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Cortometraje de Diego Amorós García: El último jinete (1983)

Enviado por Jaume Quiles el
Datos de la imagen
Fecha
1983
Colección/Fuente
Diego Amorós García
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"(...) El título más reciente que ubicamos en la filmografía del cineasta Diego Amorós es El último jinete (1983), una película que supone un auténtico salto cualitativo en su historial cinematográfico, que pudo materializarse gracias a contar con financiación externa por parte de entidades y organismos públicos y que nace por encargo de dirigir un guion ajeno a su elaboración.

En noviembre de 1981, el grupo Travelling, con su intención de agrupar a todos los cineastas ilicitanos, convoca el primer Concurso de Guiones Cinematográficos con la colaboración de la Universidad Popular, el cineclub Luis Buñuel, la Caja de Ahorros de Alicante y Murcia y el Ayuntamiento de Elche. La finalidad del concurso está orientada hacia la promoción de la especialización cinematográfica, particularmente dirigido a guionistas, inicialmente en Elche y posteriormente en toda la región de la Comunidad Valenciana. Se establecieron dos premios: el Premio Rafael Azcona al mejor guion, dotado con 130.000 pesetas; y el Premio Ciutat d’Elx, al mejor guion que aborde temáticas relacionadas con la realidad social y cultural de Elche, con una dotación de 100.000 pesetas. El objetivo de esta competición es propiciar que los libretos ganadores sean posteriormente registrados en celuloide (López, 1981, p. 11). El fallo del jurado se hizo público en marzo del año siguiente en el local de Cau d’Art. De un total de 19 guiones presentados, los galardonados fueron Adrián López Galiano, originario de Alicante, quien recibió el Premio Rafael Azcona y una dotación de 30.000 pesetas auspiciada por la Caja de Ahorros de Alicante y Murcia por su texto El último jinete. Por su parte, el ilicitano Antonio Alberola fue merecedor del premio Ciutat d’Elx, dotado con 20.000 pesetas otorgadas por el Ayuntamiento de Elche y de la Universidad Popular, por su obra titulada Gerardito de los santos vicios. El jurado que estuvo integrado por Antonio Amorós, director de teatro; Francisco Moreno Sáez, representante del cineclub Chaplin de Alicante; Vicente Pérez Sansano, del cineclub Luis Buñuel; Gaspar Maciá, redactor de La Verdad; Gaspar Jaén, arquitecto; Antonio Dopazo, crítico de cine de Información; y el propio Diego Amorós, como cineasta. Además, formaron parte del jurado de dirección del concurso: María Rosa Verdú, por el Ayuntamiento; Carlos Picazo, por la CAAM; Jaime Gómez Orts, por el cineclub Luis Buñuel; Antonio Miravete, por el grupo Travelling; e Iván Aranda, por la Universidad Popular. A partir de este momento, les correspondió decidir qué cineastas serían los encargados de filmar los dos guiones ganadores, para lo cual se estableció un presupuesto de 100.000 pesetas para la primera obra y 80.000 para la segunda. Los criterios para la selección del realizador se basaban en que, ante todo, fuera ilicitano y contará con experiencia en el rodaje en formato super-8 (Información, 1982, p. 10; Rodríguez Martín, 1982, p. 14).

Como hemos podido corroborar consultando la hemeroteca respecto a la convocatoria competitiva, Diego Amorós era uno de los integrantes del comité calificador, “una de las cosas que se dijeron era que los que participaban en el concurso no optaban a dirigir la película” manifiesta. Si la memoria no le engaña avala que se propuso a Gaspar Quiles como uno de los directores locales para la tarea de dirigir uno de los dos guiones premiados, “pero el hombre optó por no hacerla. Era un proyecto grande y él estaba acostumbrado a hacer sus documentales y reportajes y no se metía en estas cosas. Entonces de rebote me llegó a mí y la hice”. Amorós, consciente de que se enfrentaba a un proyecto de gran envergadura, confiesa que el guion le cautivó profundamente pese a la complejidad de las numerosas jornadas de rodaje nocturnas que requería y que contrastaba con la carencia de recursos lumínicos adecuados. No obstante, asumió el desafío de liderar al equipo de filmación.

La película El último jinete (1983), rodada en formato super-8 y con una duración de 32 minutos, aborda como tema central el desempleo en un futuro próximo. Esta temática se introduce al inicio de la obra mediante un prólogo escrito, que contribuye a contextualizar la narrativa de la historia que se presenta al espectador:

Según fuentes del Ministerio de Trabajo, la cifra de parados al final de este primer trimestre de 1989 asciende a 9.890.000. Son tales los estragos que está produciendo entre los afectados que ya se le denomina con el nombre de: “El quinto jinete” (Amorós García, 1983a, 0:02:37)[1].

El día del estreno, el 2 de diciembre de 1983, los medios de comunicación locales informaron sobre el acontecimiento que tendría lugar en la sala La Carátula y dedicaron espacio en sus páginas para publicar noticias al respecto, incluyendo declaraciones del director sobre su obra. En el periódico La Verdad, el director afirmó lo siguiente:

El argumento de la obra recoge una situación social en la que el número de parados es alarmante, hasta el punto de que se ha creado un cuerpo especial, por parte de los propios trabajadores, que considera a los parados como enemigos a los que hay que combatir y eliminar. Yo lo centro en la situación que se le plantea a una familia de parados. Creo que el planteamiento no puede ser más pesimista, y a la vez violento, por las propias escenas que recoge. (Amorós García, 1983b, p. 10)

Por otro lado, el diario Información también cubrió el evento, haciendo referencia a la temática social abordada y al futuro distópico que se plantea como una crítica al porvenir desde la perspectiva pesimista, con la intención de provocar reflexión:

El tema de la cinta es el paro. Está situada en la época actual, pero con una visión alarmante de cara al futuro. El paro llega a cifras tan alarmantes que los desempleados constituyen un peligro público y la sociedad, para protegerse, crea un cuerpo especial polivalente que encarnan los barrenderos y basureros. Los parados son una lacra social que hay que extinguir y la película se centra en una familia en la que el padre está en paro. Para conseguir un empleo se convoca un examen y el examinador es una máquina. La familia se desespera y hay un enfrentamiento violento entre parados y barrenderos-policías. (Amorós García, 1983c, p. 14).

El texto original, a pesar de que detalla aspectos técnicos, tuvo que ser adaptado para ajustarse a la visión del cineasta, el cual le gustó desde el principio. Se evitó alejarse de la idea central del autor con el fin de poder ejecutarla con garantías y estar a la altura de la responsabilidad asignada (Maciá, 1983, p. 13). Curiosamente, a lo largo de todo el proceso de creación de la película, que abarcó desde los preparativos previos al rodaje hasta el montaje final, Amorós no tuvo contacto con el guionista, Adrián López. No fue hasta el día de la presentación pública de la película, cuando ya estaba terminada, que conoció a López: “vi al chico y estuvimos hablando un rato, pero poco más”. Amorós disfrutó de una total libertad de acción, tanto a nivel creativo como financiero. La Caja de Ahorros de Alicante y Murcia, que otorgó una subvención de 100.000 pesetas, no interfirió en ningún momento en el transcurso, al igual que la Universidad Popular, promotores de la actividad. Esta situación le permitió a Amorós seleccionar completamente al equipo de rodaje, planificar los días de filmación según su criterio y, al mismo tiempo, gestionar los permisos, colaboraciones y compras del material cinematográfico. Recuerda adquirir los rollos de negativo en el establecimiento que regentaba de material fotográfico el pintor soriano Ulises Blanco en el centro de Elche.

La preproducción fue un proceso largo y complicado, “con mucho trajín para lo que estábamos acostumbrados”, conmemora el autor. En las anteriores producciones se adaptaban con lo que tenían a mano, pero este proyecto requería más exigencia y un equipo humano más numeroso para lograr un resultado profesional. Fueron muchas las reuniones previas al rodaje para obtener la implicación de diferentes organismos en la película. Un elemento clave de la historia son los camiones de recogida de basura, por lo que la colaboración de la empresa ITUSA, concesionaria encargada del servicio de limpieza en la ciudad, se convirtió en un objetivo fundamental, quienes no se opusieron a participar. Asimismo, contaron con el apoyo del ayuntamiento, la policía municipal, el cuerpo de bomberos, Simago y Radio Elche. En cuanto el equipo humano, la ayuda esencial provino de su amigo Rafael Pomares Peral, responsable de la fotografía, y Ángel Miguel Donat Miralles, compañero de profesión en la banca, que asumió las funciones de ayudante de dirección y participó en el montaje. Es más, ambos tienen un pequeño personaje en la película.

El rodaje se prolongó durante varios meses, desde diciembre de 1982 hasta mayo de 1983. Del mismo modo, el coste final de la película se dilató, superando la cantidad inicialmente subvencionada, lo que implicó que el propio director tuviera que aportar al menos otras 30.000 pesetas de su propio bolsillo, además de las 100.000 iniciales (Monreal, 1983b, p. 14). “Claro que terminó siendo mucho más caro y tuve que financiarlo yo mismo”, confirma el autor. El incremento en el coste se justifica por la gran magnitud de la producción. Según el punto de vista del director, fue necesario filmar una gran cantidad de planos para obtener suficiente material en la fase de montaje, a pesar de que una gran parte fue finalmente descartada. Sin embargo, el esfuerzo valió la pena, según declara: “El resultado es bastante satisfactorio porque se contó con mejores recursos, especialmente en lo que respecta al sonido, que considero que es notablemente superior a todo lo que había hecho hasta ahora”. La película fue montada con la ayuda de Ángel Miguel Donat quien además propuso como responsable del doblaje y la sonorización de la cinta a Carlos Morante. Para Amorós, contar con la ayuda de este profesional fue un acierto absoluto, ya que su dominio en este campo contribuyó a obtener un resultado técnico óptimo. Radio Elche colaboró con los cineastas cediendo sus estudios de sonido durante varias noches para que pudieran terminar el trabajo. “Esto se hizo un poco pesado porque era a unas horas intempestivas, pero creo que el resultado mereció la pena”, argumenta el director.

La gestión de las localizaciones fue una auténtica hazaña. Entre sus logros se encuentra conseguir haber rodado en el interior de los almacenes Simago situados en la calle Reina Victoria número 27 de Elche. En estas galerías emprende la película cuando el protagonista, Juan Manuel Muñoz, pasea entre los lineales de alimentación para sustraer varios productos escondiéndolos en el interior de su chaqueta y evitar ser descubierto. Su actitud levanta sospechas para un trajeado encargado que no deja de observarlo. Después de varios minutos de vigilancia decide llamarle la atención y retenerlo, pero Muñoz logra escapar y huye corriendo del comercio.

Esta secuencia introductoria de tres minutos está interrumpida por los títulos de crédito que se intercalan en las diferentes acciones que suceden en el interior del establecimiento. El primero de los 11 pantallazos que abre el metraje hace referencia al texto dramático que sustenta la ficción: “Esta película está basada en el guion galardonado con el primer premio en el primer concurso de guiones cinematográficos de Elche 1982” (Amorós García, 1983a, 0:00:02). A partir de aquí, cada pocos segundos, acaece el resto de designaciones, el título de la obra cinematográfica; el reparto, capitaneado por Juan Manuel Muñoz y respaldado por Irene Velasco, Juan José Maestre, Jacinto Molina, Antonio Galiano, Antonio Mora, Ángel Donat, Rafael Pomares, José Luis López y el niño Carlos Pomares; en el apartado técnico, Rafael Pomares en la cámara, Ángel Donat y Diego Amorós en el montaje, Adrián López autor del guion, Carlos Morante en el sonido, Ángel Donat como ayudante de dirección, la Caja de Ahorros de Alicante y Murcia Obras Sociales en la producción, y por último, la dirección de Diego Amorós.

La primera escena nocturna a la que se enfrentó el equipo de filmación fue la salida a medianoche de los camiones de basura de la central de ITUSA. Decenas de operarios suben a sus vehículos y salen uno tras otro del recinto. “Tuvimos que usar unas cámaras con un rollo más sensible para captar la luz” puntualiza Amorós ante la ausencia de iluminación externa. La banda sonora que acompaña la escena es la pieza musical electrónica, White Eagle, del grupo alemán Tangerine Dream, que logra evocar un dramatismo a la acción que predice el género de la obra. Los vehículos de recolección de desechos circulan alineados por la carretera cuando reciben un aviso por radio desde la central, un operario, interpretado por Rafael Pomares, advierte de extremar la vigilancia y ante cualquier incidente anima a solicitar refuerzos. El acto se desarrolla en el interior de las dependencias de la Policía Municipal de Elche, donde pudieron filmar en el escritorio de comunicaciones por radiodifusión y registrar el mapa electrónico urbano de la ciudad de principios de los años 80.

Por medio de un corte en el montaje, un televisor emite la despedida y cierre de la programación al son del himno de España, interrumpiendo así la escena previa para transportarnos al interior de la casa del protagonista, que yace adormilado en el sofá. A su lado, su esposa, Irene Velasco, integrante del grupo de teatro La Carátula, realiza tareas de planchado y lo despierta. Son poco más de la medianoche cuando el hombre decide salir a recorrer las calles en busca de sustento para la familia, actividad que parece ser una rutina en su vida. Tras despedirse de su hijo, quien ya se encuentra dormido, se abriga y besa a su mujer antes de marcharse. La escena hogareña se filma en la residencia de los abuelos de Amorós, ubicada en la calle Blas Valero, mientras que la escena del niño en la cama se graba en la vivienda de Pomares por razones logísticas, dado que es su propio hijo.

El esposo sube a su SEAT 600 de color blanco y circula por varias calles de la ciudad mientras escucha la radio. El locutor anuncia que son las doce cuarenta de la madrugada y recuerda la obligación de todas las personas que estén fuera de sus hogares de ir provistos de documentación para poder transitar, ya que la vigilancia nocturna tiene órdenes de agredir a todo aquel que no cumpla esta norma. Vemos cómo el protagonista sustrae gasolina de un vehículo y escarba entre las bolsas de basura que hay amontonadas en las calles que todavía no han sido recogidas por el servicio de limpieza y guarda restos en una bolsa. La llegada del camión de residuos hace que huya golpeando el bidón de gasolina que cae al suelo y se derrama. Del vehículo descienden varios operarios que van depositando las diferentes bolsas del suelo en el interior de este, cuando uno de ellos divisa que varias de las bolsas han sido escarbadas, y no precisamente por unos perros, como exclama uno de los personajes. Ante esta situación, solicitan refuerzos a la central para ir en busca del malhechor. Jacinto Molina y Ángel Donat son dos de los operarios que reconocemos por ser habituales en las producciones de Amorós. Cuando llega el segundo camión, los operarios se despliegan por la calle y comienzan a buscarlo. Comienza a sonar una música electrónica que ofrece tensión a la secuencia. El protagonista ha logrado esconderse bajo una furgoneta aparcada. Uno de los trabajadores lanza su cigarrillo al suelo, se encuentra cerca del furgón y sospecha que puede estar escondido ahí, se agacha a comprobarlo cuando de repente la colilla que lanzó prende los restos de gasolina del bidón que se derramó. Esta situación genera que el fugitivo pueda huir y entrar en su coche, pero es descubierto y todos los operarios zarandean y golpean con sus porras el vehículo hasta que consigue fugarse de la escena. Toda esta secuencia, de casi 8 minutos de duración, se filma en la calle Calderón de la Barca, ya que un familiar de Amorós, Paco Moreno, regentaba un negocio y les hizo el favor de prestarles el local para poder conectar varios focos y así iluminar un trozo de la estrecha calle. El director nos especifica que, por precaución y seguridad, los planos del fuego en la calzada son tomas sueltas que se filmaron en las inmediaciones de las cocheras del parque de Bomberos de Elche transformadas actualmente en la Sala Tramoia. Bajo la supervisión de los brigadistas que controlaron la quema y gracias al montaje cinematográfico generaron un único espacio fílmico. “La verdad es que tuvimos muchas facilidades” señala Amorós sobre el rodaje y añade agradecido que “lo que necesitáramos nos lo ofrecían. No tuvimos ningún problema con el Ayuntamiento para que nos prestaran un camión o nos cortaran una calle”.

La trama de la película avanza y la mujer del personaje principal prepara un batido con los despojos de las frutas y verduras rescatadas tras hurgar en la basura. Mientras mezcla el contenido con la batidora, un plano de la descarga de desechos de un vehículo pesado se intercala, relacionado en la mente del espectador los conceptos de comida y basura. Una multitud aparece agolpada en la calle, Amorós explica que son imágenes de archivo que tenía de una huelga del banco que junto a una panorámica y varias tomas de la fachada del instituto La Asunción, le venían muy bien para introducir la siguiente escena, la que anunciaba, a través de megafonía, las pautas para la realización de exámenes para los candidatos interesados en optar a los dos puestos de trabajo vacantes. En una de las aulas, simulada en la sede de la Agrupación Fotográfica de Elche, situada en la calle Juan Ramón Jiménez 14, se concentran una veintena de personas para realizar la prueba de conocimientos. No hay vigilante, únicamente una cámara de seguridad que observa a cada uno de ellos y que obliga a abandonar la estancia a todos aquellos que intentan plagiar para aprobar. La variedad de planos de la escena se intercala con imágenes grabadas por cámara de seguridad que vigila la prueba y un buen logrado trávelin de retroceso que según detalla su autor se hizo con una silla de ruedas. El equipo de Amorós logra reunir a 17 personas para que ocupen las tres filas individuales del examen, lo que aparenta que la estancia tiene aforo completo. Aunque no fue una tarea fácil, recuerda, “les dije a los compañeros del banco que iba a rodar una película y se ofrecieron a venir, pero al final no se presentó nadie. Así que salimos a la calle a buscar gente. Lo organizamos sobre la marcha”. Varios miembros de la Agrupación Fotográfica no dudaron en colaborar, entre ellos, después de muchos años, Amorós logra reconocer a Gaspar Quiles, Manuel Vicente, Rafael Antón y cree que también está José Luis Villalobos, junto a otros integrantes del colectivo. Además, la hermana y el cuñado del director también colaboraron y un par de compañeros del banco que finalmente aparecieron en el rodaje. “Al final se llenó, aunque hay algunos que ni los conozco” sentencia.

Al terminar la evaluación escrita, el protagonista junto a su mujer brinda con vino en casa y celebran que comienzan una nueva vida alejada de las calamidades y vivir decentemente. Fuman y se miran con deseo, la emotiva secuencia finaliza con el esposo apagando la lamparita y dejando el salón con luz más tenue, creando un espacio íntimo para la pareja. Una melodía orquestada por violines enfatiza la situación. La noche cae y comienza una nueva velada para los operarios de limpieza que acuden a sus vehículos. Uno de los que agredieron al protagonista en la calle, se dispone a fumar, pero se percata de que no tiene fuego, llama a uno de sus compañeros que deambula por allí, se acerca y le enciende el cigarrillo con unas cerillas. En ese instante alza la cabeza y descubre de quién se trata. Se miran fijamente y la escena funde a negro. La película finaliza con los créditos de agradecimiento a las instituciones colaboradoras: Excelentísimo Ayuntamiento de Elche, Policía Municipal, ITUSA, Cuerpo de Bomberos, Agrupación Fotográfica de Elche, Simago, Jardinería Moreno, a los vecinos de la calle Calderón de la Barca y Radio Elche.

El último jinete (1983) de Diego Amorós y Gerardito (de los Santos Vicios) (1983) de Francisco Pomares se estrenaron públicamente el 2 de diciembre de 1983 en la sala La Carátula de Elche. En el acto, además de presentar las películas en super-8 basadas en los dos guiones premiados del primer Concurso de Guiones Cinematográficos, se dieron a conocer las bases de participación de la tercera edición de la convocatoria, que, como cada año, organizaba el colectivo Travelling, Universidad Popular, Cineclub Luis Buñuel, Caja de Ahorros de Alicante y Murcia y la Concejalía de Cultura (Monreal, 1983b, p. 14). La novedad de esta nueva edición residía en que el concurso se hacía extensivo a toda la geografía nacional (Buitrago, 1983, p. 10). Amorós no tiene constancia de que su película participara en ningún festival de cine. El diario Información publicaba que Carlos Picazo, responsable del departamento de obras sociales de la CAAM, estaba estudiando la posibilidad de proyectar fuera de concurso las películas de Amorós y Pomares en el contexto del VII Festival de Cine Independiente de Elche (Diez, 1984a, p. 13). El autor de El último jinete (1983) manifiesta que aquel propósito no se materializó: “no me suena, ya que si hubiera estado programada hubiera ido a ver mi película”.

La copia original de la película permaneció bajo la custodia de su autor durante un período, hasta que fue requerida para su depósito en el archivo de la obra social de la Caja de Ahorros de Alicante y Murcia, como entidad que financió la producción cinematográfica. Años después, Iván Aranda se propuso fundar la Filmoteca de Elche como sede descentralizada de la Filmoteca Valenciana con la intención de recopilar todas las obras filmadas en el municipio. “Yo le di las tres o cuatro que tenía que se llevaron a Valencia para hacer las copias”, revela Amorós. Pasó un tiempo y finalmente Aranda le devolvió las cintas que le había entregado. En un primer momento, no se percató que entre las copias se encontraba el rollo original de El último jinete y gracias a este suceso inesperado, esta y gran parte de su filmografía, han podido digitalizarse para el estudio y conservación de este trabajo académico.

De todas las producciones dirigidas por Diego Amorós, su último trabajo es el más complejo, de mayor envergadura y el único que cuenta con financiación externa para su realización. Humildemente, afirma que “el resultado es bastante bueno” y apunta que “a lo mejor me costó que me cansara mucho de ese proyecto y dejara de hacer películas porque me desbordó un poco”.

[1] Amorós García, D. (Director). (1983a). El último jinete. [Película]. Diego Amorós García.

FUENTE: QUILES CAMPOS, Jaume (2025). Historia del cine en Elche a través de sus cineastas y sus películas (1928-2024). Tesis doctoral. UMH.

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