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Herzogin de Baviera, Elishabeth Amalia

Enviado por Luis Pueyo el
Datos biográficos
Fecha de nacimiento
24 de diciembre de 1837
Lugar de nacimiento
​Múnich (Baviera)
Fecha de muerte
10 de septiembre de 1898
Lugar de muerte
Ginebra (Suiza)
Profesión
aristócrata

Isabel de Austria (o de Baviera), más conocida por su apodo, Sisi o Lisi fue emperatriz del Imperio Austríaco por su matrimonio con su primo hermano, el emperador Francisco José I. Su origen se encontraba en la Casa de WIttelsbach, nacida como duquesa de Baviera y con el tratamiento de Alteza Real, era hija de Maximiliano, duque de Baviera y de la princesa real Ludovica. Tercera de ocho hermanos, su infancia transcurrió en el palacio de Possenhofen. A los 16 años contrajo matrimonio con el emperador austríaco, fruto del que nacerían cuatro hijos: 

Sofía Federica de Habsburgo-Lorena, archiduquesa de Austria (1855-1857), fallecida a los dos años de edad. Gisela de Habsburgo-Lorena, archiduquesa de Austria (1856-1932). Rodolfo de Habsburgo-Lorena,   príncipe heredero de la Corona (1858-1889). María Valeria de Habsburgo-Lorena, archiduquesa de Austria (1868-1924).

En una visita a Hungría en 1857, Isabel se empeñó en llevar consigo a las archiduquesas Sofía y Gisela, a pesar de la rotunda negativa de su suegra, la archiduquesa Sofía. Durante el viaje, las niñas enfermaron gravemente, padeciendo fiebres muy altas y diarreas. Mientras que la pequeña Gisela se recuperaba rápidamente, su hermana no tuvo la misma suerte y falleció, seguramente deshidratada. Su muerte, que sumió a Isabel en una profunda depresión que marcaría su carácter para el resto de su vida, propició que le fuese denegado el derecho sobre la crianza del resto de sus hijos. Tras el nacimiento del príncipe Rodolfo, la relación entre Isabel y Francisco José comenzó a enfriarse.

 Elisabeth y Francisco José fueron coronados reyes de Hungría en el año 1867, y ella recibió como regalo el palacio Gödölö.  

Francisco José había asumido el trono a los dieciocho años, ante la enfermedad mental de su tío, el emperador Fernando I, y la renuncia de su padre, el archiduque Francisco Carlos, y gobernó un imperio en decadencia hasta su muerte en 1916.

Las relaciones con su mujer no fueron buenas, vivieron muy alejados y ella rechazaba sus requerimientos maritales siempre que podía. Sissi no impidió que tuviera una amante fija, Katharina Schratt, una bella actriz que acompañaría al emperador hasta su muerte. Sissi llegó a encargar un retrato de Katharina para que Francisco José lo colgara en su despacho.
 

Elisabeth se pasó diez años viajando continuamente a Inglaterra e Irlanda, donde había adquirido cuadras, para participar en cacerías a caballo. La emperatriz se alejó poco a poco de la actividad de la corte, odiaba la rigurosa etiqueta vienesa.

Muy aficionada a cabalgar, tenían que preparar hasta tres caballos al día, usaba tres pares de guantes para proteger bien sus manos y durante diez años participó en competencias ecuestres.  
Aficionada a la poesía, fue autora de muchos poemas. Consideraba la mujer más bella de Europa. Dormía con paños húmedos en sus caderas y se dice que llegó a tener una cabellera que le llegaba hasta los tobillos y que tardaban tres horas en peinar, Convirtió a su peluquera, Fanny Angerer, en uno de los personajes mejor pagados de la corte. Además, se sometía a grandes curas de sudor para adelgazar y se pesaba en varias ocasiones cada día. La emperatriz nunca sobrepasó los 50 Kg, con una estatura de 172 cm.


En 1873 su hija mayor Gisela se casó y un año después la hizo abuela, Sissi tenia entonces treinta y seis años. En 1886 la muerte de Luis II de Baviera sumió en una larga depresión. Su extravagante primo había sido desposeído del trono al ser declarado enfermo mental poco antes de aparecer ahogado en el lago Starnberg. Sissi sostuvo que Luis II había sido asesinado por sus enemigos. En 1889 su hijo Rodolfo muere en Mayerling junto con su amante, se sospechó que asesinó a María Vetsera y luego se suicidó. Se cree que padeció un cierto desequilibrio mental, posiblemente fruto de las desgracias familiares. Elisabeth nunca se recuperó de la perdida de su hijo. Practicaba espiritismo Y aseguraba que mantenía continuas conversaciones con el espectro del poeta alemán Heine, uno de sus héroes románticos. Tras la muerte de su hijo, la emperatriz abandonó Viena y adoptó el negro como único color para su vestimenta, a la vez que se incrementó su fobia a ser retratada. Solo unas pocas fotografías se conservan, de fotógrafos con suerte que lograron captarla sin que ella lo advirtiera.  

Esta última etapa en la vida de la emperatriz estuvo marcada más que nunca por sus viajes. Compró un barco de vapor al que llamó Miramar y en él recorrió el Mediterráneo, uno de sus lugares favoritos fue Cap Martin, en la Riviera francesa, donde el turismo se había hecho constante a partir de la segunda mitad del siglo XIX. También pasaría algunas temporadas de verano en el lago de Ginebra, en Bad Ischl y en la isla griega de Corfú, donde tenía un palacio, en dónde aprendió griego. Además visitó muchos otros países, como Portugal, Marruecos, Argelia, Malta, Grecia, Turquía y España.

En 1894 visitó Elche y su palmeral. Al ver la famosa palmera de siete brazos exclamó que era digan de un imperio, por lo que recibió su actual nombre de Palmera Imperial.  Durante el otoño del año 1894 la emperatriz viajaba en su yate, el Greiff, después de haber estado en la isla de Mallorca donde se había detenido para visitar a su primo, el archiduque Luis Salvador. Cuando navegaba rumbo a Marsella, le sorprendió un temporal y el barco tuvo que refugiarse en el entonces pequeño puerto de Alicante. De riguroso incógnito, y acompañada tan solo por algunos amigos desembarcó en la ciudad. Allí, le llevaron a comer a la conocida fonda de Bossio, situada en la Rambla, en los aledaños de lo que hoy es el Banco de España. Tras una sobria comida vegetariana, el posadero le ofreció granadas como postre. A la emperatriz le sorprendió mucho el excelente sabor de aquellas granadas, y le dijo a Bossio que le enviara algunas cajas al barco. Se las pagó espléndidamente y todavía, de regreso a Viena le envió como agradecimiento una condecoración.

Tras cerrar el trato, la emperatriz preguntó el origen de esa fruta que tanto le había gustado. Le respondieron que eran de la vecina Elche, donde además existía un gran bosque de palmeras. Y Sissi, tan amante de la naturaleza mostró su deseo de visitar aquel palmeral milenario, de manera que ese mismo día y por ferrocarril se trasladó a Elche. Para no cansarla por maltrechos caminos, le condujeron directamente a visitar un huerto y eligieron el del capellán Castaño, bien poblado de palmeras y en el que además había un raro ejemplar al que le habían nacido a dos metros del suelo tantos hijuelos que le llamaban la palmera de los ojos, o «dels ulls».

Sabemos que a su llegada al huerto, la emperatriz vestía de amarillo claro y se protegía del sol con una sombrilla del mismo color. Su aspecto era de una exquisita elegancia. Por entonces tenía 57 años. Su delgadez aumentaba su estatura cuando se entrevistó con el capellán Castaño, que en aquel momento no comprendió la grandeza de la mujer que tenía delante, mostrándose torpe y atolondrado.

Poco a poco el capellán fue tomando confianza y se fue rompiendo el hielo. En mal francés, haciendo de intérprete seguramente alguno de los acompañantes de la Emperatriz, el cura Castaño cumplió como anfitrión y mostró su casa y su huerto a la real visitante. Cuando se detuvieron ante la rara palmera, la emperatriz quedó muy sorprendida. La observó detenidamente y le dio la vuelta. Finalmente dijo a su dueño estas palabras: «Mosén Castaño, esta palmera tiene una fuerza digna de un imperio. Debería usted ponerle un nombre».

No debe sorprendernos la admiración que la palmera causó en la emperatriz. Por entonces era un ejemplar muy joven que estaba en el apogeo de su belleza simetría y vigor, como lo demuestra la fotografía que de ella se hizo durante el Eclipse, seis años más tarde. Terminada la real visita, el cura Castaño comenzó a caer en la cuenta que la señora a la que acababa de despedir era nada menos que la Emperatriz de Austria, y dándole vueltas y más vueltas a las palabras que había pronunciado ante su palmera, decidió que la denominaría Palmera Imperial. Así fue y así sigue siendo después de transcurridos 120 años. El 10 de septiembre de 1898, cuando la emperatriz se disponía a trasladarse desde Ginebra a Montreux, sufrió el ataque de un anarquista italiano, Luigi Luccheni, que hundió un estilete en su corazón provocándole la muerte pocos minutos después.

La emperatriz fue capaz de amasar una gran fortuna personal que, a su muerte, sorprendió al propio emperador. Sisi fue una de las primeras damas de la realeza europea que invirtió en acciones y abrió cuentas de ahorro en entidades privadas. Depositó parte de su fortuna en la banca Rothschild de Suiza

Fuentes:
 

Cuadrado, J. (2000). Atlas español de la cultura popular: De la historieta y su uso 1873-2000, Madrid: Ediciones Sinsentido/Fundación Germán Sánchez Ruipérez. 2 v. ISBN 84-89384-23-1. Hamman, B. (1982) Sisi, emperatriz contra su voluntad. Barcelona: Editorial Juventud, 1989. 352 págs. ISBN 84-261-2344-9. Moreno V., Ramírez M., De la Oliva C., Moreno E. et. alli. www.buscabiografias.com Ort Serrano, F. https://www.informacion.es/opinion/2017/07/31/120-anos-sissi-6137472.html

 

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