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Teniente Agulló, muerto en la batalla de Wad-Ras, Marruecos (1860)

Enviado por José Antonio C… el
Datos biográficos
Fecha de muerte
23 de marzo de 1860
Lugar de muerte
Wad-Ras
Profesión
Teniente

MEMORIA DEL ILICITANO TENIENTE AGULLÓ
La Batalla de Wad-Ras tuvo lugar el 23 de marzo de 1860, dentro de la campaña de Marruecos (1859–1860). Junto con las batallas de Los Castillejos y Tetuán, donde se cubrió de laureles el General Prim, completaron la actuación llevada a cabo en el norte de África para reducir las hostilidades de bandas rifeñas contra Ceuta. Consecuencia de esta victoria fue el Tratado de Wad-Ras, que puso fin a esta guerra con el Sultanato de Marruecos. Por cierto, los leones del Congreso de los Diputados, del escultor Ponciano Ponzano, fueron moldeados con el bronce de los cañones capturados a los marroquíes en dicha batalla.
Cuento todo esto porque, como nadie ignora, las desavenencias con nuestros vecinos de allende el estrecho, han sido constantes desde siglos. Fuente de conflictos, muertes, terror, sufrimientos y calamidades sin cuento, con el banal intento de mantener, a sangre y fuego, el hispano orgullo imperialista y conservar ante el mundo un prestigio militar. Ambos, orgullo imperialista y prestigio militar, en ruinas, tras la independencia de las colonias americanas.
Pero, sobre todo, me refiero a esta memorable batalla en la región marroquí de la Yebala-Rif, para reivindicar la memoria de un valiente ilicitano caído en ella y que ha pasado desapercibido para nuestra historia local. Porque, la desmemoria, es la peor afección y la que más afloja la necesaria consistencia y poder de resistencia de un pueblo o sociedad para superar sus crisis. Nicolás Estévanez, militar de carrera, oficial en aquel episodio, luego Ministro de la Guerra en la Primera República, 1873, en el Gabinete de Francisco Pí y Margall, en su libro “Fragmentos de mis memorias” (Madrid, 1903) nos cuenta lo siguiente:
 “Pero lo cierto es que… La victoria de Wad-Ras nos costó una pérdida de dos mil hombres y pelear todo el día.
 Uno de mis recuerdos de la gloriosa jornada es el de mis dos encuentros con el desventurado y simpático Agulló, compañero de colegio (se refiere a la Academia Militar) y a la sazón teniente de Ciudad Rodrigo (se refiere al “Batallón Ciudad Rodrigo”)… Lo encontré tallando (contando o repartiendo) unos cuantos duros a la sombra de un árbol, cuyas ramas, tronchadas por las balas enemigas, caían sobre él y sobre los puntos (se refiere a los soldados de su pelotón) que se agrupaban a su alrededor; pero el enemigo lejos, las que llegaban eran balas perdidas, y Ciudad Rodrigo (el Batallón) descansaba. A la tarde lo encontré por segunda vez en aquel día, pero ya muerto: había caído en una carga de su batallón, con casi todos los puntos de por la mañana. ¡Pobre Agulló, no volvió a ver las palmeras de Elche, que eran su encanto!
 Ciudad Rodrigo fue de los batallones que más padecieron en Wad-Ras.”
Tras la lectura de cuanto antecede y con igual derecho ¿no merecerá el ilicitano Teniente Agulló que se conserve su memoria, rotulando una calle con su nombre, como al Teniente Ganga, muerto 61 años después en aquel territorio e iguales circunstancias? Vamos… digo yo.
Nota: los () son míos.   
Elche, 7 de diciembre de 2013. José Antonio Carrasco Pacheco.
Está claro que, aunque ignoro más datos del Teniente Agulló, su biografía conocida debe consignarse en nuestra memoria.
 

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