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Soler Izquierdo, Julio

Enviado por Josep Rico Sogorb el
Datos biográficos
Fecha de nacimiento
17 de noviembre de 1964
Lugar de nacimiento
Elche
Profesión
Escritor y poeta

SOLER IZQUIERDO, Julio (Elche, 17-XI-1964). Estudió EGB en el Colegio Ferrández Cruz e hizo BUP y COU en el Instituto La Asunción. En la Universidad de Alicante obtuvo la licenciatura en Filología Inglesa. Trabajó en el negocio familiar de asesoría – gestoría de empresas. 

Escritor. Narrador y poeta surrealista-impresionista de la rebeldía y de la espontaneidad.  Cinéfilo y melómano. Sus poemas están abarrotados de ejemplos de películas, partituras, canciones y piezas musicales célebres. Publicó poemas en la Colección Solara de Ediciones Inauditas de Elche a últimos de los 80 junto a otros poetas ilicitanos y del resto de España. Fue co-fundador de Ediciones Frutos Secos y Frutos del Tiempo junto a varios autores locales como Milagros Román, Juan Ángel Castaño, Juan Cugat, Carlos Cebrián, Juan Lozano, entre otros. Fundador de las colecciones literarias “Peces Solubles” y” Frutos Secos”. Ganador del premio de cuentos “Ciudad de Elda” en 1993 y de diversos accésits. Ha colaborado en fanzines, revistas y libros colectivos tanto en papel como digitales tales como El séptimo fruto (“Frutos secos”, 1992), Quince líneas (Tusquets, 1996) o Relojes y nubes (“Frutos secos”, 1987). En prosa ha publicado El balcón de Laura (“Frutos secos”, 1987) y La belleza de la fruta (“Peces Solubles”, 2018). Sus poemarios son En el fondo todos deberíamos llevar sombrero (“Editorial Malvarrosa”, Valencia, 1996), Compárteme con embolsamientos de aire frío (“Peces Solubles”, 2018), Bestias Enamoradas (“Peces Solubles”, 2014) y Pues tú me eliges el veneno (“Peces Solubles”, 2016). Conjuntamente con Javier Bermejo publicó La estupidez de una isla desierta (“Forma Abierta, Las Palmeras Salvajes”, Alicante, 1985), La Ley de los Exploradores, (“Peces Solubles”, 2022). En la web literaria “Loblanc” la crítica dice que cuando nos cansamos de esperar que las nieves perpetuas desaparezcan, llega el deshielo, llega Julio Soler con su poesía volcando el agua sobre las rocas (metafóricamente, claro) y corriendo desesperado en busca de una nueva realidad entremezclando el caos, la confusión, las sombras, los seres oscuros que transmutan, las luces que se mueven y chocando con la poesía para crear nuevos mundos incandescentes. <<Y es ahí, donde es posible encontrar a Julio Soler, a sus criaturas que se disuelven con una sola mirada, que se vuelven bestias acuáticas o juegan en la selva que hay tras la próxima esquina>>. En sus versos, según la crítica en “Loblanc” Julio Soler demuestra que <<el amor ni se crea ni se destruye, solo se transforma para dar su cara más desenfrenada. Aparece y se esconde con la fortaleza de la ironía y la diversión, roza los cuerpos, hace heridas, somete y recuerda que somos seres salvajes ejerciendo de cotidianos transeúntes>>. Sus palabras son como una película impresionista. Su estética hace que los sentimientos, las emociones y las realidades psicológicas entierren en el subsuelo lo aparente y nos lleven al desconcierto y al pensamiento profundo que, en busca de lo lógico, se queda flotando.

Julio Soler crea en sus poemas una asociación libre de ideas que arrastra al lector hacia las profundidades del ser humano, que obliga a hacer interpretaciones en base al propio subconsciente. Las metáforas y las imágenes oníricas que utiliza se perciben como una realidad palpable, con la profundidad de un espejo que se puede traspasar en cualquier momento para ser partícipe de otra dimensión. Julio Soler es un poeta simbólico, onírico, metafórico, simbolista e iconográfico que abraza lo absurdo (dando un paso hacia el surrealismo poético desde su toque creador impresionista) para explorar y experimentar. Le gusta probar, ensayar, jugar, conjugar, explorar y experimentar. Tanto lo visual como lo sonoro se entremezclan y alcanzan una dimensión casi lúdica donde <<el autor rompe las convenciones a través del humor, e incluso la irreverencia. Así, sus poemas desprenden rebeldía, espontaneidad y cierto aire nihilista con el que trasladarnos al caos, a la no respuesta>>. De todo ello se percibe que Julio Soler es un poeta nada convencional, nada clasicista, nada conservador sino que es un poeta de vanguardia cuya inspiración creativa poética surge de la espontaneidad. No en vano es uno de los principales y más destacados mejores poetas ilicitanos de los 80 de aquella “generación” de jóvenes autores que sin ser una estricta generación homogénea al estilo de las famosas del 98 o 27 formaron lo que algunos llamaron “Generación de la Espontaneidad” de los años 80 cuyos componentes, libres e independientes entre sí y rebeldes coincidían en ser creativamente espontáneos y cultivar prioritariamente el estilo conceptista  (concepto, idea, objeto, fondo, mensaje) frente al estilo culteranista (forma, métrica, presentación, aspecto, morfología) que iba en detrimento de aquel. A todo hay que añadir que, en muchos de sus poemas, Julio Soler, que en apariencia personal puede parecer serio, en el fondo no lo es: gusta de reírse de sí mismo y de todo lo que sucede alrededor de él. Tiene un punto irónico, cínico y satírico que hace más atractivos sus poemas.

Algunos de sus libros van acompañados del Manifiesto de los protectores de los peces solubles, toda una declaración de intenciones en la que el tono surrealista del poeta se muestra a través de diecisiete puntos-leyes fundamentales. Su manera de concebir la vida, el arte y, concretamente la escritura toma un carácter multidisciplinar, multigénero o alternativo, donde el azar, la contradicción y los disfraces tienen cabida. Las referencias cinéfilas, musicales y literarias transitan los textos de Julio Soler con libertad. Su imaginación, unida a ese espíritu de trotamundos atemporal y poliédrico construyen los pilares de su voz. Las fuentes heterogéneas de las que bebe diseñan un paisaje trenzado por el que pasearse a corazón abierto, sin prejuicios ni parámetros preestablecidos. No hay cadenas, ni limites, ni fronteras, ni cortapisas. Todo vale, todo es posible en la poesía de Julio Soler. Podemos recorrer libremente toda su obra y sentirnos liberados adentrándonos en un viaje psicodélico, misterioso y lleno de enigmas que no requiere de razonamiento ni de lógica, sino de destreza sensorial y anímica, de sensibilidad emocional. Como buen surrealista.

Dice Julio Soler en Pues tú me eliges el veneno: “Ahora me toca a mí cambiar las reglas /… / repitamos las caídas / adelante y atrás / vamos a reírnos”.  Nademos como peces sin miedo por las aguas de su universo.

 “Mi yeti. / Mi abominable hombre de las nieves. / Mitad hombre. / Mitad bestia. / Siempre que jugamos tú y yo al escondite / nos interrumpen los exploradores. / Pero siempre ganamos los dos. / ¿Por cierto dónde estás?”.

 “Hoy… ese mono se muere por mí. / Tumbado. / Caído de bruces ante nuestra multitud. / En Domingo. / Mientras tú y yo bailamos el Funky Town. / Hoy ese mono muere por mí / a pesar de que seamos de hemisferios tan diferentes / Felicidad que mañana muera por ti / y bailemos otra canción pero también en Domingo”.

“Corriendo, / sueño que soy un furtivo / mientras una rehala de colosales mastines / me persigue. / Vadeo arroyos, / hago crujir la hojarasca, / invado incluso los territorios del lobo / y disimulo un poco. / Al atravesar definitivamente la espesura / veo el único árbol de este nuestro campo abierto. / Trepo. / Ya puedo dormir dulcemente junto a tu rama”.

 “14-. Abandonémonos a la contradicción. Digamos blanco para irremediablemente después decir negro, comamos ajos tiernos y después cerezas maduras, propaguemos las buenas plagas, vivamos porque morimos, tiremos cohetes tanto cuando marque un gol el Barcelona o el Real Madrid, pero sobre todo cuidemos a los niños como se dice en cualquier proverbio chino”.

(Fragmentos poéticos del libro de Julio Soler «Compárteme con embolsamientos de aire frío»- Colección Peces Solubles)

Fuente:   Julio Soler izquierdo

 

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