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Cortometraje de Diego Amorós García: La muerte roja (1974)

Enviado por Jaume Quiles el
Datos de la imagen
Fecha
1974
Colección/Fuente
Diego Amoros García
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"(...) En 1974, el grupo ACAI estrena dos películas: La muerte roja y El camello en la bañera. En la primera, Diego Amorós para escribir el guion se inspiró en el libro escrito por el estadounidense Edgar Allan Poe, La máscara de la muerte roja (1842). Cuando presentó la idea al grupo, todos estaban de acuerdo en hacer realidad esta historia de terror y el ajuste del relato a los recursos disponibles del colectivo fue esencial para que la cinta se pudiera completar con éxito. En la adaptación de Amorós, un grupo de jóvenes se confina en una casa aislada para ponerse a salvo de la amenaza de una epidemia mundial. Una enfermedad que se ha propagado con rapidez entre los habitantes de una comarca, donde los servicios médicos están saturados y la sensibilidad al contagio es muy alto, por lo que si no se trata en un lapso breve provoca vómitos y “sudor de sangre” en los infectados, según descubrimos en el filme.

La obra cinematográfica en cuestión es un salto cualitativo en la producción que hasta ahora venían desarrollando. El número de localizaciones de rodaje aumenta considerablemente y la recreación de los espacios para generar verosimilitud en el relato fue una labor minuciosa y cuidada, que pasaba por la caracterización de los intérpretes, prestando especial atención en el maquillaje, así como en el vestuario, el atrezo, los vehículos de escena o la iluminación de las tomas. Visionando la película podemos reconocer la partida rural de Valverde, concretamente la Urbanización Ermita Vieja en Nueva Valverde, donde varias calles y una de las casas, de los padres de uno de sus cuñados, acogieron escenas de tensión ataviadas con multitud de cuerpos muertos en los suelos, tanto de adultos como de niños. Los amigos y familiares no dudaron en colaborar con los jóvenes e incluso un trabajador de Correos, Montesinos, que contactó con ellos, se ofreció a participar junto a su hijo. Además, les prestó un par de uniformes de los empleados en el servicio postal para la escena del control policial, dado que simulaban la indumentaria de los agentes.

El entresuelo del padre de Amorós fue ambientado como el hogar de una joven, Rosa, que es asaltada por un hombre infectado por la enfermedad, interpretado por Montesinos. Mientras que la casa de sus abuelos, en La Marina, sirvió como la guarida apartada del tumulto en la que los protagonistas se encierran tras la huida en un SEAT 600, vehículo propiedad de su tío. El interior de la casa combina escenas tanto en La Marina como en el local de ensayo que alquilaron al cineasta Juan Carrazoni. A través del montaje crean una continuidad espacial generando en el espectador la falsa sensación de que todo ocurre en el mismo lugar.

La impresión que mantiene Amorós respecto al rodaje es que resultó ser muy intenso y prolongado en el tiempo. Se rodaba “muy poco a poco, los fines de semana”. La complejidad de coordinar las citas se debía, por un lado, al elenco coral de la película y, por otro, al equipo humano de la parte técnica, ya que era necesario encontrar un momento en el que todos estuvieran disponibles para quedar a rodar. No obstante, una vez que lo lograban se improvisaba poco. Amorós llevaba la planificación de los planos muy trabajada, incluso amparado por un storyboard, debido a que desde siempre le ha gustado pensar previamente en los posibles tiros de cámara: “Recuerdo que en el instituto perdía muchas clases para planificar en las pizarras y elaborar los planos” y justifica que “intentaba que saliera lo mejor posible” siendo consciente de sus limitaciones en cuanto a conceptos teóricos y técnicos. El aprendizaje era a través de la lectura de libros cinematográficos sobre los tipos de planos cinematográficos o los movimientos de cámara. Antes de cada sesión de filmación, realizaba una minuciosa preparación con el objetivo de evitar improvisaciones en el set. Por lo tanto, subraya que su metodología se basaba en la planificación previa y la práctica de múltiples ensayos. Amorós buscaba una realización dinámica, con cambio de planos constantes y movimientos de cámara para agilizar el relato y “evitar lo rutinario”, tal y como describe: “he visto películas de otros compañeros y hacían planos muy largos o que únicamente tenían dos” en una misma secuencia. El afán por llegar con todo preparado se aplicaba al resto de cuestiones implicadas en el rodaje, como, por ejemplo, el vestuario; ya que al rodar en días discontinuos todo debía mantener la continuidad de la escena porque el tiempo de ficción sucede de continuo. Amorós sentencia que en esta producción de 24 minutos “trabajamos bastante” para poder finalizarla.

La muerte roja (1974) es la primera película en la filmografía del director que cuenta con sonido. El montaje y el doblaje, según explica, se realizó junto con Rafael Pomares en el local del padre de Amorós, donde albergaban todo el material necesario para su ejecución. A pesar de que la película no posee mucho diálogo para no volver a convocar a los actores en el estudio, Pomares se encargó de poner distintas voces para interpretar a cada uno de ellos y contó con la ayuda de su mujer. La película no cuenta con créditos sobre el equipo que conforma el filme, únicamente hay dos pantallazos, el del título durante los primeros minutos de metraje y el clásico “fin” del final.

Respecto a la exhibición pública de la película, Amorós cree que se inscribió en algún certamen, pero no fue admitida a concurso. Todo el esfuerzo se quedó sin el reconocimiento por parte del público y pasó a aumentar el archivo fílmico del autor".

FUENTE: QUILES CAMPOS, Jaume (2025). Historia del cine en Elche a través de sus cineastas y sus películas (1928-2024).

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