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López Sánchez, María José

Enviado por María José Lóp… el
Datos biográficos
Fecha de nacimiento
24 de febrero de 1971
Lugar de nacimiento
Elche
Profesión
Profesora de la UMH

María José López Sánchez/Tote López

Mis padres son José López Botella y María Asunción Sánchez Tormo, ambos nacidos en Elche. Mis abuelos por parte paterna y también de Elche, eran Vicente López Maciá, que se le conocía como “Sento” de los Carabinos del camp d’Elx (tenía tierras en la partida Derramador) y algunos le recuerdan como el “tio Vicent que anava en bicicleta” y Gertrudis Botella Ferrández, o “Truetes” de familia procedente de Santomera y Torrevieja. Por parte materna mis abuelos, también ilicitanos, son Manuel Sánchez Camachón[1] o Manolo, nacido en Elche e hijo de Alfonso Mira Botella de familia de Molina de Segura y Candelaria Sánchez Camachón de familia de Granja de Rocamora, y María Asunción Tormo Torres o “Suncioneta” de familia procedente de Elche por parte materna y de Orihuela por parte de padre. Siempre me han dicho que por el lado paterno soy “Carabina” por parte de abuelo y “Furriela” por mi abuela y también hay algo de “Rastoll”, aunque no conozco muy bien la procedencia. Esos son mis vínculos con la tierra y el campo de Elche.

Nací en Elche, me esperaban para principios de marzo pero llegué un 24 de febrero de 1971. A los once meses, el 3 de febrero de 1972, nació mi hermana Cristina así que no tengo ningún recuerdo siendo hija única. Después llegaría Susana, el 20 de septiembre de 1973 y unos años después, el 11 de septiembre de 1977, mi hermano David. ¡Por fin llegó el niño! Recuerdo que mi padre nos había prometido comprar un televisor en color si nacía un varón. Y así fue.

Viví hasta poco antes del nacimiento de mi hermano, en un tercero de una casa situada en la calle José María Pemán y en cuyos bajos estaba la tienda “Muebles Aguilar”. En esa casa hice las primeras trastadas con mis hermanas. Recuerdo lanzar por el patio de luz la cena que nos daban si no nos gustaba, romperme la cabeza intentando escalar por la litera, mientras mi hermana Cristina me agarraba los pies, y salir mi padre corriendo a urgencias en plena noche, o pintar las paredes de un largo pasillo que unía el recibidor con la cocina. ¡Mi madre tenía la gloria ganada! 

En esa época yo iba a la guardería (antes no se utilizaba el término escuela infantil) “Niño Jesús” en Ciudad Jardín. Iba con mis hermanas en autobús y cada vez que pasábamos por el estadio del Elche en Altabix todos los niños, supongo que alentados por el conductor, cantábamos  eso de: “Hemos ganao la Copa de Bilbao”. También recuerdo un día que hubo un incendio, posiblemente en una fábrica y nos tuvieron que desalojar y llevar al jardín de una casa cercana. Esos fueron años muy felices que transcurrieron entre juego y juego al aire libre. Mis hermanas incapaces de pronunciar mi nombre me llamaban Toté, de ahí que años después muchos amigos me conozcan con el nombre de Tote.

Después fui al Colegio Hispanidad donde cursé Parvulitos y Primero de Educación General Básica (E.G.B). En una ocasión que mi padre me llevaba al colegio, tuvo que salir el conserje a ayudarle a sacarme del coche, pues yo echaba de menos jugar en la guardería y estar con mis hermanas. Fui una niña tranquila, era bajita y poca cosa. Recuerdo un día que la profesora me envió a dar un recado a otro profesor de la clase de los mayores. Cuando toqué la puerta y abrieron, los chavales, al ver una niña allí plantada tan pequeña, se empezaron a reír y a hacer comentarios. Me quedé inmóvil y hasta puede que soltara algún puchero. No sé si finalmente conseguí articular palabra.

En los juegos del recreo (saltar a la goma, la comba, tu-la…) me dejaban ser de “azúcar” es decir, tenía el privilegio de  no “pagar” nunca.  Eso no quiere decir que tuviera poco carácter, yo lo relaciono más con que no me gustaba perder. En una clase que nos hicieron pintar un paisaje alpino yo coloreé las montañas azules, pues era del color que las veía desde la galería de mi casa, allá a lo lejos. Después de discutir un rato con una niña que se acercó para decirme que las montañas eran de color marrón, le propicié una buena patada. Tras solucionarse el entuerto y la profesora explicarme que no tenía razón, otra compañera con ánimo de consolarme me dijo “no te preocupes, yo las he pintado amarillas”.

Otro día, aprovechando que mi tío me llevaba a clase, le pedí dinero para comprarme un caramelo de palo, de esos que se vendían en las puertas de los colegios, creo que se llamaban “parejitas”. Como no tenía suelto, me dio una moneda de 50 pesetas con la condición de que le diera después el cambio. Toda entusiasmada fui a comprármelo. Ya era mío, cuando el vendedor me dijo que no tenía dinero para devolverme pero que a cambio sí me podía dar el equivalente en caramelos. A mí me pareció justo, el hombre hizo su agosto y todos contentos. Ese día, sin ser mi cumpleaños invité a toda la clase a dulces. Más tarde, cuando mi tío me pidió que rindiera cuentas, me llevé una buena regañina de mi madre. Aún recuerdo el nombre de algunas niñas de La Hispanidad como Ana María, Carlota, María Luisa, Verónica, con la que luego me reencontré en la universidad y como no, mi gran apoyo durante esos años, mi prima por parte de mi abuelo materno, Natalia Martín de la Sierra Sánchez, que se comía la comida del comedor que a mí no me gustaba.

Mi segunda casa, que todavía hoy conservan mis padres, está en la avenida Comunitat Valenciana, anteriormente avinguda del País Valenciá y antes de eso, calle General Sanjurjo. Una casa muy exterior, luminosa y con buenas vistas al palmeral, que estoy segura influyó de algún modo en mi carácter desde niña.  En el ático vivían mis abuelos maternos que me verían día tras día, crecer y hacerme mayor.

Mi abuelo Manolo, nos sacaba a pasear todos los fines de semana al Parque Municipal, a jugar con los columpios, a corretear tras las palomas, a hacer comiditas entre el barro y a ver los patos, incluida la estatua de Fofó. Posteriormente también nos llevó a misa, eso sí, siempre nos esperaba fuera de Santa María. Y durante una época, cada sábado por la mañana nos acompañaría al Hort del Xocolater donde aunque apartados en diferentes grupos, nos mezclábamos con gente interesante y mucho mayor.

La única que tenía talento para la pintura era mi hermana Cristina. Susana y yo hacíamos lo que buenamente podíamos. Una vez, el profesor llamó a todos sus alumnos para que contemplaran el trabajo de uno de ellos mientras exclamaba muy contento, “esto, señores, sí es un cuadro, fíjense en la luz, las sombras…”. Yo acudí con toda curiosidad y tras permanecer un rato frente a la obra en cuestión, sólo adiviné a ver y para mi asombro, dos grandes pedruscos en mitad del lienzo.

A partir de segundo de E.G.B me pasaron al colegio Santa María “mi cole” al que ya iban mis hermanas, más conocido como Jesuitinas (Hijas de Jesús). Llegué un poco despistada, pues en primer lugar sólo había niñas y la primera vez que nos llevaron a la capilla y comprobé que todas ellas seguían al pie de la letra las oraciones y los cantos, me encontré como un pez fuera del agua. Como cualquier niño, en poco tiempo me adapté. Al principio movía los labios hasta que simplemente un día y sin esfuerzo ya no tuve que disimular.

Los recuerdos de mi “cole” son maravillosos. Pabellones con clases de techos altos, grandes ventanales, tarima para subir al encerado y paredes muy blancas, muchas pistas (es así como llamábamos a las zonas de recreo) y muy amplias para jugar, y todo ello rodeado de plantas y muchísimas palmeras. Cualquier antigua alumna de aquella época se acordará de la “pista del tobogán grande”. Su nombre se debía a que albergaba un tobogán de hierro y madera altísimo y en el que nos pasábamos el recreo haciendo largas colas para lanzarnos. Por suerte y que yo sepa, no se accidentó ninguna niña, pero ahora lo recuerdo como una verdadera temeridad y prueba de ello es que años después tuvieron que cortarle  las “patas” para hacerlo más seguro.

No se me daba bien ni la música ni "mis labores". El año que empezamos con la flauta, creo que fue por cuarto de E.G.B, yo era el número trece de la lista (que estaba ordenada alfabéticamente por apellidos). Eso unido a que las clases de flauta eran los martes por la tarde, en una cripta oscura y un tanto desconcertante, todo hay que decirlo, me convenció de que esa era la verdadera razón de que se me diera tan mal. Tampoco tenía muchas dotes para bordar. En lugar de colocarme correctamente, me cansaba pronto de la postura y acababa apoyando la labor sobre el regazo. Más de una vez, al levantarme comprobaba que me había cosido el mantel al babi o a la falda del uniforme, y vuelta a empezar...

Allí hice buenas amigas de la infancia como Eva Martínez “la alta”, María Jesús Maciá Mateu, Mayte Mallebrera Aldeguer, Inmaculada Martínez-Mena López o más conocida como “coco”, Amparo Miralles Llopis, Eva Hernández Giménez, Dori Marín Ballester, Belén Martínez Ferrer, Mónica Ibañez Rodríguez, Esther Melgarejo Balaguer, Encarni López Martínez, Alicia Mancheño, Fini Lledó, Toñi Guilabert, Lourdes Muntó,... Había tres grupos por curso donde nos distribuían por orden alfabético de los apellidos y nosotras, año tras año, íbamos al grupo B. En esos años de uniforme y babi había mucha rivalidad con las niñas de las Carmelitas. Ellas nos llamaban hojas verdes de lechuga, pues era éste el color que todavía hoy predomina en el uniforme. En respuesta nosotras las calificábamos con otras cosas de bastante mal gusto, pues el suyo era de color marrón. Durante los diez años de estancia, cada uno de los profesores, casi todo mujeres, y  de las “Madres” que era el nombre que recibían las monjas, me marcaron de alguna manera. Por ejemplo, durante el año que tuvimos a la “temida y querida” Madre Inés como tutora (creo que en sexto de E.G.B) nos metía la palabra “responsabilidad” hasta en la sopa, haciendo referencia y de forma incansable a este concepto en cada charla y tutoría que nos daba. Los veranos que en aquella época eran interminables, los pasé felizmente en Gran Playa (Santa Pola), entre baños en el Mediterráneo, castillos de arena, bicicletas y juegos en la calle con los vecinos (Silvia, Estela, Miriam e Iván Sáez de León; Loli, Toñi y Fernando Millán; Fernando, José Manuel, Juan, Carlos y Pilar Trigueros, Encarni Antón, María Jesús, Susibel, Araceli y Andrés Domingo, Juanjo, Silvia, Rafa, Alejandro y Edu Tarí, Vicente, Jorge, Gero, Manolo..). Posteriormente, mis veranos transcurrieron también en la urbanización Bonavista, en una casa con jardín a la que nos trasladamos a vivir cuando yo estudiaba octavo de E.G.B, es decir con trece años. Años después  y por empeño de mi hermano, la familia aumentó con "Goku" o Pau que era como llamábamos a veces (para boicotear el nombre que había escogido David) a un entrañable bóxer de color canela.

Terminó la E.G.B y cursé los tres años del Bachillerato Unificado Polivalente (B.U.P) en el mismo colegio. Fui una alumna con buenas notas, no es que me gustara mucho ponerme a estudiar pero sí fui una niña aplicada y con sentido del deber. La novedad es que compartíamos las clases con los chicos, muchos de ellos venían del Colegio San Rafael, los Salesianos (como Pedro Linero y Julio Mompó) y hasta con ¡chicas de las Carmelitas! (como Paqui González y Elena Verdete, hoy profesoras de ese colegio).

Los veranos en Bonavista eran sinónimo de diversión y panda de amigos de distintas edades, que nos movíamos en moto para bañarnos todos juntos en casa de alguien, y tomar el sol, jugar al tenis, escuchar música y hacer alguna que otra fiesta. Conocí a muchos amigos (familias enteras) como José Luis (Maxi), Antonio (nuestro querido y añorado "Mini"), Conchi y Noelia Campillo Alhama; Jaime, Miguel, Carli y Jorge Brotóns Cano; Manu (Pirata), Fani y Alvaro Pomares Alfosea; Mayte y Toni Navarro Antón y sus primos Carlos y Álvaro Antón; Paco, Alfredo, Israel y Mari Carmen Martínez Ruíz (los Marshall); Manolo, Marina, Paco, Sergio y Miguel Galindo Campillo (los Galindo); Fernando, Juan Carlos, Jorge, el inolvidable Miguel Ángel, Rosita y Ñoño Giménez (los de la Cueva), Susana, Manu, Germán y Josefina Martínez; Mónica, Belén y Cristina Marco (las de la casa rosa); Antonio Vázquez, Joaqui Martínez, Juan Carlos Muñoz, también Javi Sepulcre y David Sempere… y por supuesto mis primos María Asunción (Totón), Juan Carlos (Pata), María José (Nina) y Rafa Tormo Córdoba. De aquellos años guardo de los mejores recuerdos de mi vida.

Esos años de adolescencia eran años de exámenes, de alguna que otra "guerra de escobillas" en los aseos del colegio y de salir los fines de semana con mis amigas del alma, como Natalia García Jaén, mi mayor confidente en esa época y que lamentablemente nos dejó en marzo de 2010[2], Mariló Guardiola Martínez (que conozco desde la guardería el "Niño Jesús"), Chelo Esteban Prieto, María Escalona Salido, Mariló Castro Galache, Ana Fenoll, Elvira Ruiz de Lope Clement, Pilar Fernández Lorente y más tarde Rosa Sánchez y Esther "la murcianica", a sitios como: El Real, Bombillotes, Vine-Vine que et quirda la iaia, Bianco, La Puerta Verde, Graffiti, El Ave Turuta, Tente en Pie, Max, Biscuter y tantos otros (en años previos las salidas se ceñían al Casino, dar vueltas por la Glorieta, el Dum-Dum y los recreativos Primo, aunque yo no jugaba, sólo era de las que miraba). Sobre todo íbamos de sitio en sitio para intentar ver al chico que nos gustaba pero también bailábamos mucho haciendo un poco las locas (todavía hoy, nos reunimos para comer una vez al mes).Y sobre todo eran años de un primer amor que recuerdo de forma generosa y me temo que algo idealizada.

Mi padre que por motivos laborales, trabajaba para una agencia comercial de Madrid (Cidón S.L) que exportaba zapatos sobre todo a Estados Unidos (EE.UU), tuvo que aprender inglés a una edad un poco avanzada, siempre nos inculcó la necesidad de hablar ese idioma. Así que siguiendo su consejo, estudié el Curso de Orientación Universitaria (C.O.U) en Estados Unidos a través del colegio San Estanislao de Kotska (S.E.K) de Madrid. Era la primera vez que salía de casa y me marché al otro lado del Atlántico, a Miami. Atrás quedaron las clases de inglés a las que fui desde pequeña en el English Center, aprendiendo con personajes como "Sandy and Sue" y con algunos niños del colegio El Palmeral como Jorge Orts y Andrés Ortuño, con los que después me rencontré estudiando B.U.P en Jesuitinas. Este último también se marchó a Estados Unidos el mismo año, a estudiar el equivalente a tercero de B.U.P. En mi casa estábamos acostumbrados a que mi padre se marchara de viaje a EE.UU. Lo mejor de todo era los regalos que nos traía a la vuelta. Cosas que eran imposibles de encontrar en España por lo que reconozco que “presumíamos” un poco en el colegio. Pero cuando mi madre nos preguntó si queríamos vivir allí, las tres hermanas, pues David era muy pequeño, contestamos sin dudarlo que “No”.

Estudié como llaman allí, 12th Grade, en un instituto público del distrito de Kendall, llamado Miami Palmetto Senior High School. Fue una experiencia única. Recuerdo lo enorme que me pareció  todo, las carreteras, las pizzas, los coches, los helados, etc. No estuve viviendo con una familia, como era lo habitual sino con un grupo de unos veinte españoles a cargo de un matrimonio del que no tengo muy buen recuerdo compuesto por un español y una irlandesa. Viví en el apartamento JJ116 de Briarwood, apartamentos que todavía hoy existen y que por tener aire acondicionado, piscina y un pequeño gimnasio a mí me parecieron todo un lujo. En el JJ116 éramos cuatro chicas de Madrid (Ada, Natalia, Belén y Susana) una de Palma (Seti) y yo la única ilicitana. Casi todos los fines de semana nos llevaban de excursión en un autobús escolar de esos amarillos que salen en las películas, a visitar lugares como Miami Beach, Key Biscayne, el Downtown, el Parque Nacional Everglades, Cabo Cañaveral y hasta nos llevaron en Semana Santa a Disney World en Orlando. Entre semana para desayunar y cenar nos soltaban en un restaurante cubano llamado Ruben’s que desgraciadamente desapareció recientemente, pues era el típico sitio sencillo, a la vez que auténtico, donde servían deliciosa comida cubana. En aquella época, el encargo mas frecuente que nos hacían desde España era los vaqueros Levi's 501 porque allí estaban mucho más baratos. Seti llevaba casi una maleta llena para sus amigos de Palma de regreso en Navidades. Ella misma se había comprado unos y de forma "artesanal" había arreglado los bajos del pantalón, cortándolos y pegando el doble por dentro literalmente con esparadrapo. Su abuela al ver tal "estropicio" le cosió bien el dobladillo. Pero la cosa no quedó ahí, pues seguidamente se entretuvo arreglando el largo de todos los vaqueros que encontró en la maleta, a la medida de Seti (que es de alta como yo), pensando que todos eran de su nieta. ¡Lo que nos pudimos reír después! 

En el vuelo Madrid-Miami de regreso de las navidades coincidí con los tres hijos de Julio Iglesias e Isabel Preysler. Ellos viajaban en primera clase (antes se llamaba así a la clase Business) por lo que no intercambiamos más que unas breves palabras. Como anécdota sí contaré que Enrique, el hijo pequeño y hoy popular cantante, se divertía junto con un amigo, poniendo un billete de un dólar atado un hilo en el pasillo del avión y cuando alguien se agachaba a acogerlo, sigilosamente y entre risas, tiraba de él. Por un casual conocimos a Elena, ahijada del cantante e hija de uno de sus guitarritas, y un día nos llevó a visitar, sólo estaba el personal de servicio, la casa del cantante en una parte muy selecta de Miami, Indian Creek. Me pareció un casa, estilo cabaña, muy acogedora y habitable sin demasiado lujo aparente y con unas vistas a la bahía inmejorables.

Las clases del High School eran muy amenas y prácticas y recuerdo haber aprobado todo sin estudiar casi nada. Como curiosidad contaré que el nivel de matemáticas de los españoles era muy superior (Andrés Ortuño me escribió una carta contándome que se había quedado el número uno en unas pruebas de su high school) y yo misma en alguna ocasión tuve que corregir, con todo respeto y humildad, a Mr. Postner, mi profesor de Algebra, porque estaba explicando mal los logaritmos. Después, cuando en las clases de Study Hall hacíamos debates y los españoles presumíamos de nuestros conocimientos en matemáticas, el profesor sentenciaba el debate con una reflexión en alto del tipo, ”muy bien chicos, pero ¿qué país es el que lanza cohetes a la luna?” y claro, nos teníamos que callar. Mi profesor de Government, Mr. Bravo era cubano y con él aprendí las diferencias entre el partido republicano y demócrata. En 1988 tocaban elecciones presidenciales y se enfrentaban el republicano Bush (padre) contra el demócrata Dukakis. Los debates eran muy movidos, pues Mr. Bravo partidario del partido demócrata intentaba predicar en un estado como Florida, donde suelen imponerse los republicanos. Otra profesora cubana, Mrs. Villalba nos daba literatura española, y entre otros libros nos hizo leer y analizar nada más y nada menos que  “Niebla”, de Miguel de Unamuno. A pesar de tener algún compañero español en todas las clases, me hice muy amiga de Gail, una americana que como casi todos allí, tenía su propio coche. Eso supuso más libertad para conocer Miami y la forma y costumbres de vida. Por supuesto también hice algunos amigos mejicanos, colombianos, argentinos,… Ese año maduré a la fuerza, pues a pesar de que fue una experiencia tan inolvidable para mí, echaba de menos mucho mi casa, mis amigos, mi chico… y cuando hablaba por teléfono con mis padres siempre les rogaba que me trajeran de vuelta.

Conservo más de doscientas cartas de esa época y hace poco releyéndolas me he encontrado con historias de amores y desamores, exámenes, chuletas, suspensos y aprobados, fugadas de las clases del instituto, fines de semana en Max, El Ave Turuta, Bianco, Graffiti, La Puerta Verde, verbenas de moros y cristianos en los Salesianos, fiestas de Jesuitinas, el Pedro Ibarra, la Asunción… y Tente en Pie, castigos por llegar tarde a casa, accidentes de moto, por suerte nada serio, tenis, gimnasio, partidos de futbito, clases de autoescuela, selectividad y ¡la universidad!, consejos de amigas, peleas y desengaños, miradas y besos robados, sueños sin cumplir con un primer amor y otros con el tiempo, hechos realidad.

Mi primer recuerdo al aterrizar el avión en Barajas, de regreso ya a España, es lo extraño que se me hizo ver desde el avión a un gato que nos observaba impasible en plena pista y más, viniendo de un país en el que cuando fregaban el suelo de un sitio público, ponían unos conos de precaución en los que figuraba escrito “wet floor” (suelo húmedo) para advertirte que podías resbalar.

Superé la prueba de selectividad para extranjeros que había preparado en dos semanas en un centro de estudios (C.E.S. numen) de Madrid  de la calle Piamonte y pasé un verano muy feliz de estar de nuevo en casa. Sólo tenía claro que quería quedarme en Elche y estudiar en la Universidad de Alicante, para estar cerca de “mi amigo” ¡qué tanto había echado de menos! Así que de poco sirvió los intentos de algunas amigas para marcharme con ellas a Valencia. Ni siquiera cuando desde la Universidad Pontificia Comillas (ICADE) llamaron a Jesuitinas para preguntar por mi expediente para ofrecerme una plaza. Pues Ada Labad, mi compañera de habitación de Miami había solicitado entrar en ICADE y en el Colegio Universitario de Estudios Financieros (CUNEF) y como la admitieron en ambos sitios, su padre pensó que me gustaría a mí ocupar su vacante. Cosas de la edad…

Empecé a estudiar Derecho y tras una semana me di cuenta de que no era lo mío y acabé matriculándome, sin estar muy convencida, en Económicas. Por alguna razón, yo misma me convencí de que no podría estudiar Medicina, decisión de la que me arrepentí algún tiempo después. Seguramente debió ser porque era y sigo siendo muy despistada. Por ejemplo, de vez en cuando me dejo olvidado el dinero que acabo de sacar en el cajero, y cuando todavía vivía con mis hermanas, me equivocaba a menudo marchándome a la universidad con sus zapatos, que aunque iguales, eran una talla mayor, y se montaba una buena después... La relación con ese chico, como es normal a esas edades, terminó al poco tiempo. Eso sirvió para conocerme mejor, aprender que no siempre se gana y a superar el primer desengaño con mucha ayuda y paciencia de mis amigas incondicionales y de otros amigos a los que desde aquí mando un beso y también pido disculpas.

Me junté con una nueva panda de amigos de Elche como Elena Fuster Selva y Vicen Vicedo Mendiola, que ya conocía de Jesuitinas, Paz Bañón Pascual, Luis Sánchez Poveda, Juan Francisco Botella Pamies, José Juan Cobo Martínez, Manuel Martínez, Pedro López,… y de distintos sitios de la provincia, entre ellos a la gente del Colegio Mayor y de Benidorm, en la que se encontraba un chico un poco gamberro que navegaba y que me saludaba guiñándome un ojo. Recuerdo que tuvimos un examen de Derecho Civil de primero que había caído muy cercano a otro muy duro de Matemáticas, por lo que a penas había podido estudiar. El profesor fue comprensivo con las circunstancias e hizo la vista gorda vigilando el examen. Yo estaba sentada detrás de un compañero y le pedi que me "soplara" una pregunta. Sin dudarlo me pasó su examen y pensé "¡qué generoso!" pero mi alegría duró poco al comprobar que sabía menos que yo. Era Tomás González Valdivieso, natural de Benidorm pero de familia salmantina por parte paterna y gallega y vallisoletana por parte materna, con él empecé a salir en tercero de carrera y hasta hoy.

En el último año de carrera conseguí una beca Erasmus, muy escasas por aquel entonces y gracias a la insistencia de Tomás para que me presentara. Me permitió estudiar durante el curso de 1993-1994 un máster sobre International Business Analysis  en Nene College of Higher Education perteneciente a la Universidad de Leicester, en Northampton, Inglaterra. Esa fue otra experiencia inolvidable. Recuerdo perfectamente esa sensación cuando llegué por la noche a la residencia (Margaret Bondfield Halls of Residence) que se encontraba en el mismo campus universitario, de “¿y ahora qué hago yo aquí?”. De nuevo dejaba atrás a mi familia, amigos, a Tomás… pero esta vez ya estaba preparada así que no me planteé en ningún momento volver a casa. Aprendí mucho, creo que en tan sólo un año más que en los cuatro de la carrera, o por lo menos puedo decir que recuerdo que sin atiborrarme a clases, me enseñaron unos pocos conceptos importantes que sigo aplicando hoy en día. Y de nuevo conocí a muchos amigos ingleses y a otros estudiantes Erasmus procedentes de Alemania, Bélgica, Francia y Portugal. Regresé a España y otra vez, siguiendo el consejo de Tomás solicité y conseguí una beca de la Universidad de Alicante y la Confederación Empresarial de la Provincia de Alicante (COEPA) para cursar  el doctorado, un trabajo sobre la oferta complementaria turística de la Provincia de Alicante y a la vez realizar prácticas en COEPA. Antes de eso, estuve "trabajando" o más bien aprendiendo con mi padre unos meses en la oficina de Cidón en Elda. Le acompañaba a las fábricas de zapatos y a atender a clientes americanos. De él aprendí la seriedad en el trabajo, la puntualidad y a intentar decir las cosas sin hacer sentir incómodo a nadie.

Si bien los primeros meses me pasaba mucha parte del día enviando “faxes” y haciendo trabajo administrativo, aprendí mucho de la mano de un vicepresidente de COEPA y presidente de la Confederación Empresarial de Pequeñas y Medianas Empresas de la Provincia de Alicante (CEPYME-Alicante) Andrés Corno, al que tengo gran afecto. La primera vez que me dijo que preparara una carta para enviarla muy urgentemente en su nombre, yo así lo hice. Cuando me preguntó por la carta para firmarla, le dije con asombro y algo extrañada que ya la había enviado. No se enfadó conmigo, sino todo lo contrario, pues me dijo “está bien hecho”. Yo desde aquel día aprendí que todas las cartas debían estar supervisadas y firmadas por él, como cabía esperar. También ayudaba a la Asociación de Escuelas Infantiles de la Provincia de Alicante (ADEIPA) siendo presidenta Marisa García, muy querida por mí. Al poco tiempo me fui haciendo un hueco entre el personal (de Elche estaba Fermín Crespo Rodríguez como director del departamento de comunicación, hoy en día convertido en Secretario General) y cuando surgió la oportunidad de encargarme de los proyectos europeos, no lo dudé ni un instante y acepté. Después ese departamento se convirtió en el Euro Info Center (EIC228), una especie de red europea de la Dirección General “Empresa” de la Comisión Europea para informar y asesorar a las empresas sobre cualquier asunto relacionado con la Unión Europea.

Para conseguir tal reconocimiento necesitamos presentarnos a una licitación europea, pues además del sello de marca se recibía una subvención anual. La sorpresa llegó cuando nos enteramos por la prensa que en Alicante se presentaba otra candidatura de la mano de la Oficina de Armonización del Mercado Interior (OAMI), el Centro de Documentación Europea, la Universidad de Alicante y la Caja de Ahorros del Mediterráneo (CAM). Yo, como directora del departamento europeo veía casi imposible conseguir que la Comisión confiara más en COEPA que en todas esas instituciones unidas, pero no abandonamos en el intento y presentamos nuestra candidatura. He de decir que fue una candidatura hecha con mucho mimo y esmero. Estoy segura que eso junto con la labor política y de lobby que hizo el presidente de COEPA, en aquel entonces José Luis Montes-Tallón, nos sirvió para ganar el concurso. Trabajar como directora del Euro Info Center, junto con Isabel García Luis y Pilar Navarro Colorado, supuso conocer las necesidades de las empresas alicantinas en materia de financiación, legislación, cooperación empresarial, etc. y vivir en primera persona como les iba a afectar el cambio de moneda. Mi experiencia en los proyectos europeos me permitió aprender de la mano de muy buenos profesionales del ámbito de la formación continua y la orientación profesional para trabajadores, como por ejemplo Pamela Clayton (Universidad de Glasgow) o Peter Plant (Universidad de Aarhus en Copenhague). Y por supuesto viajar mucho y por suerte conocer ciudades europeas de Francia, Alemania, Italia, Reino Unido, Grecia, Bélgica, Luxemburgo, Países Bajos, Dinamarca, Suecia, Finlandia, Noruega, Estonia, Eslovenia, Republica Checa…

Como me atraía mucho la docencia, conseguí una plaza de Profesora Asociada en el departamento de Economía Aplicada y Política Económica de la Universidad de  Alicante (UA) dirigido por Diego Such, que compaginaba con mi trabajo en COEPA. Di clases de política económica desde octubre de 1999 hasta febrero de 2002, fecha en la que cogí una excedencia laboral en COEPA pues nacía mi primera hija, Luna, que llegó el mismo día en que las pesetas dejaron de estar en circulación, el 28 de febrero. Me marché a vivir a Madrid, donde Tomás que ya era mi marido, nos esperaba. Tomás, que había accedido a casarse por la Iglesia, e incluso a tener fotógrafo en la boda, sí me puso una condición, “nada de grabar en vídeo la boda”. La boda se celebró el 19 de mayo de 2001, el día después de la proclamación del Misteri como Patrimonio de la Humanidad. Cuando llegamos al altar, había más de una cámara de televisión enfocándonos, dada la importancia de la noticia. Algún amigo nos dijo después que nos había visto en el telediario. Por cierto, estaba previsto que vinieran a cantar unos miembros de la Capella dirigidos por el Mestre Manuel/Manolo Ramos Aznar (más conocido cariñosamente como "el cureta") y recuerdo los nervios de pensar "¡...y si no aparece nadie porque se han ido de fiesta!" Pero allí estaban, y estuvieron espléndidos. Nunca se lo agradecí lo suficiente a Manolo, quien me dijo, "esto de que te canten en una boda así porque así, Tote, quizás a partir de mañana ya no se pueda hacer más". Ese fue sin duda, el mejor regalo de boda.

Tomás trabajaba para una financiera del Banco Bilbao Vizcaya Argentaria (BBVA) y sabíamos, por petición propia, que lo trasladaban en breve como director de la oficina que se abría en México. Tras la boda, teníamos ya prácticamente hechas las maletas cuando se produjo el fatídico atentado del 11 de septiembre. Este hecho paralizó por completo las decisiones de inversión directa del banco en América Latina y ahí terminó para nosotros una aventura que ni siquiera llegó a comenzar. En Madrid vivimos por la zona del Parque de las Naciones, algo más de un año. Un año en el que por suerte me pude dedicar a tiempo completo a aprender y disfrutar de ser madre.  En abril de 2003 volvimos los tres a vivir a Elche, y el 26 de junio de ese año nacería mi segundo hijo, Tomás.

En 2003 y hasta 2005, trabajé como técnico en proyectos europeos en el Instituto Tecnológico de la Empresa (AITEM) ubicado en San Juan junto con dos profesores  de la UA que me enseñaron casi todo lo que sé en docencia, Manuel Fuentes y José Antonio Martínez. Simultáneamente, desde 2004 hasta 2008, conseguí una plaza de nuevo, como Profesora Asociada en la UA y a la vez otra plaza como asociada en la Universidad Miguel Hernández (UMH) en el departamento de Estudios Económicos y Financieros, y en concreto en el área de Economía Aplicada dirigida por Carmen Victoria Escolano Asensi. Entre ese periodo, el 5 de julio de 2006 nacería Violeta, mi tercera hija, convirtiéndonos en familia numerosa.

Desde que Luna tenía dos y Tomás un año, veraneamos en Marckolsheim, un pequeño pueblo de la región de Alsacia, en plena ruta de los vinos. Allí hemos hecho muy buenos amigos como Anne y Norbert el matrimonio que cuida de nosotros en "Les Loges du Ried" y sus hijos Nicolas y Romain, a los que he visto crecer. Y también a los queridos Bruno y Valerie, Jena Marie y Agnes, Frederick (alcalde del pueblo durante los últimos años y recientemente elegido diputado nacional) y su esposa Anne y como no, a toda la tropa de niños, hoy en día ya adolescentes. Son gente sencilla y muy hospitalaria, cuyos antepasados pasaron tiempos difíciles durante la I y II Guerra Mundial, pues Marckolsheim está casi a orillas de Rhin, en plena frontera entre Francia y Alemania. Si les preguntas, ellos te responderán que se sienten alsacianos. Por allí pasa la famosa Ligne Maginot (una línea de fortificación y defensa construida por Francia a los largo de su frontera con Alemania, después del fin de la IGM). Lo mejor de todo es que el mismo día que nos dan las vacaciones de agosto, salimos en coche rumbo a nuestro destino y aprovechamos los viajes de ida y vuelta para conocer distintos sitios de Francia, Alemania, Italia, Suiza...Siempre con nuestra tienda de campaña a cuestas. Lo peor de todo, es que me pierdo las fiestas de agosto. Especialmente echo en falta la Nit de l'Alba que le encantaba a mi abuelo Manolo y el Misteri, que nos gusta mucho a los cinco. En 2013 cumplimos 10 años de veraneo allí y nos esperaba una sorpresa, dos periodistas que entrevistaron a toda la familia, saliendo la noticia posteriormente en los diarios L'Alsace y Dernières Nouvelles d'Alsace (DNA).

Con motivo del regreso temporal de la Dama de Elche a la ciudad, y tras una pregunta que un día me hace mi hija mayor, decido escribir un cuento para contar la historia de “La reina Mora”, que es como se le conoce por estas tierras. Me embarco en esta aventura, completamente nueva para mí y me presento al concejal de cultura del ayuntamiento de Elche, por entonces José Manuel Sánchez (PSOE) para exponerle el proyecto. Le gustó la idea desde el primer momento y decidió apoyarla, por lo que en mayo de 2006 ve la luz el álbum ilustrado “El regreso de Dama”/”El retorn de Dama” con dibujos de la eldense y arquitecta Maribel Requena. Publicar ese libro me ha producido muchas alegrías. Sobre todo cuando los niños descubren que soy la autora y me dicen lo mucho que les gusta leerlo o cuando aquella vez que me localizó por teléfono una profesora del Colegio Público de Educación Especial  Virgen de la Luz para darme las gracias por el trabajo, pues mi cuento le servía como herramienta para trabajar con sus alumnos y prepararles para una visita al Museo Arqueológico y de Historia de Elche (MAHE). O en aquella ocasión en la que un niño ilicitano de nueve años, José Francisco García Verdú,  pianista, Premio Revelación Nacional 2007, recibió un premio de la Fundación Veo Veo en 2008 y como la Princesa de Asturias era la encargada de entregar el galardón, este niño decidió regalarle como obsequio el cuento, saliendo las fotografías de dicho momento en alguna revista del corazón. Me enteré por una amiga que me llamó nada más enterarse mientras ojeaba dicha revista en una peluquería.

Desde 2008 y hasta abril de 2015, trabajo en exclusiva como Profesora Colaboradora en la UMH y a partir de esa fecha y hasta la actualidad, como Profesora Contratada Doctora. Además desde octubre de 2015, tengo el honor de ocupar el cargo de Secretaria de la Cátedra Institucional “San Crispín” del Calzado de la UMH.

Por cosas del destino, desde junio de 2011 hasta junio de 2015, fui concejala independiente por el Partido Popular en el Ayuntamiento de Elche, y se delegan en mí (por Decreto 4549 del 20/06/2011) las competencias de Comercio, Fondos Europeos, Igualdad, Familia y Mercados. Finalmente terminé la legislatura únicamente con las competencias de Fondos Europeos, Igualdad y Familia. Durante esa experiencia en la vida política encontré buenos amigos tanto en mi bancada como en la de enfrente, a los que aprecio y todavía hoy compartimos alguna comida. También guardo con mucho afecto algunas anécdotas con mi equipo de la concejalía, fue un placer trabajar con ellos. Esos cuatro años me permiten conocer a mucha gente nueva del ayuntamiento y de fuera de él. 

Un resumen de mi trabajo y trayectoria a mi paso por el consistorio se puede consultar en dos tribunas escritas en el diario información. La primera, “Historia de una mesa”, publicada el 8 de mayo de 2015. http://www.diarioinformacion.com/elecciones/elche/2015/05/07/historia-mesa/1629798.html

Y la segunda, “Invita la oposición” dirigida con especial afecto al concejal independiente del PSOE y compañero de Universidad, Miguel Ors Montenegro, publicada el 13 de junio de 2015, el mismo día en que se nombraba al alcalde y a la nueva Corporación Municipal. http://www.diarioinformacion.com/opinion/2015/06/13/invita-oposicion/1644401.html

Por último, desde el 7 de febrero de 2014 soy Doctora con mención internacional con la tesis “La orientación dirigida a los trabajadores mayores en España: Una perspectiva desde una organización empresarial de ámbito provincial” que fue dirigida por el Profesor de la UMH, José Antonio Belso Martínez y que dedico con mucho amor a mis abuelos.

Pero ante todo soy profesora, muy amiga de mis amigos, tía orgullosa de Cecilia y María (por parte de mi cuñada María) y de Isabel, mi ahijado Álvaro y la pequeña Cristina, (por parte de mi hermana Cristina y Alberto Borja Vázquez) y madre de tres niños que me van enseñando cosas nuevas a diario. Cosas tan importantes como que no hay que rendirse nunca. Recuerdo que cuando nos trasladamos a vivir a mi casa actual, Luna tenía cuatro años y durante algún tiempo no teníamos espejos en los baños. En una ocasión mientras le peinaba le dije que estaba muy guapa y que era una pena que no se pudiera ver. No dudó, en salir corriendo de casa, llamar al ascensor que sí tenía unos buenos espejos y contemplarse. También he aprendido a cargarme de buena dosis de paciencia, sobre todo cuando Violeta no quiere comer y se esconde por la casa o se mete enfadada dentro de la lavadora.

Y para terminar, un día Tomás me dijo que tenía una excursión y su profesora de inglés les había pedido si podían llevar una cámara de fotos. Le dije que sí pero que le compraría una de usar y tirar, pues la que teníamos en casa no era para niños y se podía romper. Le pareció bien, la compramos y le expliqué como se hacían las fotos. Al día siguiente cuando regresó de la excursión le pregunté por la cámara, el niño me miró con gesto de seguridad y dijo: “mamá, la he tirado”. Le dije que cómo había hecho eso, y me contestó “la he tirado a la papelera, ¿eh?” y cuando yo iba por momentos, subiendo el tono de todo tipo de expresiones de incredulidad, el niño me replicó “tranquila mamá, que he hecho todas las fotos ¡y había 27! Ese día creo que aprendí que la lógica de los niños era simplemente así de lógica y Tomás me recordó, que es maravilloso poder seguir sintiéndose un poco niño de vez en cuando.

Elche, 24 de diciembre de 2015.

Desde mayo de 2019 es vicerrectora de la Universidad Miguel Hernández de Elche.

 

[1] La biografía de la familia Sánchez-Camachón ya está recogida en la web de la Cátedra Pedro Ibarra.

[2] A ella en 2012, le dedico la tribuna publicada en el diario Información titulada “Adiós a un comercio con personalidad”

http://www.diarioinformacion.com/opinion/2012/10/13/adios-comercio-personalidad/1304285.html

Lo de mi nombre tiene historia, pues además de Tote, mi padre, de forma cariñosa, a veces me llama Josefina. A mi abuelo Manolo le dio un verano por llamarme José hasta que un día mi abuela le riñó y tuvo que dejar de hacerlo (confieso que a mí me gustaba). Un vecino de Elche y Gran Playa, muy querido por mi familia, se refería a mí siempre como Mari Pepa. En Francia soy María a secas. Para mis hermanos y mis sobrinos sigo siendo Toté (con tilde en la e) y a menudo Mariajo, este último nombre también es el preferido de unos cuantos amigos. Y últimamente, algún técnico del ayuntamiento me llamaba M.J.

Nota del editor: Desde su nombramiento como vicerrectora de la UMH, sus amigos le llamamos jefa o vice.

Comments

Subido por María José Lóp… el Lun, 03/04/2017 - 21:51

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9 años 2 meses
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Mi intención no era escribir una autobiografía como tal. El objetivo era redactar unos folios para que posteriormente, alguien de la Cátedra cogiera sólo lo relevante y de interés. Me puse a escribir y a recordar y salió esta larga historia. Se la mandé al Director, mi buen amigo Miguel Ors, un día de Noche Buena como "regalo" de Navidad, pues llevaba tiempo diciéndome que necesitaba biografías, sobre todo de mujeres. A los pocos días y para mi asombro me encontré la autobiografía colgada tal cual. Miguel con acertado o erróneo criterio decidió que así fuera y finalmente así fue.

Mi abuelo se llamaba Antonio Mira Botella, le llamaban "che molina", era de Molina de Segura, y tuvo una bodega en Elche que se llamaba La Parra, cerca del mercado y en tiempos de la guerra. Igual hasta somos família ...??

Hola Marcial, En efecto, mi madre acaba de preguntarle a mi tía María, hija de Alfonso Mira Botella, y nos ha dicho que tu abuelo y su padre (es decir mi bisabuela) eran hermanos. Es decir, tu abuelo es tío abuelo de mi madre. Se acuerda que Marcialet era el hijo pequeño de tu abuelo y que al regresar de Barcelona, puso la bodega. Así que sí que somos familia ¡Gracias por escribir!

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