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Eclipse total de sol en Elche (1900)

Enviado por Juan Ignacio P… el
Datos de la imagen
Fecha
28 de mayo de 1900

Grabado del Abad Théophile Moreux (1867-1954), astrónomo y meteorólogo francés. En 1893 entró a formar parte de la Sociedad astronómica de Francia donde conoció a Camille Fammarion con quien coincidió en nuestra ciudad para contemplar y estudiar el eclipse total de sol del 28 de mayo de 1900.

El propio Moreux comentó: «Tuve el placer de contemplar dos veces en mi vida ese halo hecho de materia onírica. Fue por primera vez en España, en el fresco oasis de Elche, en el momento del eclipse del 28 de mayo de 1900. ¡Qué espectáculo más maravilloso! Esa misma noche resumí las impresiones que sentí durante ese momento inolvidable: Ahora es el momento, el cielo se vuelve lívido, las montañas adquieren un tono morado oscuro; algunos cirros blanquecinos aparecen por encima de los picos de la sierra y la luz del día se oscurece como al anochecer. Me encuentro en una expectativa febril. Voy a tener que dibujar el eclipse y sólo tengo un minuto y dieciocho segundos para este trabajo. Todo está allí en mi mesa y al alcance de mi mano: tintero, cepillo, pluma, secante. Pocos minutos después, por encima de mí el cielo se vuelve oscuro y en el horizonte aparece un crepúsculo más definido; estamos en los bordes del cono de sombra proyectada por la luna. Un minuto. Quiero ver desaparecer el último rayo de sol pero tengo que cerrar los ojos para poder captar todos los matices de la corona. Me resigno y espero, con lo que la angustia aumenta. Es largo el minuto supremo. Pero no. Aquí está el momento esperado. Abro los ojos. El eclipse total ha comenzado, espectáculo de magia. El sol parece una mancha redonda de tinta y alrededor de este disco sombreado se observa una luz  vaporosa, ligera  y luminosa a pesar de esto, se diría como una corona tejida de hilos transparentes con tonos de oro y plata, casi irreal. Ante este espectáculo, una especie de ansiedad se apodera de mí al pensar que en ese minuto nunca podré encontrar algo tan maravilloso. Mi sangre fluye al cerebro violentamente, mi corazón late más rápido, y un temblor nervioso me agita ... Pronto un rayo de luz blanca perfora el borde del disco negro y se rompe el hechizo. La corona se desvanece y todos los que observamos el fenómeno suspendemos nuestro trabajo con resignación». De "Quelques heures dans le ciel", 1911.

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