Datos biográficos
Biografía abierta de Tomás Aracil de Antón
Tomás Aracil de Antón, abogado y vecino de la villa de Elche con domicilio en la C/ San Roque. En el año 1808, como abogado gozaba de la renta más alta entre los miembros de su gremio, con un capital anual de 2.000 reales de vellón en el reparto de la lista del impuesto del Real Equivalente de dicho año.
Su compromiso con la defensa de la Patria
Su compromiso con la defensa de la patria frente al invasor francés le llevó a formar parte, en un primer momento, del cuerpo de vecinos honrados que se conformó en el mes de junio en la villa de Elche, siendo elegido teniente de la Primera Compañía.
Como teniente de la Primera compañía, el 1 de julio de 1808 presentó a la Junta de Gobierno de la Villa de Elche un plan de defensa de resistencia ofensiva ante la llegada del enemigo a la población, que vendría a complementar la formación del referido cuerpo. El plan consistía en: la salida del cuerpo de vecinos honrados al encuentro de las tropas francesas que amenazaran la villa; el cierre de todas las bocas de calle de la villa, dejando como entrada y salida de forasteros la Puerta de Alicante y la Puerta de Orihuela; y solicitud a la Junta de Gobierno de la Ciudad de Cartagena de diez o doce cañones y calibre 8-16, con su munición que, instalados en parajes estratégicos iban a reforzar la defensa. Se mostraba crítico en la presentación de su plan de defensa al afirmar que, de no conseguir lo propuesto era inútil la formación del cuerpo de vecinos honrados …considera al todo inútil la formación de dichas compañías si su creación se ciñe al gobierno interior del pueblo, que no la pide en la actualidad, por la notoria quietud y sosiego que se observa entre sus vecinos, y, que sería gastar un trabajo que ninguno o pocos efectos produciría al vecindario, en medio de los estorbos a que se les precisaría en los actos de presentación con pérdida de sus jornales… La crítica cobra más sentido si conocemos que, el recién creado cuerpo de defesa tuvo bastante dificultad para poder ser dotado de armamento.
Seis días después de su propuesta, la Suprema Junta del Reino mandó formar en la Villa de Elche un cuerpo de milicias urbanas, de ocho compañías compuestas por sesenta hombres cada una. El 19 de julio de 1808 Tomás Aracil de Antón fue nombrado por el cabildo de la villa para formar parte de este nuevo cuerpo de defensa ocupando el puesto de fiscal, un cargo que, según parece, nunca desempeñó dada la dificultad que tuvo el ayuntamiento de la villa para poder crearlo.
El 16 de diciembre de 1808 el cabildo ilicitano dispondría, nuevamente, formar el cuerpo de milicias urbanas de la Villa de Elche proponiendo, en esta ocasión, a Tomas Aracil de Antón como teniente de una de sus compañías.
Su participación en la vida política de la villa.
La implicación activa de Tomás Aracil de Antón en la vida local llevó a los miembros de la Junta Gubernativa de la villa de Elche a nombrarle, el 5 de julio de 1808, como otro de sus integrantes.
En el año 1811 formó parte del cabildo de la villa de Elche ocupando el puesto de síndico personero, un cargo municipal que fue instituido por Carlos III de España con la finalidad de dar voz en los ayuntamientos al “Común” y que se creó para intentar satisfacer las reivindicaciones populares en los municipios. Un cargo que le vino “como anillo al dedo” a Tomás Aracil de Antón, dado su carácter e implicación en los asuntos locales, pero que le costó la vida.
Como miembro de la corporación municipal formó parte también como vocal de la junta de sanidad de la villa durante la epidemia de fiebre amarilla. Su trabajo sin descanso fue tal, como bien expone en la carta que a continuación reproduciré, que acabó extenuado, y, en una situación de pandemia como la que se estaba viviendo, lo llevó a contagiarse y fallecer a los pocos días de escribir la carta.
Elche, 1 de septiembre de 1811. La pesada tarea que he tenido que desempeñar estos días, así en las actas de juntas, como fuera de ellas en repetidas comisiones al cordón del portichuelo, como todo es notorio a la junta y consta en las mismas actas, me han puesto en la forzosa precisión de haber de acogerme a algún descaso para no caer en una enfermedad que me acabe a que estoy expuesto, pues hasta la voz, que es lo único en que descansa la representación de mi empleo de personero, está demasiado quebrantada porque ha enronquecido y no puedo hablar sin un esfuerzo extraordinario. Que la fatiga, por cuya ocurrencia tengo que suspender la asistencia a las juntas y abstenerme de toda agitación; y lo hace presente a la junta para que no encuentre menor su ocurrencia bajo el supuesto que, en el instante que me vea restablecido, volveré a la tarea como le he hecho hasta aquí sin necesidad de que se me llame; y para que entretanto vea la junta sus desvelos, en no dejar de la mano la ciudad e interés con que miro la importancia de la calamidad que nos aflige, hago presente que, en la tarde del día de ayer pasé por el olivar nombrado de “La Tía Mendiela” sitio elegido por la junta para lazareto de observación de las personas que se extrajeron de la calle Solares y demás de su inmediación que no habían estado enfermas, ni tenido enfermos en sus casas, y, fue tal mi sorpresa al ver que no encontré persona alguna de dicha clase ni de otra, que no pude menos que quedar perplejo al considerar que todas estas gentes esparcidas a su arbitrio por donde les había parecido y sin saberse su paradero, pueden acarrear tanto daño en la salud pública que no entré en cálculo, habiéndoseme aumentado más mi admiración al recordar que, para llevar a efecto aquella disposición de la junta, tan acertada e interesante, se había prevenido los guardias que, armados, salieron del salón de fuer de la casa de ayuntamiento con dirección a dicho olivar, entre tanto, el escribano de la junta fue a notificar la orden y acuerdo de la junta a los sujetos que había de pasar al lazareto, y, no se tiene noticia ni se sabe, a lo menos lo ignora el personero, dónde están los guardias, ni quién los ha hecho retirar, pues no se ha contado con la junta para una determinación tan perjudicial. Este es un acontecimiento que puede traer fatalísimas consecuencias porque no será extraño que los enfermos que van salpicando todos los días así en el campo, como en la población fuera del paraje donde se observó el mal en un principio y que tanto cuidado ha dado, sea causado por aquellos que había de estar en el lazareto y han desaparecido, pues han salido del lugar contagiados, y ya a lo último, esta desgraciada ocurrencia pide de necesidad el remedio con las más activas providencias por un criminal procedimiento que consiga la más pronta reunión de todos los que han desaparecido habiéndolos de buscar a toda costa, y, ponerles en lazareto estrecho para ver si ésta todos o si faltan algunos, y, si estos son de los que han enfermado y muerto después, lo que es fácil de averiguar por la lista que tenía el escribano de todos los notificados y castigarlos como transgresores de las leyes de sanidad, como acordó la junta y requiere el síndico personero la práctica de tan importantes diligencias, con protesta de toda responsabilidad; que también hace presente que en la calle de San Antonio o Nueva de Mollá, que todo es uno y en la de fuera de la Puerta de la Morera, por lo que toca al Barrio Conrado, inmediatas todas al punto que ha señalado el contagio, han picado enfermos de la misma clase, lo que debe tenerse a la vista para las providencias que exige la gravedad de estos males, pues se observa salpicada la villa por diferentes partes como consta a la junta, aunque gracias a Dios no es el estrago por ahora muy horroroso, pero puede serlo si se mira con indiferencia. Parece al personero que por su parte no debe ser responsable de cosa alguna como lo protesta. Firmado: Licenciado D. Tomás Aracil.
Fuentes:
Archivo Municipal de Elche:
Libro de cabildos años 1808 y 1811.Juntas de Sanidad de la Villa de Elche año 1811.Expediente D-257/13.
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