Datos biográficos
GARCÍA CASTAÑO, Diego (Elche, 19-VI-1932 - 9-II-2023). Catedrático de Matemáticas de Instituto y escritor.
"Yo soy, o yo fui, según el año en que leas esta BIOGRAFÍA, Diego García Castaño. Empecé siendo el hijo de Remedios Castaño Mateu, "la Groga", y de Diego García Navarro, "Escorina", y el hermano de Manola.
Después, fui el esposo de Maruja y el padre de Mª Remedios, Mª Dolores, Diego, Mª del Mar, Francisca Mª, Francisco, Antonio y Margarita de la Cruz.
Y con los años, el abuelo de Julián, Juan Diego, Carlos, Santiago, Jorge, Gema, Cristina, Mª Asunción, Diego, Marina, Joaquín, Almudena, Belén, Andrea, Esther y Antonio.
Cuando yo nací, mi familia vivía en la Calle del Ángel a la altura del nº 31 de la numeración actual, en la primera planta de la casa de mis abuelos paternos que habitaban los bajos de la misma. Esta calle, durante la Edad Media y hasta que los moriscos fueron expulsados de España por Felipe III, en 1609, fue "frontera" entre dos barrios, el moro del Arrabal y el de la Parroquia del Salvador, entre los que siempre hubo enfrentamientos, desavenencias y peleas callejeras.
No sé si como recuerdo ancestral de lo dicho, o por puro mimetismo con la cruenta contienda fratricida de la Guerra Civil Española, la chiquillería de los diferentes barrios de Elche era desafiante y guerrera. Yo, siendo niño, escuchaba "consignas" como las siguientes: los del Raval "declaran la guerra" esta tarde a partir de las seis a los de la Yeta, o los del Pla a los de la Barrera o la Alpujarra, etc. Como es lógico, en estas confrontaciones, siempre hubo contusionados por los impactos de piedras o puñetazos intercambiados entre los contendientes.
Algo parecido pasaba en las escuelas unitarias, como a la que yo asistí, bajo el lema inmisericorde de que "las letras con sangre entran", el comportamiento de los maestros dejaba mucho que desear, hasta el extremo que podríamos sentenciar que," no hay más dictadores que en una dictadura ni más demócratas que en una democracia”, y lo curioso es que el universo a considerar es el mismo. Como los alumnos lo pasábamos tan mal, con estos métodos, nos rebelábamos contra quienes los aplicaban, o sea, contra los maestros. Algunos días, y esto se repetía varias veces al mes, cuando D. Máximo llegaba a las nueve de la mañana al colegio, e intentaba introducir en la cerradura su descomunal llave, se daba cuenta de que esto no era posible porque nosotros habíamos introducido cuidadosamente a presión, en su interior, unos buenos huesos de dátiles o piedrecitas, según la época del año. D. Máximo encrespado se revolvía, nos miraba de forma perversa, y los veinte metros, más o menos, que nos separaban de él parecían reducirse por momentos, al menos ésa era la impresión que a mí me causaba. Resoplando, sin pensárselo dos veces, marchaba a por el cerrajero, aunque no sin antes dirigirnos instintivamente fulminantes miradas que presagiaban la tormenta que se avecinaba cuando entrásemos en la escuela. Arreglado el "entuerto", o sea, abierta la puerta, una leve pero pícara sonrisa se dibujaba en su rostro al mismo tiempo que su mano derecha nos indicaba a todos nosotros, con un movimiento sinuoso de los dedos, que ya podíamos entrar. Lo malo era que su mano no visible, desde el lugar en que nos encontrábamos, escondía una regla prismática con aristas metálicas que era su preferida tanto para ir contándonos, mejor dicho marcándonos, de uno en uno, según entrábamos, al igual que hacía para enseñarnos las reglas de urbanidad.
Mi azarosa niñez me permitió, el año 1939, contemplar el paso por la Corredora de Elche de tanques con la bandera de España, que venían de la guerra ya conclusa, y que eran aclamados por todos los allí presentes: unos lo hacían por no se sabe qué y otros por convicción. Desde luego, la gente gritaba: "Viva Franco que nos da pan blanco, muera Negrín que nos da pan de serrín", cuando el pan era amarillo, de panizo, u oscuro, de centeno. Eran, desde luego, tiempos de Falange, cara al Sol, el yugo y las flechas, etc. , etc., etc.
Hice el Ingreso del Bachillerato, y poco más, en el Colegio de Santo Domingo de Orihuela, porque el primero lo acabé, como el resto de mis estudios medios, en el Colegio Ntra Sra de la Asunción en Elche. Me licencié en Ciencias Matemáticas en la Universidad Complutense de Madrid, aunque los dos primeros cursos de la carrera los estudié en Zaragoza. Fui profesor de Cálculo y Geometría Analítica (preparación para el ingreso en la Escuela de Ingenieros Industriales: la enseñanza que marcó mi vida) en la Academia Peñalver de Madrid, la mejor de nuestro país en su especialidad, con alumnos de toda España, entre ellos, de Elche, Alicante y Elda, impartí también el Curso de Iniciación, el Preuniversitario y el COU en la Academia Peñalver y el COU en el Colegio Inmaculada Concepción, del Barrio Salamanca de Madrid. Residí en la capital de España veintidós años, dieciséis de ellos en compañía de Maru, mi esposa, y de mis hijos según iban naciendo. Como Catedrático de Matemáticas de Bachillerato fui director del Instituto de Caravaca de la Cruz y, Jefe de Departamento, en los institutos de San Vicente del Raspeig y Carrús de Elche.
A mis treinta y dos años publiqué, Matemáticas Teóricas, que estuvo como libro de texto en el Instituto “La Asunción” de Elche y en las Jesuitinas y en otros muchos centros, de Murcia, Badajoz etc., pero sobre todo, lógicamente, en las Peñalver de Madrid y Barcelona. Con treinta y cuatro años escribí, Matemáticas Prácticas, para el Curso Preuniversitario (con la colaboración, en este caso, de Luis M. Mateo López, Ingeniero Agrónomo).
Fundé y fui Jefe del Seminario de Informática de Elche, que tuvo sus prolegómenos en los cursillos que dábamos los sábados para los alumnos en el IES Carrús de Elche, a los que acudieron también profesores de otros centros, entre ellos, Antonio Fuentes, Secretario de la UNED de Elche y Diego Miñano, y en el que se integraron Francisco Vives, Juan Úbeda, Pasqual Mollá, Diego Romero y Pedro Martínez, todos ellos del Carrús, Mª Carmen Bel, de la Asunción, Fernando Piqueras, del Instituto de San Vicente del Raspeig, y la Sra. de Diego Romero. Dimos los Cursillos de Informática de la UNED, por los que pasaron cientos de alumnos, los que organizaban, Iván Aranda y José Brotóns, en la Universidad Popular, los de la Escola D'Estiu y los del CEP. En la Escola d'Estiu entrábamos a clase, a la misma aula, junto con los alumnos, varios profesores, uno de ellos explicaba y los demás sentados como si fuéramos también alumnos lo escuchábamos, aunque a lo largo de la clase casi todos interveníamos comentando algunos matices de los programas que allí se realizaban.
Con el tiempo vinieron los aires informáticos oficiales a la enseñanza. La Generalitat Valenciana tomó cartas en el asunto y quiso crear dos o tres Centros Pilotos en la provincia de Alicante. Hubo un concurso de méritos para ver en qué centros se implantaban. Carrús aportó por escrito todos los cursillos realizados y sacamos el nº 1 de la provincia, por lo que fuimos el primer instituto alicantino en tener Aula de Informática, con ocho ordenadores última generación. Como Jefe del Aula de Informática tuve que ir varias veces a Valencia, asistir a Cursillos de la Generalitat en el Instituto Jorge Juan o en el Figueras Pacheco de Alicante
Recuerdo que, un día, vino a verme, Antonio Ramón Guilabert, Director de El Periódico Elche y Gerente de Radio Elche, para ver si le hacía un programa, que él necesitaba para poner en marcha el Concurso de la Carambola que tenía pensado organizar en su periódico y, que ningún informático de los que había visitado supo hacerle, por sus pasajes matemáticos. Hice el programa e imprimimos las fichas en el propio instituto; Antonio Ramón traía el papel continuo y ambos de rodillas lo recogíamos según salía de la impresora con las fichas ya confeccionadas. Informáticamente hablando, era todo bastante rudimentario, respecto a como se puede hacer hoy día, pero la Carambola se hizo realidad.
Antonio Ramón, uno de los hombres más emprendedores y competitivos de los que he conocido, cambió de trabajo y se colocó en Alicante en la empresa audiovisual Tabarca, que hacía algunos documentales para Canal Nou. Al enterarse él de que yo estaba escribiendo mi segundo libro sobre Jorge Juan Santacilia, o sea, sobre el mejor científico español del siglo XVIII, nacido en el Hondón, de madre ilicitana, me dijo que este personaje era uno de los que tenía "in mente", desde hacía meses, para llevarlo a la televisión. Además ya había asistido a la presentación de mi primer libro, sobre dicho personaje, a cargo de Gaspar Mora, director del Departamento de Análisis Matemático de la Universidad de Alicante y ex Director de la UNED de Elche, en el Salón de Plenos del Exmo. Ayuntamiento de Elche, bajo la presidencia del Alcalde Diego Maciá.
Dieciocho meses después de la Presentación de mi primer libro, sobre Jorge Juan, finalizaba Antonio Ramón, como director, los tres capítulos, de cincuenta minutos de duración cada uno, de la serie televisiva Jordi Joan Santacilia. Entre el variado y copioso material que manejó para este documental se encontraba mi libro, Trascendencia Científica de Jorge Juan Santacilia, que viajó con él a la Isla de Malta y al Ecuador mientras rodaba dicha serie. Antes de su viaje a América, en el mes de agosto, me consultaba en la playa bajo el "ficus" en el que yo me resguardaba de los rayos solares, con el cuadernillo en ristre, sobre algunos pasajes que yo narraba en el mismo, a cambio él me proporcionó, las mejores fotos que hicieron para la Secuencia Gráfica de Trascendencia Científica de Jorge Juan Santacilia. Fui asesor científico de la serie y como tal tuve varias intervenciones a lo largo de la misma, unas tres o cuatro por capítulo.
Durante un mes di clases de FORTRAN en la UNED, sin cobrar ni perra porque amor con amor se paga, a los de Segundo Curso de la Carrera de Psicología, ya que al no conocer el profesor de Matemáticas que tenían este lenguaje de programación, los dirigentes de este centro docente me llamaron. También colaboré con Francisco Vives en un trabajo informático que presentó a un congreso del CDS, en Madrid, y que fue valorado y distinguido por este partido político.
El año 2002 publiqué la Biografía y Matemática de Jorge Juan; después, dos ediciones de Trascendencia científica de Jorge Juan Santacilia; mi autobiografía Avivando los Recuerdo;, Vicente Quiles, un alcalde que pensó en futuro; Las rutas de los Mercaderes y el alborear de la Matemática y, en el 2015, publicaré los dos últimos libros que he escrito: Jorge Juan y la Línea Roja Transoceánica y, DIGARCAS: Vivir la Matemática.
Después de este entramado informático declararé, para ir finalizando, que en lo más alto del podio de mi vida está mi familia, a su derecha mi amor a Elche y a la izquierda mi apasionamiento por la Matemática. Precisamente por comentarme Mercedes Alonso, Alcaldesa de Elche, que presentó en la Calahorra uno de mis libros, que recordaba con agrado las clases de los jueves que les daba yo en COU, a ella y sus compañeros de curso, sobre derivadas e integrales, rendiré tributo, a la docencia que me lo dio todo, explayándome en lo que hacíamos en las clases de los susodichos jueves.
La cuestión era que, como desde que se implantó el COU, estando yo aún en la Academia Peñalver de Madrid, consideré que algunos de los temas del programa de este Curso de Orientación Universitaria resultaban demasiado teóricos para los alumnos, y en cambio al final de curso, mediado mayo, o sea, cuando los alumnos sólo pensaban ya en los exámenes, tenía que empezar a explicarles otros eminentemente prácticos como eran, por ejemplo, los de derivadas e integrales, decidí organizar mis explicaciones de modo tal que la parte práctica de estos dos últimos temas fuera viéndose, en una clase semanal, a lo largo de todo el curso. Así pues de las cuatro clases semanales que tenía que impartirles, tres las dedicaba a ir explicando los temas según el orden del programa y una, la de los jueves, para impartir prácticamente las derivadas e integrales.
Con ello perseguía:
1.- Que hubiera al menos una clase a la semana, en este caso la de prácticas de derivadas e integrales, en la que los alumnos pudieran hablar todo lo que hiciera falta, tanto entre ellos como conmigo, para compensar con lo que hacíamos en las otras tres: tomar apuntes y estar con los cinco sentidos a pleno rendimiento para entender todo lo que yo les explicaba.
2.- Que la tabla de derivadas estuviera activa, en lugar de las dos últimas semanas del curso, durante los nueve meses del mismo para que la aprendieran y no se les olvidara.
3.- Que se enseñaran, de una vez por todas, a operar, porque como dada una función su derivada suele ser, muchas veces, larga en exceso y yo les exigía simplificarla, tenían que esforzarse en saber operar. No olvidemos, por otro lado, que la importancia de operar con agilidad en Matemáticas es enorme recuerdo, por ejemplo, que mi hija Mª Remedios, dando clases en la Universidad de Alicante, un día me dijo: "papá a mí me gustaron las matemáticas cuando empecé a operar con soltura".
Yo, solía decirles a los alumnos que saber derivar no era gran cosa, porque para ello bastaba con tener o saberse de memoria la tabla de derivadas, pero que integrar era distinto porque había que saberse obligatoriamente de memoria la tabla de derivadas, tanto al derecho como al revés y conocer los métodos de integración. Además no toda función tiene función primitiva. Por eso a las derivadas le dedicábamos sólo las cuatro clases del primer mes, mientras a las integrales las correspondientes a los demás meses del curso.
El camino que recorríamos para ver las integrales en aquella clase semanal, que me recordaba Mercedes Alonso, era el siguiente: lo iniciábamos con las integrales inmediatas, o sea, con aquellas integrales que se pueden hacer sin más que saber de memoria la tabla de derivadas y unas cuantas propiedades como, por ejemplo, que las constantes que multiplican o dividen a todo el integrando pueden sacarse fuera de la integral multiplicando o dividiendo respectivamente y al revés, si están fuera pueden entrar dentro. Yo para fijarles esta idea, les decía que tuvieran en cuenta, por lo tanto, que las constantes pueden entrar o salir de la integral como perro por su casa y para reírnos y que encima aprendieran les decía: "¡que lástima que no se pueda hacer lo mismo con las variables!, porque si así fuera, para hacer una integral bastaría con sacar todo el integrando fuera y siempre nos quedaría: F·} dx=F·(x+cte), y a renglón seguido les avisaba de que si alguien, alguna vez en un examen, sacaba de la integral alguna variable le pondría un cero.
En esencia una integral inmediata es aquella que se puede hacer sin utilizar ningún método de integración, por lo que una integral puede ser inmediata para un alumno que sepa, por ejemplo, la derivada del argumento tangente hiperbólico (arg th x), que es una de las que a veces no viene en las tablas de derivadas, y no lo sería para otro que no conozca dicha derivada. Este último no tendría más remedio que resolverla empleando el método de descomposición en fracciones simples y dar el resultado mediante logaritmos neperianos.
Después veíamos la integración por partes, por descomposición de una fracción, cuyo grado del polinomio denominador no superara a dos, en fracciones simples, a las que acabamos de referirnos. En COU no se exigía el método de Hermite en general, al contrario de lo que pasaba con los alumnos de Ingreso en la Escuela Superior de Ingenieros Industriales que sí que lo veían.
Los últimos métodos de integración que les explicaba a los de COU eran los más utilizados en las integrales trigonométricas racionales, o sea, en las integrales del tipo: }F(sen x,cos x) dx, siendo F una función racional en el seno y coseno. Por lo que si la función F era impar en el seno el cambio que les indicaba era el de hacer cos x = t, si era impar en el coseno sen x = t, si la suma de los exponentes del seno y del coseno en todos sus términos era par tg x = t, y en cualquier caso tg x/2 = t. Yo les advertía que aunque este último cambio podía hacerse siempre, o sea, que transformaba la F en una función racional en t, o sea, en un cociente de polinomios con la variable t, sólo debía utilizarse en el caso de que no pudiera emplearse ninguno de los restantes, porque además de ser más largo y penoso como el grado del polinomio denominador se dispara, cuando éste les saliera mayor que dos no podrían resolver la integral. Para fijarles esta idea, les decía que me dijeran, por ejemplo, que medios de locomoción serían los más idóneos para hacer cada uno de los siguientes trayectos: Elche- Moscú, Elche- Santapola y del centro de trabajo-a la cafetería de enfrente, lógicamente me decían que el avión, el coche y andando respectivamente, yo les decía entonces que los asimilaran respectivamente a los cambios (senx=t , cos x=t), tg x=t y tg x/2=t, y les razonaba que del mismo modo que los tres trayectos, al menos teóricamente, podrían hacerse andando (con todos los inconvenientes que conllevaría, el hacerlo así, en el segundo y sobre todo en el primer trayecto), del mismo modo toda integral trigonométrica racional puede hacerse siempre, al menos teóricamente, con el cambio tg x/2=t, lo que pasa es que, al igual que pasa con lo de ir andando, los cálculos a realizar resultan tan penosos que no vale la pena aplicarlo si se puede utilizar cualquiera de los otros cambios".
Autobiografía escrita por Diego García Castaño. Diciembre de 2014.
Obituario
Francisco Vives Rodríguez, catedrático de Matematicas
Información, 9-II-2023
Aprendimos todos de él por su sabiduría y su gran compañerismo. Magnífico docente, excelente investigador y mejor padre.
Nos ha dejado hoy a los 90 años –aquí en la Tierra, porque su espíritu nos sobrevivirá– el gran matemático, el magnífico docente, el excelente investigador y el mejor padre, Diego García Castaño. Fue, como Catedrático de Matemáticas, mi Jefe de Departamento en el “Instituto de Carrús”, donde aprendimos todos de él por su sabiduría y su gran compañerismo. Colaboró con la Facultad de Ciencias de la Universidad Complutense de Madrid, donde el Catedrático Javier Etayo le encargaba la demostración de algunos teoremas, resolviéndolos en 2 meses cuando lo normal era emplear 6. No fue Catedrático de Universidad porque entonces se cobraba poco, y como tenía 8 hijos dio clases de Matemáticas en la Academia Peñalver de Madrid, que le rentaban más, donde preparó el ingreso a la Escuela de Ingenieros Industriales, a algunos alumnos de diferentes ideologías, que contribuyeron a llevar a cabo la Transición política española, como Martín Villa, entre otros.
Además de publicar libros matemáticos, su gran pasión fue estudiar, investigar y publicar la vida del eminente marino, ingeniero naval y científico español Jorge Juan Santacilia, quien pasó su niñez en Elche, en la Casa Palacio de Jorge Juan, situada en la Corredera esquina con Puente Ortices, un sabio que fue el primero en medir la longitud del Meridiano terrestre.
Sabemos que los grandes cocineros nunca dan su receta completa; pues así hizo Jorge Juan, que se llevó a la tumba algunos pasos matemáticos con los que obtuvo con grandísima precisión, dicha medición. Pues bien, aquí comienza la gran aportación que hizo Diego a la Ciencia, ya que se metió en la cabeza de Jorge Juan (300 años atrás) y descubrió los pasos que éste había ocultado, y que, hoy en día, sorprende cómo pudo acertar tanto, con los medios matemáticos rudimentarios del siglo XVIII. Este gran éxito de Diego García Castaño fue publicado en algunas prestigiosas Revistas Internacionales de Investigación de la Ciencia.
Colaboró con la sociedad, siendo pionero en poner en marcha aplicaciones informáticas, y las enseñó en la UNED, Escuela Popular, Universidad de Alicante, etc. Una de ellas fue diseñar para el entonces Periódico de Elche un concurso que se llamó “La Carambola”, y que después se empleó en el “Diario de Mallorca”. También participó en “Canal Nou” en un programa de divulgación científica sobre la figura de Jorge Juan. En INFORMACIÓN publicó tribunas de gran categoría sobre el “sabio español”, entre otras cuestiones.
En fin, me quedo con las reuniones del Seminario de Matemáticas del IES Carrús de final de curso, que Diego promovía, con gran solera, en las bodegas de la Casa Palacio de Jorge Juan en Novelda, donde compañeros de distinta ideología compartíamos y nos queríamos: esa fue la gran aportación de Diego a la concordia. Seguro que descansa en Paz.
Fallece en Elche el catedrático, matemático y escritor Diego García Castaño
Manuel Alarcón, Información, 9-II-2023
Fallece en Elche el catedrático, matemático y escritor Diego García Castaño. El que fue profesor del IES Carrús será enterrado mañana viernes, tras una misa a las 11 horas en la basílica de Santa María. Sus restos han sido trasladados al Tanatorio de l'Aljub. Diego García Castaño, o Digarcas, como a él le gustaba que se le conocieran, ha fallecido hoy en Elche a la edad de 90 años. Catedrático de instituto -trabajó muchos años en el IES Carrús- y también fue escritor, pero dedicó media vida a intentar que Elche reconociera a otro matemático ilustre, a Jorge Juan, por la vinculación que tuvo el marino de Novelda, por lazos familiares, con la ciudad ilicitana. Estaba casado con María García Sevilla y era padre de ocho hijos, María Remedios, María Dolores, Diego, María del Mar, Francisca María, Francisco, Antonio y Margarita de la Cruz.
Dos barrios
Nació en la calle Ángel, en una vía que definía como frontera entre dos barrios, "el moro del Arrabal y el de la Parroquia del Salvador". En unas memorias, publicadas por la Cátedra Pere Ibarra, recuerda contemplar los tanques pasar por la Corredora en plena Guerra Civil. "Viva Franco, que nos da pan blanco; muera Negrín, que nos da pan de serrín", aseguraba haber oído por las calles. Estudió bachillerato en el colegio Santo Domingo de Orihuela tras acabar la primara en el colegio Nuestra Señora de la Asunción y se licenció en Ciencias Matemáticas en la Universidad Complutense de Madrid. Trabajó en la Academia Peñalver de Madrid y en otros centros de la capital de España durante dos décadas como profesor, una vocación que le acompañó el resto de su vida. Posteriormente, fue catedrático de Matemáticas en el instituto de Caravaca de la Cruz y jefe de departamento en los institutos de San Vicente del Raspeig y Carrús.
Allí lo conocí. Lo recuerdo como un hombre enorme en todos los sentidos, sus gestos hablaban por él. Nunca asistí a sus clases pero todo el mundo conocía su apodo en el instituto, "El bó". Nunca supe cuál fue su origen pero sus hijos, Diego y Antonio, abogados ambos, se ríen siempre cuando se le recuerda este hecho que conocen. A Diego, que en pocos días tomará posesión como decano del Colegio de Abogados de Elche, lo vi en Navidad empujándole el carro en el que se movía. Con la edad le fallaron las piernas, nunca la cabeza, más bien todo lo contrario. Me acerqué a ese hombre al que de niño vi como enorme, con el que me había carteado desde el periódico pero al que nunca había llamado por su nombre ni intercambiado unas palabras. Seguía con una obsesión: Jorge Juan y dejar un legado de anécdotas y recuerdos de una época de Elche que ya se fue. Diego, como tantos otros, muchos de ellos profesores en Carrús o La Asunción (hace pocos días se marchó otro gran profesor, Juan Alcázar García, quien impartía Educación Física), forman parte de una generación de personas irrepetibles, que vivieron de niños una guerra y se hicieron hombres y mujeres a fuerza de horas de trabajo y dedicación.
Querido Diego
Julián Montesinos, Información, 12-IV-2024
"Sé que te sentirás feliz por este merecido reconocimiento que te ha tributado el Ayuntamiento de Elche. Es una manera pública de homenajear a un hombre que hizo de la Matemática uno de los pilares de su vida. Y no hay duda de que han elegido un lugar inmejorable, el «Jardín del Matemático Diego García Castaño», ubicado en un parque nuevo de tu barrio, rodeado de palmeras y lleno de almendros, olivos y granados, esos árboles que acompañaron tu infancia.
Escribo estas líneas y pienso en cómo ha pasado la vida, pero todavía conservo en mi memoria los momentos en que me leías algún artículo periodístico tuyo y luego pulsabas mi opinión sobre cualquier cuestión de estilo –pequeños detalles comparados con el banquete del saber que tú me ofrecías–. Y también recuerdo verte redactar un tema de Matemáticas sin consultar ningún libro, como si todo el conocimiento fluyera de manera invisible y natural de tu cabeza a tus dedos hasta plasmarse en un folio.
Sería fácil escribirte un panegírico, pero yo quiero recordar ahora, sencillamente, algunas de tus cualidades personales. Durante cuarenta años he tenido el privilegio de compartir muchos momentos contigo, un tiempo que me ha permitido conocerte mejor. Si hago un esfuerzo de síntesis, logro nombrar solo algunos rasgos tuyos, que siempre he valorado mucho: una excepcional inteligencia matemática, que de alguna manera corre por las venas de mi mujer y de mi hijo mayor; una firme defensa de tus ideas y convicciones; una inmensa capacidad de entrega a tu familia; y un profundo ilicitanismo, que también advierto cuando tu nieto –mi hijo pequeño– recuerda las veces en que fue contigo a ver los partidos del Elche.
Querido Diego, he vuelto a leer en el periódico –y son verdades que hay que reconocer– que fuiste pionero en la introducción de la Informática en las aulas, que desempeñaste con entusiasmo tu condición de profesor de Matemáticas y que escribiste algunos libros sobre Jorge Juan, ese marino dieciochesco que demostró –entre otras cosas– que la tierra era achatada por sus polos, pero yo, tu yerno, también quiero recordarte hoy como el creador del mejor libro de tu vida: tu familia".
Comments
Un investigador ejemplar
Buenas noches, yo soy uno de
Yo también fui a las clases
yo fui alumno suyo en 1º de
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