Datos biográficos
FORNER CÁNOVAS, Juan (Crevillent, 21-IX-1951). Licenciado en Ciencias de la Información e Imagen por la Universidad Complutense de Madrid. Profesor de Ciclos Formativos de Grado Medio y Superior de la Familia Profesional de Imagen y Sonido en IES Luis García Berlanga de San Juan (Alicante).
Filmografía
1976. Los Ángeles también mean
1982. Eres mi gula
Biografía
Juan Forner Cánovas nace en Crevillente el 21 de septiembre de 1951. Su padre regentaba una sastrería con establecimientos en Crevillente y Elche. A los ocho años, la familia de Forner decide trasladarse a vivir a la ciudad de Elche por cuestiones políticas relacionadas con el fascismo de la época. Estudia en el colegio situado en la Mutua Ilicitana, donde los patios eran gran parte de lo que es hoy la plaza del Congreso Eucarístico. El centro de formación estaba reconocido por el actual Instituto de Educación Secundaria Jorge Juan de Alicante. Más tarde asiste al instituto La Asunción, recién inaugurado en el Parque Deportivo, además es alumno de la academia Doña María por su destacada preparación para los estudiantes. El bachiller superior lo cursa en los Salesianos de Elche, donde Forner desarrolla una de sus pasiones, el atletismo. El centro formativo apreciaba las actividades deportivas y ponía a disposición de los matriculados sus instalaciones.
Comienza la carrera de Geografía e Historia en el Centro de Estudios Universitarios de Alicante, más conocido como el CEU (Martínez Leal et al., 2018). Su intención era dedicarse al cine, pero entendía que para realizar esa tarea necesitaría una base cultural amplía que estos estudios le podían aportar. No terminó su formación y se marchó a Madrid en 1975 para licenciarse en Ciencias de la Información e Imagen por la Universidad Complutense. Las clases las compaginó haciendo prácticas en el medio gracias a que le presentaron a Paco Montolio, realizador de programas para Televisión Española. Además, asistía a talleres de cine donde realizó su primer cortometraje, Los Ángeles también mean (1976), rodado en super-8.
En un curso cinematográfico conoce a Emiliano de Pedraza Gil-Sanz y comenzó a trabajar con él en Gipeca Producciones como asesor y coordinador de producción. Debutó en el largometraje Cuentos para una escapada (1979) dirigido por destacados directores del momento; Jaime Chávarri, Manuel Gutiérrez Aragón, Teodoro Escamilla, José Luis García Sánchez, Carles Mira, Miguel Ángel Pacheco, Gonzalo Suárez y el propio Emiliano de Pedraza. La película obtuvo el Premio Especial Menores del Ministerio de Cultura y se presentó en los festivales de cine de San Sebastián y Valladolid. Al año siguiente producen Tú estás loco, Briones (1980) dirigido por Javier Maqua, con rostros conocidos de la escena española, Esperanza Roy, Quique Camoiras, Lola Gaos, Florinda Chico, Manuel Alexander y Luis Ciges.
Con la dimisión de Adolfo Suárez y el intento de golpe de Estado por Antonio Tejero en febrero del 81 provocó que perdieran las ventas y pases de la película en salas de exhibición, por lo que no pudieron levantar un nuevo proyecto de largometraje. Desde la productora asumieron la realización de vídeos institucionales para diversos festivales de cine, como el de Valladolid y la creación de vídeo corporativo para empresas. Pese a esta situación, Forner logra dirigir, en 35 milímetros, su tercer y último cortometraje, Eres mi gula (1982) con una joven Isabel Ordaz como protagonista. A finales de ese año su carrera se ve paralizada por la muerte de su padre y los próximos meses los pasará entre Madrid y Elche, hasta que, en 1984, con motivo del nacimiento de su hija, la cineasta Lucía Forner Segarra, toma la decisión de establecerse definitivamente en la ciudad ilicitana.
En Alicante, junto a unos compañeros, montan un estudio de sonido y continúa colaborando esporádicamente con su amigo de Pedraza en la producción de varios programas que realizaba para Televisión Española, Pintores en el tiempo y Un país en la mochila. Como realizador de reportajes, crea para TeleElx los programas Damas de Elche y Se vende en Elche.
Los últimos años de su carrera profesional los pasa como profesor en los Ciclos Formativos de Grado Medio y Superior de la Familia Profesional de Imagen y Sonido en el IES Veles e Vents de Gandía (Valencia) y en el IES Luis García Berlanga de San Juan (Alicante), en este último centro se jubiló en septiembre de 2018.
El cine de Juan Forner Cánovas
Desde que era un adolescente lo que más le apasionaba era el cine, ver películas era uno de sus mayores entretenimientos. Esa afición se vio intensificada gracias a colaborar en los cortometrajes de Juan Antonio Carrazoni Segarra, un muy buen amigo de la familia, especialmente de su hermano. Foner recuerda al artista en su casa pintando retratos de su madre o de su hermano. Un día, Carrazoni, precisaba ayuda para rodar unos planos en la Sierra de Callosa y Cox. Forner acompañó al equipo de este y cuando descubrió que gente de su entorno, “gente normal”, podía hacer una película, su empeño por dedicarse al séptimo arte se incrementó. Aquella experiencia la vivió con doce años cuando todo su futuro era incierto e inseguro, sobre todo porque todavía no sabía a qué quería dedicarse cuando cumpliera la mayoría de edad. Carrazoni fue para Forner el acicate que marcaría el camino a tomar durante los próximos años.
En los Salesianos, las clases de francés eran impartidas por el dramaturgo Antonio González Beltrán, director de la compañía teatral ilicitana La Carátula (1964). Forner buscaba en su propia ciudad compañeros con inquietudes similares a las suyas, por lo que decidió consultarle a su profesor. González le invitó a unirse a su grupo de teatro, pero él no quería interpretar, buscaba a gente del cine. En su empeño, González insistió en que podría colaborar en el montaje en el que estaban trabajando, El pájaro azul de Maurice Maeterlinck (1969), ya no como actor, sino como apuntador (González Beltrán, 1995, p. 42). Forner confiesa que aprendió mucho, no era el apuntador de concha, “hacía años que no se utilizaba, el apunte se hacía entre las patas de las bambalinas” matiza. Bajo las órdenes del regidor, Juan Campello, aprendió sobre la puesta en escena, los movimientos escénicos y el trabajo de los actores. Formó parte del grupo varios años e incluso, en alguna ocasión, tuvo que subirse al escenario para cubrir algún compañero actor que había fallado para la función. Aparece en el reparto de la obra La Guerra Espectáculo Cátaro nº 1 de Alberto Miralles bajo la dirección de su profesor de francés y que tuvo el estreno el 22 de febrero de 1969 en el salón de actos del Instituto Técnico de Elche (González Beltrán, 1995, p. 38).
Tras terminar el bachillerato superior accede a la universidad para estudiar la carrera de Geografía e Historia en el CEU, Centro de Estudios Universitarios de Alicante. Pretendía dedicarse al campo cinematográfico, pero en la provincia no existían estudios relacionados y entendía que esta carrera le aportaría una base cultural genérica y útil para esta disciplina artística. Mientras, su intención era realizar alguna práctica fílmica, pero le fue imposible por el alto coste que suponía rodar en super-8. Forner no llegaría a finalizar la carrera y comenzó a preparar su traslado a Madrid, donde se matriculó en la Universidad Complutense en la licenciatura de Ciencias de la Información e Imagen.
Antes de marcharse, preguntó por recomendaciones sobre la capital a sus amigos ilicitanos. La cantautora y escritora Ana María Drack, conocida por Forner por haberle realizado varias sesiones fotográficas, le puso en contacto con Ángel Facio, director teatral y fundador junto a Drack del grupo de teatro independiente Los Goliardos (1964). Ambos conocían a un importante realizador de televisión madrileño que le podía ser de gran ayuda para dar sus primeros pasos en el medio, Paco Montolio (Francisco Montolio Martín), realizador de Televisión Española (Baget-Herms, 1977, p. 31).
En 1975, se instala en la capital. Recuerda perfectamente la fecha porque coincidió con la muerte de Francisco Franco. En la Facultad de Ciencias de la Información, le convalidan varias asignaturas por haber cursado antes Geografía e Historia. Forner afirma que la carrera la cursó “muy a mi aire”. Fue superando las materias poco a poco porque según su experiencia apenas se hacían prácticas y él lo que quería era aprender el medio en el propio campo.
En aquel entonces Paco Montolio estaba rodando para Televisión Española varios programas similares al popular formato de Estudio Uno, como lo fueron Teatro de siempre, Teatro breve o Teatro en la segunda cadena. Forner pasaba días enteros en el estudio dos de Prado del Rey viendo cómo se trabajaba y las dudas que le pudieran surgir se las preguntaba a Montolio al final de la jornada. Hizo buenas migas con varios actores, entre ellos con el salmantino Mariano Venancio. En consecuencia, en lugar de asistir a las clases, atendía las grabaciones que le aportaban muchos más conocimientos, y si, además, los rodajes coincidían con algún examen, no se presentaba, de modo que sus estudios universitarios se prolongaran más de lo estipulado.
Por otro lado, completaba su formación con cursos específicos sobre cinematografía que tenían una extensión de quince o veinte días, ya que “en la facultad no hacíamos ninguna práctica”, sostiene Forner. Fruto de esta actividad realizó su primer cortometraje, Los Ángeles también mean (1976) junto a dos compañeras, la dibujante Mª Carmen S. Chenza (Candel, 1993) y Concha, donde llevaron a cabo la aplicación de las destrezas aprendidas. El guion fue obra de Forner y narra la dicotomía de un individuo que lee historias de Heidi, pero cuando es testigo de un hurto no tiene escrúpulos para matar al delincuente. Rodado en super-8 con una duración que ronda los cinco minutos.
En uno de estos talleres conoció a Emiliano de Pedraza Gil-Sanz, quien se convertiría en su socio en la productora, Gipeca Producciones. Comenzaron a colaborar realizando una red de distribución del cortometraje paralela a la comercial. Crearon una cartera de posibles clientes, sobre todo eran cineclubs de todo el territorio nacional, a los que les ofrecían una selección de cinco o seis obras, las más interesantes de los años 70. Una de las piezas que recuerda Forner fue Camelamos naquerar de Miguel Alcobendas (1976), una reivindicación sobre el pueblo gitano. Tras las proyecciones se establecía una charla coloquio para tratar los temas de las películas. En aquel tiempo, las salas de exhibición, todavía no existía “la obligatoriedad de proyectar un corto antes de un largometraje”, por lo que era un nicho de mercado con cierto porvenir. Anecdóticamente, comenta, que algún cineclub les increpaba porque proyectar el NO-DO les salía más económico que la programación que ofrecían.
El negocio requería mucho esfuerzo y evoluciona lentamente. Lo que ellos anhelaban era el aspecto romántico del cine, rodar sus propias películas. Tomaron una decisión firme y emprendieron nuevos y propios proyectos aprovechando que en 1979 era el Año Internacional del Niño (Pérez Ornia, 1979). Produjeron el largometraje Cuentos para una escapada (1979) dirigido por los directores españoles más emblemáticos del momento, Jaime Chávarri, Manuel Gutiérrez Aragón, Teodoro Escamilla, José Luis García Sánchez, Carles Mira, Miguel Ángel Pacheco, Gonzalo Suárez y el propio Emiliano de Pedraza. Partieron de la siguiente premisa, explica Forner, “¿de qué haría una película un director de cine pensando que el público objetivo son los niños?”. La sinopsis apuntaba la siguiente explicación según el archivo del Institut Valencià de Cultura, “historias diferentes, cada una de ellas dirigida por un destacado cineasta español, que muestran diversas aproximaciones al mundo infantil, desde la animación hasta la ciencia-ficción” (s. f.), o esta otra de la base de datos FilmAffinity, “conjunto de cortometrajes de carácter infantil que se inspiran en dibujos y viñetas de tebeos. (…) Por primera vez varios directores españoles importantes se reúnen para hacer una película infantil” (s. f.). Según la noticia publicada en El País, estos fueron las siete piezas que conformaban la cinta:
En el primer episodio, Pruebas [de niños], su director, Manuel Gutiérrez Aragón, parte del cine documental y directo para ofrecer una serie de imágenes de los niños y sus mayores que realizaron pruebas auténticas ante la cámara y dialogaron con el director. José Luis García Sánchez y Miguel Ángel Pacheco realizaron El regalo de los colores con dibujos animados para presentar la historia poética de un mundo campesino.
Jaime Chávarri es el director del tercer episodio, La mujer sorda, sobre el papel de la música y los instrumentos musicales en una persona que se va quedando sorda. Emiliano de Pedraza recogió en su corto Balón de reglamento los juegos y las bromas de una pandilla de muchachos, las ilusiones de un niño que quiere cambiar su viejo balón de goma por uno reglamentario.
Gonzalo Suárez realiza el quinto episodio, Miniman y superlobo [Minimón y el Superlobo], una particular visión del cuento de Caperucita y el lobo, a través de un mágico encuentro. El director de fotografía Teo Escamilla se ha puesto detrás de la cámara para dirigir Soñando para vivir, el sueño imposible de un muchacho de doce años que se cree Tarzán y salva a su Jane particular. El último episodio, Recuerdos al mar, de Carles Mira, es un sueño de ciencia- ficción que termina en la realidad (1981).
A través de Gipeca Producciones, la empresa de Pedraza, autofinanciaron el filme con ayuda de las aportaciones de amigos y personas cercanas. El sueldo de los directores estaba capitalizado, lo invirtieron en la producción, por lo que no cobraron durante la creación de las obras. Forner aclara, “que, aun así, tuvimos que poner unos cuantos millones de pesetas de entonces” y añade que “no fue difícil convencer a los directores” para que participaran.
Una anécdota que recuerda Forner fue cuando se encontraban en la fase de posproducción de la película, creando las leyendas las historias, las animaciones con truca y los créditos finales, y bajo de la oficina estaba Pedro Almodóvar rodando Pepi, Luci, Bom y otras chicas del montón (1980) en la mítica Sala Rock-Ola. Entre el equipo de Almodóvar había un alicantino, Federico Ribes (Ferrando García, 2017), que estaba realizando la foto fija del film y amigo de Forner. Ribes, le contó que estaban rodando un cortometraje, pero que Almodóvar estaba convencido en que la historia daba para un largometraje y necesitaban a una productora que se responsabilizara de los gastos del laboratorio y así adherirse como coproductores. Gipeca no podía asumir ese coste por las dificultades que estaban teniendo para hacer frente a los pagos pendientes y terminar Cuentos para una escapada (1979), por lo que económicamente era inviable la propuesta, concluye Forner.
Una vez terminada la producción, la película colectiva tuvo cierto recorrido por festivales y estreno comercial en salas de cine, además se alzaron con un reconocimiento que ayudaría a paliar la inversión económica realizada por los productores. “El filme, que ha obtenido el Premio Especial Menores, del Ministerio de Cultura, se presentó en los últimos festivales de cine de San Sebastián y Valladolid” según publicaba El País en julio de 1981. Forner, con tan solo 27 años, fue el productor asociado y coordinador de este primer largometraje y gracias a lograr el galardón pudieron continuar con la actividad fílmica.
Cuando Forner se mudó a Madrid, su intención era ser director, “pero no podía pretender llegar y dirigir. Tenía que aprender primero y eso significaba trabajar con los mejores”, manifiesta. En sus labores de producción tenía que estar en contacto con diferentes equipos y controlar todas las fases del producto artístico, especialmente la rentabilización de los alquileres y de los tiempos.
En 1980 comenzaron a preparar el que sería el segundo largometraje de Forner como ayudante de producción, Tú estás loco, Briones (1980) dirigido por el debutante Javier Maqua (Instituto de la Cinematografía y de las Artes Audiovisuales I.C.A.A., 1980). La productora adquirió los derechos de la obra de teatro con el mismo título escrita por Fermín Cabal Riera, que tuvo cierto éxito durante la España de la Transición. La sinopsis reza la siguiente consigna: “Un fanático, ingresado en un manicomio al ser descubierto haciendo pintadas en la oficina, se va desengañando de su actitud ante la vida, ya que observa que todo lo que rodea al psiquiátrico es exactamente igual a lo conocido allende sus muros, pero gracias a esto descubrirá el amor en una monja que le atiende” (Buscautores, s. f.). Respecto al reparto, congregaron a actores de la nueva comedia de aquellos años con los más tradicionales del momento; Esperanza Roy, Quique Camoiras, Pablo Sanz, Santiago Ramos, Lola Gaos, Manuel Alexandre, Florinda Chico, y Luis Ciges, “todo un elenco muy fuerte”, asegura Forner.
La película se estrenó en la XXV Semana Internacional de Cine de Valladolid (Efe, 1980) en un ciclo especial en homenaje al cine español actual, sección que recibió el nombre de “Fiesta del cine español”. Curiosamente, en esa misma sección se proyectó la que se conoce como la primera película de Pedro Almodóvar, Pepi, Luci, Bom y otras chicas del montón (1980) (De Dios, 1980). Forner rememora aquel festival y comenta que, durante la promoción de la película, los periodistas, en la rueda de prensa “se nos acercaban para entrevistarnos. Nosotros íbamos acompañados de Lola Gaos y Esperanza Roy, actrices muy conocidas para los medios, pero, en cambio, Almodóvar y Carmen Maura, pasaban desapercibidos y les proporcionamos varios reporteros explicándoles el cine corrosivo que realizaba el joven director manchego”. El equipo de Gipeca era conocido en Valladolid, cuando no tenían película para estrenar se encargaban de la grabación del vídeo a modo de reportaje del festival, plasmaban todo lo que acontecía a lo largo de la semana. Este encargo les servía para subsistir mientras preparaban el próximo rodaje, además de codearse con la industria cinematográfica.
La distribución de Tú estás loco, Briones (1980) la realizó Arte 7 Producción S.A. con gran notoriedad y se podía ver en salas comerciales a principios de 1981. Forner destaca la buena aceptación que tuvo entre el público, fijándose en el desaparecido y céntrico cine Urquijo de Madrid, donde el filme lograba casi completar el aforo de la gran sala cada semana. Era la tercera semana en cartel cuando, el 29 de enero, Adolfo Suárez González presentó su dimisión como presidente del Gobierno. Aquel acontecimiento provocó que las fechas que tenían cerradas para el pase de la película en otros cines se perdieran. En febrero, lejos de sucumbir, prepararon un segundo lanzamiento asistiendo personalmente a capitales de provincia del Estado español como Pamplona, A Coruña o Zaragoza. Forner, revela que una vez allí, “contrataban a los anarquistas que estaban acostumbrados a pegar carteles, eran rápidos, tenían facilidad y conocían donde se podían poner y donde no, así empapelaban la población con pósteres en blanco y negro de la cara de Quique Camoiras”. La campaña publicitaria estaba reforzada por la presencia de miembros del equipo en las proyecciones físicas. Un lunes de finales del mes de febrero estaban arropando la proyección en Zaragoza. Al mediodía realizaron una ronda de llamadas para ver cómo se habían dado la venta de entradas en otras ciudades, “las taquillas de media España aportaban muy buenas ventas, eran números que gustaban a los exhibidores y auguraban continuidad en la cartelera, no porque la película fuese una gran obra, principalmente fue por las expectativas que se crearon y el equipo humano que participaba” confiesa Forner. Aquellos datos alentaban continuidad en la empresa y que podrían plantearse en breve un nuevo rodaje. En cartera tenían una propuesta de guion por parte de Javier Palmero y estaban estudiando la compra de derechos de alguna novela. Decidieron celebrarlo en una bolera cercana al cine. Entre los brindis con champán escucharon: “todo el mundo al suelo”, todos pensaron que procedía de alguna película que estaban transmitiendo en la televisión, pero el camarero del local les informó que se trataba de la radio dando la noticia del intento de golpe de Estado por parte del teniente coronel Antonio Tejero el 23 de febrero. “Se jodió todo”, expresa rotundo Forner. “Aquello fue peor que lo de Suárez. Perdimos todas las fechas que teníamos cerradas y no pudimos reemprender los pases en salas” confiesa.
El resto del año la productora se dedicó a la realización de vídeo industrial, como lo fuera, por ejemplo, el proceso de fabricación de la vajilla Duralex. Volvieron a cubrir audiovisualmente la Seminci (Semana Internacional de Cine de Valladolid) y un recién estrenado evento cinematográfico, el Imagfic (Muestra Internacional de Cine Imaginario y de Ciencia Ficción de la Villa de Madrid). Además de participar en alguna miniserie sobre Calderón de la Barca. En definitiva, eran proyectos de subsistencia alejados de sus pretensiones artísticas.
En 1982, Juan Forner realizó el que sería su segundo y último cortometraje como director, Eres mi gula (1982). Una pieza protagonizada por la actriz Isabel Ordaz que se estrenaba en el celuloide y un principiante Luis Pérezagua. Gipeca Producciones produce esta ficción rodada en blanco y negro, en formato 35 milímetros, con una duración final de siete minutos (Instituto de la Cinematografía y de las Artes Audiovisuales I.C.A.A., 1982). “La dirección de fotografía corría a cargo de Juan Carlos Gómez, mientras que el operador de cámara fue Jesús Mestre” afirma Forner. A finales de año, con el montaje pendiente, recibió una fatídica noticia desde Elche, su padre había fallecido repentinamente por un derrame cerebral, por lo que tuvo que dejarlo todo y volver a casa con su madre. Respecto al cortometraje, su amigo y compañero Gómez, se encargó de finalizar el montaje para poder presentarlo en el plazo al Ministerio de Cultura y calificar la obra. Se acercaba el fin de año, sería el día de antes de Nochevieja o incluso el mismo 31 de diciembre cuando “Gómez, en casa y entre cavas, fue montando según su criterio el metraje rodado con la moviola vertical” verbaliza su director y agrega que “el montaje no está afinado, hay dos o tres planos que no deberían estar. Aunque bastante hizo el chico”. Hoy en día, casi cuarenta años después, le gustaría retomar el proyecto y realizar el montaje que él imaginó. Además, el cortometraje, rodado en Madrid, no se le dio recorrido por festivales ni distribución porque se utilizó, para finalizar la historia, la canción Es mi hombre, cantada por Sara Montiel, sujeta a derechos de autor. Su intención, ahora, es cambiar esa pista sonora y añadir la misma canción, que ya cantaba a principios del siglo XX, Mistinguett (Jeanne Bourgeois), pero entonada por alguna amiga de Forner. De esta manera se quitaría el compromiso; cree que ni Ordaz, ni Pérezagua vieron el cortometraje terminado.
En Elche, se hace cargo de los talleres de su padre para ir cerrando el negocio poco a poco. Administra la empresa durante unos meses, mantiene el contacto con los representantes, sirve los pedidos pendientes y convierte las existencias de telas en beneficios. Por último, vende la maquinaria y líquida la sociedad familiar. Los próximos dos años, vive entre Madrid y la ciudad ilicitana. Atiende los trabajos esporádicos que le ofrecían en la capital y aprovecha para concluir la carrera en la universidad.
Sus amigos ilicitanos, Paco Pomares e Iván Aranda, habían montado desde hacía un año el colectivo Travelling con el que organizaban el Concurso de Guiones Ciutat d’Elx y realizaron el cortometraje La china (1984) junto a Antonio Miravete. “Conocía a Pomares desde los quince años, Aranda llegó a Elche cuando estaba viviendo en Madrid, por lo que lo conocí más tarde. Colaboraba con ellos esporádicamente, pero no estuve presente en el rodaje de su primer cortometraje como agrupación”, indica Forner, tras alabar a los hermanos Miravete, Antonio como director y productor, a su hermano Pepe como actor, y a Trino como peluquero.
El viernes 13 de marzo de 1984 nace su única hija, Lucía Forner Segarra, en esa efeméride tan cinematográfica, su descendiente debía continuar los pasos del séptimo arte, tal y como inició el padre (y así fue).
Forner estaba acostumbrado a ser el empresario, a tomar decisiones y gestionar equipos de trabajo. No deseaba echar raíces en Madrid siendo un empleado y mucho menos establecerse con la familia en la capital, por lo que se afincó en Elche. Su amigo, Emiliano de Pedraza, comenzó a trabajar para Televisión Española como productor ejecutivo y realizador de programas, este le comentó que era un buen momento para entrar a trabajar en el canal público, pero Forner descartó la propuesta. Una vez en su tierra, como buen emprendedor, montó, junto a cuatro compañeros, un estudio de sonido en Alicante. No obstante, no se desvinculó del audiovisual ni de su amigo de Pedraza, con el que continuó colaborando. Le ayudaba en la producción de programas como Pintores en el tiempo o Un país en la mochila cuando el equipo televisivo se desplaza a la zona de Levante para registrar un nuevo episodio.
Durante los primeros años de la década de los noventa fue uno de los realizadores de la televisión local de su ciudad, TeleElx. Se encargó de dirigir pequeñas piezas documentales o reportajes de unos veinte minutos sobre la actualidad ciudadana. Uno de los programas que pone de relieve con orgullo tenía por título: Damas de Elche, realizado junto a la periodista Conchi Álvarez y María de los Ángeles Rocamora. “El objetivo era resaltar el trabajo diario de las mujeres ilicitanas a través de un día en sus vidas”, así anunciaban en un contenido especial de la emisora por recuperar el archivo videográfico en marzo de 2020 (TeleElx, 2020). Forner recuerda que el primer episodio estaba dedicado a María Teresa Puntes Rodríguez, hermana de la periodista y escritora Lola, como empresaria de la publicidad en PubliAntón. También destaca otro sobre la labor de las aparadoras con Finita Raya, “reportajes muy profesionales y elaborados, a pesar de disponer tan solo de una semana para su grabación y montaje, pero que no eran rentables para la televisión”.
Debutó como docente audiovisual en un curso de formación ocupacional del INEM (actual, SEPE, Servicio Público de Empleo Estatal) en Guardamar. Entre los alumnos que tuvo recuerda a Jesús Rodríguez, director del cortometraje Vudú (2011) y a Paco Bautista. Varios estudiantes acabarían trabajando en la recién inaugurada Televisión de Guardamar. La experiencia como docente no se le dio mal y sus compañeros del estudio de sonido le comentaron que con la titulación que tenía y su currículo profesional podría dar clase en la Formación Profesional. Y así fue, logró entrar como interino en los Ciclos Formativos de Grado Medio y Superior de la Familia Profesional de Imagen y Sonido en el IES Veles e Vents de Gandía (Valencia), durante cuatro años alternos con el IES Luis García Berlanga de San Juan (Alicante), donde se jubiló en septiembre 2018. “Gracias a lo que coticé en el campo de la docencia puedo vivir ahora” sentencia Forner.
FUENTE: Jaime Quiles Campos (2025), Historia del cine en Eche a través de sus cineastas y sus películas (1928-2024). Tesis doctoral. Universidad Miguel Hernández, págs. 109-116.
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