Datos biográficos
MACIÁ MATEU, César (Elche, 3-II-1929 - 15-III-2024)
"Nacido en 1929, fue el menor de cuatro hermanos. Hijo de Francisco Maciá Fenoll y María Mateu Valero. Sus hermanos: Pascual, Tonica y Mercedes. Sus padres le pusieron el nombre del santoral del día que nació, el 3 de febrero, después de la Candelaria. Siempre celebró su cumpleaños repartiendo “pa de Sant Blai” que ayudaba a pasar el invierno sin dolor de garganta. Vivieron de alquiler en varios domicilios por los alrededores de Santa María hasta que se trasladaron definitivamente en los años 50 a la plaza del Obispo Siuri. Su padre trabajó en la Hiladora, pero en sus ratos libres ayudaba a las hermanas Carmelitas en tareas de mantenimiento. Todos los años, era el encargado de montar el belén en el colegio. Durante la guerra, visitaban a sus familiares que vivían en las pedanías, Ferriol o Santa Ana, para conseguir alimentos que, de otra forma, era difícil obtener. Desde muy joven, trabajó en varios talleres de carpintería. Esto le valió para incorporarse en la sección de carpinteros en el Ejército, durante el servicio militar, en el Batallón de Caballería de Bétera y posteriormente, hacer él mismo sus muebles como parte del ajuar de boda. Con su grupo de amigos, le gustaba pasear por los huertos, ir al Trinquet y hacer el tradicional recorrido de la Correora y la Glorieta, donde los mozos se cruzaban con las filas de chicas, cogidas del bracete, para buscar a sus futuras parejas. Ahí conoció a Marianita, y pronto se colocó a su lado para no separarse de ella, durante toda una vida. El 22 de julio de 1956, Marianita y César se casaron en la recién construida iglesia del Corazón de Jesús. Celebraron el convite a las 10.30 de la mañana en el Blanco y Negro, al que llegaron en un precioso y elegante coche negro alquilado. No faltó la tarta de varios pisos para acompañar el chocolate y los dulces que se sirvieron. Viajaron a Sevilla y Granada de viaje de novios. Tuvieron dos hijos, Francisco Ginés y, María Asunción, A la vuelta de su viaje, César dejó su oficio de carpintero y se incorporó a trabajar en la tienda de Marianita, que empezaba a ser un negocio próspero, situada en la calle Cristobal Sanz. Dividía la larga jornada laboral entre la tienda y la cooperativa local que se fundó en esos años, ADUSSA, y a la que pertenecía su negocio de ultramarinos. La jornada empezaba yendo a la Plaza a traer la verdura más fresca de los “asperos”. Seguía detrás del mostrador atendiendo a clientes Y con su buen humor, sarcástico y valenciano, hacía que todas rompieran a reír a carcajadas, (digo todas porque entonces ganaban las mujeres por abrumadora mayoría en la tarea de hacer la compra). Por la tarde, acudía a ADUSSA, primero en el barrio de Porfirio Pascual y después en la carretera de Matola, cooperando en la gestión y administración de la misma. Fue una persona muy dialogante, con vocación gremial, generoso y siempre dispuesto a ayudar y sacar proyectos adelante a costa de su tiempo. Lo que no podía dejar de seguir era al Elche, CF, primero en Altabix y después en el Martínez Valero. También lo seguía, si era posible, en algunos partidos que se disputaban cerca de casa. Incluso viajaron a Madrid en la mítica final de la Copa en el año 1969. Trabajaron muy duro en esos años para salir adelante, cambiar la Vespa por un seiscientos, cambiar la radio por la televisión, comprar el piso de la playa, darnos estudios, y también, cómo no, disfrutar y reír con sus amigos del alma o hacer algún viaje. Llegaron nuevos tiempos y algo de prosperidad. En casa se vivió como una victoria el poder cerrar la tienda el sábado por la tarde para tener algo más de descanso y disfrutar de ellos. También participaron en la Comisión de Fiestas de Mariano Luiña, más tarde de la Comparsa Astures, o la Cofradía de la Estrella, agrupaciones conformadas con gente del barrio y conocidos que, con diversos actos, conseguían unir a los vecinos. La romería anual a San Pascual servía de escusa para preparar otra excursión de vecinos. Durante el año, las clientas y vecinas llenaban con las vueltas de las compras, monedas de pequeño importe, una hucha comprada para la ocasión. Llegado el día, salían de madrugada hacia Orito, haciendo el recorrido a pie. Al amanecer, subían la cuesta, entregaban al fraile la ofrenda y se disponían a desayunar con chocolate y dulces que aportaban algunos proveedores de la tienda, y así, reponer fuerzas. Durante años, la cafetería Miquel, era su lugar de reunión diaria con los comerciantes de la calle, como Miguel el del kiosco, D. Matias, el farmacéutico, Fali, el patronista, Guillermo, de Murillo, Jaime, el peletero, Pepito, el joyero….Fueron años en los que la prosperidad se vivía en el barrio. Con la jubilación, después de más de cuarenta años trabajando, encontraron tiempo para viajar, seguir haciendo amigos en cada uno de los viajes de Imserso. Pudieron entonces disfrutar del apartamento de la playa, pasando allí los meses del verano con sus nietos, y preparando “soparets y vermutets” con los vecinos de siempre, y plantando la sombrilla a la orilla del mar. Su carácter amable, servicial, alegre, le valió para muchísimas personas a la que atendió en su negocio aún le recuerden con cariño. Nos dejó apenas tres meses después que Marianita. A mi padre, con cariño".
María Asunción Maciá Irles
Añadir nuevo comentario