Datos biográficos
QUESADA CANDELA, MANUEL (Crevillente, 4-XI-1959). Futbolista. Es en los equipos de base del Crevillente dónde inicia su andadura futbolista. Se trata de un defensa central con talla y fuerza, contundente y dominador del fútbol aéreo. En su primer año de juvenil, su entrenador, el árbitro Galipienso, lo ofrece al Elche C.F. Patricio Soto no duda en incorporarlo al juvenil blanquiverde, que cuenta con un magnífico equipo. Logran el título de campeón regional, subcampeón de España, tras eliminar a Valencia y Español, perdiendo la final frente al C.F. Barcelona. Es llamado por las selecciones regional y nacional. Se proclama campeón del Torneo Internacional de Ginebra. Cuando el Elche desciende (temp. 77-78) a Segunda, el nuevo entrenador Fernández Mora lo llama, junto a Carrazoni y Silos, a la primera plantilla. Disputa el Trofeo Festa d´Elx ante el F.C. Barcelona. En la cuarta jornada de la Liga 78/79 debuta en partido oficial desplazando de la titularidad al paraguayo Benítez. A partir de ese momento es titular fijo del once blanquiverde. Es llamado por la Selección Española sub 19, que ha de disputar el Campeonato del Mundo en Japón, pero ha de cumplir el servicio militar y no puede incorporarse. Con el Elche, sufre la decepción del partido de las Margaritas ante el Getafe, marca el gol pero el Elche no logra el ascenso a Primera, igualmente sufre el duro golpe del fracaso ante el Cádiz, en el Nuevo Estadio. A la tercera (temporada 82/83) alcanza el siempre luchado ascenso a Primera División con el colofón final de la goleada frente el Bilbao Athletic. Como capitán del equipo es paseado a hombros por la afición ilicitana, en una jornada inolvidable. Estuvo en la defensa más joven del fútbol español formando con Campello, Quesada, Gilberto y Casuco, de media 20 años; hizo pareja de central con futbolistas como Morgado, Gilberto, Juanín, Jacquet, Geñupi o Paco Bonet. A pesar de su condición defensiva, en su haber cuenta con goles importantes y de magnífica factura. A final de la 86-87, con 28 años, no le renuevan su contrato, siendo baja tras once temperadas bajo la disciplina del Elche C.F. y nueve en la primera plantilla. Ficha por el Xerez, en Segunda, y más tarde regresa a Crevillente. Ha sido entrenador del Crevillente y del Elche juvenil. Tuvo la satisfacción de ver el debut de su hijo Carlos, también central, con el equipo ilicitano. Modelo de regularidad, ha disputado con el Elche C.F. un total de 268 partidos en liga, más 35 en Copa, haciendo un total de 303 encuentros, lo que le convierte en el sexto jugador que en más ocasiones defendió la camiseta blanquiverde.
Entrevista a Manolo Quesada por Ivan Hurtado en elchecapital.com, 1-XI-2025
Figura clave en la historia del Elche CF, Manolo Quesada representa el espíritu de lucha y compromiso. Nacido en Crevillente, llegó al club siendo apenas un adolescente y acabó convirtiéndose en capitán del equipo que logró el ascenso a Primera División en 1984. Su entrega, carácter y capacidad para anticiparse al rival le convirtieron en un defensa temido y respetado, sobre todo por su dureza a la hora de defender y marcar a sus rivales.
A lo largo de once temporadas y más de 300 partidos con la camiseta del Elche, Manolo Quesada dejó una huella imborrable en el Martínez Valero. Hoy, cuatro décadas después de aquel ascenso histórico, repasa su trayectoria desde sus comienzos en el fútbol base de Crevillente y las tardes y noches de gloria con la franja. Palabras de un futbolista que sigue hablando del Elche con el mismo orgullo y pasión que cuando vestía la franja verde.
¿Cómo recuerda sus inicios en el fútbol en Crevillente y sus primeros años en los equipos de base de su pueblo?
Los primeros años estuve en un equipo de fútbol base de mi pueblo y después pasé al Elche. Estuve dos años en la base y después ya me incorporé al Elche. Eso ya queda muy lejos de aquí. A medida que pasa el tiempo, se van perdiendo un poco los recuerdos, pero aquello fue magnífico. Es una experiencia que me gustaría que tuviesen esos niños que empiezan a jugar al fútbol y sueñan con ser profesionales.
Su entrenador, Alfredo Galipienso, fue quien le recomendó al Elche CF. ¿Cómo vivió ese salto del Crevillente al juvenil del Elche?
Mi entrenador, Alfredo Galipienso, comentó que había un chaval que lo hacía muy bien. Los de Elche le dijeron que fuera a probar. Mi entrenador fue hábil y les dijo que yo no podía ir a entrenar allí porque, si el día de la prueba no salía bien, no sería justo. Les propuso que viniesen ellos a verme jugar en Crevillente, que es donde mejor se ven a los jugadores, y que después decidiesen. Así lo hicieron, vinieron a varios partidos, y cuando se comunicaron con mi entrenador ya era para decirle que me habían fichado.
¿Qué supuso para usted llegar a un equipo juvenil tan fuerte, con jugadores que luego marcaron una época en el club?
Para mí, como para cualquier chaval, llegar al Elche era un sueño. Cuando uno es joven y escucha que le quieren equipos de Primera División, se siente encantado. Un poco asustado al principio, pero eso se pasa rápido.
Aquella generación logró ser campeona regional y subcampeona de España. ¿Qué recuerdos guarda de aquella etapa tan especial?
Guardo muchos recuerdos. Por ejemplo, de compañeros como Santiago Gambín, Patricio Soto o Arturo Mata, que fue quien me venía a buscar para entrenar todos los días con su coche. Era jefe de la Policía Nacional y, aun trabajando, se tomaba la molestia de venir a recogerme o de enviarme un taxi. Se portaron magníficamente conmigo. Son cosas que se quedan grabadas en la memoria y siempre estarán ahí.
También fue campeón del Torneo Internacional de Ginebra. ¿Qué significó para usted ese título, siendo además uno de los pocos trofeos internacionales del fútbol base franjiverde?
Sí, era un torneo en Ginebra, en Suiza, y también fuimos campeones. Me acuerdo del día que bajábamos del avión y algunos comentaban que éramos pequeños, al ver a otros jugadores más altos, como Carrazoni o Isles. Parecía que se lo tomaban a broma, pero al final fuimos nosotros quienes ganamos. Jugamos contra varios equipos grandes y lo hicimos muy bien. Esos recuerdos quedan para toda la vida, incluso más que un partido con el Elche contra el Barcelona o el Madrid.
Cuando el Elche descendió a Segunda División, Fernández Mora le llamó al primer equipo. ¿Cómo vivió aquel momento y su debut con el Elche CF?
Me acuerdo que estaba trabajando en la carpintería, con 18 o 19 años. Tenía que ir a entrenar y me ofrecieron hacer la pretemporada con el Elche. Me animé, aunque no podía dejar de trabajar porque en casa hacía falta el dinero. Me sacrifiqué y, con el apoyo de mis padres, fui a entrenar. Estuve dos semanas haciendo la pretemporada con el Elche. Hablé con el entrenador y le dije que necesitaba saber si me quedaba o no, porque no podía seguir faltando al trabajo. Y, para mi sorpresa, me dijo: “Ven el sábado, estás convocado para jugar contra el Barcelona en el Festa d’Elx”.
Eso para mí fue increíble. Estaba nervioso. Teníamos que jugar por la noche y cuando salí del trabajo, hice autostop para llegar. A quién me llevó le dije que tenía que jugar contra el Barcelona y no me creía. Me dejaron en el antiguo campo de Altabix y Santiago Gambín me llevó ya hasta el estadio.
Aquel año llegó Hans Krankl, y lo marqué yo. Después le hicieron una entrevista y comentó que era un chaval muy pegadizo, que no le había dejado jugar. A partir de ahí me hicieron un contrato de tres años, con cláusulas según los partidos que jugara. En aquel entonces, el dinero no importaba tanto, lo importante era poder jugar en el Elche.
En la temporada 78/79 se consolidó como titular. ¿Qué recuerda de ese salto tan rápido desde la cantera al primer equipo?
Recuerdo que empecé los primeros partidos en el banquillo, todavía sin debutar. Creo que fue contra Osasuna, Benítez jugaba de central, cometió uno o dos errores y nos marcaron goles. En el siguiente partido debuté y a partir de ahí empecé a jugar de forma regular.
¿Qué compañeros fueron clave para usted en esos primeros años en el vestuario del Elche?
Entonces estaba Esteban, el portero; Marcelo Trobbiani, que me apoyaba mucho; Finaroli, Orellana, Félix, Sitjá… Tenía unos compañeros excepcionales que me ayudaban en todo. Me decían “el niño”. Poco a poco fui cogiendo confianza y, con los años, casi siempre jugué como titular. En algunas temporadas participé menos, pero siempre me he considerado una persona muy vinculada y agradecida al Elche.
Llegó incluso a ser convocado por la Selección Española sub-19. ¿Qué recuerdos tiene de esa etapa y qué significó para usted vestir la camiseta nacional?
Ahí se me quedó un mal sabor de boca. Podría haber estado más tiempo, porque la convocatoria era para disputar el Mundial sub-19 de Japón, donde precisamente apareció Maradona. Fui convocado con la selección española y recuerdo un partido amistoso contra Alemania en Cádiz, que perdimos 0-4. Después regresé a casa, esperando otra convocatoria.
Pero en aquel momento tenía que hacer el servicio militar obligatorio, y la idea era entrar voluntario en Alicante, porque existía una conexión entre el cuartel de Alicante y el Elche. El club solía tener algunos pases con los capitanes o tenientes, y de esa forma podía ir por la mañana al servicio y volver por la tarde a entrenar. Sin embargo, el Elche decidió que no fuese a la selección, porque si me iba con España no podía entrar como voluntario y me tocaría el destino por sorteo. Entrando voluntario, en cambio, podía quedarme en Alicante y seguir entrenando con el equipo. Así fue como estuve yendo y viniendo todos los días: por la mañana al servicio y luego a entrenar en Elche.
Ha vivido momentos duros, como los partidos ante el Getafe o el Cádiz donde se escapó el ascenso. ¿Cómo recuerda aquellos días de decepción y cómo afectaron al grupo?
Lo recuerdo perfectamente. Quizá yo aún tenía la mentalidad de un chaval, pero aquello afectó mucho al grupo y al club. En mis años en el Elche, siempre nos quedábamos a tres o cuatro partidos de conseguir el ascenso. Finalmente lo logramos en la temporada 1983-84.
Recuerdo especialmente el partido contra el Getafe: empatamos a uno y marqué el gol del empate. Otro año fue contra el Cádiz, una decepción terrible. Nadie que no lo haya vivido puede imaginarlo.
Pero a la tercera llegó la recompensa con el ascenso a Primera en la temporada 83/84. ¿Qué le viene a la cabeza al revivir aquella goleada al Bilbao Athletic y la celebración con la afición?
El fútbol también tiene su parte hermosa, el ascenso fue lo más bonito que puede vivir un jugador. Ver el campo lleno, la gente desbordada de alegría… eso es inolvidable.
El estadio estaba lleno y teníamos una espina clavada, porque ya nos había pasado dos veces que el ascenso se escapaba en el último partido. Estábamos un poco tensos, pero salimos a muerte. Ellos también se jugaban la segunda o tercera posición, pero nosotros empezamos bien, nos adelantamos pronto con un gol mío, con goles de Anquela y Murga, aquello fue una auténtica fiesta. Por fin pudimos decir que el Elche volvía a Primera.
Ese día fue el capitán y le pasearon a hombros por el estadio. ¿Qué se siente al vivir un momento así como jugador formado en el club?
Ser capitán y estar arriba, en ese momento de gloria, es la mayor ilusión que puede tener un futbolista. Eso es lo bonito del fútbol. Esas cosas se te quedan grabadas para siempre.
Formó parte de una de las defensas más jóvenes del fútbol español. ¿Cómo era jugar con compañeros como Campello, Gilberto, Casuco o Juanín?
La primera defensa era con Campello, Gilberto y yo de centrales, y Casuco. Éramos la defensa más joven de Primera División. Son recuerdos imborrables, de esos que se quedan para toda la vida. Siempre me gustaría volver a ver a todos. A Campello lo tengo más cerca, está por Callosa; de Casuco no sé mucho y Gilberto está en Honduras. Cuando me encuentro con algún excompañero, como Trobbiani, que alguna vez ha venido por Elche, me alegra muchísimo. Al reencontrarte con alguien después de tanto tiempo, revives todos aquellos momentos.
¿Cuál diría que ha sido su mejor partido con la camiseta del Elche CF?
No sabría decir uno en concreto. Yo nunca fui un jugador técnico ni de los que destacaban por hacer filigranas, pero sí tenía otras virtudes: el juego aéreo, el marcaje. En mi posición, el delantero al que marcaba apenas tocaba el balón o no marcaba goles, eso ya era un buen partido. Recuerdo muchos encuentros buenos, aunque como en todo, también los hubo malos.
A pesar de ser defensa, marcó goles importantes. ¿Recuerda alguno con especial cariño?
Sí, sobre todo el del día del ascenso, cuando marqué el primer gol. También recuerdo otro en Getafe en el que necesitábamos ganar para subir, marqué el del empate y nos quedamos a un gol de lograrlo. Tengo algunos de esos goles grabados en vídeo, y cuando los veo pienso: “¡Qué golazo marqué aquel día!”. Son goles de hace más de cuarenta años, pero todavía me emocionan.
Después de once temporadas en el club y más de 300 partidos con el primer equipo, ¿cómo fue el momento de tu salida?
Fue un poco rara. Cambió la directiva, dejó de estar Diego Quiles, que en paz descanse, y entró Roque Sepulcre. Recuerdo que en mi último año ya estaba algo molesto, aunque no sabría decir exactamente por qué.
En un partido contra el Cartagena, que perdimos, un directivo, creo que el propio Sepulcre, entró al vestuario gritando, diciendo que no habíamos corrido. Yo, como capitán, le enseñé la camiseta empapada de sudor y le dije: “¿Cómo que no hemos corrido? Esto es fútbol: se gana y se pierde, y hoy hemos tenido un mal día”. A partir de ahí, me empezaron a poner la cruz, y supe que ese año sería el último.
¿Qué valoración hace de su etapa en el club?
Mi etapa en el Elche fue muy positiva. Siempre fui de los que menos cobraba y más jugaba, y me siento orgulloso de lo que aporté al club. Sigo yendo a ver algún partido, aunque menos. Antes teníamos un pase vitalicio para los jugadores que más habían jugado y eran de la zona, pero nos lo quitaron cuando entró Bragarnik. Ahora veo al Elche por televisión o de vez en cuando en el estadio.
Tras su etapa en el Elche, fichó por el Xerez y más tarde regresó a Crevillente. ¿Cómo fueron esas nuevas etapas lejos del Martínez Valero?
Después de once años en el club y más de 300 partidos, me marché a Xerez. Allí estuve una temporada; jugué bastante, pero no acabé de adaptarme. Luego me fui al Albacete, que estaba en Segunda B, y más tarde a Torrevieja, donde jugué dos temporadas también en Segunda B.
Después, el mismo Alfredo Galipienso, el que me introdujo en el fútbol, me convenció para volver a Crevillente, que estaba en Tercera. Quedamos campeones y jugamos dos promociones de ascenso a Segunda B. Más tarde pasé por el Orihuela, también en Tercera, y allí sufrí un golpe que me tuvo varias temporadas sin jugar. Prácticamente me retiré entonces, aunque todavía jugué media temporada más en el Santa Pola, en Preferente.
También ha sido entrenador del Crevillente y del juvenil del Elche. ¿Qué le aportó esa experiencia desde el banquillo?
La verdad es que ser entrenador me hizo darme cuenta de que no es nada fácil. Hay que saber tratar a los jugadores, ser amigo de todos y conectar con ellos. Pero luego llega la hora de decidir quién juega y quién no, y ahí ya es más complicado.
Antes era diferente, porque solo había tres cambios y las convocatorias eran de 15 jugadores. Ahora van todos convocados y eso facilita las cosas. Aun así, cuando tienes que dejar a alguien fuera, te duele. Estuve un año entrenando al Crevillente y después uno o dos años en el Juvenil del Elche. Fue una buena experiencia, pero sinceramente, no es algo que me atraiga demasiado.
Su hijo Carlos también debutó con el Elche. ¿Qué sintió al verle vestir la misma camiseta que usted defendió tantos años?
Para mí fue una alegría enorme. Carlos estaba jugando en el Crevillente cuando yo entrenaba al Juvenil del Elche, y un día me dijeron que se lo llevaban al filial. Al año siguiente lo subieron conmigo, y la verdad es que hizo una gran temporada.
Recuerdo que cuando llegó Julián Rubio me llamó y me dijo: “Cada vez que te digo que lo pongas, es porque lo quiero subir al primer equipo”. Y así fue: acabó debutando un año en Segunda División.
Después lo cedieron al Guadalajara, donde también ascendieron a Segunda, y más tarde estuvo varios años fuera de casa: jugó en Italia, en el Saguntino, también en el Ucam Murcia… hasta que volvió y terminó su carrera en el Crevillente.
¿Cuál ha sido el mejor futbolista que ha sido su compañero en el Elche?
He tenido grandes compañeros, todos muy buenos. En aquel entonces el compañerismo era fundamental, no podías tener roces porque al final dependíamos unos de otros. Si tú no ayudabas al de al lado, él tampoco te ayudaba a ti. Teníamos que ir como un equipo todos a una.
Recuerdo especialmente a Gómez Voglino, que me aconsejaba mucho cuando empecé, o a Marcelo Trobbiani, otro jugador excelente. También estaba Indio, un futbolista maravilloso. Eran gente que ayudaba siempre a los jóvenes, igual que supongo que harán ahora los veteranos con los chavales.
¿Cuál ha sido el mejor jugador que ha visto en el Elche CF, de cualquier época?
Marcelo Trobbiani era un jugador magnífico, y Gómez Voglino, en el centro del campo, también. Pero claro, el fútbol de entonces era muy diferente. Los sistemas, la preparación, todo ha cambiado mucho.
Este año, por ejemplo, creo que el Elche tiene muy buen equipo. Seguramente sufrirá un poco, como todos, pero menos que en otras temporadas, y pienso que estará en la parte alta de la tabla.
¿Quién ha sido el mejor jugador que ha visto en un campo de fútbol, sea rival o no?
Ahora mismo no sabría decir uno solo. No me enfrenté a Maradona, o al menos no lo recuerdo bien, pero sí coincidimos alguna vez. He visto grandes futbolistas, aunque quizá ninguno con el nivel de cracks como Messi o el propio Maradona.
¿Quién ha sido el mejor entrenador que ha tenido a lo largo de su carrera?
He tenido varios, pero uno de los mejores fue Heriberto Herrera. Era un entrenador que sabía perfectamente lo que quería y lo que necesitábamos hacer. Antes se trabajaba con métodos más antiguos, pero él tenía las ideas muy claras. También guardo muy buenos recuerdos de Roque Olsen, una persona que entendía el fútbol y sabía transmitirlo.
¿Cómo describiría su relación con la afición del Elche a lo largo de todos esos años?
Creo que la afición del Elche puede estar contenta conmigo, como yo lo estoy con ellos. Siempre han sido fieles al club, nos han acompañado a todos lados, incluso en los momentos difíciles. El Elche merece estar en Primera División como un grande. La afición no ha fallado nunca, estén bien o mal, siempre ha apoyado al equipo.
¿Cómo vivió el último ascenso del Elche CF y qué sintió al ver al club regresar a Primera División?
Antes ya había ascendido, pero esta vez fue especial. Para mí es una emoción enorme ver al Elche, donde estuve tantos años. Casi no me pierdo ningún partido; los sigo por televisión y cada vez hay más afición, incluso en los alrededores. Que el club esté en Primera es muy bueno para el Elche y su gente.
¿Cómo está viendo el inicio de temporada del Elche y qué opina del equipo actual?
Este inicio de temporada es el mejor que le he visto al Elche en muchos años. Han perdido algún partido, pero es normal; no todo se gana fácil. Creo que a pesar de esas derrotas, el equipo está para estar de media tabla para arriba, porque los equipos contra los que ha perdido les ha costado ganar al Elche. Tienen jugadores muy buenos y pienso que será una de las mejores temporadas del Elche en Primera División.
Dicen que usted fue “el defensa más duro que ha tenido el Elche CF”. ¿Verdad o mito?
Es cierto. Si no hubiese sido así, probablemente no habría jugado con el Elche. Antes se permitían más entradas y marcajes, incluso con los codos, y no existían repeticiones ni VAR. Si el VAR hubiese existido en mi época, muchas jugadas habrían sido sancionadas y quizá no podría haber jugado igual. En estos tiempos de ahora no se si habría podido jugar. Pero yo sabía anticiparme, conocía mis condiciones y, aunque no era técnico, mi fuerza, garra y juego aéreo valían mucho para el equipo. Me anticipaba, robaba balones y algunas veces marcaba algún gol a balón parado.
¿Con qué excompañeros mantiene hoy una buena relación?
Con Miguel Recio, por ejemplo. Hablamos de vez en cuando. Félix Palomares vive en El Campello, pero no nos vemos. Muchos compañeros se han ido a otros lugares, así que el contacto es limitado. Aun así, con Miguel Recio mantengo cierta cercanía.
¿Cómo fue su vida después de colgar las botas y a qué se ha dedicado profesionalmente desde entonces?
Antes no se ganaba mucho, solo unos pocos. Yo sabía que, al terminar mi carrera, debía seguir trabajando. Todo lo que ganaba me permitía vivir bien y pagar un piso sin agobios. Cuando regresé a la empresa donde había trabajado antes de irme al fútbol, me recibieron con los brazos abiertos y estuve allí hasta mi jubilación.
¿Qué significa para usted el Elche CF después de tantos años ligado al club?
Para mí es mi club. Aunque soy de Crevillente, el Elche es donde he pasado más tiempo y donde tengo más recuerdos. Conozco a mucha gente allí, así que es un club muy especial para mí.
Mirando atrás, ¿de qué se siente más orgulloso de su trayectoria como jugador franjiverde?
Me siento orgulloso de haber dado siempre el máximo, de nunca dejar de luchar por estar en el once titular, a pesar de mis limitaciones técnicas. Lo que más me enorgullece es que era inteligente en el campo y sabía lo que tenía que hacer, lo hacía fácil. Esa claridad me permitió rendir al máximo y disfrutar del fútbol.
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