Alemañ Pérez, Francisca

Vie, 11/01/2019 - 11:13 -- Invitado
Lugar de nacimiento: 
Las Bayas
Fecha de nacimiento: 
28 de febrero de 1905
Lugar de muerte: 
Elche
Profesión: 
Aparadora
Biografía: 

ALEMAÑ PÉREZ, Francisca (Las Bayas, 28-II-1905). Una de esas mujeres que pasan por la historia de forma desapercibida, una de esas mujeres que fueron grandes, pues los granitos de arena que aportó fueron hazañas. Nació en Las Bayas en 1905. Comenzó a trabajar a los seis años, haciendo “filet”, y ya no paró hasta el final de sus días. Francisca trabajaba de aparadora en la Zapatillera, cuando encerraron a su esposo. Su segundo problema fue que la despidieron del trabajo, dando como motivo que era esposa de un “rojo”. Tras estas circunstancias, la situación no mejoró. Sus tres hijas, Ana, Francisca y Josefina, fueron despedidas del colegio por ser hijas de rojo, no tenían derecho a una educación. Ese fue su tercer problema. Vivían de alquiler en un piso junto al cine Ideal, propiedad de dos ricas beatas, de las que van a misa todos los días pero que carecen de piedad en sus corazones, las que se apresuraron a echar a la calle a Francisca y a sus hijas. Las echaron olvidando que la madre de Francisca (Bernarda), había sido niñera de los Latour y su padre (José) había sido el que llevaba el carro en el que viajaba el abuelo Latour, dueño de la fábrica, (en aquella época no había coches). D. Jaime Latour (médico) nunca lo olvidó, cuando Francisca iba a su casa por un problema médico de su hija, él le daba un abrazo, la atendía y no le cobraba, doy fe de ello. No tener casa fue su cuarto problema. Tuvo que refugiarse en casa de sus padres Bernarda y José, con los que ya vivían sus hermanas, viudas de guerra, y sus sobrinos. Francisca no se detuvo ante tantas dificultades y reveses, buscó trabajo en el campo de la Hoya, en la finca de su prima Paquita, esposa del apodado “El Rubio”, quien le pagaba con algo de comida. Esa mujer que salía a trabajar cuando salía el sol, caminando hasta la partida rural de La Hoya, y regresaba, caminando hasta Elche, con su doble cansancio a la puesta del sol, para poder alimentar a su familia y todavía tenía fuerzas para ir el fin de semana, caminando por la vía del tren, hasta la prisión de Alicante para llevarle a Vicente (su marido) dos patatas asadas. La obsesión de Francisca fue que sus hijas estudiaran, pero las circunstancias y la necesidad hicieron que solo fueran aparadoras de calzado. Pasaron casi cuatro años y el jefe de prisiones, del que Vicente era una especie de ordenanza (dadas sus aptitudes para leer y escribir), revisó su expediente y no le cuadró lo que decían los papeles con lo que conocía de Vicente, con quien gustaba conversar, preguntó y Vicente le contó la verdad. Salió dos años antes. Vicente llegó a escribirse con una marquesa que visitó la prisión, guardaba varias cartas, como también guardó un libro manuscrito (lleva un sello:1905, Librería Agulló), de Esteban Paluzíe y en el índice aparecen nombres como Balmes, Lafuente, Larra, Conde de Toreno, García Malo, Pagés, Ribot, Martínez de la Rosa, etc. Nueve meses después de salir de la prisión nació su cuarta hija Ángela Manuela. Francisca apenas había comido, pues lo poco que recogía era para alimentar a sus tres hijas, dio a luz una niña muy delgadita y débil. Todos le decían que no se hiciera ilusiones con ella pues moriría pronto, pero Francisca era mucha mujer, colocó a su pequeña junto a su pecho y no paró de amamantarla a cada momento. Hoy tiene cumplidos los setenta años. Compraron una casa en la Avenida de Novelda, que fueron pagando semanalmente cuando cobraban por su trabajo. Francisca consiguió su sueño, que una de sus hijas estudiara. Qué orgulloso se hubiera sentido Vicente de poder leer las novelas de su hija y que orgullosa se hubiera sentido Francisca al saber de que su hija las escribía.

Observaciones: 

Soy la cuarta hija de Francisca, y utilizo testimonios directos de toda la familia.