Datos biográficos
Fecha de nacimiento
24 de julio de 1924
Lugar de nacimiento
El Pinós
Fecha de muerte
1 de abril de 2011
Lugar de muerte
Elche
Profesión
Sus labores
Anita nació en Pinoso en 1924. Era la menor de cinco hermanos. Fue a la escuela donde aprendió a leer, a escribir y a hacer sus labores. Como hija menor, pasó gran parte de su vida de soltera cuidando de sus sobrinos.
Al contrario de las costumbres de la época, no se casó joven. Y novios no le faltaron. Pero ella “los mandaba a paseo” antes o después porque no le interesaban. A los 25 años aceptó casarse con Antonio, un primo de una cuñada. Antonio había enviudado años atrás, y tenía dos hijos: Antoñito y Natividad. Fue justamente durante el parto de Natividad cuando Antonio enviudó. Por ello, dejó a la recién nacida al cuidado de una pareja de conocidos que no había tenido descendencia y con ellos se crió y creció.
Al ser viudo Antonio, la boda con Anita se celebró de noche y vestidos de luto ambos el 29 de septiembre de 1950. El hijo mayor fue criado por Anita como suyo. Pronto, se quedó embarazada pero la niña que tuvo nació muerta. En 1952, nació Ernesto, que amplió la familia y trajo alegría a la casa, aunque con la boca pequeña Anita decía que Ernesto, de niño, “era más malo que un dimoni”.
En 1956, cambiaron Pinoso por Elche huyendo del ambiente rural ante la escasez de trabajo y oportunidades. Los primeros años en la ciudad de las palmeras vivieron en una pensión humilde. Anita, además de criar a los niños, trabajaba lavando a mano ropa de los “senyorets” y, en ocasiones, recogía tomates y hortalizas en la huerta para llevar dinero a casa. En su hogar, se dedicaba a la “faeneta de mà”, es decir, al cosido de las alpargatas. En este tiempo, volvió a quedarse en estado y pesar de vivir en la ciudad, decidió dar a luz en su pueblo, junto a su familia. Así, regresó a Pinoso para alumbrar a Anitín, segunda hija de la pareja.
La llegada de la pequeña Ana trajo consigo un cambio de vivienda. La familia abandonó la pensión y compró una casa, con gran esfuerzo, pidiendo prestadas 14.000 pesetas para la entrada. El nuevo hogar, erigido en un barrio Obra Social de una caja de ahorros, tenía tres habitaciones y un patio que Anita acostumbraba a “arruixar” en verano a fin de mantenerlo fresco. Allí crió Anita a sus hijos manteniendo siempre el hogar limpio y reluciente pasase lo que pasase.
Anita se hizo asidua de la sesión del espectador del cine, a la que acudía con su hija a la salida del colegio. Un miércoles, yendo al cine, Anita se cayó y se fracturó el brazo derecho. Se sometió a ocho operaciones y comió cáscara de huevo como le indicaron los médicos de la época, pero ya no recuperó la movilidad de antaño.
Su familia se relamía cada vez que preparaba lentejas o agua cebada, sus elaboraciones estrella. Anita disfrutaba del cuidado de las plantas, de ir al baile con su marido, y de sus nietas y nietos a quienes visitaba a menudo dando un paseo. Decía que el día que no pudiera ir caminando a casa de su hija ya se podría morir. Su etapa de abuela la pasó entre sus nietos, consumiendo telenovelas y sentada a la puerta de su casa a la fresca, con sus vecinas.
Falleció a la edad de 86 años, en el hospital. En el sepelio se presentó uno de los viejos novios de Anita, conmovido por su pérdida muchos años después.
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Precioso y entrañable archivo
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