fin los llamados de la Rambla y de la Troneta, que parecen ser bastantes para lo mencionado, pero se nos han dado varias quejas de ser un escándalo lo que los molineros exigen por la molienda, como que de una costa hay quien pide cuatro reales de vellón y apenas hay quien baje de dos, cuando por ordenanza corresponden seis cuartos, lo que ponemos en noticia de ustedes.
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