Datos biográficos
[406] Muerte violenta
En 18 de enero de 1833, a las 9 de la noche, murió violentamente D. Francisco Perpiñán y Cano, natural de esta villa, soltero, de edad de 18 años, de resultas de una grave herida que le causó en la parte inferior del vientre Agustín Romero y Román, de este propio vecindario. La causa de este homicidio no fue otra que el haber entrado el Perpiñán, en unión con otros amigos, tocando una guitarra por la calle de Solares, en donde se encontró con el Romero, el cual les dijo «parasen la guitarra», y encarándose con el Perpiñán, le sacudió un golpe con una navaja, causándole dicha herida de que le derribó al suelo envuelto con su sangre. El herido luchó por algunos intervalos de tiempo con las más horrorosas angustias de la muerte, sin más asistencia en este terrible tránsito que la caridad de algunos piadosos vecinos, que aunque llenos de espanto y temor, salieron con el sano objeto de prestar algún auxilio al agonizante. Su cadáver fue recogido por la justicia y conducido en una parihuela al hospital, y desde este punto le pasaron a la insigne iglesia parroquial de Sta. María, en donde permaneció de cuerpo presente delante de la capilla de S. Francisco Javier hasta poco antes de verificar su entierro,[1] que fue reportado nuevamente a dicho hospital para practicar la correspondiente autopsia; y a las 4 de la tarde del día 19 del citado mes de enero se le dio sepultura. Llevaba en pos de su féretro una porción de jóvenes de lo más escogido de la villa, vestidos de luto, manifestando en sus semblantes el sentimiento que les había causado la pérdida de un amigo de las mejores cualidades y digno de otra muy diversa suerte. El agresor Romero, después de verificado su execrable delito, anduvo errante tres días consecutivos hasta que, impelido de los remordimientos y temiendo que de no acogerse al sagrado de la iglesia, podría con probabilidad sufrir la pena última, tomó el asilo de la parroquial de S. Juan Bautista desde donde fue conducido con toda seguridad a la cárcel pública. El justo y el tan extraordinario sentimiento formado por los padres y demás parientes del finado desde que llegó a sus oídos semejante fatalidad, no es dable a la pluma describirlo, sus lágrimas fueron inextinguibles, y el consuelo se alejó por muchos días de sus afligidos corazones, hasta cuasi el término de quedar postrados en cama a la fuerza del más intenso dolor. Este sentimiento fue extensivo a la mayor parte de los vecinos del pueblo, que no pudieron mirar con indiferencia que a un joven bien nacido y pacífico le hubiese cabido la suerte de ser víctima a manos de un alevoso, que no había recibido de su parte agravio alguno directo, ni era capaz su bondad de deseárselo.
[1] Quarta capella de la banda de l’Evangeli, en la base del campanar, dedicada actualment a baptisteri.
FUENTE: CASTAÑO I GARCIA, Joan, (Ed.), (2020). Colección de noticias antiguas y modernas pertenecientes a la villa de Elche (1845). Grupo Antón i Ajuntament d´Elx, págS. 346-347.
Añadir nuevo comentario