Datos biográficos
POMARES PERAL, Rafael (Elche, 4-V-1946). Maestro y profesor de Primaria y Secundaria.
Filmografía destacada
1973. Fantasía
1973. Aventuras de Cristina
1974. El medallón mágico
1974. Batalla de flores
1974. El camello en la bañera
1975. Retroceso
1976. El guion
1976. Bettina
1976. Una noche en el circo
1976. La ley del Talión
1976. El frigorífico
1977. El rito
1978. La Festa d’Elx
1978. Moros y cristianos
1978. Cuenca: paisaje y erosión
1979. Cámara, acción
1979. Semana Santa (Elche)
1979. Pobladores
1979. La corporación del pueblo
1979. Safari Park (Vergel)
1979. Solos en el cosmo
1979. El conflicto
1980. Después de la boda
1981. Soc per a Elig
1982. Pobladores de Elche
1983. La Alcudia de Elche
1987. Raquel
Otras actividades
Fundador del Grupo ACAI (Agrupación Cinematográfica Amateur Ilicitana), miembro de la Agrupación Fotográfica de Elche y del Cine Club Luis Buñuel.
Biografía
Rafael Pomares Peral nace en Elche el 4 de mayo de 1946. Estudia en la escuela unitaria con el profesor don Lorenzo, a los once años ingresa en el Instituto Laboral en las instalaciones provisionales emplazadas en la fábrica de vulcanizados FACASA, en la avenida del general Primo de Rivera número 67. En la Academia Mercantil recibe la formación necesaria para obtener el grado medio y se examina en Murcia de las diferentes materias. Al terminar su enseñanza media cursa magisterio en Alicante, en el último año de estudios tuvo que solicitar unos meses de prórroga para evitar el ingreso al servicio militar y de este modo poder examinarse y obtener la titulación de maestro. A continuación, fue reclutado en el Ejército de Tierra, recibiendo instrucción en Rabasa y el resto de la comisión en Cartagena. Un año antes conoció a una joven con la que inició una relación sentimental. Se estuvo carteando con ella durante 15 meses, el tiempo que estuvo en el servicio militar. A su vuelta a Elche, contrae matrimonio y prepara oposiciones para ejercer como docente.
Junto a dos amigos, con los que coincidió en la Academia Mercantil de Elche, que también tenían estudios en magisterio y asesoría mercantil, deciden erigir una academia de repaso de materias básicas, juntamente con la enseñanza de mecanografía e idiomas. El propio director de la Academia Mercantil, Ginés López Moreno, ayudó a los jóvenes emprendedores a gestionar toda la burocracia para la apertura. Fortuitamente, cuando todo estaba preparado para desempeñar la labor, surgieron discrepancias entre los tres compañeros, se separaron y cada uno tomó su camino.
A finales de 1968, inaugura la Academia Pomares en un entresuelo cercano a la plaza de Madrid. Durante los primeros años de actividad, impartían clases de repaso para el estudiantado de primaria, además de mecanografía e inglés para todo el público. Después de tres años de actividad como academia e instigados por la implantación de la Ley General de Educación (EGB) de 1970, su centro académico se convierte en el verano de 1971 en centro no oficial de Enseñanza Primaria bajo la nomenclatura de Colegio Pomares, establecido en la calle José María Soler Agulló, 34. (España, Ministerio de Educación y Ciencia, 1971). Para superar la inspección de Educación, amplió el local, adquiriendo el contiguo, y de cinco aulas pasó a tener ocho, una por curso, tal y como era exigido por ley. En 1977, Pomares Peral cierra su centro para asociarse con otros profesores que impartían docencia en sus propias academias o colegios de la ciudad y fundan una cooperativa de trabajo asociado. Con esta fórmula jurídica administran la nueva sede del Colegio Sagrados Corazones, ubicado en el número 76 de la calle Maximiliano Thous, aprovechando las instalaciones de una antigua fábrica de calzado que contaba con tres plantas y sótano. Una institución concertada que dirigía su compañera, Julia Verduzco Vera. Pomares Peral es el profesor de Geografía e Historia, Ciencias Naturales, Valenciano, y junto a su compañero Jesús, se alternan las materias de Matemáticas y Lengua Española. Su afición por las artes escénicas le inspiró a desarrollar actividades extraescolares sobre teatro y cine.
A mediados de la década de 1980, Pomares Peral se involucró activamente en el ámbito teatral a través de una convocatoria de la Asociación de Teatro Escolar (A.T.E.) que promovían Marcial Góngora Hernández y Juan Alberti Cadenas. Participó en diversos cursos y talleres de teatro dirigidos a docentes, para finalmente fundar su propio grupo de teatro en el colegio. Inicialmente, las representaciones se centraban en temáticas infantiles y juveniles, como la naturaleza o la contaminación. Sin embargo, pronto se percató de que estas temáticas no resultaban del todo atractivas ni para los alumnos ni para él. Por ello, Pomares comenzó a adaptar textos teatrales para adultos a un formato más adecuado para jóvenes. Títulos como Eloísa está debajo de un almendro fueron adaptados y representados con gran éxito. Gracias con la colaboración de las AMPAS, el grupo teatral pudo contar con un escenario desmontable en el sótano del colegio Sagrados Corazones y otros recursos necesarios para las representaciones. El grupo de teatro de Pomares Peral fue invitado a participar en festivales y encuentros teatrales en diferentes localidades de la provincia de Alicante. Como docente, destaca la importancia de la formación integral de los alumnos a través del teatro. Además de la interpretación, los estudiantes participaban en la creación de los decorados, el diseño de la iluminación y los efectos sonoros. Como profesor recuerda con especial cariño aquellas jornadas de ensayos intensivos y confiesa que aquella experiencia teatral marcó la vida de muchos de sus alumnos.
Pomares fue un pionero en la integración del lenguaje audiovisual en el ámbito educativo. A través de una doble vertiente, innovó en la enseñanza del cine. Por un lado, empleó el cinefórum como herramienta pedagógica, fomentando la reflexión crítica, el debate y el análisis del lenguaje cinematográfico entre sus estudiantes. Por otro lado, impulsó la producción audiovisual en el aula, guiando a sus alumnos en todo el proceso de creación de una película, la puesta en común de ideas, la escritura del guion, la planificación de los diferentes planos, los aspectos técnicos del manejo de la cámara, los formatos de grabación, la interpretación, la técnica del montaje y el doblaje. De este modo, Pomares Peral fomentaba la creatividad y el pensamiento crítico de sus estudiantes desde la infancia. Fruto de este trabajo surgieron numerosas producciones, entre las que destacan Fantasía (1973), Aventuras de Cristina (1974), El medallón mágico (1974), Bettina (1976), El rito (1977), El conflicto (1979) o Solos en el Cosmo (1979). Varias de las películas lograron participar en diversos certámenes cinematográficos de carácter escolar.
Durante los últimos años del siglo XX, el número de matriculados descendió drásticamente en su centro formativo, Sagrados Corazones, debido a la construcción de nuevos colegios públicos en el barrio del Pla. Con el cierre, en el año 2000, del Colegio Sagrados Corazones, Pomares Peral fue trasladado al Colegio Nuestra Señora del Carmen, donde impartió la asignatura de Tecnología y fue tutor de algunos grupos. En las Carmelitas termina su trayectoria profesional como maestro, jubilándose en 2010.
Rafael Pomares Peral, además de su destacada labor docente, compaginó su profesión con la faceta de cineasta aficionado. Fue uno de los miembros fundadores de la Agrupación Cinematográfica Amateur Ilicitana (ACAI), donde junto a Diego Pomares, desarrolló una prolífica actividad creativa. Su filmografía abarca una gran variedad de temáticas y géneros. Algunos de los títulos de sus aportaciones cinematográficas son: El camello en la bañera (1974), Retroceso (1975), El guion (1976), La ley del Talión (1976), El frigorífico (1976), Después de la boda (1980), Soc per a Elig (1981), La Alcudia de Elche (1983) o Raquel (1987). Parte de su obra fue reconocida en diversos certámenes cinematográficos, como el Festival de Cine Independiente de Elche o el Certamen Nacional de Cine Amateur de Cartagena.
Ha sido miembro activo de la Agrupación Fotográfica de Elche y ha formado parte de la junta directiva del Cineclub Luis Buñuel, desempeñando los cargos de vocal entre 1977 y 1979, y secretario entre 1979 a 1981 (Cámara Sempere, 2015, p. 334). Desde ambos organismos ha impartido seminarios como el Curso de Cine Juvenil desde octubre de 1978 a mayo de 1979 o el Curso de Iniciación al Cine en noviembre y diciembre de 1982.
Como figurante ha participado en diversos rodajes de grandes producciones realizados en la provincia de Alicante. Entre julio y octubre de 2007 participó en las películas The Garden of Eden (2008) y en Mi vida en ruinas (2009), y en septiembre de 2008 en Una bala para el Rey (2009).
El cine de Rafael Pomares Peral
El interés de Rafael Pomares Peral por el arte teatral y cinematográfico se remonta a sus primeros años de formación, concretamente en la formación recibida en el Instituto Laboral, siendo él un niño. “Me gustaba mucho leer y en aquella época especialmente los tebeos de El Capitán Trueno” rememora. Las materias específicas como la mecánica, carpintería o electricidad le proporcionaron conocimientos únicos para afrontar las tareas que los profesores encargaban al estudiantado. En concreto, recuerda, que uno de sus profesores reclamó que algún voluntario del aula construyera un teatro de títeres. Sin dudarlo, él se prestó. Una vez finalizado se organizó un pequeño casting para buscar a estudiantes que pusieran voz y movieran las marionetas. El director del centro, sorprendido al escuchar cómo Pomares Peral imitaba la voz de la bruja, le confirmó que estaba dentro del grupo. “Ahí empezó mi vocación por el teatro” recuerda. Los espectáculos de títeres se representaban en celebraciones especiales, como fiestas, efemérides o las clausuras del curso en cuestión. Su devoción por contar historias al público le empujó a construir su propio teatro, mientras que sus padres le proveyeron de muñecos. Y cada sábado, junto a unos amigos del barrio, en el portal de las casas de sus dos abuelas, representaba una historia. Su hermana pequeña era la encargada de cobrar la entrada, “unos céntimos” asegura, y añade que como “no había televisión, venían todos los vecinos del barrio”. Las primeras obras eran adaptaciones de cuentos clásicos, pero al terminar el repertorio, ideaba sus propios relatos para contentar al público, recibir los aplausos y así estimular a que volvieran la semana siguiente. Esta actividad la desarrolló durante tres años, hasta los 14, que se matriculó en la Academia Mercantil.
Tras el servicio militar, en 1967, sus padres compraron un cámara tomavistas y él se convirtió en el responsable de las grabaciones de los diferentes eventos o excursiones familiares. En la primavera de 1973, Pomares Peral, leyó en prensa una entrevista a dos jóvenes cineastas que estaban buscando ilicitanos amantes del séptimo arte para agruparse, con la intención de abandonar el individualismo existente en la ciudad y fomentar un cine más completo. Se trataba del cineasta Diego Amorós García, y su amigo, José María Martínez Selva (A. Sánchez, 1973a). Contactó con ellos, y tres meses después, en junio, volvían a los medios de comunicación, anunciando la creación del Grupo ACAI (Agrupación Cinematográfica Amateur Ilicitana), y sus incipientes rodajes (A. Sánchez, 1973b). “Seríamos cinco, seis o siete, que era el grupo asiduo, fuerte, pero luego cuando había que rodar algo y hacía falta gente, venía el primo, mi mujer, mi vecino, vecina, el sobrino…” matiza Pomares Peral sobre la denominación de “grupo”, que consistía básicamente en poseer muchos amigos y familiares para los rodajes.
En los inicios de la década de 1970, inició su filmografía realizando películas como parte de las actividades complementarias de sus estudiantes de primaria en la Academia Pomares, con el objetivo de fomentar su creatividad y expresión audiovisual. Hasta el momento, en el centro, habían realizado teatro con títeres y tras la adquisición de una cámara super-8 dieron el salto al séptimo arte. Las ideas y guiones surgían de los niños y niñas, que a la vez eran los protagonistas de las historias y los encargados de la decoración de las escenas utilizando cartulinas, papeles pintados o cortinas. Un primo de Pomares Peral regentaba un comercio y almacén de confección de camisas, los retales sobrantes se los entregaba a su madre, “que le gustaba coser”, y a partir de unos bocetos confeccionaba el vestuario de los personajes de la película; un romano, un troglodita, etcétera. Fantasía (1973) es la historia de un niño que se queda dormido y un enanito mágico le trae regalos. La duración de la película era de unos seis minutos, “un par de rollos” afirma el tutor del filme. Aventuras de Cristina (1973) y El medallón mágico (1974) están basadas en la obra literaria Las aventuras de Alicia en el País de las Maravillas, escrita por Lewis Carroll. La primera, rodada durante el mes de noviembre de 1973, versa sobre un grupo de niñas y niños juegan al fútbol y en un momento la pelota cae detrás de un seto. Unos niños van a buscarla y al acercarse aparecen en un lugar mágico. Este asombroso mundo se recreó filmando en los jardines y lagunas del Parque Infantil de Tráfico, donde se encuentran con Alicia. Allí, una reina, con ayuda de sus soldados, pretenden capturarles, pero consiguen escapar y volver al mundo real. Como la historia era corta, de unos diez minutos, tras las vacaciones de Navidad decidieron desarrollar la segunda parte, que filmaron en febrero de 1974. La fábula continúa con uno de los niños que sustrajo un medallón a uno de los seres de aquel universo. Con él pueden volver al lugar fantástico y vivir nuevas aventuras para finalmente regresar al presente.
La parte técnica del trabajo, el manejo de la cámara y el montaje, lo realizaba Pomares Peral bajo la atenta mirada y fascinación de los pupilos. Entre todos ellos se turnaban para hacer la claqueta a cámara, para así poder identificar las tomas y las repeticiones de estas. Tras el montaje y la sonorización a través de un magnetófono y el uso de un micrófono para registrar la música y los efectos de sonido, enviaba la pista magnética de sonido a un laboratorio de Murcia para que la adhirieran al rollo de película. Las películas, una vez finalizadas, se proyectaban en el aula y servían para mostrar a los nuevos cursos las historias filmadas por sus compañeros con la finalidad de captar nuevos adeptos por la cinematografía.
El cine en el aula ha sido una herramienta didáctica que Pomares Peral ha utilizado con asiduidad. La proyección de películas era un recurso recurrente en el centro, especialmente en las fiestas del colegio, donde se mostraban los trabajos propios realizados por los estudiantes, así como películas infantiles de versiones cortas de producciones de animación populares que alquilaba en super-8 en Electrodomésticos Valero, frente al ambulatorio de San Fermín.
Los conocimientos cinematográficos de Pomares Peral provienen de la lectura de diversos materiales especializados en super-8; iniciación a la filmación y al montaje y la incorporación de la banda magnética de sonido a la película. Asimiló los conocimientos básicos sobre la definición de plano y secuencia, experimentó con los tipos de planos y las diferentes angulaciones, hasta que perfeccionó lo aprendido al asistir a los cursos de monitor de cine impartidos en Alicante por el Ministerio de Información y Turismo.
A través de la Agrupación Cinematográfica Amateur Ilicitana (ACAI) produce varias películas que se alejan del contexto académico de su oficio para así experimentar, aprender y disfrutar del desarrollo junto a sus semejantes, aficionados y amantes del séptimo arte. La metodología creativa aplicada para cada proyecto era semejante, “nos reuníamos, nos tomábamos algo y a ver a quién se le ocurre una idea” relata. Escogían una de ellas por consenso, realizaban sus aportaciones y establecían la historia que posteriormente rodarían. La primera película que dirige y produce con el colectivo fue El camello en la bañera (1974), compartiendo autoría con Diego Amorós García. La película, de 18 minutos de duración y filmada en super-8, cuenta con un extenso reparto capitaneado por Juan Manuel Martínez, el protagonista de la historia. Le asisten en esta excéntrica historia, el propio Diego Amorós, Rafael Pomares, Francisco Moreno, Simón Martínez, José María Martínez y Frank Carrer. Su propio autor afirma que “rodamos tonterías”, por la sucesión de secuencias absurdas con las que tiene que lidiar el protagonista. La historia comienza con la salida de un joven del edificio situado en la actual avenida de la Comunitat Valenciana número 19, viste con una sudadera azul, pantalones cortos de color blanco y unas zapatillas deportivas del mismo color. Se despereza en el portal y corre hasta llegar a un quiosco donde adquiere un periódico. Ensimismado con la lectura, pasea por el exterior de la desaparecida estación de trenes situada al final del paseo de la Estación. De pronto, y sin percatarse, camina por las vías del ferrocarril (todavía sin soterrar) mientras un convoy viene de frente, hacia él. En el último instante, antes de ser atropellado, abandona las vías, lo que provoca el grito desesperado del maquinista que le llama “animal”. El joven no reacciona, no es consciente de lo que podría haber ocurrido. En este punto comienzan los títulos de crédito donde ACAI presenta a todos los actores que participan en la película y el rótulo con el nombre de la obra. Tras este interludio, el personaje principal, prosigue su andanza y aparece en un paraje desértico, solo y rodeado de grandes dunas. Localización que pertenece a la pedanía ilicitana de Los Arenales del Sol. Al apartar su mirada del periódico descubre incrédulo que está perdido y no sabe cómo ha llegado hasta allí. Emprende así la aventura de intentar volver a la ciudad, pero una serie de personajes con los que se topa en el desierto, cada cual más disparatado, no se lo pondrán nada fácil.
La primera persona que encuentra es a Diego Amorós García, que interpreta a un caballero sentado en un retrete mientras intenta defecar. Este, al ver al muchacho, murmura: “¡vaya hombre! Ni el desierto se puede cagar”. Se sube los pantalones, levanta el inodoro y se lo coloca en la cabeza a modo de sombrero mientras se aleja de la escena en busca de un lugar más tranquilo. Juan Manuel Martínez, el protagonista, mientras intenta entender lo que acaba de ver, descubre a lo lejos, en lo alto de una duna, a un señor con una americana, pajarita, guantes y que emplea un paraguas a modo de bastón. Se trata de Rafael Pomares Peral que se dirige a él articulando un discurso incomprensible, repleto de onomatopeyas y ruidos, acompañado de gestos exagerados. En un instante se queda paralizado y se desploma desapareciendo detrás del montículo de arena. Asustado, el joven, da unos pasos atrás y cae rodando por el barlovento hasta quedar inconsciente junto a una gran caracola. Despierta y se la acerca para escuchar en su interior, suena la radio, un locutor y varios fragmentos musicales. La abandona y prosigue su caminata. A lejos se escucha a una voz que proclama: “pipas, hay pipas, a las ricas pipas, señores, pipas del desierto”. Se trata de Francisco Moreno que sentado bajo una sombrilla de colores regenta un improvisado puesto de venta. El joven decide comprarle una de las bolsas de pipas y mantienen una breve conversación que se convierte en un diálogo absurdo y sin sentido. Se marcha y recorre las infinitas dunas. La acción se interrumpe por la aparición de un rótulo que expone: “recordamos que están viendo… el camello en la bañera”.
Volvemos al caminar del joven mientras come pipas de la bolsa que ha adquirido. Ahora escucha el silbido de una flauta dulce. Sigilosamente, trepa el arenal para descubrir de dónde proviene y observa al típico encantador de serpientes que porta un turbante blanco en la cabeza y una sábana blanca a modo de ropa interior. Está sentado con las piernas cruzadas frente a un recipiente circular de plástico e interpreta una canción con la flauta para hipnotizar a la serpiente. El joven observa que, en la actuación, lo que baila al ritmo de la música, no es una víbora, sino una ristra de salchichas atadas una detrás de la otra. Sorprendido, le pregunta por el sitio donde se encuentra, el faquir, interpretado por Simón Martínez, lo mira, deja de tocar el instrumento por lo que todas las longanizas caen de golpe y le contesta en otro idioma que no entiende. Mientras uno come pipas, el otro saca un trozo de pan y se come un bocata de salchichas. La acción continúa en el paraje desértico. Un nuevo personaje aparece, José María Martínez, que viste de negro, porta dos bolsas de equipaje y verbaliza continuamente: “llego tarde, siempre llego tarde”. Desesperado, el muchacho intenta captar su atención, pero no le escucha y desaparece rápidamente. Cansado de estar solo y no comprender lo que le está ocurriendo, se desespera. Una música suena, proviene de una vieja radio, no muy lejos, una chica vestida de blanco y con un velo a juego, baila sensualmente una danza oriental de espaldas a la cámara. Para la sorpresa del mozo, la joven se va desprendiendo de su ropa. Libidinoso se acerca a ella hasta abrazarla y descubre que se trata de un hombre, Frank Carrer, vestido de mujer. El protagonista huye mientras es perseguido por la joven que le pide que no se marche.
Cabe mencionar que, a lo largo de la película, entre un personaje y otro, aparece un cartero que intenta captar la atención del joven sin éxito. En el desenlace, que coincide con el último minuto del filme, se muestra al cartero agazapado y asegura que ahora no se le escapará. Cuando pasa por su lado, se abalanza sobre él y le entrega una carta para que pague el impuesto de la arena pisada en el desierto. La cara del protagonista está totalmente descompuesta ante tal notificación. Un pantallazo final concluye la historia anunciando “Fin de… el camello en la bañera”.
Para Pomares Peral este proyecto era una sucesión de sketches, “rodamos tonterías” que no tenían relación aparente y funcionaban de manera independiente, pero que conectaron y cerraron con la figura del cartero. “Aquello fue hacer lo nos apetecía” describe, “lo hacíamos normalmente los fines de semana o cuando teníamos vacaciones”. La película, una vez terminada y estrenada en 1975, obtuvo el tercer premio en la quinta edición del Certamen Nacional de Cine Amateur de Lorca. Pomares Peral recuerda una anécdota cuando fueron varios del equipo a recoger el galardón a la localidad murciana. En la recepción del cóctel, un miembro del jurado se acercó a saludarles destacando el trasfondo político de la obra en contra del franquismo, aspecto que le había agradado con especial atención y había incitado al premio. Pomares y los suyos quedaron muy sorprendidos sobre tal lectura, ya que la filmación de la película se realizó antes de la muerte del dictador Francisco Franco. A su marcha, todo el grupo, no pudo evitar reírse de la interpretación que había provocado su historia, que ellos siempre han considerado como improvisada. En enero de 1977, El camello en la bañera (1974) forma parte del programa de la I Muestra Nacional de Cine de Autor Independiente Amateur organizado por el Cineclub Septim-Art de carácter no competitivo y donde se mostraron cuarenta piezas de distintas localidades españolas (Alcañiz Baeza, 1977b, p. 25).
En julio de 1975, concluye su película Retroceso (1975), que nace de las referencias culturales de la época, de historias clásicas de la ciencia ficción, así describe Pomares Peral el argumento: “algo malo pasa en el mundo que la gente se está muriendo, entonces tienen que mandar a parejas a otros planetas para que se reproduzcan y pervivan allí”. Bajo esta premisa construye un relato protagonizado por una mujer y un hombre que encarnan la hermana y el primo de su mujer, Bernardo Alemany. Ambos, son enviados en una nave espacial a un planeta distinto a la Tierra donde pueden comenzar una nueva vida. Al aterrizar, descubren que pueden respirar con normalidad, pero se trata de un orbe desértico, por ello deben buscar agua para sobrevivir. Se cobijan en una cueva y un día, estando en su interior, un terremoto les sorprende obligándoles a huir. Con el tiempo descubren un bosque desde el cual escuchan ruidos extraños y en su propósito de supervivencia detectan la presencia de un troglodita que habita en el mismo lugar. Una serie de fenómenos extraños y amenazas a su integridad física los llevan a acabar con la vida de ese ser, con la sorpresa posterior de que se trataba de un humano que había llegado al planeta con antelación y las condiciones de vida consiguieron “afectar a su mente, retrocediendo al pasado de ese planeta, con lo cual se había convertido en una especie de monstruo prehistórico”, explica su creador.
La falta de presupuesto del film es compensada con la creatividad, “la nave la construimos de cartulina forrada con papel de aluminio, hicimos varios trozos y los pusimos al fondo para que se viera que se había estrellado”. Para el efecto del terremoto, en el interior de la cueva, agitaron la cámara mientras los actores interpretaban que perdían el equilibrio, “un hermano de mi mujer tiraba arena y piedrecitas por encima para que pareciera real” detalla. Con la ayuda de un filtro polarizador colocado en el objetivo de la cámara, consiguieron una escena nocturna rodándola a la luz del día, la conocida noche americana. A nivel sonoro, en la fase de doblaje, empleó todo tipo de objetos cotidianos. Una batidora como el motor de la nave espacial en vuelo, mientras que, para la caída, un golpe seco con un palo en la mesa. Cualquier utensilio del hogar podía ser usado en la fase de sonorización, solo era necesario una gran imaginación para convertirse en una herramienta útil, creadora de mundos fantásticos. En ocasiones, la inmersión era tal, que sus gritos de “socorro” durante una escena de peligro alertaron a los vecinos, quienes subieron de sus casas creyendo que algo malo ocurría.
Las localizaciones que acogieron el rodaje son espacios naturales de la sierra del pantano de Elche y el pinar de la pedanía de La Marina, concretamente la extensión de eucaliptus. Los 15 minutos de metraje no tuvieron estreno en ningún festival cinematográfico, “lo hacíamos por pasar el rato, divertirnos y almorzar. Solo rodábamos sábados o domingos por la mañana. Luego, por las noches, nos reuníamos para retocar cosas, acordar la vestimenta de los personajes o si había que fabricar algún elemento de utilería, como armas”.
Pomares Peral afronta el año 76 con varios proyectos cinematográficos a acometer. Como resultado, tras 12 meses de trabajo, obtendrá cuatro películas de diferentes géneros: comedia, misterio, artes marciales y ciencia ficción. A continuación, vamos a describir los pormenores de cada una de sus películas.
Tras la ciencia ficción de Retroceso (1975) vuelve al género de la comedia con El guion (1976), realizada en colaboración con Diego Amorós García, un metarrelato donde un personaje, guionista de profesión, le presenta su último libreto a un productor cinematográfico muy exigente con las propuestas. En esta ocasión tampoco hay suerte y decide desprenderse del documento, una tarea que no será tan fácil como parece. Una sucesión de escenas sumerge al espectador en variopintas situaciones que impiden su propósito, ya que “siempre pasa algo”. En un descampado unos niños juegan, “eran niños de mi colegio” específica, el guionista se acerca a ellos y les pregunta si quieren los folios para jugar con ellos realizando aviones, barcos o gorros. Dos policías que merodean por la zona observan la escena y se acercan para conocer qué estaba ofreciendo a los menores. El artista les explica que estaba regalando unos papeles a los niños, los agentes leen algunas de las páginas y descubren palabras como sexo, drogas, asesinatos… le incriminan si pretende pervertirlos y le exigen que recoja todas las hojas y se marche inmediatamente. El protagonista “nunca podía deshacerse de ellos, siempre pasaba algo que volvía el guion a él”, incluso cuando arroja el guion a la papelera, este es devuelto a su dueño. Hacia el final de la historia, regresa a su oficina y deposita el libreto en una habitación desbordada de viejos textos que denomina como el “cuarto de los condenados”, donde todas las historias escritas son almacenadas y cada vez que accede varias encuadernaciones se le vienen encima. Tras lograr cerrar la puerta, se sienta en su escritorio y comienza a escribir a máquina un nuevo relato, en esta ocasión “de indios y vaqueros”. El marido de su compañera de la academia de estudios, Pascual Navarro, poseía una humilde fábrica de calzado familiar situada hacia el final de la calle Reina Victoria, en una de las últimas travesías, y facilitó una de las dependencias para el rodaje. “Las escenas del productor se rodaron en el despacho de Pascual. Él salía de figurante. Cuando el protagonista entra con el guion hay tres o cuatro esperando con sus guiones bajo el brazo” describe. La comedia de 20 minutos de duración fue inscrita, según su responsable, en varios eventos cinematográficos, logrando algún trofeo de participación.
En abril del mismo año afronta un nuevo proyecto, en esta ocasión con el alumnado del centro escolar, Bettina (1976). Una historia de ocho minutos que juega con los dobles sentidos. En las tierras colindantes de una casa de campo del primo de Pomares Peral ubicado en la carretera de Crevillente tiene lugar la acción. Varias niñas se distraen haciendo “comiditas y viene otra amiga cantando” que pregunta por ella, a lo que le contestan “no está Bettina, está encerrada y no dejan que vayamos a verla”. El grupo, saltándose la prohibición, van a su casa a ver qué sucede, comienza así una historia de misterio y fantasía. Las chicas logran entrar en la casa, mientras se intercalan planos de una mujer mayor, vestida de riguroso luto, subiendo escaleras siniestras, y un señor que entra a un cobertizo a coger un hacha. Los nombrados personajes están interpretados por familiares del director, la mujer del primo de su mujer y su propio primo. La tensión aumenta con las menores investigando cada rincón de la vivienda evitando ser vistas. Logran subir a lo más alto de la residencia, a la buhardilla empleada para guardar enseres. Se aterrorizan al escuchar unos pasos que se acercan y por el chirrido de una vieja puerta que se abre lentamente. La mujer de negro las descubre y les pregunta que qué están haciendo ahí y que no pueden estar en esa estancia. Ellas contestan que están buscando a Bettina y son informadas que se encuentra encerrada en un armario y que no se puede jugar con ella por mal comportamiento. Se descubre que el hombre del hacha está cortando leña para cocinar en la chimenea. Bettina es el nombre de la muñeca con la que suelen entretenerse las niñas. La mujer les pide que bajen a merendar y les recuerda que la muñeca no se toca. “El doble sentido está ahí”, la intención era crear en el espectador una idea equivocada de lo que realmente estaba pasando.
En noviembre afronta su tercer proyecto del año, “una de artes marciales” describe, “en esa época estaban de moda las películas de Bruce Lee”. Bernardo Alemany, el primo de su mujer, le contó a Pomares Peral que tenía un amigo que hacía deporte con un grupo de karate y que estaban muy predispuestos a participar, incluso si fuera necesario los domingos. La ley del Talión (1976) es el título de esta historia de 17 minutos y medio de duración que cuenta el conflicto que tiene Alemany, un fabricante, con unos acreedores de una organización mafiosa. El capo, personaje interpretado por José, el marido de su hermana intercepta al empresario cuando este intenta subirse al coche y le reclama todo el dinero empeñado. A modo de intimidación, el capo y una persona de confianza, encarnado por el hermano de Alemany, le propinan una paliza y le dan un plazo límite para que les devuelva la deuda contraída. Atemorizado, contacta con unos karatecas y “vemos que llega el avión. Nos fuimos al aeropuerto a grabar un aterrizaje, en aquella época se podía grabar algo” aludiendo a la poca seguridad que había para poder realizar tomas en el aeropuerto sin ser amonestado. El día del pago se celebra en una localización alejada de la urbe y allí se encuentran los dos mafiosos inquietos. En un instante, aparece el empresario junto a cuatro karatecas. El capo y su súbdito, tras descubrir que no ha traído el dinero, emprenden una fuerte discusión que acaba con violencia física. “Se hinchan a bofetadas, patadas, se golpean en el suelo…” describe su director, y aclara que la idea inicial era que hicieran el ademán de pegarse, pero que no fuera real. No ocurrió así, ya que tenían costumbre de hacerlo de verdad en el gimnasio. Por lo que su artífice quedó muy contento con el resultado, puesto que era totalmente verosímil. Para concluir la explicación, su creador sentencia: “La ley del talión, ojo por ojo, diente por diente”. El filme no tuvo ningún tipo de exhibición pública, ya que no se inscribió en ningún evento cinematográfico.
El frigorífico (1976) es la última película del año la elabora durante el mes de diciembre. En ella trata el género de la ciencia ficción donde el citado electrodoméstico y su dueño, Jacinto Molina, son los principales protagonistas. Un fenómeno extraño e inexplicable que ocurre en el aparato, “aparecían a veces cosas dentro o había más de las que estaban y cambiaban de sitio” describe. El propietario, en un momento dado, decide coger algo que se encuentra en el fondo del refrigerador y queda atrapado en su interior repentinamente. Tras permanecer un largo tiempo encerrado en él, su mujer descubre al hombre congelado. Pomares Peral relata cómo se llevó a cabo este efecto, “lo hicimos con maquillaje y polvos de talco” para lograr blanquear la piel y el pelo al actor, además de “colocarle trozos de plástico para que pareciera hielo”. El rodaje se ejecutó en casa del director, en un piso cercano al ambulatorio, actual Centro de Salud de San Fermín. El frigorífico (1976), de 12 minutos y medio de duración, se inscribió en varios eventos cinematográficos y fue galardonado en el III Certamen Nacional de Cine Amateur Trofeo Dama de Elche, organizado por la Agrupación Fotográfica de Elche, alzándose con el tercer premio de la categoría argumento (Alcañiz Baeza, 1977f, p. 24).
En marzo de 1977 realiza una nueva película con sus estudiantes, El Rito (1977) de 18 minutos de duración. Narra la historia de una niña que va a celebrar su primera comunión y nada es como ella había imaginado. Desde el momento que abandona la casa para ir a la iglesia todo son prisas, los fotógrafos indicando donde se tiene que colocar para ser captada o los padres advirtiéndole de cada movimiento para que no manche el vestido. Al finalizar el día, se acuesta e imagina cómo debería haber sido. Se recrea la visión que tiene de Jesucristo, posado en lo alto de una colina verde y rodeado de niños. “Eso lo rodamos así, en Ciudad Quesada” en la urbanización del municipio de Rojales, en una zona repleta de césped, según describe Pomares Peral. Pascual Navarro hacía el papel del mesías que era hermano de su socia en la academia. La película no llegó a presentarse al público en festivales especializados en la exhibición cinematográfica, aunque servía de material para los eventos culturales de su centro educativo.
En los próximos dos años la producción de Pomares Peral se centra en la filmación de reportajes y documentales sobre la realidad de su entorno, primordialmente registra con su cámara contenido de proximidad, eventos que se desarrollan en la ciudad de Elche. Esta actividad la ha compaginado a lo largo de su carrera, intercalando proyectos de ficción con la captura de imágenes de la actualidad del momento, pero que se hace notable a lo largo de 1978 y 1979. Sus primeros proyectos de estas características fueron la película Batalla de flores (1974) de diez minutos de duración, y Una noche en el circo (1976) de ocho, ambas son películas sonoras registradas a 18 fotogramas por segundo. Continuando con su filmografía de eventos, su archivo lo conforman los siguientes títulos: La Festa d’Elx (1978) a 24 imágenes por segundo y con una duración de 20 minutos, y Moros y cristianos (1978) el tradicional evento de las fiestas de la localidad resumido en 15 minutos y captado a 18 imágenes por segundo, ambas películas sonorizadas recogen los actos de agosto de ese mismo año. En octubre viaja a Cuenca y con su tomavistas registra sus días allí, publicando la pieza de 20 minutos que titula, Cuenca: paisaje y erosión (1978).
En marzo del siguiente año es testigo del rodaje en Benidorm del largometraje Cuatro locos buscan manicomio (1980) dirigido por el madrileño Rafael Gordon y protagonizado por Silvia Aguilar, Paco Cecilio, Aldo Sambrell y Bigote Arrocet, entre otros (López García, 2011, p. 252). A modo del popular vídeo de cómo fue la producción de una película, género conocido como tras las cámaras, cómo se hizo, así se hizo o, el término en inglés, making of, realiza la pieza de diez minutos de duración que titula Cámara, acción (1979). Un mes más tarde, durante la celebración de la Semana Santa de Elche, registra varias tomas sobre la conmemoración cristiana en Semana Santa (Elche) (1979). En agosto produce Pobladores (1979), de 20 minutos de duración, en la que capta con su cámara una representación a cargo de la Asociación Histórico Artística Pobladores, enmarcada en las fiestas locales de la ciudad. Tres años después, repite temática y vuelve a filmarles en las conmemoraciones de aquel verano en la cinta Pobladores de Elche (1982) de 15 minutos. A principios de este mismo mes, el 4 de agosto concretamente, estrena La corporación del pueblo (1979) en el marco de la segunda edición del Festival de Cine Independiente de Elche, un documental-reportaje de 10 minutos de duración, (M., 1979) que muestra la toma de posesión en primavera de la Corporación Municipal presidida por Ramón Pastor Castell, elegido alcalde de Elche, en las primeras elecciones democráticas municipales tras el franquismo (Bono Parras, 2010, pp. 25-27). La última producción del año la concluye la pieza Safari Park (Vergel) (1979), de ocho minutos de duración, sobre el parque zoológico situado en la comarca de la Marina Alta, en Alicante. El metraje cobra en la actualidad un alto valor histórico-fílmico, al cesar la actividad en 2010 tras 33 años en activo, convirtiéndose en una atracción pionera al “disponer de una variada selección de animales salvajes en semilibertad” (El Mundo, 2010a). En el aspecto técnico, concretamente a lo que se refiere a la configuración de la cámara en cuanto a cadencia de imágenes, las cinco películas producidas en este año están filmadas a 18 fotogramas por segundo.
Como educador de jóvenes cineastas, en 1979 produjo con sus estudiantes los cortometrajes El conflicto y Solos en el cosmo (1979). La primera es una obra de diez minutos de duración en la que por primera vez aplicarían la técnica de la animación. La historia gira en torno al popular juego del ajedrez. Mientras que de la segunda no tenemos detalles por parte del autor, salvo que ambas fueron presentadas para participar en la segunda edición del Festival de Cine Independiente de Elche de ese mismo año (A. B., 1979, p.23; La Verdad, 1979, p. 13), logrando con El conflicto (1979) el premio a la mejor película en la categoría de fantasía entre los participantes residentes en la provincia de Alicante (Alcañiz Baeza, 1979b, p. 21). Unos años más tarde, concretamente ocho, en 1987, la animación de los alumnos de Pomares se vuelve a proyectar públicamente en el contexto de la segunda Muestra de Cine Escolar, coordinada por el Colectivo Escolar de Imagen y Sonido de Elche (CEISE). Según su programa de mano, la proyección pública de las once películas seleccionadas tuvo lugar en la Peña Madridista el 21 de mayo de 1987 a las 5:45 de la tarde. El colegio Sagrados Corazones de Elche, donde Pomares era profesor, participaba con El conflicto (1979), “un film de animación” de 10 minutos con sonido y en formato super-8.
Pomares Peral, tras tres años sin dirigir una película con argumento, se enfrenta a un nuevo reto junto a su compañero Diego Amorós. Deciden experimentar con el género del suspense, tomando como referencia la popular película de Alfred Hitchcock, Psicosis (1960), donde harán su respectivo homenaje a la escena del homicidio en la ducha. Su obra la titulan Después de la boda (1980), aproximadamente media hora de intriga, 25 minutos exactamente, que comienza cuando una joven pareja ha contraído matrimonio y entran al piso donde convivirán. “Montamos un thriller a partir de que termina la boda”, aclara, aunque se insertaron unos planos a modo de introducción de ceremonias reales que tenían lugar en la iglesia más cercana a la vivienda de Pomares, la parroquia Sagrado Corazón de Jesús. A través de planos contrapicados, gente gritando y planos detalles de pies, “ese montaje lo hice como si fueran ellos y ya de ahí encadené con el piso”. Conchi Sánchez, compañera de Diego Amorós en el Banco de Granada, interpreta a la pretendienta, y Jacinto Molina al consorte. La puerta se abre y vemos a la novia en brazos de su marido. En el interior se sirven unas copas, y del tocadiscos suena música romántica. “Se abrazan y se dicen unas palabras”, según su director, la idea era “crear un ambiente pasional”. En su explicación, detalla un matiz narrativo a consecuencia de la dificultad técnica de rodar en celuloide, “en estas películas costaba tantísimo el sonido que tenías que quitar diálogos o reducirlos al mínimo para facilitar el trabajo”, había una máxima en el planteamiento de sus historias “siempre el mínimo diálogo”. Se filmaba sin sonido y la sonorización se realizaba tras el montaje, acoplando a la película una pista de audio, para sobre ella registrar todos los efectos de sonido, música o la palabra. Pomares Peral, revela que la voz de la actriz que se escucha en la copia final no es la original de ella, “la voz que sale de la chica la dobló mi mujer”. Retomando el argumento del relato, tras unos minutos de la acaramelada pareja, la mujer se disculpa para darse una ducha. Comienza así una sucesión de secuencias en paralelo, por un lado, las de ella duchándose, y por el otro, él, sirviéndose otra copa, desprendiéndose de la indumentaria y acostándose para esperarla en el interior de la cama. Mientras, ella, en la ducha, es descubierta por alguien al que no vemos que “abre la mampara y aparece una mano con una navaja de afeitar, ella se sorprende y le corta el cuello. Se desangra” puntualiza. Entretanto, el marido sigue en la cama ignorante de lo ocurrido en la otra estancia de la vivienda. Sin más espera, aparece la esposa por el pasillo a contraluz, distingue la silueta de su mujer, vestida con un camisón largo. Se acerca, y sin mediar palabra se sienta junto a él, este, deseoso por besarla, se incorpora, de pronto ella extrae la navaja y le corta el cuello al hombre. “Comienza a desangrarse y ella se levanta”, sale de la habitación y coge las llaves que hay en el taquillón de la puerta de entrada. Pomares Peral manifiesta, “al coger las llaves para salir, ves una foto que hay ahí, donde están las dos hermanas con él en medio. Entonces, supones que él ha estado primero con una y luego se ha ido con la otra”. El pretexto de la trama era contar de una manera diferente un “ataque de celos”.
A continuación, Pomares Peral, revela varias curiosidades del rodaje. La primera de ellas es respecto a la fotografía que culmina el suspense, aquella que arroja la clave para asimilar que las mujeres que aparecen son dos hermanas gemelas. La homicida, el espíritu o espectro que se venga de su hermana y el que fue su marido anteriormente, las víctimas. “En esa época no había Photoshop para hacer trucajes”, por lo que recurrió a los conocimientos fotográficos de su compañero de la Agrupación Fotográfica de Elche, José Luis Villalobos. En el laboratorio y de manera artesanal, duplicó a Conchi Sánchez y la volvió a pegar para que apareciera a ambos lados de Jacinto Molina. Por último, volvió a fotografiar el resultado para tener una nueva imagen con todos los elementos integrados.
Otra circunstancia que destacar está relacionada con el hallazgo de la actriz, Conchi Sánchez. Según narra su creador, el guion estaba escrito para que no se viera ningún desnudo, pero hubo un punto de inflexión ante la aparición de la mencionada actriz. Diego Amorós le presentó a Pomares una compañera del banco a la que “le gustaba mucho el cine y le gustaría hacer una película”. Le facilitaron el guion y puntualizaron los pormenores de la escena de la ducha y la importancia que tenía en la ficción. Ella, según relata Pomares Peral, no tuvo reparo en aparecer ante la cámara desnuda, mostrando únicamente su pecho, “la parte de abajo me pongo un tanga” recrea Pomares las palabras de Sánchez, y advertía a sus artífices, “procurad no rodarla [en referencia a sus partes más íntimas], pero el pecho y eso sí”. Es preciso contextualizar históricamente esta apertura ideológica con respecto a este pormenor en el estudio del cine local que nos ocupa, y ubicarlo en el contexto del desarrollo del cine nacional durante la transición y los primeros años de la democracia.
La censura franquista había silenciado durante muchos años el deseo sexual y el erotismo, pero desde finales de los años sesenta comienza a surgir ese cine comercial que manifiesta una clara tendencia hacia una cierta liberalización en temáticas sexuales, que terminará afianzándose en los años setenta, en el que se enaltece la imagen del hombre español y empiezan a aparecer los primeros desnudos en la pantalla (Collado Alonso, 2011, p. 200).
El arte cinematográfico en España comienza a experimentar un cambio primordial tras la derogación del Real Decreto de 11 de noviembre de 1977 sobre la regulación de la censura cinematográfica a través de la obligatoriedad de presentación de guiones como trámite previo al rodaje de películas españolas (Ministerio de Cultura, 1977). Comienza así el denominado cine “moderno”, que va más allá de las temáticas sobre la libertad política, “sino que las salas comerciales fueron invadidas por una moda que imperaba en el mercado: el cine erótico” (Caparrós Lera & De España, 2018, p. 119). Acto que se replica, en menor escala y en el contexto de estudio que nos atañe, en el cine independiente e inocente de los aficionados al cine en Elche.
En cuanto al tándem creativo formado por Diego Amorós García y Rafael Pomares Peral, este último expone la dinámica del trabajo. “Todos hacíamos todo”, no se repartían tareas específicas ni se adjudicaban uno de los roles que la industria impone en el oficio, por intuición y según las necesidades que iban surgiendo en el rodaje tomaban decisión y resolvían. La iluminación o el manejo de la cámara se realizaba entre ambos según el momento específico y las circunstancias. Existía una máxima que surgía de manera natural. El diálogo y la escucha activa era perenne, por lo que cada cual era libre de aconsejar sobre cualquier aspecto, con el fin de aportar lo mejor para el resultado de la película, “estábamos abiertos a opiniones”. Los efectos de maquillaje eran esenciales en los dos momentos de las agresiones violentas, por lo que diseñaron un truco a través de unos conductos adheridos a los cuerpos de los actores por los que bombear la sangre tras los cortes. Pomares Peral matiza que Amorós era el encargado de accionar el mecanismo. Ejemplo del reparto de tareas sin ningún tipo de inconveniente. En consideración a la propiedad de la copia original, es terminante, “estas películas son mías, las produje yo, pagué los gastos, tanto el material para filmar como si había que comprar alguna cosa de atrezo, todos los gastos los cubría yo” y añade que “si se presentaba a algún concurso y se llevaba un premio, me lo quedaba yo”. Efectivamente, en febrero de 1981 se alzó con el tercer premio dotado con diez mil pesetas y trofeo para su película Después de la boda (1980) en el primer Certamen Provincial de Cine Amateur de Libre Creación convocado por las Obras Sociales y Culturales de la Caja de Ahorros Provincial de Alicante con la colaboración del Aula de cine del Instituto de Estudios Alicantinos, según el acta del jurado de calificación proporcionada por el interesado (Espí et al., 1981). Asimismo, siguiendo el éxito cosechado en su estreno, participa en octubre en el XIII Certamen Nacional de Cine Amateur de Cartagena promovido por la Asociación Fotográfica de Cartagena AFOCAR a través del Grupo Griffith, donde el jurado estima reconocer su película con el primer premio Sirena de Plata y cinco mil pesetas (Josami, 1981). Respecto al festival local, el Festival de Cine Independiente, no recuerda haberla inscrito para su participación.
En 1981, Pomares Peral, produce una película argumental basada en una tradición ilicitana, las fiestas de la Venida de la Virgen del 28 de diciembre. Cada año se rememora el descubrimiento de un arcón con la imagen de la Virgen de la Asunción y el consueta, el libro con los versos, la música y las indicaciones escénicas para la representación del Misteri d’Elx, por parte del guardacostas Francesc Cantó en la playa del Tamarit de Santa Pola en 1370. Hallazgo que se conmemora con la tradicional romería de Santa Pola a Elche y la carrera de Cantó desde el Hort de les Portes Encarnades a la Plaça de Baix para dar la noticia al Concejo. Soc per a Elig (1981), es el título de la película, que consiste básicamente en reutilizar las imágenes reales que tomó su autor de la festividad y crear una pista de sonido original con voz y efectos sonoros. Igualmente, desarrolla un “argumento de misterio al final, aprovechando las tomas de lo que era Cantó corriendo, entrando a la plaza de Baix con el caballo y luego cuando sale en el pregón”. Bernardo Alemany, el primo de su mujer, dobla la voz del guardacostas en lengua valenciana. Con ayuda de amigos, improvisa un estudio de sonido en una habitación de su casa y recrean todos los efectos sonoros que aparecen en los diez minutos de montaje. Cogía todos los “cacharros de la cocina” para facilitar la tarea y confiesa que “mi mujer se volvía loca” por el desorden que allí se gestaba. Con aquellos artilugios domésticos reproducen los truenos, el galope del caballo y todo aquello que hiciera falta para dar verosimilitud a las tomas en movimiento. Pomares Peral era muy hábil con el doblaje gracias a la práctica de esta técnica. Su entusiasmo por el cine le condujo a desarrollar una peculiar afición: comprar películas comerciales en formato super-8 y doblarlas. El género de la ciencia ficción de los años 50 era su debilidad. Adquirió películas mudas de corta duración, de ocho o diez minutos, sobre hormigas atómicas gigantes o tarántulas colosales, que vendía el comercio de Valero. Estas obras las proyectaba en el colegio para entretener a sus alumnos, pero antes las enviaba a Murcia para añadirles una banda sonora. Una vez en Elche, convertía el aula en un estudio de doblaje improvisado. Junto a sus estudiantes, trabajaban la creatividad y la imitación, poniéndoles voz a los personajes, creando efectos de sonido y componiendo la música de fondo, para así darles otra vida a esas obras.
A principios de la década de 1980, el Aula de Cine del Instituto de Estudios Alicantinos[1] de la Diputación Provincial de Alicante encarga a Rafael Pomares Peral dirigir un documental sobre el yacimiento arqueológico de La Alcudia de Elche. Esta propuesta surge a raíz de su trayectoria como cineasta aficionado y de su vinculación como docente de cursos y seminarios sobre cine en la localidad. Gracias a su amistad con Rafael Ramos Fernández, entonces director del Museo de Arqueología y de Historia de Elche “Alejandro Ramos Folqués”, que conocía a Pomares Peral por haber organizado numerosas visitas al yacimiento con sus estudiantes, pudo escribir un guion que fue revisado por el arqueólogo. Aquella relación personal facilitó el acceso a lugares que no estaban al alcance del público en general, como las excavaciones en curso o el alcantarillado romano. Lo que le permitió obtener imágenes únicas y de gran valor documental. La voz en off de la pieza es de Luis Miguel Aguirre, mientras que Carlos Morante de Radio Elche, le asesoró en los aspectos musicales. Su amigo y compañero, Diego Amorós García le ayudó con la iluminación. El documental titulado La Alcudia de Elche (1983), de casi de 17 minutos de duración, no dejó indiferente a Alejandro Ramos, que “valoró positivamente el documento audiovisual por lo que aporta y lo que descubre” (Balsalobre, 2022, p. 46).
La última producción cinematográfica de Rafael Pomares Peral se tituló Raquel (1987). Este cortometraje de terror de 20 minutos de duración marca el cierre de una etapa creativa marcada por la realización de piezas audiovisuales colectivas a través del grupo ACAI y la incursión de jóvenes talentos en el arte del celuloide. Los estudiantes que pertenecían al grupo de teatro y cine colaboraron como figurantes en esta producción, en el marco de las actividades extraescolares del colegio. La película fue una de las tres propuestas ilicitanas exhibidas en el X Festival de Cine Independiente de Elche, el 5 de agosto de 1987 en la categoría super-8, junto a Ataraxia (1986) de Vicente Pascual e Historia de la ciudad cuadrada (1987) de Rafael Richart, que se proyectó al día siguiente (Selva, 1987, p. 5).
Paralelamente a su labor como cineasta, Pomares Peral incorporó el cine a sus clases de geografía o ciencias naturales, tanto en sus años como docente en el colegio Sagrados Corazones, como en su última etapa, en el colegio Nuestra Señora del Carmen, Carmelitas Misioneras Teresianas. A través del visionado y análisis de películas, buscaba estimular el pensamiento crítico y el aprendizaje entres sus alumnos de una manera amena. Esta práctica pedagógica, conocida como videofórum, le permitía relacionar contenidos curriculares con la realidad representada en las películas, haciendo que el aprendizaje fuera más atractivo y memorable. Algunos de los títulos proyectados en su aula fueron: Cocodrilo Dundee (1986) o El profesor chiflado (1963). Afirma que las películas más largas, que no daba tiempo a verlas completamente en una sesión, las reeditaba para reducir el metraje, escogiendo únicamente las escenas que más le interesaban para el análisis.
La transición de los formatos analógicos a los digitales marcó un antes y un después en la producción cinematográfica de Pomares Peral. Con la llegada de las videocámaras, el cineasta ilicitano amplió sus posibilidades creativas y técnicas, pero centró su actividad en la grabación de eventos, como las obras de teatro del colegio, los festivales de fin de curso o los viajes con el alumnado del centro. Mientras que su entorno familiar, la cámara de vídeo era testigo de acontecimientos más íntimos como los bautizos, comuniones o escapadas vacacionales.
Aunque la mayoría de sus ideas cinematográficas se pudieron llevar a cabo, hubo una que no se culminó. Durante su etapa en el grupo ACAI, Pomares Peral y sus compañeros concibieron un proyecto cinematográfico que, a pesar de su prometedor inicio, quedó sin hacerse realidad. Se trataba de una sátira de las dinámicas internas del cine club Luis Buñuel, en la que reflejaban las discusiones y debates que solían surgir en su seno. Gracias a que fue secretario durante un tiempo del colectivo, conocía su funcionamiento interno. Fue testigo de las interminables deliberaciones sobre aspectos aparentemente triviales, como la elección de los refrigerios que se ofrecerían a los asistentes a la clausura del Festival Internacional de Cine Independiente de Elche. Esta anécdota se convirtió en la inspiración para un cortometraje que cuestionaba la importancia que se otorgaba a ciertos detalles en detrimento de otros aspectos más relevantes y cinematográficos. El guion, del cual se conservan algunas fotografías de los ensayos, como indica Pomares, giraba en torno a una reunión de la junta directiva de un cine club ficticio. Los personajes, entre los que se encontraban Pomares, Jacinto Molina, Diego Amorós y Juan Manuel Ortigosa, se enfrascaban en una acalorada discusión sobre la organización de un festival de cine. La trama se centraba en la ironía de que el grupo organizador dedicaba mucho tiempo y energía en debatir sobre si se ofrecía al público horchata con fartons o chocolate con churros, en lugar de centrarse en la programación de las películas o los premios a conceder. Los miembros de ACAI buscaban realizar una crítica sutil y humorística, “no íbamos a nombrar al cine club Luis Buñuel ni al festival” confirma Pomares, que no buscaban ninguna confrontación, simplemente reírse de ellos mismos. Sin embargo, a pesar del entusiasmo inicial, el proyecto quedó inconcluso, convirtiéndose en una divertida anécdota.
Raquel (1987) representa el punto final de una etapa prolífera en la carrera de Rafael Pomares Peral, marcada por la colaboración entre aficionados al tomavistas, la experimentación y la búsqueda de nuevas formas de expresión audiovisual como herramienta didáctica en las aulas. A través de su variada filmografía, demostró su compromiso con la educación y la cultura, dejando un legado inspirador en la comunidad educativa y cultural para la sociedad ilicitana.
Rafael Pomares ha obtenido a lo largo de su trayectoria cinematográfica numerosos reconocimientos por su trabajo. A pesar de no recordar con exactitud los nombres de todos los certámenes en los que participó, conserva una amplia colección de trofeos que atestiguan su éxito. “Tendré entre 15 o 20”, asegura. Entre sus galardones destacan el primer premio en Cartagena o el tercer premio en Alicante por su cortometraje Después de la boda (1980). Asimismo, ha sido reconocido en otros certámenes locales, como el Certamen Nacional de Cine Amateur Gran Trofeo Dama de Elche o el Festival de Cine Independiente de Elche, donde ha logrado ser finalista.
Como investigadores, somos conscientes del valor histórico y cultural de su archivo personal. Pomares Peral ha expresado su deseo de que, en un futuro, sus películas y materiales de trabajo sean depositados en la Filmoteca Valenciana por parte de su familia. “Yo ya les he dicho a mis hijos que, si el día de mañana no quieren guardarlo porque ocupa mucho en casa, las bobinas, libros y carpetas, se pongan en contacto con la Filmoteca Valenciana y lo donen allí”, atestigua. Actualmente, su obra se encuentra almacenada en su apartamento de Santa Pola, aunque confiesa que, tras la entrevista para el presente trabajo, ha comenzado a digitalizar parte de su obra audiovisual a través de empresas privadas.
A pesar de su evidente pasión por el cine, Rafael Pomares nunca consideró esta actividad como una profesión. Su vocación principal siempre fue la docencia, y sus incursiones en el mundo cinematográfico se enmarcaron en un ámbito estrictamente amateur. Pomares reconoce las limitaciones económicas y técnicas que implicaba dedicarse profesionalmente al cine en aquella época. El alto coste de los materiales, especialmente el formato semiprofesional de 16 mm, hacía prácticamente imposible emprender una carrera cinematográfica de manera independiente. Gracias a la generosidad de su amigo Adolfo Martínez Pérez, Pomares Peral tuvo acceso a su equipo en formato 16 mm. Según sus propias palabras, “Adolfo nos dejó una cámara de 16 mm y varias bobinas, de las cuales aún conservo tres. Nos dio más de diez para probar. Estaban caducadas, pero servían para practicar. Hicimos algunas pruebas y lo dejamos estar”. El realizador reconoce que, si el formato super-8 ya era costoso, el 16 mm era aún más. “Si querías algo más profesional, el 35 mm, olvídate”, sentencia Pomares.
[1] Actual Instituto Alicantino de Cultura Juan Gil-Albert.
FUENTE: Jaime Quiles Campos (2025), Historia del cine en Eche a través de sus cineastas y sus películas (1928-2024). Tesis doctoral. Universidad Miguel Hernández, págs. 72-87
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Saber si se conservan los metrajes de las películas
Fui alumno de D. Rafael en el la academia Pomares y me invitó a salir en una de ellas como extra , tenía 14 años , recuerdo al profesor como alguien especial muy entregado a sus alumnos y gran aficionado al cine .
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