Datos biográficos
BROTONS SEMPERE, Antonia (Elche, 14-V-1899 – 22-VI-1985). Hija de José Brotons Brotons y Bárbara Sempere Segarra. Conocida familiarmente como Tonica. Sus padres eran los encargados de cuidar la Casa Grande del Marqués de Asprillas, así que creció en esa finca junto a su familia. Ella y sus hermanos recibían la visita de un profesor una vez por semana. Desde pequeña fue muy hábil con los bordados y la costura en general. Contrajo matrimonio con Ginés Maciá Esclapez y tuvo un hijo, Ginés. Vivían en el Filet de Fora. En estos años Tonica era ya una costurera consumada. Hacía bordados a máquina magníficos y cosía pantalones para un sastre. Durante la II República su marido era el encargado de la fábrica de harinas Serrano. Después de la Guerra Civil, al ser anarquista y miliciano de la CNT, Ginés se vio obligado a exiliarse a Casablanca, Marruecos. Tonica permaneció en España con su hijo y se trasladarían a Casablanca años después. Allí vivían en la zona francesa de la ciudad, en el aeropuerto, donde Ginés era electricista. Antonia también ganaba dinero cosiendo y haciendo bordados, según contaba su nuera años después, para las judías, que no reparaban en gastos y apreciaban mucho su trabajo. Ginés hijo, que en esta época ayudaba a su padre en el trabajo de electricista, conoció a su futura esposa en Casablanca, otra hija de exiliados original de Altea, y tendrían sus tres primeros hijos en Marruecos. Ginés padre falleció en 1956 en un accidente de tráfico en el puerto de Alicante durante una visita a la familia. Antonia, que iba de copiloto, sobrevivió al accidente. Viuda y sin derecho a ninguna paga, empleó sus ahorros para que su hijo construyera una casa y se mudara con su familia a Elche, en 1961. Durante estos primeros años de vuelta del exilio, trabajó de cocinera en el colegio Salesianos (San Rafael), que por aquel entonces no tenía comedor. De manera que preparaba la comida para los estudiantes y la cena para los curas y profesores. Con los años establecerían un comedor para los alumnos. La casa, actualmente frente al Hotel Huerto del Cura, disponía de una fonda que era habitualmente ocupada por trabajadores locales. A lo largo de la década de 1960 creció hasta convertirse en una pequeña pensión: el Hospedaje Maciá. Allí Tonica preparaba las comidas y lavaba la ropa de los huéspedes. En estos años cotizó lo suficiente para disponer de una pequeña pensión de jubilación. Cuando falleció, fueron los Salesianos quienes oficiaron las ceremonias por su gran aprecio a la Señora Antonia.
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