Datos biográficos
QUILES NAVARRO, José (Elche, 1945)
Mis abuelos paternos
Mis abuelos paternos, Diego Quiles e Isabel, fueron mis padrinos. Vivieron en el número 3 de la partida de Atzavares, en una casa que lindaba con el canal. Fueron agricultores y recuerdo a mi abuela, siempre de luto, que venía a comer con nosotros y sabía que a mí me gustaban mucho las ensaladas con lliçons y se preocupaba de recoger hierbas.
Mis abuelos maternos
A la abuela materna no la llegué a conocer y con el que sí tuve mucha relación fue como mi abuelo, Pepe el de Bernia, que murió a los 74 años. Siempre escuché que era muy listo. Era el propietario del terreno del huerto detrás del campo de Altabix. Tenía fama de listo porque como agricultor siempre elegía la herramienta para trabajar menos: la corbella o la feseta. Siempre las elegía al revés de lo que tocara. El viernes se ponía el traje y se iba de juerga a Alicante y volvía el domingo por la noche. La abuela cuando llegaba le preparaba la bañera y le decía: “vendrás cansado! Me convertí en el nieto preferido del abuelo, quizá por ser el más travieso. Me iba a buscarlo para que me diera unas pesetas para jugar a las cartas con mis amigos. Cuando me hice novia, el abuelo me llamaba si faltaba un jugador para la partida de julepe y me decía que la novia esperara. Así que cuando llegaba al cine Rialto de Perleta, mi novia me decía: “si llegas ahora, ya te puedes ir”.
Diego Quiles Mas, mi padre
Mi padre, Diego Quiles Mas (1908-1992), vivió de niño en la partida de Atzavares. En la familia se hablaba valenciano y él de pequeño sé que trabajó de albañil y que participó en la construcción del cuartel de la Guardia Civil de la calle Beethoven. Nunca le oí hablar de si fue o no a alguna escuela. Fueron cinco hermanos (Vicente, Diego, Pepe, Teresa e Isabel). Combatió en la guerra y siempre contaba que luchó contra uno de sus hermanos que le cogió en el bando contrario. Cuando se casó, trabajó en una vaquería que era de su suegro y que estaba en un huerto pegado al campo de Altabix. Era una pequeña nave en la que cabían siete vacas y siempre pensó que con ese trabajo su familia no pasaría hambre nunca. Compró además unas ocho tahúllas en lo que hoy es el polígono industrial de Altabix. Allí plantó alfalfa para las vacas y tomates, habas y lo que podía para venderlo todo en la Lonja de Altabix. Llegó a tener un empleado, Toni, del Raval, para ayudarle en el trabajo con las vacas. A veces venían a la vaquería a comprarle a mi padre un “cherro”, una vaca pequeña y, todavía a principios de la década de los sesenta, el trato se hacía en reales. Mi padre pedía 22.000 reales y le ofrecían menos y se cabreaba y los mandaba a hacer puñetas. Lo recuerdo como un padre recto, rectísimo. Fue un padre ejemplar. Su trabajo empezaba a las cinco de la mañana y terminaba a las 10 de la noche, de lunes a domingo. Cuando no eran las vacas era el huerto. Lo único que le entretenía era jugar a las cartas con sus amigos. Hasta los 63 años no dejó la vaquería, cuando sus hijos le convencimos para que pusiera una fábrica. Mi padre pasó los últimos diez años de su vida con Alzheimer. Siempre pacífico. Le pusimos un masajista que le atendía todos los días, le hacía moverse con una bicicleta estática y lo duchaba. Pero en sus últimos años era muy duro ir a verle. Nos preguntaba quiénes éramos. Así hasta que falleció a los 84 años.
Josefa Navarro Segura, mi madre
Mi madre, Josefa Navarro Segarra (1917-1995), nació en el Hort de Bernia. Vivió 78 años. Aprendió a leer y a escribir. Fueron tres hermanos, dos chicas y un chico. Trabajó siempre en sus labores y la recuerdo como una mujer apaciguadora, que intentaba poner paz en todo lo que tuviera que ver con su familia. El haber cuidado de mi padre en su enfermedad tanto tiempo le condicionó su vejez. Me acuerdo que a veces me decía: “Pepito, llévame a Perleta a jugar a las cartas con mis amigas”. Haciendo la comida -sus arroces, como el de cebolla o el de pesols eran inmejorables-, se cayó y se dio con un canto del mármol de la cocina. Parecía que no era importante, pero murió al cabo de dos días. Recuerdo que me cogió en Italia con el equipo de ciclismo y tuve que volver urgentemente. Mis padres eran respetuosos con la religión.
Mi hermano Diego
Mi hermano Diego (Elche, 1941-2025), al igual que me pasaría a mí, comenzó trabajando con muy pocos años en el negocio ganadero de nuestro padre. Como había que ayudar en casa y al ser él el mayor de cuatro hermanos, no llegó a ir a la escuela y tan sólo recibió clases de un maestro que venía a nuestra casa, un huerto de palmeras junto al antiguo campo de fútbol de Altabix. Su trabajo, de cinco de la mañana a nueve de la noche consistió en recoger alfalfa, alimentar y ordeñar a media docena de vacas y por las tardes repartir la leche en bicicleta. Así pasó los años de su infancia hasta que, a los 16 años, nuestra madre decidió que debía estudiar. Fue para él una liberación porque pasó por una academia donde aprendió cultura general, contabilidad y mecanografía, con la idea de poderse colocar como oficinista en una fábrica. Hacia 1957 comenzó a trabajar en la empresa de los hermanos Francisco y Vicente Cañizares Riquelme -de donde procede la marca Kelme-, dedicada a la fabricación de calzado de señora, con unos 15 trabajadores y situada frente al cuartel de la Guardia Civil del ilicitano barrio de Altabix. Siempre contaba que cuando ganó su primer sueldo -500 pesetas al mes- se fue entusiasmado, corriendo sin parar de la fábrica a su casa, para entregar a nuestra madre aquel primer dinero. En esos años aprovechó también para hacer sus primeros viajes comerciales en tren por la Comunidad Valenciana. La abuela de su novia confió en él y le prestó el dinero para pagar la entrada de su primer coche, el típico Gordini de los primeros años sesenta. A los 19 años se fue a cumplir el servicio militar a San Javier (Murcia). Un año y medio que aprovechó para estudiar cursos por correspondencia y para hacer algún viaje comercial por el País Vasco. A su vuelta, en septiembre de 1961, decidió poner en marcha su primer negocio, Quiles Calzados. Un pequeño almacén que no llegaba a los 50 metros cuadrados al final de la calle Reina Victoria. Comprar y vender zapatos. Tuvo como socios a los hermanos Cañizares Riquelme y a mí. Los cuatro nos dedicamos a la distribución de tres marcas: Kelme, D´Kanutos y Vulgoma, con zapatos de señora y caballero. Fuimos creando poco a poco una red comercial por toda España con una docena de vendedores, aprovechando que en los sesenta el afán exportador dejó al mercado nacional en un segundo plano.
Mi hermano se casó en 1966 con Sacramento Morales Rubio y tuvieron seis hijos, un chico y cinco chicas. El viaje de novios lo hicieron a Galicia, con la idea de cobrar en Villalba una letra que al final no le pagaron. El resto del viaje, la pareja se dedicó a pasar las tardes viendo las palomas de los parques públicos a la espera de que les pudiera enviar un giro telegráfico para volver a casa. Pudieron comprar un piso en la calle Reina Victoria por 200.000 pesetas. Del almacén de Reina Victoria se pasó, un año y medio después, en torno a 1963, a la calle capitán Alfonso Vives. Hacia 1968 pudimos comprar un local más amplio, con unos 400 metros cuadrados, en la calle Capitán Cortés -la actual Vicente Blasco Ibáñez- y llegaron a trabajar con nosotros unas seis personas. En 1969, el año de la final de la Copa del Generalísimo entre el Elche CF y el Athletic de Bilbao, trasladamos el almacén a la calle Pedro Moreno Sastre, cerca de lo que hoy es el polígono industrial de Carrús. Un solar de unos 2.000 metros cuadrados sobre el que se edificaron cerca de 4.000 metros cuadrados. Junto a la comercialización de calzado, se dedicaron también a la producción de calzado de moda, pero calzado de vestir. En los primeros años setenta Diego y yo les compramos a los hermanos Cañizares Riquelme la participación en el negocio e incluso la fábrica que poseían. Pasamos a ser los dueños tanto de la sociedad como de la marca. Hasta 1977, con una trayectoria de quince años, nos dedicamos a la fabricación de calzado de vestir. También patrocinamos deportes como trofeos de tenis desde 1969 o la creación de equipos de fútbol o ciclismo aficionado desde 1973. Teníamos entonces trabajando con nosotros unas 30 personas, incluidos nuestros representantes.
Mi hermana Fina
Fina nació el 7 de marzo de 1951. Fue siempre “La xiqueta”. Cuando nació, un tío suyo estaba subido a una palmera y bajó cuando le dijeron que había nacido una niña y al cabo de los años de broma le dijo: “Si llego a saber lo mala que has sido, no me bajo de la palmera”. Fue a la escuela de Angelita entre los seis y los 11 o 12 años y allí aprendió a leer y escribir. Ella recuerda que como única chica estaba obligada a hacer de todo. Su abuelo materno, Pepe Navarro, la quería especialmente, pero no soportaba que nadie le tocara lo suyo, fuera una fruta o lo que fuera. Cuando tenía 13 ó 14 años se hizo novia de un vecino de Altabix. Su hermano Pepe dijo en casa: “¡Finita va en un chic!”. El chico se llamaba Gaspar Pascual Madrid. El segundo apellido nunca le vino bien porque Fina siempre ha sido del Barça, hasta el punto de que cuando Kelme vistió al Real Madrid, su hermano Diego le decía: “¡Fina, disimula un poquet, que estem menjant del Real Madrid!”. Después de ocho años de noviazgo Fina se casó el 7 de abril de 1973 con su novio de toda la vida en Santa María y se fue a Canarias de luna de miel. Hasta que se casó trabajó con sus hermanos en Carrús en las oficinas, llevando la caja y encargándose de cobrar y pagar. El matrimonio tuvo dos hijos, Sergio y Helena que hoy, en 2025, tienen 51 y 49 años. Sergio trabaja en J´Haiber y Helena tiene una empresa con unos 20 empleados dedicada a componentes de calzado. Tiene dos nietos, Rodrigo y Alejandro, de 15 y 14 años. Su experiencia más bonita fue como capitana cristiana en los Moros y Cristianos de 1999. Fue la primera mujer, aunque hubo protestas y una filá llegó a no desfilar y el esfuerzo económico que supuso fue sufragado por sus hermanos. Ella suele repetir que tanto su marido como sus hermanos la han cuidado siempre y, gracias a ello, ha sido siempre muy feliz. Practicó el esquí y realizó viajes por América y Asia de los que guarda un gran recuerdo.
Mi hermano Antonio
Antonio nació el 4 de mayo de 1953 y fue muy poco a una escuela de Altabix de la que solo recuerda que le pegaban en la mano con una paleta. Como Diego le llevaba 12 años, lo recuerda como “un señorito” que ya trabajaba y ganaba dinero, por lo que le podía dar algún duro para no tener que ocuparse de las vacas los domingos. No jugó al fútbol por una lesión y lo suyo fue más el tenis y el motocross. Ganó muchos trofeos durante dos años en la categoría junior pero cuando tuvo que pasar a la categoría senior no consiguió tener una moto, aun pudiendo pagarla, con la que poder competir (en aquellos años, principios de los setenta estaban Montesa, Ossa y Bultaco). Comenzó a trabajar en Calzados Quiles en el almacén de Reina Victoria, moviendo cajas, embalando y precintando pedidos. Repartía su tiempo entre la academia Orpa (con don Fidel y don Francisco Albert) y el trabajo. Entre noviembre de 1974 y abril de 1976 hizo el servicio militar en Cartagena, en el destructor Lepanto, a pesar de que su familia ya tenía muchas amistades para haber hecho una mili con privilegios. Intentó evitarla por los pies planos pero tampoco le valió y acabó navegando en los años de la Marcha Verde por Melilla y Canarias coincidiendo con la muerte de Francisco Franco. Su recuerdo es que patrullando en el destructor la mili pasaba más rápida.
Cumplida la mili, se hizo representante de calzado dentro del negocio familiar por las provincias de Granada y Málaga. Así estuvo dos años vendiendo calzado de mujer y de niño de la marca D´Kanuto. Dos años felices ganando el 5% de lo que facturaba. El año 1978 fue el de la campaña de Miguel Bosé para Kelme. Al cantante le interesaba que se le viera en televisión y a Kelme contar con un artista famoso. El spot publicitario se hizo en Barcelona. En el almacén de la calle Pedro Moreno Sastre por esas fechas ya trabajaban un centenar de personas. Antonio fue el responsable de la línea de deporte y conserva el primer catálogo de la empresa. Unos 10.000 o 12.000 pares al día que se cargaban en furgones y que se compraban a Vicente Bernad, Pedro Miralles, Bonastre, Garvalín o El Quijote de los hermanos Pascual y Antonio. Daban por tanto mucho trabajo a numerosas empresas y, al mismo tiempo, se creaban nuevos productos con los propios diseñadores de Kelme como Álvaro Mateo, Carmelo Navarro (que todavía hoy, en 2025, trabaja en J´Haiber, Antonio “El villenero” y otros. Los moldes se adquirían en Pamplona para poder contar con suelas propias. Una fábrica de Kelme en Torrellano fabricaba además unos 1.000 pares diarios de zapatillas de tenis de piel. Dos máquinas Desma para deportivos de poliuretano permitían fabricar otros 2.000 pares diarios.
Kelme adquirió la fábrica de los hermanos Cañizares Riquelme que tenía 109 obreros cuando no había buena relación entre los trabajadores y los responsables. Lo que hizo Kelme cuando se quedó con aquella fábrica fue cambiar los encargados y mejorar la relación con los obreros a base de partidos de fútbol los domingos en Santa Pola y almuerzos en el ventorrillo Durá. Se adquirieron cuatro máquinas italianas de inyección y dos máquinas a Francisco Pérez Ibarra de la empresa La Perdiz y la Tórtola. Con todo ellos ya fuimos capaces de fabricar por nuestra cuenta unos 11.000 pares diarios. Nuestros representantes los teníamos organizados en dos divisiones, una línea de deportes y otra para tiendas de deportes con unas 15 personas en cada grupo. Nuestras instalaciones estaban en la calle Pedro Moreno Sastre, la fábrica de Torrellano y dos naves en Carrús. Teníamos como responsables a José Navarro García en exportación; Juan Navarro García para nuestras empresas de calzado; José Luis Guilló Antón como responsable de los productos y de las visitas a ferias y escaparates de grandes capitales; Ramón Berenguer como responsable de fabricación de deportivos y Antonio Quiles Navarro como responsable de las ventas de productos deportivos. El grupo de directivos se reunía todas las mañanas a primera hora para organizar el trabajo. Las acciones de Kelme correspondían a Diego y Pepe (44 % cada uno), Antonio (10%) y Fina (2%). Respecto a las ferias a las que asistíamos con regularidad eran las de Munich y Milán en Europa y Atlanta, la más importante de Estados Unidos, además de la de Madrid. Las ferias servían sobre todo para “copiar”, fotografiar, comprar algunas zapatillas y ver los materiales más novedosos para la fabricación. Antonio se marchó de Kelme en 1992 y montó su propia empresa, Siwor, que compitió con Kelme. Se casó con la abogada Elena Reverte en 1977 y su matrimonio duró un par de años y en 1987 volvió a casarse con María del Carmen Soro Vicente, bióloga y médico, con la que tuvo una hija, Tamara, hoy ingeniera de Caminos que trabaja en Burdeos. Este segundo matrimonio tampoco llegó a los tres años. En el año 2000 Antonio volvió a Kelme y se encargó del proyecto de la empresa en Rusia. Trabajó en la fábrica de Bielorrusia con unos 600 trabajadores, dedicados a la fabricación de calzado y textil. Un mes en Bielorrusia y un mes en Elche durante tres años, como responsable de los productos, las nuevas muestras y la coordinación de la fábrica, junto a Luis Maestre Bordonado. Con dos cadenas de aparado con más de 100 mujeres en cada una. Carlos Portel era el coordinador de las dos empresas de Kelme. Aquellos trabajadores comenzaron cobrando unos 60/80 dólares mensuales y se pudo doblar el sueldo porque las fábricas funcionaban bien.
Mi infancia
Debí ser un diablillo de pequeño y en más de una ocasión una hermana de mi madre tuvo que salvarme por los cabreos que cogía mi padre con mis trastadas de niño. Con seis años, no sé qué hice pero mi padre me mandó a dormir castigado encima de un carro, con una manta para el frío y mi madre diciéndole que me iba a enfriar y que me perdonara. Recuerdo que en alguna ocasión abrí la jaula de los conejos y se escaparon. Me gustaban mucho los pájaros y me gustaba criar gorriones, lo que a mi padre no le gustaba porque pensaba que era una pérdida de tiempo. Mi tía Asunción, la hermana de mi madre me ayudaba a tener los pájaros. Su marido tenía unas 10 ó 12 vacas y vendían la leche a Damel. Yo aprovechaba que iba a por leche a casa de la tía Asunción y así veía a mis pájaros. Con 9 ó 10 vi a los cazadores como utilizaban telas para cazar pájaros. En una ocasión, buscando pájaros me caí de cabeza y me hice daño en las muñecas. Mi padre me dio una buena zurra y me llevó a la casa de un curandero, frente a Santa María, “el tío Curro”, que me puso un pañuelo para que apretara los dientes y de un tirón me puso cada muñeca en su sitio. Todavía me acuerdo del daño que me hizo, pero me arregló. Con siete años, venía al campo un maestro ambulante, un hombre de unos 50 años que venía en bicicleta. Estuvo dos años viniendo una vez a la semana y me ponía deberes para aprender un poco a leer y escribir. A los 9 años, el año en que hice mi Primera Comunión (foto) fui a la escuela de don Enrique Mancheño que estaba junto al Dum Dum. Recuerdo que estaba junto a un abrevadero de agua para los animales. Éramos entre 40 y 50 chiquillos. Pegaba con una regla, pero no mucho para lo que se estilaba entonces. Nunca me pegó, pero a veces castigaba con algunos chiquillos arrodillados con los brazos en cruz. Le estoy muy agradecido a don Enrique porque me propuso para entrar en el Instituto Laboral que se abrió en 1955 en la avenida de Primo de Rivera. Al instituto solamente entramos dos niños que procedíamos del campo, uno de Perleta y yo, de Altabix.
En el Instituto entrábamos a las nueve hasta las 13 horas y por la tarde de 15 a 18.30 horas. Me acuerdo que junto al Instituto había un menaor con un chiquillo y le molestábamos cuando salíamos al recreo y jugábamos al fútbol. Tuve como compañeros a Francisco Borja Miralles, Guillermo García el de Muebles Murillo, Fernando García Pomares, Marcial Pina Morales y los hermanos Manuel y José Luis Juan María, entre otros. Yo me levantaba a las cinco de la mañana para atender a las vacas y a las nueve estaba en el Instituto que quedaba cerca de mi casa. Como estaba loco por jugar al fútbol en más de una ocasión mi padre vino a buscarme con un “ramás” para seguir trabajando. En el Instituto tuvimos como profesores a Manuel Moragón Maestre, que fue el director del Instituto, a doña Jacinta Gomara que nos dio Geografía y tuvimos un profesor de carpintero, don Jesús. Con él tuve un incidente porque un compañero le tiró un ganchillo que le dio en la cara, yo me reí y me hizo a mí responsable. Llamó a mi padre, le contó lo que había pasado y mi padre le dijo que su hijo era incapaz de hacer lo que le había contado. Cuando nos fuimos, mi padre me dijo que no volviera más al Instituto “porque allí no me querían”. Así que por ese incidente terminó mi estancia en el instituto con tan solo dos cursos.
La casa familiar tenía dos plantas. En la de arriba vivía Juan, el hermano de mi madre, casado con Paquita y con dos hijos, Pepe y Juan Navarro Pepe tenía un año menos que yo y Juan unos cinco menos. Eran más pacíficos que yo, desde luego. La casa tenía una habitación para mis padres y otras tres para los hermanos. Teníamos un pozo de agua de lluvia para nuestras necesidades. Llegó la luz eléctrica y recuerdo que tuvimos un aparato de radio cuando yo tenía 9 ó 10 años y venían los vecinos a escuchar la radio. Los colchones eran de lana de oveja y, desde luego, comíamos bien.
Mi infancia hasta los 18 años fue ocuparme de las siete vacas. A las cinco de la mañana había que ponerles agua con un pozal, luego darles de comer y después una media hora para ordeñar cada vaca. Por la tarde había que vender la leche en domicilios por todo Elche, lugares que me indicaba mi padre por donde tenía que visitar con la bicicleta. Lo habitual era llevar leche donde hubiera niños pequeños. Por un litro nos pagaban 1,25 pesetas y, más tarde, hasta 3 ó 4 pesetas el litro. Él llevaba cuatro cántaros de unos diez litros cada uno y yo llevaba en la bicicleta dos cántaros. Unos 40 ó 50 litros aunque no eran cantidades fijas cada día. Toni, el vaquero que nos ayudaba y que fallaba de vez en cuando, si llegaba el lunes a las cinco me permitía a mí dormir algo más y que mi padre no me despertara hasta las siete. Cada día terminaba a las nueve de la noche de repartir leche por todo Elche, hasta incluso pasada la vía del tren.
Mis primeros trabajos
Además de mi trabajo ayudando en la vaquería de mi padre, a los 16 años me escapaba cuando podía a una oficina que estaba en Altabix, la empresa se llamaba Droell, propiedad de Isidro Carbonell Agulló, de calzado vulcanizado y estaba en la plaza de Félix Laorden en Altabix. Me gustaba el trabajo de oficina y aprovechando que en la vaquería estaba Toni, a mediodía podía escaparme, aunque fuera unas horas. En aquel tiempo, entre los 14 y los 16 años, estuve yendo por las noches a la academia Orpa, frente a las Jesuitinas, propiedad de don Francisco y con don Fidel como maestro. Estudié mecanografía y lo que era necesario para poder trabajar en una oficina.
Mi primer trabajo remunerado, con 17 años, en 1957, fue en Calzados Buendía, propiedad de Antonio Guillén Buendía, un almacén de calzados que estaba en la calle Santana nº 17. A don Antonio le tocaba ir casi todas las semanas a Madrid para cobrar los zapatos que había vendido. Recuerdo que en el almacén había dos personas -una de ellas era Tomás Fluxá, el padre de Pedro- solo para empaquetar los zapatos. Don Antonio cogió confianza conmigo y me enviaba a cobrar talones a los bancos. Talones para los que, en muchas ocasiones, no había saldo. Un chiquillo entonces y me tocaba cobrar como fuera talones con directores de bancos como Armando Maciá en el Banco Español de Crédito o nada menos que con Alfonso Escámez en la sucursal del Banco Central de Elche. Había sábados que me tocaba decir que no me iba del banco sin cobrar el talón, con lo que aquel tiempo fue para mí una experiencia que me vendría muy bien en el futuro. Yo creo que don Antonio debió tener avales firmados porque si no no se entiende que me pagaran talones sin saldo. Recuerdo también que don Tomás Fluxá me decía que guardara unas pesetas del dinero cobrado para que los empleados tomáramos una cerveza en el bar Els Canterelles, un bar muy famoso de la calle Santa Ana. Estuve un año y medio trabajando en aquel almacén.
A los 18 años, en 1958, entré a trabajar con mi hermano Diego. Diego había empezado a trabajar con los hermanos Francisco y Vicente Cañizares Riquelme como oficinista, después de hacer la mili en la Academia General del Aire. Diego pensó en poner en marcha un almacén de calzado y cuando quise irme a trabajar con mi hermano, don Antonio Buendía me dijo que tendría que dejar su almacén porque entrábamos en competencia. Me puse a trabajar con Diego y me dediqué a viajar por la provincia de Murcia todas las semanas y, más tarde, por Almería, Granada y Jaén. Viajaba en un gordini, que era el coche que tenía mi hermano. Nuestro primer local lo alquilamos al final de la avenida de Reina Victoria, nº 180, al lado de la vía del tren. Trabajábamos Diego y yo y a veces nos ayudaba nuestra hermana que tenía entonces 15 años. Con el tiempo pudimos tener a un par de chavales que nos ayudaban. Recuerdo dos modelos que vendimos mucho, el 1.200 y el 1210. Era un brucher de cordones para caballero, de piel, fabricado por los hermanos Cañizares. La piel era de Lorca de la fábrica de curtidos de Cristóbal Gómez y recuerdo que un par de zapatos se vendía por unas 80 ó 90 pesetas. El color más vendido era el camello. Tiempo después tuvimos a nuestros representantes para vender los zapatos. Los Cañizares eran nuestro principal cliente y también vendían parte de su producción a don Antonio Buendía. Para nuestro almacén, yo me dediqué a visitar fábricas de calzado ilicitanas para que nos vendieran el stock que les sobrara o mercancías que les hubieran devuelto. Visité las fábricas de Ripoll, Miguel Hernández, El Quijote de Antonio Martínez o Pascual Ros, entre otras muchas. Luego aprendimos también a comprar materiales para el calzado como las plantillas de Pablo Serna (La Plantillera), pieles de Lorca, porque era una manera de obtener una mayor rentabilidad si lo suministrábamos a nuestros fabricantes. Comprábamos también topes, contrafuertes, pisos -los pisos de Pinet que compraba a su vez en FACASA- y todo lo que tuviera que ver con los zapatos. Recuerdo también nuestra relación con empresas como Calzados Alfonso o Pedro Miralles. Del primer local de Reina Victoria nos trasladamos al final de la calle Capitán Cortés, también muy cerca de la vía del tren, donde estaba la fábrica del padre de Joaquín Quiles.
Debimos empezar en el almacén de Reina Victoria en el año 1963. El primer año perdimos. El segundo empatamos y el tercero ya empezamos a ganar. Digo ganar unas 200.000 pesetas al año. Mi hermano Diego se casó en 1966 y yo en 1970. En torno a 1968 los hermanos Cañizares montaron una fábrica en Carrús y nos dejaron un terreno en la calle Pedro Moreno Sastre nº 94 para almacén y oficinas y allí nos fuimos sería por el año 1969.
El fútbol
He jugado toda mi vida al fútbol y lo he disfrutado siempre. La primera fotografía que tengo es de 1955 y estamos mi hermano Diego y yo jugando en el campo de Altabix. Mi primer equipo fue el Altabix y jugábamos en el campo de La Olivereta, en nuestro barrio. Recuerdo como compañeros a Sabuco, Botella, Juan Ramón, Martínez, “El Besó”, Mateo, Candela y otros. Jugábamos también en un campo que había junto al Canal. En 1960 nuestros entrenadores fueron “Farina” y el señor Pagán. Jugamos en el campo de Altabix un equipo formado por Pedro, Jaime “El Coro”, Manzaneque, yo, Pepe, mi hermano Diego, Santiago, Candela, Pedro Girona, Marcial y Carlín. Después pasé al Elche OJE, entrenado por José Díez Iborra, que hoy da nombre al campo de la Ciudad Deportiva, con compañeros como el portero Santamaría, Boix, Aurelio, Esclapez, Elio, César, Marchena, José María y Tito. Pero con con 15 o 16 años la verdad es que jugábamos a la vez en varios equipos e íbamos donde nos llamaban. Nos daba lo mismo jugar dos partidos el mismo día.
En 1962, con 17 años pasé al Elche Juvenil. Tuvimos como entrenadores a Serafín Sevilla y a “Antoniet”. En el Elche Juvenil hicimos un equipazo con Eduardo como portero, Boix, Coves, Mateo, yo, Esclapez, Candela, Melgar, José María, Marcial y Juan María. En un campo de Altabix abarrotado de aficionados, tenemos una fotografía en la que estamos toda la plantilla del Elche Juvenil junto a Serafín Sevilla, Manolo Mas y “Antoniet”. Fue por un partido que jugamos contra el Betis juvenil en la semifinal de la copa de España de juveniles. En esos años jugamos también en la copa de San Pedro y algunos formamos parte de la selección murciana, que por aquel entonces englobaba a las provincias de Alicante, Murcia y Albacete. En 1963 jugamos en la selección Belló y Ramón de Orihuela, Nieto de Albacete, Llamas de Cartagena y de Elche Marcial, José María y yo. Del Elche Juvenil pasé a formar parte de la primera plantilla. Nunca me llegaron a hacer una ficha como futbolista. Entrenaba todos los días y me pagaban dos mil pesetas al mes. Jugábamos amistosos por la provincia con los reservas del equipo. Recuerdo que tuve como entrenador a Martim Francisco y como compañeros a Llompart -que venía del Inca juvenil contra el que jugamos nosotros-, Curro, Vavá, Lico o el portero Esteve. Como por el trabajo a veces fallaba algún entrenamiento me castigaban y no cobraba el salario mensual. Pero tampoco pude jugar en el Deportivo Ilicitano por carecer de ficha. Me acuerdo que fui con el Deportivo Ilicitano a jugar a Aspe y mi compañero Ricardo Caballero me comentó que no podría jugar al no tener ficha, porque las fichas le costaban dinero al club. Al final me dieron de baja y me salió la oportunidad de fichar por el Antiu Xixona, con una ficha de 250.000 pesetas y 10.000 pesetas por cada partido que jugara. Tenía entonces 21 años y aquel dinero me permitió comprarme mi primer coche: un dos caballos. Coincidió incluso con mi servicio militar en Cartagena y el coche me permitió jugar sin problemas. Así que estuve dos temporadas jugando en tercera división. Al fútbol seguí jugando hasta muchos años después. Jugábamos en campeonatos locales con un equipo llamado Calzados Quiles, con mi hermano Diego, Ricardo Caballero, mi primo Pepe Navarro y otros amigos. Hasta que lo tuve que dejar, jugué en la Sociedad Alcudia. Pero el deporte ha sido fundamental en mi vida y también he corrido en muchas ocasiones la prueba de la media maratón. O excursiones desde Elche a Alcoy andando. Deporte a tope, desde luego.
La mili
Hice la instrucción en el campamento de Rabasa y mi destino fue el cuartel España 18 de Cartagena. Estuve 22 meses, entre 1965 y 1966. Mi padre me dijo que tenía amistades para que me pudiera tener una buena mili, pero no sirvieron. Pidieron un oficinista y me apunté para la intendencia del cuartel. Tuve la suerte de hacerme amigo del sargento Pardo, un hombre joven que además de sargento vendía libros para poder mantener a sus cinco hijos. Me pidió que le ayudara a llevar la oficina para él poderse dedicar a sus libros y le dije que no se preocupara. Por mi parte le pedí que, a cambio, me diera un permiso de dos semanas después de otras dos semanas en el cuartel, con lo que podía volver a Elche con mi Dos Caballos. Conseguí también un pase pernocta y dormía en una pensión. Cuando estaba allí el trabajo era desde las seis de la mañana hasta las 10 de la noche, para poder presentar las cuentas correctamente, pero me valió la pena por los permisos. Me ocupaba de la intendencia. Trabajaba ordenando y clasificando los vales que gastaban las mujeres de los militares. El sargento se fiaba de mí y firmaba los papeles que yo le presentaba. Tuve una anécdota graciosa porque una vez llegué al cuartel, España 18 se llamaba, con el Dodge Dart rojo que le había comprado a don José Franco Sáez. Cuando me vieron llegar con aquel coche, el oficial de guardia hizo formar a los soldadosa porque pensaba que venía alguien muy importante. Cuando se dio cuenta que yo era un cabo, me riñó por el susto y le dije que me habían dejado aquel coche. Me hice allí un buen amigo, Luis, de Aspe, con el que seguí teniendo trato muchos años después. Con el sargento seguí teniendo también relación. Alguna vez fui a verle a Cartagena y él también vino a Elche.
Los coches
Antes del servicio militar salía de viaje cargado con las maletas de zapatos en el Dos Caballos. En una ocasión viajé a Jaén a visitar a dos clientes muy buenos que teníamos allí. Me tocó volverme porque vi a lo lejos una patrulla de la Guardia Civil y di vuelta para evitar problemas. Luego tuve un Fiat 1400 italiano pequeño gracias a un vecino de la calle Capitán Cortés que vendía coches italianos. Con ese coche recorrí Andalucía, Murcia y toda la Comunidad Valenciana. Haciendo la mili, don José Franco Sáez, el padre de Pepe Franco, vendía su coche, un Dodge Dart rojo. Me quedé con él, pero no me gustaba porque no se adaptaba al trabajo que yo tenía. Quince días antes de casarme me compré un seat 1430 moderno y muy juvenil y fue el coche con el que hicimos el viaje de novios. Otro coche que tuve fue un Tiburón Citroen que compré a un cliente en Ceuta a cambio de zapatos. Lo tuve dos años. Después, mi hermano Diego y yo nos compramos cada uno un Citroen Maserati, coches que se traían desde Francia. Los compramos viendo las fotografías y eran de segunda mano. El mío gris y el de mi hermano Diego azul. Coches de superlujo que tuvimos cuatro o cinco años. Después me compré un Toyota Land Cruiser, blanco y muy grande. Tuve también un Mini blanco del que recuerdo la matrícula A-0004-A y un Porsche 928.
Estando en Panamá, probé un Lexus Toyota que me gustó mucho. Un representante nuestro de allí lo había comprado para su mujer y después de seis meses no lo quería. Me pidió 60.000 dólares -creo que valía 100.000- y lo compré. Lo que ocurrió fue que no lo pude matricular porque la marca no existía en España. Fue en 2004 aproximadamente. Así que me tocó tenerlo en el garaje de la finca de la Font de Llop un año sin moverlo. Tuve ese coche 20 años y como no había otro igual la gente me reconocía: “¡Ahí va Pepe Quiles!”. A mi segunda mujer, Zolima, ese coche siempre le gustó y estas navidades decidí regalárselo. El último coche que me compré en 2024 fue un Toyota Gran Cruiser que es el que tengo ahora. Siempre tuve la costumbre de tener un coche guardado en el garaje y otro para moverme.
La enfermedad
Con 33 años, en 1978, contraje una hepatitis viral aguda que me obligó a pasarme dos años y medio en la cama. Recuerdo que vivíamos entonces en el Hogar Jardín y que cuando me iba a jugar al fútbol me encontraba muy cansado, como nunca me había pasado. Me vio un médico, vecino nuestro. Cuando me vio la cara, me dijo que algunos cadáveres que había visto tenían mejor color que el mío. Me obligó a acostarme, a no moverme de la cama y a medicarme. Ya teníamos entonces el negocio de Kelme y fabricábamos 12.000 pares diarios. Estuve así año y medio, entre los 33 y los 34 años y llevaba el negocio porque los encargados iban a verme, pero tenía la mente totalmente perdida. Hasta le tuve que decir a mi mujer que me recordara la boda y nuestro viaje de novios porque había perdido la memoria.
Cazador en África
Fui cinco veces a África como cazador. En cuatro viajes con Guillermo García, José Paredes y su mujer y en un viaje con Guillermo y Pepe Varó. Fui dos veces a Tanzania, una a Sudán, Centroáfrica y Zimbabue. Eran viajes de un mes aproximadamente. Cacé dos elefantes, cinco búfalos, dos leones, dos cocodrilos y un hipopótamo. Cuando contratábamos los viajes, se nos apuntaban los animales que en teoría íbamos a matar (unos 20 ó 25 animales diferentes en cada viaje). En un jeep nos movíamos por la sabana buscando leones, a veces se nos quedaban mirando. En ocasiones no los cazábamos por ser demasiado jóvenes. En una ocasión vimos a uno que estaba en una zona de cañizo muy alto. Los dos profesionales africanos que nos acompañaban siempre dijeron que iban a quemar el cañizo para que el león tuviera que salir de allí. Nosotros, Pepe Paredes y yo le esperamos por la parte en la que debía aparecer el león. Y salió hacia nosotros y lo pudimos matar a 20 metros de nosotros. No sé si fue Pepe o fui yo el que le alcanzó, pero fue el momento más peligroso que vivimos. A Pepe Paredes le acompañaba siempre su mujer porque era muy celosa. En una ocasión, cambiando de campamento, se nos hizo de noche y tuvimos que dormir en el mismo coche. Su mujer dentro del jeep y nosotros arriba. Le dijo a su marido que esa noche podía salir hasta la hora que le diera la gana, que no le importaría: “¡Para que no me digas luego que no te dejo salir de casa!”. Lo habitual era dormir en tiendas de campaña y con un rifle cargado a ambos lados de la cama. Allí nos decían que si alguien abría la cremallera de la tienda que disparásemos antes de preguntar. A veces se acercaban leones o hienas al olor de la comida. Mi amigo Guillermo García tenía pasión por África. Y allí murió en un accidente de aviación. Como el me dijo: “Si me tiene que pasar algo, que me pase en África”.
Corredor de medias maratones y maratones
Correr medias maratones fue para mí una verdadera pasión. En Santa Pola corrí hasta 17 veces, en Elche, Alicante, Aspe y otras ciudades. Lo más grave me ocurrió en una media maratón de Elche. Me junté con tres amigos que pesaban unos 50 kgs y yo con 75 kgs. Queríamos conseguir un tiempo de una hora veinte o veintidós minutos. Por delante del Squash me ofrecieron agua especial que no pude beber y delante de lo que fue Uniroyal, me desmayé y me llevaron en ambulancia al Hospital. El médico que me atendió me dijo que con lo que me había pasado había muchos que no despertaban. Tenía entonces 45 años, fue en 1990. La verdad es que hacíamos barbaridades porque jugábamos a las cartas hasta las tres o cuatro de la mañana en la finca del Font de Llop o en el Tiro de Pichón y al día siguiente a correr.
Llegué a correr la maratón de Nueva York en 1996, con 51 años. En esta ocasión me ayudó mi amigo Manolo Hurtado, cinco años mayor que yo, en la preparación previa. Conseguí el diploma y llegué a la meta sobre las 14 horas. Cuatro horas después cogí un avión a Bogotá y los escalones del hotel los tuve que subir de espaldas porque no podía de otra manera. En alguna ocasión los médicos me dijeron que estaba loco por el desgaste que me suponía.
Los Reyes Magos
Debió ser a finales de la década de los setenta, en torno a 1979, un grupo de amigos -Juan Antonio Asencio Botella “Maier”, Carlos Pérez, Antonio Llopis Sixto “El Tojo”, Vicente Sánchez el del establecimiento de cocinas, Santiago Martínez y yo mismo-, junto a otros que se irían incorporando como Pascual Ros o Cayetano Quirant, pusimos en marcha por nuestra propia cuenta una pequeña cabalgata de reyes para atender a los enfermos del Hospital, la policía y los conventos de monjas de nuestra ciudad. Los primeros reyes magos fueron Pepe Quiles, El Tojo y Carlos Pérez. Luego vendrían otros como Pascual Ros y muchos más. En las semanas anteriores a la Navidad nos empezamos a reunir para prepararlo todo: los caballos para los reyes, los trajes para reyes y pajes que nos proporcionaban en Villena… Era una locura cada año y sin embargo fuimos capaces entre todos de mantener nuestra cabalgata durante 40 años, hasta que vino la pandemia del Covid. Hoy lo recordamos como una de las experiencias vitales más bonitas de nuestra vida. Desde el principio, nuestra cabalgata comenzaba con un coche de policía que nos llevaba, vestidos como reyes magos y con nuestros pajes a las puertas de nuestro Hospital General. Allí nos recibía el director del Hospital y comenzábamos a recorrer planta por planta y habitación por habitación. Y así todos los días 5 de enero. Del Hospital General y con el tiempo a los hospitales del Vinalopó y, por petición de nuestro amigo Joaquín Ibáñez, el IMED, por la policía y por los conventos de las Clarisas, las Carmelitas y la Casita del Reposo. Además, íbamos también a llevarles regalos a los hijos y nietos de algunos amigos, con lo que empezábamos a primera hora de la mañana y terminábamos a las tantas de la noche. Había que hacer un trabajo previo impresionante por un equipo formado por Morales, Madriles y Rosa y con muchas ayudas de personas y empresas. Les tocaba preparar con mucha antelación porque pasaban una por una por cada habitación y se le preguntaba a los enfermos por el número de zapato que calzaban. Cuando llegaban los reyes a cada habitación, ya estaba preparada la caja de regalo con zapatos, balones de fútbol y lo que se pudiera reunir. Kelme contribuía con cientos y cientos de pares de zapatillas. Hubo años que se utilizaron más de 800 balones de fútbol -y aquí nos ayudaba mucho la marca Sprinter-. Un regalo muy especial que a los enfermos les gustaba mucho eran las figuritas de la Virgen de la Asunción -siempre que no fueran musulmanes-. Mantas de viaje y montones de regalos de todo tipo. A veces nos encontrábamos a enfermos tan conocidos como Antonio Martínez Maciá “Pin” o el exfutbolista Juan Carlos Lezcano. Téngase en cuenta que podíamos estar hablando de un millar de enfermos entre todos los hospitales. Visitábamos hasta los enfermos de psiquiatría y alguna vez se montó algún follón con balones volando por las habitaciones. Morales y Madriles se encargaban de los camiones cargados con regalos y ellos mismo también hacían sus propios repartos al personal de las cafeterías de los hospitales. Hubo veces que utilizamos el campo de Elche CF como vestuario y otras veces fue el Hotel Milenio el que nos prestaba habitaciones para vestirnos de reyes y magos, desayunar allí y poder descansar algún rato. La empresa de autobuses Misol nos prestaba un viejo autobús de antes de la guerra. Era un cinco de enero de sacrificio, porque era desde las nueve de la mañana hasta las 10 de la noche sin parar, pero bien que valió la pena. Y precisamente porque era una experiencia fantástica, se fueron incorporando muchos de nuestros hijos y hasta nuestros nietos. Desde Rosana Perán hasta los hijos de Pedro Miralles y otros muchos.
En nuestras fábricas -Kelme, Mustang-, se preparaban y se empaquetaban todos los regalos en los días previos. Cuando se entregaban los regalos, teníamos un encargado de hacer una foto con el rey mago y el enfermo con una máquina Polaroid para que tuvieran un recuerdo de aquel día. Como es fácil imaginar, cuando le dábamos unas zapatillas o un balón a una señora, nos decía que tenía dos nietos y que hiciéramos el favor o que le cambiáramos el número de la zapatilla para quien fuera… lo que resultaba materialmente imposible. Semanas después había gente que se presentaba en Kelme para cambiar el producto regalado. El follón que montábamos primero en un hospital y luego nada menos que en tres. Habrá que recordar que el problema no era solo conseguir cerca de 1.000 balones para regalar, sino que, además, había que hincharlos uno a uno. De ahí que fuera necesaria la colaboración de las empresas poniendo empleados en los días previos. En los primeros años los reyes magos y sus pajes pasábamos por la Comisaría de Policía y sorteábamos 15 bicicletas además de zapatillas y balones. Años después nos dijeron que lo dejáramos por el problema de recibir regalos. Pero en los primeros años encabezaban la expedición haciendo sonar las sirenas de sus coches. Una vez visitados los hospitales íbamos a los dos conventos de monjas y les hacíamos todo tipo de regalos para ellas, como ropa y una visita muy especial para nosotros era la Casita del Reposo, con unas 20 ó 25 niñas a las que colmábamos de regalos, incluidos kilos de caramelos. Para todos nosotros un recuerdo imborrable era cuando alguna niña, después de haber abierto las cajas de regalos -muñecas, calcetines, ropa deportiva…-, nos decía llorando que estaba muy contenta pero que lo que verdaderamente quería era ver a su papá y a su mamá. Desgraciadamente, en la Casita del Reposo nos llegaron a sugerir que les lleváramos los regalos de Reyes una semana después porque algunas niñas se les mandaba a su casa, lo que no tenían sentido ninguno. Fue una cosa de amigos, sin apoyo institucional alguno y sin publicidad.
Acudíamos también a los domicilios de Pablo Serna, Peral, Carlos Pérez, Santiago Martínez, el doctor Fernando Soler, Balta, Manuel Calvache, Ricardo Caballero, Ramón Salvador, Cayetano Quirant, Pedro Tenza, Vicente Ramón y tantos otros. El problema es que todos ellos nos querían invitar y nos tocaba comer y beber por poco que fuera en cada casa. Hubo años que acabamos a las tres de la mañana y aún nos seguían ofreciéndonos cenar a esas horas. Fue, desde luego, una experiencia inolvidable para todos los que participamos.
Kelme
Una vez dueños de la marca creada por los hermanos Cañizares Vicente, en 1978 presentamos nuestra primera colección de calzado deportivo y de tiempo libre. Hasta entonces, la firma ilicitana Paredes es la que había iniciado el camino de un calzado deportivo de calidad. Fue a partir de 1979 cuando Kelme comenzó a dedicarse a la fabricación de calzado deportivo. Llegamos a tener hasta tres fábricas con unos 30 trabajadores cada una, fábricas que, menos una, dejaron de funcionar a principios de la década de los noventa, cuando se abrió el mercado asiático. Fue cuando se empezó a importar calzado deportivo fabricado en Corea del Sur, Indonesia y en el conjunto de los llamados tigres asiáticos, capaces de producir un calzado que se podría adquirir por la mitad de lo que aquí costaba producir. En esos momentos, las fábricas españolas dedicadas al calzado deportivo o bien cerraron o bien se dedicaron a importar desde Extremo Oriente. Kelme se dedicó entonces a exportar botas de fútbol. Fue también en 1979 cuando lanzamos la primera campaña publicitaria en TVE e inició su apertura en el mercado exterior, al tiempo que nacía el equipo de ciclismo profesional. En 1980 nuestra empresa puso en marcha sus propias instalaciones deportivas y consolidó una amplísima infraestructura de deporte infantil y juvenil creada cinco años antes, con más de 50 equipos entre juveniles y alevines y unos 700 niños, además de una sede social.
La década de los ochenta fue, sin duda, cuando Kelme se consolidó como marca deportiva en el ámbito nacional y dio sus primeros pasos en el ámbito internacional. La primera colección de botas de fútbol profesional se dio a conocer en 1982 y, al año siguiente, la primera colección de prendas deportivas. Años después, a partir de 1987 sobre todo, la firma comenzaría a patrocinar a deportistas de élite y creó su propio equipo de atletismo profesional con un centenar de atletas. En 1989 Kelme lanzó al mercado el sistema Flot System y, tres años después, el sistema Flot Integral, con los que intentaba situarse tecnológicamente en la vanguardia con respecto al calzado deportivo. La siguiente novedad se produjo en 1998 con el sistema Switch: una bota de fútbol que podía adaptarse a diferentes tipos de competición mediante el cambio de tacos.
En la década de los noventa se consolidó la importación de calzado en Extremo Oriente, inaugurándose oficinas de control de producción tanto en Indonesia como en Corea del Sur. La apuesta por la internacionalización de la marca se reflejaba con la puesta en marcha, en 1992, de filiales en Estados Unidos (Miami) y Colombia (Bogotá) y, al año siguiente, de dos filiales más en Italia (Turín) y Alemania (Bramschweig).
El año 1992 fue emblemático para Kelme. Se recogían entonces los frutos de las inversiones realizadas en los años anteriores para convertirla en una de las grandes marcas mundiales relacionadas con el deporte. La más importante contribución se produjo con ocasión de las Olimpiadas de Barcelona, en las que Kelme patrocinó al equipo olímpico español y hubo que hacer un enorme esfuerzo para ofrecer un servicio personalizado a todos y cada uno de los atletas españoles participantes. A lo largo de la década resultaría interminable relatar el patrocinio de equipos de fútbol españoles (Oviedo, Valladolid, Extremadura, Real Mallorca, Albacete, Villarreal o Elche CF), además de equipos italianos, belgas o, incluso, un equipo japonés. Igualmente, hubo un apoyo decisivo a otros deportes como el fútbol sala, el tenis, el ciclismo o el atletismo, la colaboración con programas de televisión, el apoyo a una película de José Luis G. Berlanga o a los concursos de Miss España, entre otras muchas iniciativas.
Kelme y el Real Madrid
En cambio, sí hubo un patrocinio que resultó especialmente llamativo por sus buenos resultados desde todos los puntos de vista: en 1994 firmamos un contrato con el Real Madrid por cinco temporadas. Fue por mediación del representante de Kelme en Madrid, el ex futbolista Amancio Amaro que nos hizo saber que el Real Madrid pasaba por una situación financiera complicada. En ese año el club tenía un presidente interino, Juan Manuel Herrero, hasta 1995, año en que Lorenzo Sanz sería presidente durante cinco años. Kelme debió pagar 200 millones de pesetas para resarcir a la empresa holandesa que vestía al Real Madrid y 600 millones por cada una de las temporadas. Si cualquier equipo necesitaba unas 200 camisetas para cubrir una temporada, el Real Madrid podía cubrir una demanda de 20.000 camisetas anuales, con el añadido de que las camisetas se vendían en media mundo. Cuatro temporadas después, el Real Madrid, ante la oferta de Adidas, rompía el acuerdo con Kelme, a cambio de una importante indemnización. Parece, pues, evidente que, frente a tanto patrocinio disperso (en 1998 Kelme patrocinó a más de 100 futbolistas españoles o 60 futbolistas brasileños). A finales de los noventa Kelme se hizo presente también en toda Europa a través de cinco campañas anuales consecutivas en Eurosport, con más de 1.000 anuncios en total. La internacionalización de Kelme alcanzó hasta tener presencia física en nueve países y con nueve empresas dentro del mismo grupo empresarial.
Torrellano-Saladas
En 1998 se produjo el cambio de logotipo y Kelme compró 22.000 metros cuadrados en el polígono industrial de Torrellano-Saladas, a medio camino entre Elche y Alicante, como el mejor escaparate para una empresa. Una inversión estimada en nueve millones de euros. Las inversiones en las filiales en el extranjero consumieron otros ocho millones. Paradójicamente estas inversiones vinieron a coincidir en el tiempo con una importante caída de las ventas: el grupo Kelme facturó en 1999 por valón de 55 millones de euros y en 2002 la facturación alcanzó los 38 millones de euros. Ese año marcó el punto de inflexión, al hacerse pública una deuda de 43,5 millones de euros. Fue entonces cuando la Generalitat Valencia, a través del Instituto Valenciano de Finanzas, avaló a Kelme con un préstamo a diez años por valor de nueve millones de euros, suscrito con Bancaja y la CAM. Al mismo tiempo se renegoció un préstamo con otras entidades financieras por valor de 14,4 millones de euros. El apoyo de la Generalitat Valenciana -explicable, en el mejor de los casos, como el apoyo a una de las marcas más relevantes de la Comunidad Valenciana y como compensación a su contribución al deporte valenciano-, significó también la imposición a la empresa de dos ejecutivos responsables de la dirección efectiva. El grupo Kelme llegaba a esta situación con algo más de un centenar de empleados, la mayor parte de ellos comerciales, salvo quince trabajadores dedicados a la producción y otros 20 encargados de los almacenes.
Kelme en Rusia
En torno a 1984, un año antes de que llegara al poder Mijaíl Gorvachov, se planteó en la URSS un concurso promovido por el Ministerio de Deportes para empresas con el propósito de vestir a los deportistas soviéticos. Se presentaron 13 empresas italianas, francesas, yugoslavas (Nike, Adidas, Puma…) y el concurso lo ganó Kelme porque fue capaz de presentar calzado y ropa para unas cincuenta disciplinas deportivas diferentes. Manuel Ussía nos ayudó porque tenía experiencia en este tipo de negociaciones. Entonces el Ministerio de Deportes en la URSS era uno de los más importantes. Yo tenía entonces 40 años y el mundo para mí entonces era pequeño y estaba convencido de que ese certamen internacional lo ganaba Kelme. Nos presentamos en Moscú en el Glasportprom. Nuestro presupuesto no era muy alto pero sobre todo ganamos por hacer frente a todos los deportes.
Se planteó entonces la posibilidad de poner en marcha cuatro fábricas en Moldavia, Armenia, Bielorrusia y Bashkiria, separadas entre sí entre 2.000 y 4.000 kilómetros, con una inversión de entre 120 y 150 millones de euros. En 1987 Kelme inició las negociaciones con la Unión Soviética con el objetivo de poner en marcha un grupo de empresas mixtas, una apuesta empresarial que, con la caída del régimen comunista en 1989, acabaría rodeada de enormes incertidumbres para la empresa ilicitana.
El proyecto original consistía en la instalación de cuatro fábricas con una inversión en torno a los 4.000 millones de pesetas. A partir de 1989 hubo que buscar nuevos socios que aportaran capital y continuaron en marcha tan solo una parte de los proyectos iniciales: Bielorrusia y Bashkiria, con cerca de 500 trabajadores en cada una de las fábricas. Fue en el verano de 1987 cuando se empezó a prepararlo todo. El arquitecto ilicitano Pepe Amorós haría todos los proyectos y Manuel Ussía me dijo que había que montar en cada república todo lo que hiciera falta para fabricar. Se contó con especialistas sectoriales del calzado como Félix Sanz y Obrador para las colas, Carlos para las máquinas, una empresa de Arnedo para las suelas, etc. A todos los que nos acercamos les pareció muy bien el proyecto. Las negociaciones coincidieron con el desplome de la URSS y nos pasó que vino a Madrid una delegación rusa de 12 personas para firmar el acuerdo en la embajada rusa que, de la noche a la mañana, se quedaron sin cargos, sin pasaportes y a los que tuvimos que mantener durante unos días en Madrid. Había que volver a negociar y esta vez con los representantes políticos de las nuevas repúblicas. Se quedaron fuera los proyectos en Armenia y Moldavia. Con la URSS solo llegamos a hacer las naves, sin ingeniería alguna. Las naves se llegaron a usar, pero solo la mitad de lo construido. Se decidió continuar porque ya se había hecho un esfuerzo muy grande, amparado por bancos españoles como el Banco de Bilbao y el Bando Europeo de Desarrollo. No convencimos ni a Armenia ni a Moldavia. Necesitamos tres o cuatro años más en las negociaciones. El proyecto quedó en dos fábricas de producción y uno de componentes. Naves de 80.000 metros cuadrados como la de Bashkiria que fuera capaz de fabricar todos los componentes, calzado y textil. Parte de las naves construidas se quedaron sin usar, más de la mitad del terreno. Los responsables de la URSS se dieron prisa de contentar a las repúblicas con la construcción de grandes naves en tiempos que ya eran muy convulsosEn Moldavia la idea era solo producción, pero no fue posible. En Bielorrusia la mitad de la nave construida no se llegó a utilizar. Se tardó tres años en poder empezar. Primero fue la producción de adhesivo en Bashkiria en 1992 y en 1994 comenzó a funcionar la fábrica de Bielorrusia. Nos llegaron a dar un premio allí por haber puesto en marcha la fábrica (fotografía). Llegamos a un acuerdo con el gobierno de la república que contribuyó con el 34%. En 1995 se firmaron los contratos con BBV y BERD con lo que se pudo financiar la producción en Bashkiria -suelas, plantillas, colas, textil y calzado-. Los bancos obligaron a que Kelme se responsabilizara de la dirección de las empresas, al menos hasta que se devolvieran los créditos. En total, 22 millones de dólares por cada uno de los bancos, en total 44 millones de dólares que se pudieron devolver porque las fábricas funcionaron. El Berd no creía que devolviéramos los créditos. Fábricas muy bien montadas con 17 personas como mandos intermedios en Bashkiria y 14 en Bielorrusia. Los modelos que aportó Kelme permitieron que hubiera beneficios. Se firmó una póliza de seguros con CESE enorme, de un 5% del importe total y no fue necesario recurrir a ella. La pregunta es por qué Kelme no continuó, porque las fábricas siguen funcionando, una para GEO y otra para el mercado interior.
La producción ya estable fue en los años 1996 y 1997. La plantilla de trabajadores de Bielorrusia llegó a ser entre 800 y 1.000 con tres turnos y bastantes más mujeres que hombres. Buscamos socios locales y participación de los gobiernos. Negociábamos, llegábamos a acuerdos y cuando volvíamos a España nos encontrábamos con que no valían. Llegamos incluso a firmar un acuerdo en un palco viendo una ópera.
Nuestra fábrica de colas vendía casi toda su producción a una fábrica de coches y se cobraba en moneda rusa. Se hizo un convenio con aquella fábrica de coches, Autobas -con marcas Lada y Volga-.
Kelme en América Latina
Igualmente, la apuesta en la distribución de sus productos en países de América Latina. La de Sao Paulo en Brasil, fue inaugurada en 1996-, al igual que la de Bogotá en Colombia-, tampoco ofreció los resultados que esperábamos. Incluso a pesar de que en el año 2001 Kelme reforzó su presencia en Brasil con nuevas inversiones y productos fabricados íntegramente en dicho país.
Kelme, el equipo ciclista y Vicente Belda
Vicente Belda Vicedo, nacido en el Mas del Pou de Alfafara y vecino de Cocentaina en 1954 y con 153 centímetros de altura, se convirtió en el ciclista profesional más importante para Kelme. Sus memorias, contadas al periodista Jorge Quintana en 2024, nos sirven para conocer la implicación de la empresa ilicitana en el ciclismo profesional. Vicente Belda empezó con cinco carreras en 1971, con 17 años y ganó sus primeras 200 pesetas como ciclista. Trabajaba como carpintero 12 horas y entrenaba por la noche. En 1974 consiguió tener su primer equipo, Muebles El Hogar de Cocentaina. En 1976 tuvo su primera gran oportunidad cuando fue seleccionado en el equipo español amateur y acabó corriendo en Guatemala con una gastroenteritis provocada por una paella de marisco. En 1977 fue seleccionado de nuevo y corrió en el Giro Baby en Italia y la Guillermo Tell en Suiza. Del equipo amateur Sedaví pasó en ese año al equipo Transmallorca-Gios, dirigido por Rafa Carrasco. Una oferta de 10 meses y un sueldo de 25.000 pesetas mensuales para el año 1978. Pudo así dejar de ser carpintero. A partir de ahí, vueltas al País Vasco, Cantabria y vuelta a España en el año en que apareció la figura de Bernard Hinault y en la que el corredor alicantino pudo ganar su primera etapa. Sin cambiar de equipo, pasó a ganar 950.000 pesetas anuales. Con 25 años, en 1979 fue nombrado ciclista del año y corrió vueltas como la de Andalucía, Levante, País Vasco, y, sobre todo, Catalunya, carrera en la que resultó vencedor. Fue una carrera tan complicada que la mayor parte de los equipos habían perdido a la mayor parte de sus corredores. Vicente Belda solo contaba con dos compañeros para que le ayudaran a mantener su maillot de líder. Su equipo intentó pactar con un equipo francés la ayuda en la carrera a base de dinero, algo habitual en aquellos años. El acuerdo resultó tan fallido que los franceses atacaron a muerte. Finalmente, con solo dos gregarios y en un pelotón de 25 corredores, Belda ganó la carrera.
Y fue entonces cuando aparecieron los hermanos Quiles: “En esos momentos, la cabeza ya la teníamos puesta en Kelme. Iba a ser nuestro patrocinador para 1980 y había llegado al ciclismo con una idea muy clara: quería tener un bloque de primer nivel mundial. La negociación entre la familia Quiles y Rafa Carrasco había sido muy dura. Ellos estaban dispuestos a poner encima de la mesa el dinero que hiciera falta… pero solo sile garantizábamos que Kelme estaría en la línea de salida del Tour de Francia. ¡Aquello eran palabras mayores!”. Se fichó a ciclistas como Vicente Belda, Andrés Oliva, Pedro Torres o Paco Galdós. “Kelme había llegado al ciclismo para quedarse”. Fue el sueño de Diego y no de Pepe Quiles, porque en esos primeros años fue Diego el que empujó, mientras Pepe era más reacio. Con los años, Pepe acabaría ocupándose de la gestión del día a día del equipo, mientras Diego se iba retirando. El año 1908 fue el año del Tour de Francia. Allí se accedía por rigurosa invitación y echando mano de la chequera. Kelme se había comprometido a vestir de arriba abajo a toda la organización del Tour. Pero el equipo se encontró también con 21 días terribles para los corredores. “Una trituradora de carne” en expresión de Vicente Belda. Hasta estaba prohibido el avituallamiento líquido si no bajabas al coche del equipo, que podía ser el número 20. Se conseguía llevar a los ciclistas al límite físico. Y los traslados: la organización recogía a los ciclistas a las cinco de la mañana en un autobús. De ahí a un tren donde intentaban comer un poco de arroz blanco y una tortilla con un poco de agua. Llegados al destino, unos minutos para cambiarse, firmar y competir en etapas de 200 kilómetros. Y todo ello con una total falta de experiencia: no sabían que era eso del Peyresourde o el Tourmalet. El equipo Kelme corría con dos coches y un furgón de seis metros. La mitad del furgón iba lleno de zapatillas porque Kelme aprovechó el Tour de Francia para “regalar zapatillas a todas las personas importantes. Rafa Carrasco tenía que ejercer de director, pero también de responsable de marketing y muchos días se pasaba la mañana llenando de generosos regalos a periodistas, organizadores… o a sus favoritos: los motoristas y los cámaras de la televisión francesa”, porque Diego Quiles quería que la marca Kelme fuera la que más minutos saliera en televisión y para eso se utilizaron las zapatillas, que resultaron muy bien baratas, por los minutos de televisión que se consiguieron: si había una fuga de cuatro corredores, los ciclistas de Kelme se llevaban el ochenta por ciento de los minutos de televisión.
En 1980 Vicente Belda se casó con Ángeles, después de cinco años de noviazgo, ella con 20 y él con 26 años. El matrimonio tuvo cuatro hijos en apenas cuatro años (María, David, Vicente y Beatriz). En 1980 Belda fue décimo en la vuelta a España y 20 en el Tour de Francia. En ese tiempo el matrimonio abrió dos tiendas de deportes, en Alcoy y en Cocentaina, tiendas que mantuvieron abiertas hasta el 2008. Al año siguiente, Diego Quiles seguía con la misma ilusión por el equipo ciclista y hubo una renovación de ciclistas: salieron veteranos como Galdos, Oliva o Torres y entraron jóvenes talentos como Juan Fernández o Jesús Suárez Cueva. El director, Rafa Carrasco, no cobraba de Kelme sino como propietario de Vestispot, el fabricante de ropa del equipo Kelme. Diego Quiles le premió regalándole un Mercedes de segunda mano y Rafa Carrasco lo adaptó como coche del equipo Kelme. En 1981 Vicente Belda quedó tercero en la vuelta a España y una bronquitis a última hora le impidió disputar el liderato. En 1982 Kelme dio un nuevo giro: se olvidó del Tour y se decidió disputar el Giro de Italia, pero la Vuelta a España resultó un escándalo porque Ángel Arroyo (1º), Alberto Fernández (3º) y corredores como Paulino Martínez, Pedro Muñoz o el propio Vicente Belda fueron descalificados por dopaje: “Tengo una mala noticia, Vicente. Has dado positivo” Y todos con la misma sustancia. Como eran otros tiempos, los corredores fueron sancionados para los meses de invierno, cuando no había carreras. A Vicente Belda el Giro le fue muy bien, ganando una etapa y estaba séptimo en la general cuando un cólico nefrítico le impidió terminar la corsa rosa. Kelme no volvería a competir en Italia porque “el ciclismo era España… y cuando había mucho dinero y ambición por crecer, se soñaba con el Tour. El resto no contaba”.
El año 1983 Kelme tomó la decisión de cortar en seco los gastos de las temporadas precedentes y mantener un equipo de bajo coste, centrado en el calendario español y con muchos ciclistas valencianos. En ese año, Ángel Arroyo alcanzó el segundo puesto en el Tour de Francia, cuando Kelme no fue invitado a participar. También se produjo la novedad que Televisión Española comenzó a retransmitir en directo los últimos kilómetros de cada etapa. La Vuelta a España tuvo como protagonistas a Julián Gorospe y a Bernard Hinault (con cuatro Tours, tres Giros y una vuelta a España). Belda recuerda que “en los kilómetros finales incluso empezamos a darle algún relevo a Hinault mientras le pedíamos que nos dejase luchar por la etapa en una táctica propia de aquellos tiempos en los que había negociaciones de todo tipo desde los coches y desde las bicicletas”. Hinault, en plena carrera, le dijo a Belda: “¡Hoy tú no ganarrr!”. En 1984 Kelme siguió con una plantilla más floja, con Pepe Recio como líder. Belda se encontraba muy a gusto en el equipo: “Kelme se había convertido en algo más que un equipo ciclista para mí: era mi casa y (…) Kelme era Vicente Belda y Vicente Belda era Kelme”. Hubo un intento de fichar a Belda por parte del equipo Reynolds y Belda fue sincero con los hermanos Quiles y con Rafa Carrasco. La respuesta que recibió el ciclista fue que, si se iba a Reynolds, Kelme se cerraba. “Aquello me mató”, contó Belda porque pensó en el resto de corredores, mecánicos y masajistas. Kelme mantenía entonces un equipo con poco más de 10 correcores. Belda ganó ese año la Vuelta a Galicia.
En 1985 fue el año en el que Pedro Delgado ganó la Vuelta a España, con el protagonismo de Pepe Recio y, por tanto, del equipo Kelme. La novedad para el equipo fue competir por primera vez en Colombia, junto a otro equipo español más y la presencia del propio Pedro Delgado, en aquel entonces una estrella mundial. Los ciclistas españoles pensaron que iban a ganar fácil a los colombianos y en una etapa, Vicente Belda miró hacia atrás y tenía a Pedro Delgado que le dijo: “Vicente, no mires atrás. ¡Vamos los últimos!”. La explicación es que corrían por encima de los 2.800 metros y los escaladores colombianos estaban mucho más acostumbrados: “pasar miseria en una bicicleta” es el recuerdo de Belda que consiguió, a pesar de todo, un par de victorias de etapa. Era otro mundo porque podía ocurrir lo que le pasó al ciclista Pepe del Ramo, creador posteriormente de la marca de casos Catlike. En medio de una etapa apareció un burro con carreta al que embistió el ciclista y cayeron al suelo el burro, el dueño del burro, la carreta, el ciclista y su bicicleta. Vicente Belda se convirtió en un ídolo en Colombia, le llamaban don Visente y los periodistas de allí le preguntaban “¿Cómo se amanesió, don Visente?” Allí las etapas comenzaban a las ocho de la mañana por lo que los ciclistas desayunaban a las 5.30 o 6 de la mañana y lo primero que debían hacer es responder a la prensa. Allí se creó un vínculo de cariño mutuo entre Kelme y Colombia.
El año 1986 consolidó a los corredores colombianos en España. Kelme fichó a jóvenes con talento como Óscar de Jesús Vargas o Luchito Pérez Huertas que, sin embargo, tuvieron dificultades de adaptación. Algunos no hicieron más que comer y comer hasta perder capacidad competitiva. Belda ganó ese año la escalada a Montjuic y batió a ciclistas como Pedro Delgado o Laurent Fignon. En Colombia fue líder del Caracol de Montana. Ese mismo año, Miguel Induráin gano el prólogo de la Vuelta a Murcia y en aquel entonces sus rivales le llamaban “el gordito de Reynolds” (ganaría cinco Tours entre 1991 y 1995 y tres Giros entre 1992 y 1994). Belda ganó en 1987 la Setmana Catalana, no sin que hubiera que negociar en la etapa final, cuando ya estaba como líder de la prueba. Rafa Carrasco compró los servicios del equipo Panasonic para evitar sustos. “En aquellos años era lo más habitual del mundo que el equipo del líder sacase la chequera para pagar a un equipo del pelóton y garantizarse aliados”, lo que hizo Kelme en esa Setmana Catalana o con Fabio Parra cuando iba tercero en el Tour de Francia. “Dimos dos millones de pesetas a un equipo francés para que nos ayudara en el llano”. Algo que hacían todos los equipos. “Nosotros solíamos comprar holandeses, belgas y franceses para que nos ayudaran en el llano. Y ellos nos compraban a nosotros para los días de montana cuando necesitaban de un equipo que les echara una mano”. Esa era entonces la manera de funcionar, además de los bajos salarios de ciclistas y directores de equipo. Se aceptaba con deportividad por parte de los que compraban, los comprados y los que sufrían las consecuencias de esos pactos nocturnos entre directores. Según Vicente Belda, Kelme había invertido desde 1980 y durante ocho años entre 70 y 90 millones de pesetas anuales (entre 420.000 y 540.000 euros).
Y llegó 1988, el año de la retirada de Vicente Belda: “Kelme no lo hizo bien”. Para Rafa Carrasco fue una decisión de los hermanos Quiles y para estos fue cosa de Carrasco. El ciclista creyó en la versión de Diego y Pepe Quiles. En ese año el equipo de Kelme volvió al Tour de Francia con fichajes de primer nivel: Eduardo Chozas, Iñaki Gastón y el colombiano Fabio Parra, que ganó una etapa de montaña, además de la contrarreloj que ganó Martínez Oliver. Parra acabó tercero en el podio de París. A Belda no le salió ni un buen Tour ni un buen año y en septiembre de 1988 Rafa Carrasco le ofreció continuidad, pero ganando la mitad y con carreras pequeñas. Le había dedicado toda su carrera a Kelme y llegaba a los 33 años. En aquel año, la obsesión de Rafa Carrasco con Colombia, para fichar ciclistas y para correr allí todas las carreras posibles, se fue al garete por un lío de faldas, por un ciclista que se hizo una novia allí, su mujer se enteró, lo comunicó al resto de mujeres de ciclistas y aquello acabó con un plante.
Al año siguiente, en 1989, Alfafara, su pueblo natal, y Cocentaina, su pueblo adoptivo, dedicaban calles al “Nano de Cocentaina” y el ciclista siguió con sus dos tiendas de deportes, con productos Kelme en ambas. El vínculo con los hermanos Quiles nunca se rompió. Comenzó también su tiempo como comentarista de la cadena SER, cubriendo el Tour, el Giro y la Vuelta a España. En 1989, para Kelme el Tour fue un desastre porque ninguno de sus corredores llegó a la línea de meta de París.
A principios de la década de los noventa llegó el dominio de Miguel Induráin y el ciclismo gozó de un tiempo de esplendor con la mejor financiación. Kelme fichó a Álvaro Pino para liderar el equipo en 1991. Pino fue un protegido del periodista José María García, quien siempre se había llevado muy bien con los hermanos Quiles.
En 1995 el equipo se llamaba Kelme-Sureña-Avianca y Belda fue nombrado director deportivo, por detrás de Álvaro Pino, director de todas las grandes carreras. Belda se acabó encargando de la Copa del Mundo, de las carreras en Colombia y de las carreras pequeñas en Europa. Y todo había cambiado mucho en poco tiempo. Ya no había que regalar zapatillas a los cámaras para que Kelme saliera en las televisiones. Kelme tenía ahora, en 1995, un mánager como Joan Mas para gestionar el calendario y los contratos y un director deportivo como Álvaro Pino. Estaba también Ignacio Labarta como preparador físico. Un buen equipo, pues, en el que Belda solo estuvo en ese año. A finales de 1995 Kelme se fusionó con el equipo Artiach. Llegó dinero, nuevos técnicos como Paco Giner o Guzmán o nuevos ciclistas como Blas Giner o José Luis Chechu Rubiera. Los hermanos Quiles le dijeron entonces a Belda que debía esperar a que hubiera sitio para él y lo entendió. Al menos le dio tiempo para descubrir en Colombia a un joven talento como Santiago Botero, el que sería el primer fichaje para Kelme propuesto por Belda.
En 1997 Belda volvió a la dirección deportiva de Kelme, cargo que no abandonaría hasta el triste 2006. Entre 1997 y 1999 fue segundo director y a partir de 2000 asumió la dirección de la estructura deportiva. Kelme en 1997 tenía dos equipos: el bloque A y el acabó llamándose el equipo Z. Curiosamente, Belda acabó dirigiendo por orden de los hermanos Quiles el equipo Flavia Telecom, un proyecto colombiano manejado por la familia Quiles, con un fabricante de zapatos de Baleares como patrocinador. En esos años llegó el segundo fichaje colombiano de Belda: Félix Cárdenas “El Gato”, que acabaría ganando tres etapas en la Vuelta a España y una etapa del Tour.
Y todo cambió a finales de 1999 con el copatrocinio de Costa Blanca, la marca turística de la Diputación Provincial de Alicante. Belda fue convocado a una reunión con Julio de España y Pepe Quiles y le pidieron que asumiera la dirección del equipo ciclista que se acabaría concentrando en Santa Pola en el invierno del año 2000. Se preparó la lista de los corredores para el Giro, el Tour y la Vuelta a España. El plan de Belda era contar con los ciclistas elegidos pasara lo que pasara, de manera que la plantilla tuviera estabilidad. En ese tiempo era Pepe Quiles el responsable de Kelme que manejaba el equipo, mientras Diego estaba más desvinculado. Kelme entonces estaba por debajo de Nike o de Adidas pero tenía un indudable carácter internacional y el Tour de Francia era el mejor escaparate. La fama de Kelme venía también por haber vestido al Real Madrid entre 1994 y 1998. Para el equipo ciclista, los objetivos de Pepe Quiles eran el Tour, La Vuelta a España y el Giro, por ese orden. Su idea es que, si el equipo comenzaba fuerte, mantendría la confianza durante toda la temporada. Así que las carreras de Mallorca, Valencia, Andalucía o Murcia acababan siendo más importantes que el Giro de Italia, porque, además, Kelme no tenía ventas en Italia. Otra estrategia de Pepe Quiles es dar a un ciclista una prima si se escapaba en la Vuelta a España, siempre que la escapada fuera en sábado o domingo, por ser los días con mayor audiencia televisiva. Pepe Quiles entendía que, si la escapada se producía un lunes, solo lo veían los fieles del ciclismo, pero un fin de semana llegaba a mucha más gente. En 2000 el listón estaba muy alto, tal y como lo había dejado Álvaro Pino. Había conseguido nada menos que subir al podio tanto en el Tour como en la Vuelta a España, con dos terceros puestos. Belda fichó a José Luis Laguía como segundo, con quien había coincidido como ciclista y al que conocía también como buen comentarista de televisión. Seguía Joan Mas como mánager, Ignacio Labarta como preparador y un buen equipo de mecánicos, masajistas y medios materiales.
El año 2000 comenzó con la victoria de Francis Cabello en Mallorca. Los ciclistas de Kelme llegaban a la primera carrera con 8.000 y 9.000 kilómetros en las piernas. Se enfrentaban a dos bloques, de febrero a marzo, descanso y gimnasio y, el segundo bloque, afrontar el Tour y la Vuelta a España. Kelme participó en el Giro y Quique Gutiérrez vistió la maglia rosa al menos durante 24 horas. Kelme llevaba pinchadas las emisoras del resto de equipos por lo que conocían las tácticas de todos los directores. A continuación, el Tour fue excelente porque, con ciclistas como Fernando Escartín, Santiago Botero, Javier Otxoa o Roberto Heras, se ganó la general de montaña y la general por equipos por lo que hubo presencia de Kelme en el podio de París. Belda decidió que hubiera dos jefes de filas -Escartín y Heras- y no uno solo. Fue un Tour en el que Lance Armstrong volaba en su bicicleta. Llegó la Vuelta a España y una muy mala etapa en Albacete se saldó con dos botellas de champán porque Belda pensó que había que animar a los corredores. Y se animaron. En la subida a L´Angliru, el equipo Kelme corrió con los bolsillos llenos de comida y antes del avituallamiento el equipo lanzó un ataque sorpresa que se convirtió en una escabechina para los demás. Al final, Kelme ganó la general con Roberto Heras, la regularidad y la general por equipos, además de tres etapas. Sólo faltó el maillot de la montaña. Fue el primer año como responsable deportivo de Vicente Belda, con el equipo Kelme-Costablanca.
En 2001, el equipo perdió a ciclistas como Juan Carlos Domínguez, Chechu Rubiera o Fernando Escartín. Además, Lance Armstrong quiso tener a Roberto Heras a su lado, porque así perdía un enemigo potente. Kelme-Costablanca tenía en ese año un presupuesto de tres millones de euros y no podía competir con lo que otros equipos ofrecían a sus mejores ciclistas. El equipo se renovó con jóvenes como Óscar Sevilla, Francis Cabello o Pascual Llorente. Kelme además vivió en carne propia la tragedia de los hermanos Javier y Ricardo Otxoa, atropellados en Málaga el 15 de febrero de 2001. Ricardo murió y Javier peleaba entre la vida y la muerte. El equipo quedó moralmente muy tocado. Ese año el Giro se utilizó para los más jóvenes y en el Tour Óscar Sevilla fue séptimo en la general y ganó el maillot de mejor joven. Santiago Botero fue octavo y Félix Cárdenas ganó una etapa. Un buen resultado. En la Vuelta a España, Óscar Sevilla fue segundo en la general individual y Kelme ganó la general por equipos. Sin embargo, el mayor problema fue que Ángel Casero había recibido un mensaje -unas bielas que debía entregarle al ciclista-, por parte del médico Eufemiano Fuentes y fue una bomba para todo el equipo.
El año 2002, Aitor González, un corredor alicantino que había demostrado talento en la vuelta a Murcia, formó parte del equipo en el Tour y acabó bajándose de la bicicleta en plena carrera. Ganó una etapa en el Giro pero tuvo una pájara que le impidió llegar a más y quedó sexto en la general. Para la Vuelta a España se contaba con Aitor González, pero también con Óscar Sevilla, dos corredores de Kelme frente a Roberto Heras, en ese momento en el equipo US Postal. Se ganó la vuelta con Aitor González. El año 2002 fue también el del “caso Manzano”, tal y como Vicente Belda lo cuenta en sus memorias. Por su escaso rendimiento deportivo, Joan Mas y el propio Belda decidieron apartarle del equipo. Murió el padre del ciclista y Pepe Quiles “apostó por la vía humana” y se le mantuvo en el equipo incluso con un aumento de salario. El ciclista desaprovechó la oportunidad, abandonó el Tour por su cuenta, se le mantuvo en la Vuelta a España y después de un incidente en un hotel en Madrid, pidió la baja voluntaria. En 2004 pasó por el diario Marca sin éxito y encontró en el diario As un periódico para contar su versión con remuneración añadida.
El año 2003 Kelme volvió a perder ciclistas como Santiago Botero o Aitor González y los problemas de liquidez fueron acuciantes. Belda acompañó a Pepe Quiles a multitud de reuniones para conseguir fondos y, sobre todo, con políticos de la Generalitat Valenciana. Había fallecido Joan Mas y fue necesaria la destitución del médico Eufemiano Fuentes. En el año anterior no se le había visto prácticamente durante toda la temporada y se decía que trabajaba para otros equipos. Se nombró como médico a Walter Virú con el que los corredores no llegaron a tener confianza por lo que se contrató también a Yolanda Fuentes como jefe médica. Fue el año de ciclistas como Francis Cabello, Alejandro Valverde, Óscar Sevilla, Tino Zaballa, Fito y Carlos García Quesada, Iván Parra o Jesús Manzano. Había que afrontar las tres grandes pruebas con muchas limitaciones y fue el año en el que se descubrió el potencial de Alejandro Valverde. Solo hubo un buen resultado en la Vuelta en la que Valverde quedó tercero. Fue un año en el que había deudas de dos y tres mensualidades para ciclistas y resto de equipo. El arreglo fue con la Generalitat Valenciana y con el conseller Estaban González Pons. Un rescate por el que asumieron las deudas y se quedaron con el equipo y con los ciclistas. Desaparecía por tanto el control de la empresa Kelme.
Según Vicente Belda, “la conexión de Pepe Quiles y el conseller Esteban González Pons hizo que el equipo pasara a manos de la Generalitat y desapareciera el control de la empresa Kelme y de los gestores de la empresa ilicitana. Eso lo cambió todo para bien… y para mal”. De un control empresarial se pasó a un control político, con nuevos responsables colocados para dirigir un equipo ciclista sin saber nada de ciclismo. Y todo ello con un presupuesto de 3,5 millones de euros, de los que la Generalitat ponía 2,1. El déficit se pudo saldar con la venta de ciclistas como Alejandro Valverde por 600.000 euros. Tres años de gestión de la Generalitat (2004-2006), tres consellers de Cultura y un sinfín de secretarios autonómicos, directores generales, asesores, etc.
En 2006 estallaría la llamada “Operación Puerto” que destapó el dopaje en el ciclismo y con el protagonismo del médico Eufemiano Fuentes, pero esto ya es otra historia que no tiene que ver con el equipo Kelme. Para Vicente Belda fue una pesadilla que comenzó en 2006 y que terminaría con su absolución en un juicio que tendría lugar en febrero de 2013 con más de 25 televisiones y más de 100 periodistas acreditados. La absolución del ciclista alicantino no le impidió haber pasado durante años por la conocida como “pena del telediario”. Cualquier lector de las memorias de Vicente Belda conocerá de primera mano la realidad del ciclismo español a finales del siglo XX y principios del siglo XXI, con un lenguaje tan desconocido para el común de los mortales como las llamadas siberias, bolsas de sangre congeladas sin fecha de caducidad.
(...)
FUENTE: Entrevista de Miguel Ors Montenegro (2025)
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