Datos de la imagen
"(...) Amorós continúa explorando las problemáticas sociales a través de la cinematografía. Su siguiente producción como guionista y director es El último refugio (1978), en la que su amigo Jacinto Molina vuelve a ser el protagonista de una trama de cerca de 32 minutos de duración. La historia sigue a un hombre que trabaja en una fábrica de calzado y se siente abrumado por la monotonía. En una de las secuencias, al regresar a casa después de su jornada laboral, su esposa (Conchi Sánchez), está en la cocina preparando la comida y le pregunta cómo se siente. Él responde con frustración: “No sé cómo podemos vivir así. Nos falta tiempo, nos falta espacio, siempre vamos deprisa. Es insoportable”. El estado anímico del marido afecta a la relación de pareja y después de una angustiosa pesadilla visita al psicoterapeuta para buscar soluciones a su problema. El profesional de la salud, que interpreta Rafael Pomares Peral, lo tiene claro: “sufre usted la enfermedad más común de nuestro tiempo, padece del estrés” le argumenta, y le ofrece varias soluciones para llevar una vida más sosegada, donde la diversión, el deporte o salir al campo son actividades esenciales para, como él mismo pronuncia, “ir con el tiempo, no contra el tiempo”. El protagonista obedece al doctor y se toma unas vacaciones para aislarse en la montaña, alejado de la civilización y de todas las comodidades que se tienen en la urbe. Su equipaje es básicamente una bolsa de deporte con algo de ropa y muy pocos alimentos.
El tiempo pasa rápido y en la naturaleza aprenderá a sobrevivir refugiándose en una cueva, cazando animales para subsistir y prender fuego para cocinar o calentarse. Los espectadores son testigos de un notable cambio tanto físico como emocional en el protagonista, evidenciando un estado de ánimo renovado. Se observa una expresión de felicidad, relajación y adaptación a su nueva realidad. Desgraciadamente, este estado se trunca por un repentino sonido de la ciudad que hace desaparecer el clamor de la naturaleza. Descubre a unos topógrafos que portan sus utensilios de trabajo para medir y delinear aspectos del terreno, asimismo una pala excavadora se encarga de demoler varios árboles del entorno natural. El personaje principal no puede creer lo que divisan sus ojos. Siente que han invadido su privacidad, su felicidad, ya que aquel lugar era algo suyo, por lo que enfurece y emprende una pelea con los dos profesionales agrimensores, interpretados por Paco Moreno y el propio director, Diego Amorós. Aquel conflicto se consuma con el homicidio de uno de los empleados.
A continuación, el agresor es transportado en una ambulancia, la cual hemos visto a lo largo de la película recorrer varias calles entre las secuencias claves de la historia. El arrepentimiento del personaje es absoluto, alegando que “nunca debió amanecer aquel día”. En su viaje en el vehículo sanitario lanza una última reflexión: “pobre humanidad, estáis destruyendo vuestro último refugio. ¿Qué crueldad me tenéis preparada?”. Un plano de la señal de un sanatorio psiquiátrico desvela el futuro del protagonista, que es internado y tratado con medicamentos por parte de uno de los doctores, Julián Valero.
A lo largo del metraje se emplean varias melodías clásicas para ambientar gran parte de las secuencias. El tema principal que da comienzo al filme es Sarabande, compuesta por Georg Friedrich Händel. Otras piezas musicales son Trumpet Concerto in D major: I Adagio, Oboe Concerto in D Minor, Op. 9 No. 2: II. Adagio, Adagio en sol menor o Adagio (From Concerto per Oboe e Orchestra d'Archi in Do Minore).
Respecto al reparto artístico, Amorós explica que la chica que interpreta a la mujer de Jacinto Molina, Conchi Sánchez, era una compañera del Banco de Granada a la que le comentó su nuevo proyecto y no dudó en colaborar. Es más, señala que tras esta experiencia participó en la película de Rafael Pomares Peral, Después de la boda (1980). Julián Valero, el profesional sanitario del psiquiátrico, es el cuñado de Pomares Peral. En el equipo técnico, Amorós es el encargado de coordinar todo el rodaje, delegando el manejo de la cámara a Rafael. Este último experimentó con la iluminación de varias escenas, logrando efectos de luz muy destacados. Partiendo de un escenario en penumbra, utilizó focos orientables para iluminar y dirigir la atención del espectador hacia los diferentes elementos destacados de la escena. Además, aprovecha las sombras como herramienta de recorte. “Para esto Rafael era un lince” confiesa su compañero.
Uno de los aspectos que otorgan una relevancia particular a esta película son las localizaciones donde ocurre la acción, con un énfasis especial en las secuencias ambientadas en los exteriores de Elche, las cuales, con el transcurso de los años, adquieren una importancia aún mayor. En este contexto, llevamos a cabo una exposición de cada uno de los espacios presentes en la película, utilizando como fuentes tanto el visionado de esta como la información proporcionada por su autor. En primer lugar, la secuencia de la ambulancia recorriendo las calles del municipio, que se presenta de manera fraccionada a lo largo de la historia, es una de las más interesantes para este fin. La vemos circular por la calle Magraner, reconociendo los edificios del Centro de Educación Especial Tamarit, los institutos de educación secundaria Pedro Ibarra y La Asunción de Nuestra Señora y los característicos bloques de viviendas de protección oficial alzados en el popular barrio de Los Palmerales. Otra de las vías, es la avenida de Candalix. Durante 23 segundos que dura la toma, la cámara sigue al vehículo sanitario, el plano comienza después de pasar la plaza de Benidorm. En este recorrido vemos a la izquierda la fachada posterior de la empresa Fabricantes de Suelas de Caucho Aglomerado (FACASA), según avanza el plano, a la derecha, se observa la Creu del Terme de Candalix y las verjas de las casas de campo contiguas, hasta que el plano es interrumpido poco antes de alcanzar la calle Marceliano Coquillat.
Otros rincones de la población ilicitana son los exteriores de los edificios del mencionado barrio de Los Palmerales, lugar en el que reside el protagonista con su mujer. Examinando con detalle el material filmado, se puede observar que los inmuebles son de reciente construcción y que no están habitados. El protagonista, antes de entrar a su casa, observa los característicos bloques que destacan por sus minúsculas ventanas y pasea por el barrio donde se puede distinguir en la fachada una pintada que reza: “viviendas, sí – cárceles, no”. Al dirigirse al trabajo, el personaje camina a lo largo de varias calles de la ciudad. En cierto momento, se detiene en un semáforo en la intersección de las calles Conrado Campo y Antonio Machado. En la escena, detrás del protagonista, se encuentra el rótulo del establecimiento comercial “Prensa y Revistas. Juguetes Vives”, un negocio que permanece activo en la actualidad y conserva en su fachada el mismo elemento decorativo desde aquel entonces.
Los exteriores restantes de la película se ambientan principalmente en la montaña, el entorno natural que, metafóricamente, da título a la obra y sirve como refugio para el protagonista. Esta acción tiene lugar principalmente en Sierra Espuña, Murcia. El reducido equipo humano liderado por Amorós tuvo que desplazarse durante varias semanas no consecutivas para capturar una amplia variedad de tomas, incluyendo cambios climáticos, como un día lluvioso que pudieron documentar con sus cámaras, así como los propios cambios físicos del actor principal. La escena previa a la pelea entre el protagonista y los dos topógrafos se desarrolla en un espacio diferente, en la finca de La Rabosa de Elda situada en el entorno del Xorret de Catí en Castalla, mientras que la propia riña entre los tres personajes se ubica en el entorno natural del Pantano de Elche. Además, se incluyen imágenes exteriores seleccionadas del archivo personal del director, como tomas generales de su viaje al Parque Nacional de Ordesa y Monte Perdido en Huesca. Dado que el proceso de filmación se extendió a lo largo de varias semanas, el director filmó tomas adicionales de pinos talados en el monte o una retroexcavadora arrancando árboles, “aproveché para hacer unas tomas para ir intercalando” en la posterior edición. Estos elementos, integrados durante la posproducción, contribuyen a la creación de un espacio cinematográfico coherente que, ante los exiguos medios, enriquece la narrativa y añade verosimilitud a la historia.
En cuanto a los interiores de la película, Amorós rueda la escena del dormitorio en su propio domicilio, si bien la cocina pertenece a la de unos amigos. La secuencia de ritmo frenético en la línea de producción de una fábrica de calzado, lograda mediante una diversidad de planos que ilustran el proceso de elaboración de zapatos de mujer, se desempeña en El Dantés, donde Jacinto Molina era empleado, por lo que conseguir la autorización para filmar no fue complicado. Los interiores del psiquiátrico se recrean en dos lugares diferentes. El primero, en el pasillo que recorre el paciente acompañado del sanitario, se rueda en un edificio de la pedanía ilicitana Los Arenales del Sol, y el segundo, la consulta médica donde está tumbado en una camilla, se recrea en el entresuelo de los padres de Amorós, que, curiosamente para esta escena, emplean por primera vez la técnica de la cámara lenta.
Diego Amorós no participó con El último refugio (1978) en convocatorias de festivales de cine, “no era mucho de enviar” declara, “dedicaba tiempo a hacerlas, montaba y ahí terminaban, como mucho se veían aquí en Elche”.
FUENTE: QUILES CAMPOS, Jaume (2025). Historia del cine en Elche a través de sus cineastas y sus películas (1928-2024). Tesis doctoral. UMH.
Las imágenes exhibidas en esta página son propiedad de sus autores. Aquí se muestran exclusivamente con fines científicos, divulgativos y documentales. Cualquier otro uso fuera de esta página está sujeto a las leyes vigentes.
Añadir nuevo comentario