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Parreño Ruiz, Cristóval

Enviado por Faustino Agull… el
Datos biográficos
Fecha de nacimiento
1784
Lugar de nacimiento
Elche
Fecha de muerte
1861
Lugar de muerte
Elche
Profesión
Curtidor

Cristóval Parreño Ruiz, Curtidor (1784 - 1861) 

Cristóval (sic) Parreño volvía de la casa consistorial, el alcalde lo había convocado junto con otros de los mayores contribuyentes de la villa de Elche, los Perpinyá, Revenga, Ganga, Sequeira, … para que en unión de los regidores aprobaran la permuta del convento de la Merced, que se encontraba vacío tras su desamortización, por el convento de Santa Clara, que todavía ocupaban las monjas y se encontraba en estado ruinoso. La permuta se llevó a cabo y como consecuencia las clarisas terminaron ocupando el convento de la Merced. Corría el mes de febrero de 1854; Cristóval tenía sesenta y nueve años y reflexionaba acerca del discurrir de su vida, al tiempo que planeaba reunirse con el notario Coquillat, su vecino, para otorgar nuevo testamento. Nacido en 1784 durante el reinado de Carlos III, el mejor alcalde que nunca tuvo Madrid, y años antes de que la cabeza de María Antonieta rodara por las calles de Paris, Cristóval había vivido en primera persona el fin del antiguo régimen, las revoluciones de finales del dieciocho, las guerras, la fiebre amarilla, el cólera, la peste, las desamortizaciones…, un tiempo convulso. Hijo de Gaspar Parreño, jornalero, y de María Ruiz, su trabajo había sido el de curtidor, era propietario de una de las pocas adoberías ilicitanas. En 1815 compró una casa tenería en el lavadero de San José, con fachada a la calle de Santa Ana y lindando con la acequia de Marchena, cerca del matadero allí existente a Manuel Sánchez Rojas por 80 libras pagadas al contado, allí llevaría a cabo su trabajo durante décadas. A sus sesenta y nueve años había logrado acumular un importante patrimonio. Casado con María Encarnación Yrles, tuvo siete hijos; Asunción casada con don José María López; Vicenta, esposa de don Antonio Vidal; Cristóbal, marido de Magdalena Ferrández; Josefa, casada con Antonio Chorro; Encarnación cónyuge de Francisco Torregrosa; José María recientemente casado con Manuela Ibarra (tía paterna de Aureliano y Pedro Ibarra) y Constantina, su hija pequeña y que convivía con él en la casa familiar de Desamparados número tres. Esta casa, que constituyó su domicilio desde julio de 1814 hasta su fallecimiento en 1861, la compró a los hermanos Torres Llofriu por 440 libras que pagó en dos años. Su esposa falleció en el año 1851, tras pasar sus últimos años postrada como consecuencia de un accidente, antes que ella había faltado su hija Asunción que les dejó dos nietos, José María y Encarnación López Parreño. El matrimonio había otorgado testamento en 1846 ante el escribano Coquillat y la valoración del cuerpo de sus bienes en 1851 superaba los trescientos cuarenta y un mil reales de vellón. Ya se había llevado a cabo la partición de los bienes de su difunta esposa y Cristóval creía llegado el momento a su edad de trabajar en la distribución de los bienes que incorporaría a sus últimas voluntades. Durante décadas de trabajo, Parreño había conseguido invertir acertadamente sus ahorros, era propietario de diez casas en Elche y una en Santa Pola, también explotaba dos almazaras y tenía fincas en gran número de partidas ilicitanas (Perleta, Altabix, Algorós, La Marina, Daimés, Alzabares, Saladas, La Hoya, Matola...), olivares, huertos de palmeras, plantaciones de vid y otros que sumaban en esas fechas cerca cien hectáreas, muchas de ellas con casa de campo, además de las cuartas de agua en la Dula de Alquerías y en las acequias Mayor y de Marchena) Entre las disposiciones que quería incorporar a sus últimas voluntades pensaba en su hijo Cristóbal como continuador de su labor como curtidor, labor que venía realizando a su lado durante muchos años, mientras que la almazara de la Puerta de la Morera se la dejaría a sus dos hijos varones y a su hija Encarnación, cuyo esposo compartiría esas labores con sus cuñados. El resto de los bienes, casas y fincas rústicas trataría de repartirlas equitativamente entre sus herederos, a todos les asignaría alguna casa habitación y fincas agrícolas salvo a Vicenta que vivía con su marido en Albacete; además de las cuartas o hilos de agua de las acequias Mayor y de Marchena, como también de la Dula de Alquerías, imprescindibles para la explotación agrícola. En agosto de 1854 efectivamente otorgó su definitivo testamento ante el mismo escribano, incluyendo una detallada distribución de sus bienes para cuando faltara. Cristóval Parreño Ruiz murió en febrero de 1861 de afección crónica (sic), a la edad de 76 años, conoció a alguno de sus nietos y dejó a su hijos en una buena situación económica gracias al trabajo y el esfuerzo de toda su vida. Colaboró al crecimiento de la economía local e invirtió acertadamente en unos años especialmente convulsos, contra guerras, pandemias y revoluciones. En ese mismo año de su muerte se produjo el hallazgo del mosaico de la Galatea en su finca de Algorós, el cual fue puesto inmediatamente en conocimiento de Aureliano Ibarra, sobrino de su hijo José María. Esta es la referencia que el Marqués de Molins hace del hallazgo en su discurso en la Academia de la Historia: “Pertenecía esta heredad a D. Cristóbal Parreño, y gracias al mismo y al celo del académico correspondiente D. Aureliano Ibarra y Manzoni, pudieron descubrirse , en Agosto de 1861, los más importantes restos que llaman aun hoy hacia aquella villa la atención de la Academia. Cimientos de vastísimos edificios, sepulcros de gente principal, sobre todo mosaicos de perfecta conservación y de época importantísima, acompañados de trozos de mármoles, estatuas y monedas, vinieron a atestiguar la importancia de Elche, aun muy adelantada la dominación imperial”. Lo que tampoco supo Cristóval es que su descendencia alcanzaría proporciones bíblicas, contándose por centenares sus descendientes. Nunca pudo saber que su yerno Francisco Torregrosa (por partida doble, pues cuando enviudó de Encarnación se casó con su hija pequeña Constantina en ese mismo año de 1861) llegaría a ser alcalde de Elche durante la I República. Ni que sus nietos Gervasio y Casto Torregrosa Parreño tendrían un papel muy relevante en el despegue de la industrialización de la ya ciudad de Elche, invirtiendo también en agricultura y dirigiendo la Caja de Elche. Tampoco supo que su bisnieto José María López Campello sería doctor en Medicina y cirugía, directivo del Ateneo de Madrid y destacado político. Por cierto su tesis doctoral trataba sobre “Los matrimonios consanguíneos”, circunstancia frecuente en aquella época y también en su propia familia. No pudo tampoco saber que otro descendiente suyo, Gabriel Ruiz Chorro, farmacéutico e inventor de la “Digestona Chorro”, sería también alcalde años más tarde. Por unos años no llegó a conocer a su nieto Ricardo Parreño Ferrández, nacido en 1864, hijo de Cristóbal, y que a finales del siglo XIX abrió un comercio en la calle del Salvador con el apellido familiar (Almacenes Parreño) que perduró durante tres generaciones constituyendo un referente del sector a nivel local durante casi todo el siglo XX, y que únicamente los descendientes de éste se acercan ya a los doscientos. En fin, lo que nunca imaginaría Cristóval es que hoy, más de ciento sesenta años después de su muerte, decenas de sus descendientes tienen noticias suyas por vez primera, encuentran sus raíces. Son muchas las generaciones transcurridas y solo un pequeño esquema quizás les ayude a encontrar su recorrido. Muchos de ellos han desempeñado sus labores como profesionales, empresarios, funcionarios, religiosos o trabajadores, participando en instituciones clave en la economía, cultura, fiestas y tradiciones de una ciudad que hoy es diez veces más grande que la villa que él conoció y contribuyó a hacer prosperar en tiempos tan convulsos como los que le tocó vivir. 

Faustino Agulló Parreño, Abril 2023

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